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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-05-2018

La disputa ideolgica por la hegemona global

Ricardo Orozco
Rebelin


Desde que el ahora presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, era candidato a la primera magistratura de ese pas, se convirti en espacio comn, dentro de las agendas pblica y de los medios en Occidente, el afirmar que su campaa ahora su presidencia, en general; y su personalidad y posicionamiento respecto de la economa y el ejercicio de la poltica, en particular; son la ms clara representacin de una ola global de anacronismos y experiencias retrgradas que amenaza con revivir lo peor del proteccionismo de corte fascista y nacionalsocialista del siglo XX.

Las declaraciones de Trump en torno a la necesidad de potenciar la economa estadounidense revisando sus principales tratados y prcticas comerciales, modificando su poltica fiscal, recortando presupuesto a ramos ligados con la seguridad social de los trabajadores , o simplemente dejando de financiar programas y organizaciones internacionales y/o de Estados aliados, entre otras posturas han sido, desde el periodo de campaas, los principales argumentos sobre los que medios de comunicacin de distinta ndole se han montado para asegurar que Trump es la personificacin de cada uno de los idearios que el liberalismo tuvo que vencer el siglo pasado para concederle al mundo poco ms de cincuenta aos de orden, paz y estabilidad globales.

De hecho, si bien es cierto que dentro del desarrollo del programa liberal en tanto ideologa o instrumento de interpretacin social los conflictos entre sus diferentes corrientes, recepciones, variaciones, derivaciones y apropiaciones no han escaseado desde su emergencia en el siglo XVIII, tambin lo es que, en el momento presente, el cisma que Trump parece haber planteado al grueso de los idelogos liberales en Occidente fue tan profundo y hasta cierto punto, igual de inesperado en el seno de la sociedad que practica da con da la versin hegemnica y ms utilitarista e individualista del mismo que el replanteamiento de los trminos de la discusin no nicamente ha proliferado como pocas veces lo ha hecho en sus doscientos aos de existencia, sino que, adems, sus principales puntos de partida son, justo, los posicionamientos del hoy presidente estadounidense.

Trump, en los trminos de esta discusin, por supuesto no pasa por el filtro, ni siquiera, del liberalismo ms moderado y centrista concebible. Por donde se lo observe, l mismo en su persona y en su investidura es percibido como la anttesis de los postulados ms bsicos de una sociedad liberal : desde su actitud respecto de los medios de comunicacin tradicionales hasta su comportamiento con el gnero femenino, pasando por su defensa de los valores familiares tradicionales de finales del siglo XIX y principios del XX, por su rechazo del consumo de sustancias enervantes, por su oposicin al trnsito de personas a travs de las fronteras, etctera.

El problema de fondo se afirma es, pues, que Trump es un populista, un producto de ideas concebidas en otra poca: ideas, adems, ya superadas por el mayor progreso que el liberalismo ofrece a las economas de mercado y a sus regmenes de Gobierno residuales, las democracias procedimentales y representativas. Por eso, cuando se trata de lidiar con el conservadurismo de Trump, lo primero que sale a flote en la discusin no versa sobre el anlisis autocrtico (o simplemente crtico) del funcionamiento del liberalismo, operando en su versin neo desde que sta se ensay en el Chile de Augusto Pinochet, desde 1973 . Antes bien, lo que de inmediato sale a colacin es que todos los enemigos del liberalismo (y por extensin, de las economas de mercado y de la democracia) se forman, actan y se mantienen por fuera del propio ideario liberal, nunca son subproductos del funcionamiento de ste que, con el tiempo, se van desplazando hacia y polarizando en distintos posicionamientos autnomos respecto del marco que los engendr en principio.

Pero no slo, pues adems en los trminos de la discusin se pierde de vista que en el funcionamiento de una economa de corte liberal (clsica o neo), sta no requiere de la puesta en prctica de un ideario liberal como condicin sine qua non de su propia existencia. Pasar por alto esta breve y hasta efmera observacin ha llevado a posicionar en distintos imaginarios colectivos la idea de que el mercado, para funcionar como lo hace en el presente requiere, en principio, de un conjunto de actores fieles a los postulados ms bsicos del liberalismo (comenzando por la defensa a ultranza del funcionamiento espontneo y autorregulador del mercado); y en segunda instancia, que dichos postulados sean adoptados por la mayor cantidad de actores con el mayor grado de fidelidad y homogeneidad posibles.

Ya de entrada, argumentos como ese son problemticos porque llevan a suponer que ambas condiciones se cumplan sin ambages hasta antes de la llegada de Trump (y de algunos homlogos europeos que comparten rasgos de su misma lnea discursiva). Introducen en la agenda de discusiones la nocin de que Trump min el funcionamiento normal, orgnico, del orden liberal imperante ya desde el momento en que, an sin haber tomado posesin o haber implementado poltica pblica alguna, con sus puras declaraciones, por el peso poltico que tiene la presidencia estadounidense a nivel global, estaba alterando a los mercados y a sus tomadores de decisiones.

Son argumentos, en este sentido, que borran de la ecuacin variables como el hecho de que las economas tradicionalmente consideradas los baluartes del liberalismo occidental sostienen sus sistemas de transferencias de capital, de las periferias globales (Amrica Latina, frica y Asia) haca s articulando restricciones a su mercado y presiones de liberalizacin hacia los mercados a los que exportan y desde los cuales extraen las materias primas o los productos manufacturados que luego regresan a esos mismos lugares como bienes y mercancas de consumo final o intermedio, dependiendo de la cadena de produccin de la que se trate.

Y por supuesto, se borran, adems, variables an ms claras e igual de determinantes que la anterior como el hecho de que en las economas perifricas del sistema internacional, el liberalismo y sobre todo, el neoliberalismo experimentan su ciclo de emergencia y sostenimiento sobre la base que le es provista por regmenes gubernamentales de tipo autoritario y dictatorial. Es decir, eliminan el reconocimiento de que los diversos modos de produccin, aprovechamiento y consumo de los recursos en las poblaciones perifricas son suprimidos y sustituidos por la produccin mercantil orientada hacia el mercado global a travs del accionar de Gobiernos con idearios profundamente conservadores y de vocaciones totalitarias. Los Seores de la Guerra en frica, las juntas militares en el Sudeste asitico y la historia de las dictaduras militares en Amrica Latina (de donde no hay que excluir el sui generis caso del partido hegemnico en Mxico) son representativos de ello, pese a que se argumente que es azaroso, casual, que neoliberalismo y militarizacin de la vida en sociedad se hayan producido paralelamente en cada caso.

Gran parte de estas omisiones se cometen de manera deliberada, respondiendo a una voluntaria o no conviccin de militar en favor del ideario liberal (desde todas sus variantes). Sin embargo, una porcin importante de las mismas se debe, a su vez, al desconocimiento y/o negacin a reconocer que, a pesar de que el postulado liberal pugna por el reconocimiento de la existencia del mercado como un ente, un proceso y una dinmica natural , espontnea, autogeneradora y autorreguladora de s, en la prctica histrica del mismo, ste es generado, sostenido, defendido, regulado y apuntalado por la intervencin directa de un andamiaje poltico particular: en el capitalismo moderno, el Estado-nacin.

La forma ms voraz de liberalismo practicada en la actualidad, el neoliberalismo de autora intelectual estadounidense , por ejemplo, ni en sus orgenes cuando surge como crtica al liberalismo clsico del siglo XVIII y principios del XIX ni en su actualidad ha dejado pasar por alto este hecho crucial, aunque en la historia de sus ideas siempre sea una directriz velada por lo saturado que se encuentra el lenguaje de las referencias a la individualidad, el utilitarismo y la libertad.

Basta con pasar revista a los postulados de algunos de los principales idelogos del neoliberalismo vigente para advertir que gobiernos autoritarios, al frente de andamiajes estatales fuertes, rgidos y abarcadores, implementando polticas proteccionistas e interviniendo de manera ms agresiva en el funcionamiento del mercado , han sido, desde hace mucho tiempo, el principal mecanismo de proteccin que las economas nacionales emplean para dotarse, mantener o apuntalar sus ventajas competitivas y su posicin dentro del conjunto global. Y ello, con independencia de si su posicin es central, semiperifrica o perifrica o en el lenguaje ms polticamente correcto y velado del liberalismo: desarrolladas , en desarrollo y en vas de desarrollo / subdesarrolladas , respectivamente.

En las actas del Coloquio Lippmann , celebrado en Pars, entre el 26 y el 30 de agosto de 1938, y en donde participaron los pioneros autores intelectuales del ideario neoliberal: Walter Lippmann, Jos Castillejos, Friedrich A. von Hayek, Ludwig von Mises, Jaques Rueff, Raymond Aron, Ernest Mercier, Alexander Rstow, Wilhelm Rpke , etc., por ejemplo, se concluye que para hacer frente a la decadencia del orden liberal hasta entonces imperante era preciso reconocer que ese mismo orden no es autnomo ni espontneo: es producto de un andamiaje legal que lo precede y que presupone la intervencin directa, deliberada, del Estado-nacin en su funcionamiento. Y es que, en tanto hecho histrico, el mercado se reproduce a partir de los sistemas de normas, los conjuntos de leyes y los conglomerados de instituciones que garantizan, entre otras cosas, los derechos de propiedad, los contratos, las patentes, el cumplimiento de las deudas, la circulacin monetaria, las directrices laborales, las facilidades de produccin, el abaratamiento de costos, etctera.

En lo individual, a principios del siglo XX, Mises afirma que el mercado debe funcionar en el marco de operacin de un rgimen democrtico: hasta cierto punto, homologarse. En los aos cuarenta, Joseph Schumpeter invierte la ecuacin y postula la necesaria mercantilizacin de la poltica, es decir, su operacin a partir de la misma lgica y racionalidad que se despliega en el funcionamiento del mercado. Una dcada despus que Schumpeter, Anthony Downs desarrolla un modelo para hacer funcionar a la poltica que dirige el funcionamiento del Estado a partir de la operacin puramente microeconmica de la sociedad.

En los aos sesenta, George J. Stigler formula un modelo propio, siguiendo a los precedentes, para aplicarlo al funcionamiento de los partidos polticos. Por esos mismos aos, Hayek refina su explicacin respecto de lo necesario que son no cualquier Estado y cualquier conjunto de leyes e instituciones, sino un tipo de Estado y de leyes en particular para hacer funcionar al mercado. Bruno Leoni, adems, suma a esta perspectiva la nocin de que es el derecho consuetudinario el elemento sobre el cual se erige todo mercado.

A mediados de los aos setenta, James Buchanan fundamenta la existencia del Estado a partir de la funcin de ste como garante de la propiedad privada y de la limitacin de la libertad que le sea benfica a esa propiedad. En paralelo, Milton Friedman desarrolla su programa de choque para lograr la instauracin del neoliberalismo en Chile y reafirma la necesidad de un rgimen militar en el pas para garantizar la prohibicin de los sindicatos y para controlar la organizacin poltica de la sociedad. Hayek, por su parte, termin declarando a la prensa chilena, en el marco de la reunin de 1981 de la Mont Plerin Society, en Via del Mar, que una dictadura [] si se autolimita, puede ser ms liberal en sus polticas que una asamblea democrtica. Y a finales del siglo, Mancur Olson desarrolla un esquema en el que fundamenta la idea de que la riqueza y la pobreza de las naciones se deben al diseo y operacin de los andamiajes estatales y no al mercado.

Tener presentes estos posicionamientos, y en especial la importancia vital que en ellos se concede al Estado y a la autoridad gubernamental para la plena operatividad del ideario liberal, en general, neoliberal en particular, permite observar que la actual Administracin estadounidense, a pesar de toda la retrica y la demagogia conservadora de la persona al frente de su primera magistratura, no debe leerse como un retroceso, un golpe de timn retrgrado y hostil frente a los valores occidentales y su ideologa dominante .

Y es que s, es cierto que las principales directrices firmadas por Donald J. Trump al frente de la presidencia estadounidense van en la direccin opuesta a la que se orientaban polticas econmicas implementadas por las dictaduras militares del Cono Sur, por los Seores de la Guerra en frica o por las juntas militares en el Sudeste asitico. Sin embargo, y este es realmente el rasgo que no se debe perder de vista, la cuestin de fondo aqu, en contrastacin de stos frente a aquel, es que en las periferias lo que se busca es su subordinacin a los centros globales, mientras que en el caso actual de Estados Unidos, lo que se plantea es el sostenimiento, la permanencia, de determinadas ventajas comerciales y financieras (las mismas que le aseguraron su propia hegemona en la economa global durante la segunda mitad del siglo XX) de cara a la disputa que le plantea China como economa sucesora en esa posicin.

La competencia con China por la hegemona (o en lenguaje polticamente correcto liderazgo) global, por supuesto, no es algo que est ausente de los anlisis que a diario se producen en Occidente, y en especfico en Estados Unidos, para hacerle frente. Sin embargo, stos han gravitado con enorme fuerza sobre el mismo discurso que apela a ms dosis de liberalismo ya como medio de contencin, de disuasin o de enfrentamiento. Y la cuestin aqu, el problema que subyace a esa narrativa, es que no se alcanza a comprender que fueron justo dosis altas de liberalismo aplicadas a la economa china por ms de cuarenta aos, ininterrumpidamente desde mediados de la dcada de los setenta lo que llev a dicha sociedad a una posicin en la que le fuese posible disputar a Estados Unidos su rol en la jerarqua interestatal.

La apertura del rgimen chino al capitalismo de lleno a finales de la dcada de 1970 supuso a Occidente en general y a Estados Unidos en particular el acceso a un enorme mercado y al mismo tiempo a una maquiladora de iguales proporciones. Por supuesto las prcticas comerciales desleales del Gobierno y de los empresarios chinos fueron un factor decisivo para poder posicionar a su sociedad por encima del rango de mayor maquiladora del mundo. Sin embargo, poco importa apelar a la descalificacin de tales actos cuando la historia del colonialismo, del mercenariado y de la piratera en Occidente supone su raz anloga en tiempos pasados. Lo realmente importante de mirar aqu es que mientras Occidente acumulaba y concentraba capital en sus arcas gracias a su comercio con China aquello no fue verdaderamente un problema.

La reaccin de Estados Unidos ante esta situacin debe empezar a leerse como una reaccin natural de tantas opciones disponibles al peligro que implicaba seguir tratando con liberalismo a la economa que ya le disputa su liderazgo global . Pero tambin como una reaccin, agresiva, necesaria para contener a China en su avance haca el control de las diez industrias que dominarn la actividad econmica en el futuro inmediato: la robtica, la automatizacin de procesos, la inteligencia artificial, la aeronutica y la biotecnologa entre ellas.

En octubre de 2015 el Gobierno anunci al mundo, con su visin de largo plazo, Made in China 2025 , que ya est de lleno en la carrera por conseguir ese objetivo: el control, la vanguardia, del complejo cientfico-tecnolgico de las siguientes dcadas. Que no sorprenda, entonces, que ante ello Occidente (porque Europa tambin est legislando para limitar las adquisiciones empresariales de China en los pases de la Unin Europea) est buscando reaccionar de manera que sea posible minar ese camino sin, paralelamente, dinamitar sus propios beneficios actuales (y futuros) obtenidos de su relacin comercial con el gigante asitico . Reaccionar con conservadurismo, con proteccionismo y fortalecimiento de la autoridad estatal frente a tal situacin es hoy ms un recurso de supervivencia que una mera ocurrencia sacada de la personalidad de un mandatario retrgrado.

No es casual que Trump est operando bajo la lgica de la industrializacin (del capitalismo) de la segunda mitad del siglo XX , si es ese mismo esquema el que permiti a Estados Unidos sostener por ms tiempo que el pronosticado su hegemona global.

Blog del autor: https://columnamx.blogspot.com.es/


 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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