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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2018

La partida de defuncin de la Unasur

Eugenio Ral Zaffaroni
El Correo de la Dispora


El gobierno argentino, junto al de Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Per, ha firmado la partida de defuncin de la Unin de Naciones Suramericanas (UNASUR), llevada a cabo por nuestra cancillera. Esta decisin marca una lnea poltica internacional respecto de la regin,totalmente contrapuesta a la tradicional que en el siglo pasado, impulsaron Yrigoyen y Pern.

Fuera de nuestro contexto actual, esta decisin parecera desopilante, pero desde la perspectiva de una administracin que desde sus primeros actos y a costa de descalabrar la economa nacional, no cesa de transferir riqueza a los ms ricos, resulta claramente coherente.

Pero no se trata de una coherencia ideolgica, como poda ser la de la oligarqua de los aos treinta del siglo pasado. Tampoco se agota en un simple alineamiento, como el de las dictaduras de seguridad nacional, sino que su coherencia es mucho ms sustancial con la realidad. La clave de la ntima coherencia con la accin de gobierno la expuso sin tapujos el ministro Faurie, tratando de justificar ese lamentable voto que, por cierto, nos debe doler a todos los argentinos.

En efecto : el ministro explic que lo hicieron porque la Unasur era una tribuna de discusin ideolgica y poltica . Lament que la Unasur se haya convertido en un escenario de discusin de posiciones polticas e ideolgicas . Es decir que, si un foro regional discute polticas e ideologas, merece ser descalificado por el ministro, como vocero del gobierno que integra. En otras palabras : el gobierno confiesa, por medio de su ministro, que no tolera discusiones ideolgicas y polticas en un foro regional.

Podra pensarse que esa desvaloracin de la ideologa y de la poltica responde a la famosa muerte de las ideologas (que tambin es una ideologa ) y a la antipoltica propiciada por el corporativismo financiero, que va ocupando el lugar de la poltica, con su consabido mtodo lawfare [Guerra Jurdica] de mostrar a sta como corrupta y a los chief executive officers como vrgenes morales.

Pero la coincidencia del ministro con su gobierno no se eleva ni siquiera hasta esos bajsimos niveles de abstraccin, sino que vuela an mucho ms bajo, quedndose en el puro terreno pragmtico y emprico que caracteriza toda la accin de la actual administracin en su inexorable y desorganizado avance catastrfico.

En ese nivel de baja y casi nula intensidad de ideas, responde a la realidad de una accin gubernamental que carece de toda poltica, pero sobre todo de poltica econmica, puesto que no responde a la mnima coherencia de ideas y fines que, necesariamente, requiere una poltica, salvo que se presuma que persigue como objetivo la falencia o quiebra, lo que no es bueno, porque no es recomendable la presuncin de dolo.

Este fenmeno de incoherencia extrema slo podemos entenderlo si tambin nosotros nos damos cuenta de que, al caracterizar al actual gobierno como representante vernculo del capitalismo financiero ms despiadado, pasamos por alto que no se trata de un frente unido, sino de un conjunto de intereses sectoriales dispares, que slo se coaligaron coyunturalmente para desplazar a la poltica y transferir riqueza.

Conforme a los dispares intereses que les llevaron a coaligarse, cada uno sigue tirando para su lado y le cobra al gobierno por su participacin en la empresa de alcanzar el poder y de no quitarle apoyo, que ste paga religiosamente y, por ende, el resultado es el caos en que va sumergiendo a la sociedad.

No se trata de una situacin que pueda caracterizarse metafricamente como la imagen de la orquesta sin director, sino que debe apelarse a imaginar el ruido infernal de una orquesta en que cada msico ejecuta una partitura diferente, eligiendo del repertorio la que ms le interesa.

Esta es la verdadera razn del rechazo a las ideologas y a la poltica que el ministro expresa en la justificacin de su lamentable papel regional. Es absolutamente sincero al rechazar las ideologas, porque stas imponen una coherencia poltica de la que el gobierno es por completo incapaz, en razn de la disparidad de intereses que lo llevaron al poder y que ahora lo jaquean con sus incompatibles exigencias.

Esto explica que no haya cuestin ideolgica alguna a la hora de valorar esta triste realidad presente, porque an colocndonos ideolgicamente en posicin por completo dispar con el llamado neoliberalismo econmico, debemos reconocer que, de aceptarse sus premisas, ste llega a consecuencias al menos coherentes con ellas. Pero nuestra realidad ni siquiera tiene nada que ver con Adam Smith, pues si estuviese vivo, el pobre escocs se horrorizara viendo que se usa su nombre para explicar el caos de los intereses sectoriales satisfechos desorganizadamente.

La incoherencia no admite explicacin ideolgica y, por eso, no puede explicarse por ortodoxos ni por heterodoxos , sino slo por la crisis de intereses contrapuestos y descontrolados.

No es necesario ser economista, teorizar por lo alto sobre los ciclos econmicos, hacer clculos actuariales y hablar el dialecto propio de los tcnicos, para caer en la cuenta de que, en cualquier caso, quien se endeuda y, al mismo tiempo, renuncia a su trabajo remunerado y los otros ingresos que obtiene los regala, es un anormal, un irresponsable o un prdigo que, irremisiblemente, caer en cesacin de pagos y luego en quiebra o en concurso civil.

En estas condiciones, las ideologas y la poltica no pueden menos que causarle pnico y repulsa al gobierno como lo expresa su ministro, porque en el terreno de esas discusiones quedara al descubierto el escndalo de su carencia de ideas que armonizar en ideologas y, por ende, de su incapacidad para formular polticas.

En la discusin ideolgica que proporciona base coherente a las polticas, es claro que no faltan algunas ideologas irracionales, pero la valoracin de su racionalidad corresponde a la crtica de las ideologas, o sea, a la discusin ideolgica, que es propia de la democracia e imprescindible para ella.

Las ideologas, entendidas como sistemas de ideas con cierto grado de coherencia para aproximarse a la comprensin de la realidad, deben discutirse en toda democracia, pero esta premisa no puede ser compartida por quienes toman medidas sin coherencia ideolgica y, por ende, carecen de poltica, pues no merece ese nombre el conjunto de retribuciones al apoyo de intereses dispares.

Precisamente por eso,la actual administracin no puede tolerar la discusin ideolgica y poltica, tal como lo expres claramente el ministro comisionado para la triste tarea de comunicar la decisin de acabar con la Unasur.

Cabra preguntarle al canciller qu encuentra de malo en que haya un escenario de discusin de posiciones polticas e ideolgicas y, si fuese sincero, debera responder que no es bueno un foro donde le resultara imposible ocultar o disimular la carencia de ideologa y de poltica de su gobierno.

Lo cierto es que la Unasur ha dejado de ser ese foro. No existe un lugar donde discutir lo que el ministro y su gobierno consideran que no debe discutirse. Pero la discusin sigue siendo indispensable para las democracias y stas deban avanzar, continuar y fortalecerse, a pesar de las decisiones de nuestro gobierno. Por ende, ahora que ya no se dispone de la Unasur, es necesario otro foro o espacio donde hacerlo.

Los partidos y movimientos polticos populares latinoamericanos deben pensar en eso. En medio de la peligrosa regresin que sufren los Derechos Humanos en el mundo y en nuestra regin, las fuerzas polticas populares no pueden eludir la responsabilidad de discutir ideologas y polticas, para salvar y fortalecer los sistemas democrticos.

Se trata de un ineludible imperativo de la hora. El costo que estn pagando los presos polticos en nuestro pas, comenzando por el escndalo de la discriminacin mltiple de Milagro Sala y siguiendo por todos los otros, como el que pagan nuestras clases humildes en necesidades no atendidas, en servicios pblicos desvirtuados con tarifas al costo , en jubilaciones y salarios, en violencia de la pobreza, tiene como contrapartida positiva el reforzamiento de la conciencia popular de Patria Grande.

Esa ventaja,producto del sufrimiento, no la pueden ignorar nuestros movimientos populares, para que el dolor y el sacrificio de las injusticias actuales no sea en vano. Llega la hora de discutir en grande las ideologas y las polticas, lo que obviamente no quiere nuestro gobierno, como lo expresa claramente por boca de su ministro. El interrogante, una vez extinguido la Unasur, es cmo y dnde hacerlo.

Sin descartar otros caminos, creemos que se debera comenzar a pensar en posibilidades tales como una Internacional Popular Latinamericana, abierta y generosa, con un amplio abanico de ideologas y polticas consecuentes, sin exclusiones, que abarque a todas las fuerzas polticas de la regin que se ubican del lado de la soberana, de la independencia econmica y de la justicia social en convivencia democrtica.

Nuestros Pueblos reclaman coherencia, frente a juegos de puro poder, slo movidos por el cobro de sus aportes a la obtencin del poder. Existe hoy una clara lnea de divisin de aguas, que no llega gratuitamente, sino a costa de conciudadanos que sufren injusticias y crcel. Los movimientos populares no pueden actuar al margen del contexto regional y sin una coherencia de esa misma naturaleza. A diferencia de otros momentos, hoy nuestros Pueblos lo saben por efecto de vivencia pura, adquieren plena y creciente consciencia de esa necesidad.

Nuestros dirigentes populares deben estar alertas para ponerse a la altura de esos reclamos y responder a ellos, pues de lo contrario corren el riesgo de perder el tren de la historia, en momentos en que la confesin abierta de un ministro, al borde del andn, hace sonar el silbato que anuncia la partida del convoy que sigue y carga la dinmica siempre inquieta de los Pueblos.

Eugenio Ral Zaffaroni es abogado y escribano argentino graduado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en 1962, doctor en Ciencias Jurdicas y Sociales por la Universidad Nacional del Litoral (1964), y ministro de la Corte Suprema de Justicia de su pas desde 2003, hasta el 2014 cuando present su renuncia por haber llegado a la edad lmite que fija la Constitucin. Actual Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Fuente: http://www.elcorreo.eu.org/La-partida-de-defuncion-de-la-Unasur?lang=fr

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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