Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2018

Trump, el Mesas del sionismo cristiano

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


El cetro no se apartar de Jud, ni el bastn de mando de entre sus piernas, hasta que llegue aquel a quien le pertenece y a quien los pueblos deben obediencia. (Gnesis 49:10)


La noticia es que Trump anuncia que Estados Unidos abandona el pacto nuclear con Irn, restableciendo las sanciones econmicas contra la repblica islmica. Fue uno de los mensajes promesa de su campaa, lanzado en 2016 en la convencin anual de AIPAC (Comit de asuntos pblicos EEUU-Israel) donde dijo: Cuando sea presidente, los das en que los israeles son tratados como ciudadanos de segunda clase habrn terminado (...) Os prometo que desmantelar ese acuerdo. Nunca ha disimulado su postura proisrael a finales del ao pasado reconoci a Jerusaln como capital de Israel llegando a afirmar que no hay una equivalencia moral entre los israeles y los palestinos, por lo que no concibe un proceso de paz en igualdad. No es de extraar, pues, que la administracin Trump diera en seguida por cierto el supuesto plan secreto nuclear iran que el presidente Netanyahu denunci en comparecencia del pasado 30 de abril aportando pruebas cuando menos discutibles y, en ningn caso, capaces de demostrar su denuncia.

Ese compromiso moral del Presidente de los EEUU tiene un fundamento religioso que se halla inscrito en el imaginario colectivo de una parte significativa de la ciudadana estadounidense. Cuando hablamos de aquello que conforma la identidad de una comunidad de individuos que se reconoce como nacin no hay que perder de vista que en su ncleo siempre se halla el mito. Como animales mitogenticos que somos por naturaleza, la creencia en una genealoga que nos conecta con un origen que certifica nuestra superioridad moral es esencial para mantener inquebrantable la fe en un destino comn que trasciende nuestra contingente existencia de seres mortales (lase a este respecto mi ensayo titulado Esbozo del delirio nacionalista publicado en Claves de razn prctica, n 257). Seguramente sea el ms ancestral por efectivo autoengao colectivo. Religiones y nacionalismos compiten entre s para ver cul de sus mltiples y diversas versiones promete un ms dichoso paraso a cambio de un ms heroico repertorio de luchas y sacrificios (desde la muerte, pasando por la prisin hasta el exilio). Todas ellas contribuyen a la generacin y mantenimiento de un clima tico que convierte en algo natural la asimetra moral entre un nosotros, siempre los merecedores de lo mejor, y un ellos, de los que siempre habr que desconfiar.

Qu mito convierte la decisin de Trump con respecto a Irn en algo moralmente justificable ante sus votantes? Todos sabemos que Israel no podra tratar a sus vecinos como lo hace sin el apoyo incondicional de la superpotencia mundial; pero qu fondo creencial sustenta ese apoyo ms all del derecho internacional y de los intereses geoestratgicos? En su libro La insensatez de los necios el profesor Robert Trivers seala al sionismo cristiano, un movimiento activo en los Estados Unidos de Norteamrica ya en 1810, antes de que naciera el sionismo judo en la dcada de 1880. Como tantos rasgos constitutivos de la idiosincrasia norteamericana tiene su origen en la Europa del siglo XVI. Se trata de un movimiento nos explica Trivers que ha sufrido diversas mutaciones pero su puntal es la Biblia y una historia compartida de expansin y limpieza tnica sacralizada como la voluntad de Dios. El escritor Hermann Melville lo sintetiz en unas frases que expresan una creencia que a buen seguro se trasluce en la conducta histrica de su patria: El pueblo estadounidense es especial, es el pueblo elegido: el Israel de nuestra poca; somos los depositarios del arca de las libertades del mundo.

El vnculo sagrado entre Israel y Norteamrica es la Biblia, claro est, texto en el que se celebra el genocidio de pueblos vecinos, se anima a la ocupacin de nuevas tierras; todo lo cual se justifica moralmente mediante la evidencia de la superioridad racial de los ocupantes. No hace falta decir que todo esto ya vali a los pioneros norteamericanos para perpetrar el genocidio indoamericano. En fin, un credo compartido, que se basa nada menos que en la palabra de Dios, que elimina toda razn de censura a lo que ahora los israeles ejecutan en suelo palestino.

Fue en 1891 cuando cuatrocientas personas firmaron una peticin elevada luego al presidente norteamericano Benjamin Harrison para que ejerciera su influencia a fin de que el Imperio Otomano devolviese Palestina a los judos. Los firmantes eran todos cristianos; todos integrantes de las lites poltica, periodstica, econmica y clerical, deseando devolver la tierra prometida al pueblo que perdi su condicin de elegido por Dios, pues no supo reconocer en su momento al verdadero Mesas. Aqu cabra llamar la atencin sobre una cierta ambigedad del sionismo cristiano en la motivacin de su inters por el retorno del pueblo hebreo a su cuna bblica, ya que para sus seguidores siempre fue deseable tener la menor cantidad de judos a su alrededor. En ello incide el filsofo Sam Harris desde la perspectiva actual en su libro El fin de la fe cuando dice: La poltica estadounidense en Oriente Medio se ha visto mediatizada durante muchos aos por los intereses que tienen los cristianos fundamentalistas en el futuro de un estado judo. El "apoyo a Israel" cristiano es, de hecho, un ejemplo de cinismo religioso en nuestro discurso poltico, tan trascendental como casi invisible. Los fundamentalistas cristianos apoyan a Israel porque creen que la consolidacin del poder judo en Tierra Santa concretamente, la reconstruccin del templo de Salomn propiciar la segunda venida de Jesucristo y con ella la destruccin final de los judos.

Justamente ahora en mayo de este ao se cumple setenta aos de la declaracin unilateral del Estado de Israel, lo que supuso la burla del plan inicialmente aprobado por la ONU para la particin de Palestina. A partir de aqu se inicia el conflicto palestino-israel y dcadas de guerra y actos terroristas, todo ello acompaado de un proceso de limpieza tnica que ha permitido a los israeles la conformacin de un Estado en gran medida homogneo, con un territorio 50% ms grande que el previsto en un principio por el organismo internacional. Pues bien, la creacin de este pas al margen del consenso y casi que del sentido comn fue tomada como empeo personal por un sionista cristiano, el presidente estadounidense Harry Truman. l fue quien, despus de la Segunda Guerra Mundial, en contra del criterio de su propio Departamento de Estado y en contra de la potencia colonial de la zona, Gran Bretaa que tambin contribuy al desbarajuste inicial, trabaj incansablemente para lograr la creacin del Estado de Israel. Tena que cumplirse la palabra de la Biblia, supuesto que del texto sagrado no caba segn Truman interpretacin que no fuese la literal, y el Antiguo Testamento deca que los judos deban estar en Israel.

Esa preocupacin por Israel constituye una sea de identidad de la poltica internacional de EEUU. En su libro El futuro es un pais extrao, Josep Fontana denomina el tema de Irn con estas palabras: un proyecto de guerra para el futuro. En l destaca la ciberguerra emprendida por Estados Unidos e Israel, conocida como Olympic Games, que empleaba un virus, Stuxnet, capaz de interferir en las centrifugadoras empleadas para el enriquecimiento de uranio, y de destruirlas en la prctica. Sin embargo, el antiguo secretario de Defensa Robert Gates considera que una guerra con Irn sera una catstrofe, mientras que no son muchos los que se dan cuenta de la irracionalidad que supone considerar que un arma nuclear iran, desarrollada para defender al rgimen de un ataque exterior, se deba tomar como una amenaza mundial. Como dijo Ahmadinejad: Quin sera tan insensato como para combatir contra 5000 bombas norteamericanas con una sola bomba?. Pero Israel se siente amenazado.

El sionismo cristiano es parte constitutiva de la concepcin teolgica de la historia que para Georges Corm convierte a Occidente en una mitideologa, segn defiende en su brillante ensayo titulado Europa y el mito de Occidente. Dentro de esta concepcin, que dota de una ilusoria identidad homognea a la civilizacin que tuvo su cuna en las antiguas Grecia y Roma, el Estado de Israel es un esqueje de esa civilizacin moderna e ilustrada injertado en medio de un entorno islamofascista, la nica democracia consolidada de la regin segn la aparente percepcin de los lderes del antao autoproclamado mundo libre. Como advierte el profesor Corm, muy atinadamente a mi modesto entender: A pesar de la vitalidad del pensamiento crtico, moral, tico y poltico tanto en Europa como en Estados Unidos, el mundo de los responsables polticos a ambos lados del Atlntico parece afectado de autismo, tanto ms narcisista y arrogante cuanto que el pensamiento est aqu afectado de anemia y de entropa, lo que engendra esta retrica a la vez vaca, obsesiva y agresiva. Por ello la paz del mundo nunca ha sido de nuevo ms frgil. Esperemos que estas palabras, que fueron escritas un par de aos antes del advenimiento de Trump y que expresan un temor fundamentado, tengan que ser matizadas si se confirman esos indicios de rebelin de Europa ante el amigo americano con respecto a la ruptura del acuerdo con Irn.

Con la decisin del presidente estadounidense se ha dado un paso ms en la senda histrica de irracionalidad aqu expuesta. Ahora el sionismo cristiano tiene su Mesas posmoderno, un magnate de la globalizacin econmica que en su fulgurante carrera poltica utiliza como combustible los ms aejos prejuicios tribales. Los designios del Seor son siempre inescrutables.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter