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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2018

Una reflexin sobre la actualidad del 68, en el 50 aniversario
Polticas del deseo: retomar la intuicin del 68

Amador Fernndez-Savater
eldiario.es


Qu nos puede dar qu pensar hoy el 68 a quienes queremos una transformacin sustancial del orden de cosas? Tiene que ver con una intuicin que aparece entonces y con la que es urgente retomar el contacto si queremos salir de las posiciones reactivas con respecto al neoliberalismo y volver a tomar la iniciativa.

La intuicin del 68

Cul es el significado del 68 en la historia revolucionaria del siglo XX? Podramos decir que es el comienzo de una crisis y una decadencia: el declive de la hiptesis de la revolucin a travs de la toma del poder, hegemnica desde la revolucin rusa de octubre de 1917.

El 68 no fue slo el mayo francs, sino una onda larga en el tiempo y el espacio que atraves EEUU, Mxico, Checoslovaquia, Italia, Espaa, etc. En ninguno de los casos se trat de tomar el Estado a travs de un partido de vanguardia. Se expresa as una intuicin: no se cambia la sociedad (solamente) aduendose del poder, ni siquiera de los medios de produccin.

Qu ha pasado en la Unin Sovitica desde 1917? Sin duda se ha producido un gran cambio en el poder poltico. Sin duda se ha producido un gran cambio en las relaciones de produccin: desaparicin del mercado, de la propiedad privada de los medios, de la competencia, etc. Pero se han reproducido sin embargo las lgicas ms profundas del capitalismo burocrtico: la divisin rgida entre dirigentes y ejecutantes, la concentracin vertical del poder de decisin, el culto a la ciencia de los expertos, la taylorizacin del trabajo, el crecimiento y la productividad como fines ltimos, etc.

Lo llamo intuicin porque no se trata de una formulacin clara en la poca, sino de algo confuso y balbuciente, con muchas versiones distintas. Estn an los que critican la URSS en el interior del marco conceptual marxista-leninista, los que piensan que la toma del poder debe complementarse con una revolucin cultural (es el mensaje de Mao o el Che), etc. Pero un plpito general dice: no basta con una revolucin poltica. Entonces?

Economa poltica, economa libidinal

Los aos 70 en Francia son aos de altsima productividad filosfica. El pensador argentino Len Rozitchner deca: si los pueblos no luchan, la filosofa no piensa. Es decir, la filosofa no es una burbuja que funciona en circuito cerrado, sino que se alimenta de los impulsos y los problemas que se plantea la sociedad. Pero si los pueblos luchan, la filosofa tensa su esfuerzo al mximo. Y eso es lo que ocurre en los 70 en Francia.

Propongo imaginar esa productividad filosfica como animada por las distintas tentativas de hacerse cargo en el plano de las ideas de la intuicin del 68. En los 70 se despliegan elaboraciones complejas sobre el poder, el saber, la sexualidad, el imaginario, el intercambio simblico, etc. Se trata de una reconceptualizacin general que desborda el marxismo como marco terico exclusivo o privilegiado. Y de la que nos seguimos nutriendo hasta el da de hoy.

Uno de los pensadores que trata de hacerse cargo filosficamente de la intuicin del 68 es Jean-Franois Lyotard, que durante los 50-60 haba militado en el grupo autonomista Socialismo o Barbarie y que vivi la tormenta del 68 desde su epicentro: la universidad de Nanterre y el Movimiento 22 de Marzo.

La figura de Lyotard ha quedado clavada hoy en da a la nocin de la posmodernidad, pero en su vida hizo otros muchos viajes de pensamiento. En los 70, por ejemplo, desarrolla una compleja filosofa en torno al deseo, en dilogo con las ms conocida de Gilles Deleuze y Flix Guattari.

Qu forma le da Lyotard a la intucin del 68? Resumo el planteamiento en una sola frase y paso a explicarla: Lyotard dice no hay economa poltica sin economa libidinal. Qu significa esto? Muy resumidamente: no hay modo de produccin que no est sostenido en una determinada posicin de deseo. En un tipo de actitud, de motivaciones y de disposicin ante los dems, el mundo y la vida en general.

No hay macro sin micro. Los revolucionarios que trataron de introducir cambios sociales radicales sin tener en cuenta la cuestin de la subjetividad fracasaron estrepitosamente. Se cambiaron los contenidos sin tocar las formas y se reprodujo as el mal de la dominacin, que no est slo fuera sino tambin muy adentro de nosotros mismos.

Mutacin de la posicin de deseo

Hay que imaginar entonces la transformacin social, dice Lyotard, como una mutacin radical de la posicin del deseo.

Por qu posicin? Porque no slo es un cambio de un objeto de deseo por otro, sino de un cambio del modo mismo de desear, del lugar mismo desde el que lo hace: no slo de lo que se quiere, sino de cmo se quiere lo que se quiere. No simplemente otros polticos, sino otra relacin con lo poltico, no simplemente otro trabajo, sino otra relacin con el trabajo, etc.

Se quieren otras cosas, se quiere distinto. La mutacin de que hablamos significa una redistribucin radical de lo deseable y lo indeseable, de lo que importa y de lo que no importa, de lo que nos hace vibrar y de los que nos deja indiferentes. A nivel de cuerpo y de piel, no meramente ideolgico.

En definitiva, el cambio social segn Lyotard es un problema de metamorfosis. Una mutacin en la configuracin misma de lo humano. El reventn de determinadas costuras antropolgicas, la produccin de una humanidad diferente y de otras posibilidades de existencia: un cambio de piel.

Una metamorfosis que sera completamente equivocado ver como un proceso feliz, lineal o necesario, porque es alegre y dolorosa a un tiempo, est atravesada de retortijones o contracciones, de altibajos y desvos, de saltos y regresiones, repleta de suciedad, sangre, barro, impurezas Es querida, asumida, pero tambin temida y rechazada. A veces las dos cosas, por las mismas personas, al mismo tiempo.

1968: un rgimen regulador de la energa

Cmo es la posicin dominante del deseo en los aos 60, en la poca del fordismo y la sociedad industrial? Lyotard habla de un rgimen regulador de las energas que tiende a normalizar los cuerpos y a producir slo intensidades medias, mediocres.

En el mbito del trabajo, es el taylorismo segn el cual el obrero debe ser una mezcla de orangutn y robot como deca el propio Taylor. Definicin estandarizada de las tareas, exclusin de toda forma de participacin o implicacin afectiva en el proceso de trabajo, sumisin absoluta a una jerarqua o estructura piramidal. El capitalismo de los aos 60 es altamente represivo y disciplinario: ejerce un poder autoritario que fija los cuerpos a lugares y funciones. En la fbrica desde luego, pero tambin en la familia, la escuela, el hospital, el ejrcito, etc.

En el mbito del consumo, es el triunfo absoluto del valor de cambio: cualquier objeto puede entrar y circular en el sistema si es susceptible de intercambiarse por dinero. Nada es sagrado, no hay nada intocable, todo se puede profanar: vender, comprar, comercializar. El dinero es el mediador absoluto, que destruye todos los dems: los viejos cdigos pre-capitalistas que regan antao la produccin y circulacin de bienes. En el fondo, no hay cosas, no hay personas, no hay actividades, no hay saberes ni creencias: slo existen distintas mscaras del valor de cambio.

El tipo humano que se produce y reproduce entonces es el homo economicus que ahorra, calcula, negocia, defiende sus intereses, trabaja, es dcil, sobrio, serio, moderado. No se trata de un ser sin deseo, sino con un deseo obediente y dispuesto por lo abstracto.

La deriva del deseo en 1968

Cmo entender, desde aqu, los movimientos de los aos 60? No son movimientos sociales, localizados y acotados, con sus reivindicaciones y demandas, sino ms bien de derivas del deseo. Movimientos en las placas tectnicas de la sociedad.

Por un lado, suponen una gigantesca retirada del deseo que vaca de savia los canales y los objetos establecidos: la familia tradicional, el trabajo de fbrica, el individualismo en serie, la autoridad, el dinero, el consumo y la propiedad, el amor de pareja como propiedad del otro, etc. Erosin gigantesca e invisible: el tipo humano propuesto por el capitalismo burocrtico no se critica ni se denuncia, sino que se deserta masivamente, mediante un desplazamiento de inversin libidinal.

Ya no se quiere lo que antes se quera. El deseo no se deja organizar mediante las instituciones establecidas, el poder disciplinario no es capaz de producir y reproducir un determinado tipo de cuerpo, los jvenes no se reconocen ni se conducen como homo economicus y el sistema se gripa.

Por otro lado, el deseo se dispone de otra forma, empieza a funcionar de otro modo, inviste cosas distintas y otros valores: la autonoma frente a la disciplina y la autoridad; la intensificacin de las pasiones frente a los vnculos instrumentales con el mundo; la comunidad frente al individualismo hermtico de los tomos sociales. Las experiencias polticas y contraculturales de los 60 dan forma a una verdadera sociedad paralela compuesta de espacios y tentativas comunitarias, redes de apoyo y vnculos apasionados. El deseo social se fuga hacia un afuera.

Borrar la intuicin del 68

Cmo se leen hoy los aos 60? Desde la derecha, son el chivo expiatorio hacia el que redirigir los miedos contemporneos: as, son los 60 -y no las polticas de precarizacin y desproteccin de la vida- los culpables de la decadencia de todos los valores, la desorientacin generalizada y el caos de la sociedad actual.

Pero los movimientos de los aos 60 son tambin objeto de crtica desde el otro lado. En una curiosa complicidad con la derecha, leemos hoy a crticos de izquierda arremeter contra ellos. Se nos dice que el 68 fue en el fondo un movimiento liberal que aceler la emergencia o consolidacin de la sociedad de consumo y de la modernidad, fragmentando a la clase obrera, promoviendo el individualismo, rechazando toda tradicin y toda disciplina en nombre del narcisismo, etc.

Esos anlisis no tienen por lo general ni pies ni cabeza. Pero lo importante es leer el subtexto de las crticas: hay que abandonar las polticas del deseo y volver a las formas de la poltica clsica. El Partido y la conquista (electoral) del poder, la representacin del pueblo identificado como vctima, la identidad o la moral como resortes y palancas, la izquierda, etc. El nico horizonte posible de la poltica de emancipacin sera, segn estos crticos, la defensa del Estado social en desmantelamiento.

Se pretende as borrar la intuicin del 68.

Mi idea es justo la contraria. Si el neoliberalismo hoy es tan fuerte se debe no slo a que engaa y reprime, sino a que se presenta como evidente y deseable. Es preciso leer la contrarrevolucin neoliberal de las ltimas dcadas, no simplemente como un ataque a la composicin obrera y el salario, sino como un contragolpe en trminos de deseo.

En los aos 60, los movimientos iban por delante y el poder los persegua, pescando a los jvenes que se fugaban y devolvindolos a casa, etc. Hoy es justo al revs. Pensemos en el Airbnb (un ejemplo entre mil): el neoliberalismo lleva la iniciativa y la poltica de izquierdas se limita (en el mejor de los casos) a regular. El capital lee las corrientes sociales profundas, capta el deseo, sabe traducir todas las energas a dinero, inventa y crea. Y la izquierda slo aspira mientras a imponer tal o cual impuesto sobre los flujos de mercado.

Si hoy las fuerzas de emancipacin son tan efectivamente dbiles es justamente porque han perdido el contacto con la intuicin del 68. Ya no disputan en torno a las formas de vida deseables e indeseables, sino que se limitan a la opinin crtica, la poltica comunicativa, la resistencia que nada resiste.

Tomar de nuevo la iniciativa slo puede consistir en plantear de nuevo la disputa en el plano del deseo: qu tipo de ser humano somos y queremos ser? Pero hay que hacerlo en condiciones cambiadas, porque hoy vivimos en otra economa del deseo muy distinta a la de los 60.

2018: un rgimen depredador de la energa

Cul es hoy la posicin dominante del deseo? Lyotard habla en 1974, en unas cuantas pginas visionarias, de un rgimen depredador de las energas.

El depredador no es simplemente el vampiro que chupa la sangre. La figura es distinta, ms compleja, ms interesante: el depredador exalta las energas (para robarlas), depreda energas sobreexcitadas.

Resuena hoy poderosamente con el capitalismo de las finanzas, las polticas extractivistas, la especulacin desregulada, la penetracin del capital en capas del ser vivo (humano y no humano) que permanecan intocadas, el pillaje, el saqueo y la violencia machista como formas de conquista. Lo que se conoce como neoliberalismo.

Y el deseo? El neoliberalismo no slo reprime o disciplina, sino que intensifica las energas: moviliza, agita, estimula. El tipo humano que produce y reproduce ya no es el homo economicus, sino lo que podramos llamar el maximizador animado por el deseo de siempre-ms. El maximizador no busca el ahorro, la moderacin, la sobriedad o la seriedad, sino la superacin indefinida de s mismo: formacin continua, mxima flexibilidad, evaluacin constante, competencia permanente, etc.

Es el lobo de Wall Street: desquiciado, siempre dopado, despilfarrador, depredador de contactos sexuales, sobreacelerado, desmesurado, impaciente, impdico, desvergonzado. Siempre de subidn: el tipo de intensidad que nos propone el neoliberalismo es el subidn.

Del aburrimiento al agobio

El neoliberalismo ya no nos dice no (no puedes), sino s (puedes y debes). No nos fuerza como un poder exterior, sino interior y voluntario. No reprime el goce (o no pone el goce en la represin), sino que lo suscita. Es una modulacin del deseo de la que parece mucho ms difcil escapar.

Pero tambin ocurre esto: el neoliberalismo, al hacerse cargo del deseo, lo maltrata y provoca un enorme sufrimiento. Hay que partir de ese malestar, de ese sufrimiento. Qu quiero decir?

El antiguo rgimen regulador reprima, disciplinaba y fijaba rgidamente los cuerpos a lugares y funciones, produciendo masivamente el aburrimiento.

El aburrimiento, como vida des-apasionada, como minimizacin del goce, fue una fuerza mayor de la contestacin revolucionaria de los aos 60. No queremos un mundo en el que la garanta de no morir de hambre sea la garanta de morir de aburrimiento, escribi el situacionista Raoul Vaneigem en una cita que se volvi consigna popular.

El rgimen depredador moviliza, fuerza y exige, produciendo as lo que coloquialmente llamamos agobio. Una mezcla de ansiedad y estrs por la sobrecarga de tareas, la movilizacin ininterrumpida de las energas mentales, el estmulo constante de la atencin, la ilimitacin del tiempo de trabajo confundido con la vida.

Del aburrimiento al agobio, de la represin de la vida (encauzada, encarrilada, encorsetada) a la movilizacin de la vida (sobrecargada, sobreexcitada, sobreestimulada). Del agobio al cansancio, un agotamiento del que se habla en mil conversaciones cotidianas y que no sera aquel del trabajador convertido en orangutn y robot, sino la fatiga mental por estrs, angustia y culpa por no estar siempre a la altura. Y del cansancio a la depresin: el bajn radical de las energas, la prdida de motivaciones, la cara b del rgimen depredador.

El deseo hoy es electrocutado y segmentado. Electrocutado, al ser presionado y tensado por requerimientos externos. Segmentado, en la interrupcin y la discontinuidad constante, la fragmentacin y corrosin de toda duracin.

La deriva del deseo en 2018

Al final de El hombre unidimensional, su clebre ensayo de crtica de la sociedad de los aos 60, Herbert Marcuse situ la siguiente cita de Walter Benjamin: Slo gracias a los sin esperanza nos es dada la esperanza.

Sigue siendo as. La esperanza est en el malestar que genera el imperativo de rendimiento, entre quienes dicen ya no puedo ms, ya no quiero ms.

Los angustiados, los asfixiados, los agotados, los abatidos, los abrumados, los saturados, los desbordados, los quemados, los agobiados, los electrocutados. Ellos y ellas son quienes pueden (podemos) pinchar la posicin dominante del deseo hoy: el siempre-ms.

Pero, qu interrumpe hoy? Cmo nos sustraemos al imperativo del rendimiento? Cmo desertamos la figura del maximizador? Es preciso un nuevo ataque a la economa libidinal del neoliberalismo, a su organizacin del deseo. Un cierto apagn de nuestras energas deseantes.

Esta lucha no es necesariamente pica, heroica y colectiva. No que hay minusvalorar la desercin gota a gota y los apagones personales. David Le Breton ha investigado por ejemplo modos sutiles de desacato al imperativo de ser uno mismo, de estar permanentemente conectado y disponible, de estar siempre a la altura. Habla del silencio y el caminar. Nos propone verlos como formas de resistencia polticas. Como fugas activas del ruido de la conexin permanente, como modos de volver a tomar contacto, no con el Yo, sino con el propio deseo, como ejercicios de atencin a la propia fuerza (ritmo, cuerpo, respiracin), como disfrutes no mercantilizados, que no se capitalizan, que no son medios de fines.

Hay tambin instantes de apagn colectivo. Algunos fragmentos de la sociedad se ponen entonces a vibrar juntos. A veces reivindican algo y otras no, a veces tienen un discurso elaborado y otras no: lo importante es que se organizan de modo que la forma de vida neoliberal es cuestionada. Se vive distinto, se le agarra el gusto a un existir distinto. Por un lapso de tiempo se pone fin a la angustia, a la ansiedad, a la carrera loca del hamster. Las energas se trasvasan del trabajo y el consumo al sostenimiento de un momento de vida colectiva. Ya no queremos estar en otro sitio ms que donde se est. Tenemos todo el tiempo del mundo. Concentracin mxima de la energa. Agotamiento, pero agotamiento feliz. Se volatilizan muchas de las patologas de la vida cotidiana y el deseo se regenera.

Vivir con tiempos muertos y gozar las trabas

En los muros de Pars en el 68 alguien escribe: vivir sin tiempos muertos y gozar sin trabas. Era una consigna contra el aburrimiento. Pero hoy ya no podemos oponer simplemente la vida a la muerte, la liberacin a la represin, lo nuevo a lo viejo, la intensidad al aburrimiento, el afuera a lo que est dentro. Los apagones son justamente tiempos muertos en los que nos paramos a pensar y recuperamos el contacto con nuestro deseo como centro de gravedad. No se trata de romper -con los padres, con el trabajo, con el entorno-, sino de interrumpir la lgica depredadora de relacin con todo. No se trata de salir de la sociedad hacia las zonas liberadas, sino de empujar la transformacin ah donde estemos. No se trata de vivir en un subidn permanente, sino de afirmar otras intensidades (ms sutiles, con altibajos) y otra relacin con ellas.

Lo nico que puede cambiar sustancialmente las cosas es empezar a vivir de otra manera. Esta es la intuicin del 68. Hoy slo han cambiado las condiciones y los trminos del desafo.

Algunas referencias:

Derivas a partir de Marx y Freud, Jean-Franois Lyotard, editorial Fundamentos, 1975.

Dispositivos pulsionales, Jean-Franois Lyotard, Editorial Fundamentos, 1981.

Economa libidinal, Jean-Franois Lyotard, Siglo XXI, 1991.

Sobre el rgimen del siempre-ms, vase por ejemplo La nueva razn del mundo, Christian Laval y Pierre Dardot, Gedisa, 2016.

Romper y mechar, un dilogo entre el 68 y el 15M

Fuente: http://www.eldiario.es/interferencias/mayo_del_68-deseo-Lyotard_6_770332960.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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