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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2018

Del cardumen y otros debates

Juan Antonio Garca Borrero
La Jiribilla


Hace unos das La Jiribilla public un artculo donde el intelectual Jorge ngel Hernndez critica el apoyo que el escritor Arturo Arango y yo, le hemos concedido a la Declaracin que han hecho pblica los jvenes cineastas cubanos.

En su momento decid no responder a ese texto que, desde el inicio, advierte al lector que ha llegado por carambola y tarde a lo que se est discutiendo. Ms bien agradec la sinceridad del autor que confiesa que lo suyo es la simple opinin, esa que a modo de chisme uno emite cuando pasa por una esquina, ve alguna ria, y en lo adelante, pone a circular habladuras que nunca describen la esencia de lo visto, sino solo la superficie.

Es obvio que a Jorge ngel Hernndez no le interesa promover un debate profundo de ideas donde l mismo se sienta parte del aprendizaje. Para qu, si los que no piensan como l solo formulan disparates? Ese egocentrismo galopante es la causa de que en sus comentarios a posteriori todo se reduzca a defender su derecho a su propia interpretacin, aun cuando la calidad de lo interpretado se vea seriamente deteriorada por la carencia de un conocimiento bsico de lo que es el cine y sus dinmicas. Qu sentido tiene debatir con alguien que confunde su opinin particular con la Verdad que entre todos estamos buscando, y se divorcia de manera tan radical de lo que ha estado sucediendo en los ltimos quince aos del audiovisual cubano?

Est claro que, como individuo, Jorge ngel Hernndez tiene todo el derecho del mundo a manifestar su enrgico rechazo al documento y a quienes lo apoyan: esa es una opinin que habra que respetar como mismo l tendra que respetar la de sus oponentes. En cambio, como revista cultural en la cual yo tambin he colaborado, La Jiribilla estara obligada a tomar en cuenta las complejidades de lo que se expresa en el escrito de los jvenes, que no es el resultado de una catarsis puntual, sino de muchas discusiones protagonizadas por los cineastas cubanos en los ltimos quince aos.

Esto quiere decir que, a diferencia de lo que sugiere la lectura simplificadora de Hernndez (centrada en tomar como blanco de su ataque apenas la reaccin emocional de dos tembas), para m lo importante no estara en el texto puntual suscrito por los jvenes, sino en lo que sintomticamente este revela, como parte de un conjunto mayor de inquietudes que estn argumentando la necesidad de actualizar nuestro modelo de gestin audiovisual.

En este sentido, mucho ms estimulante me pareci la entrevista realizada a Brbara Betancourt Martnez, Directora de Programas Culturales del Ministerio de Cultura, publicada inicialmente en La Jiribilla y ms tarde reproducida en varios medios oficiales. La idea de entrevistar a una servidora pblica a partir de lo expuesto en el documento de los jvenes me parece fantstica, porque el texto precisamente est invitando a eso: al intercambio enriquecedor con quienes dirigen las instituciones.

Por supuesto, en la entrevista salen a relucir ideas que resultan a la vez muy discutibles, como cuando Brbara dice: Parece extrao que quieran dialogar con representantes del mximo nivel del MINCULT y de la UNEAC y, para plantear sus criterios, acudan a la plataforma de Facebook, desde el anonimato. Se trata de dilogo o de formar algaraba?.

Debo decir que a m tambin, como a Brbara, me habra gustado que este documento, o los muchos que los cineastas cubanos estuvieron circulando en su momento, hubiesen visto la luz en espacios menos informales que Facebook o la blogosfera. Pero si ahora aparecen en las redes sociales se debe precisamente a que ni el Ministerio de Cultura, ni la UNEAC, ni la Asociacin Hermanos Saz, ni los medios oficiales, le han concedido el ms mnimo espacio a estos debates que tuvieron lugar en Fresa y Chocolate durante mucho tiempo. Cmo criticar entonces a los jvenes (todos ellos nativos digitales) que usen esas redes que ya llevan incorporadas a su cuerpo como extensiones de sus hbitos cotidianos, si nosotros no hemos sido capaces de acoger esos debates como algo natural?; en todo caso, no estaramos obligados a estudiar esta nueva lgica de circulacin de ideas con el fin de fortalecer el sistema institucional?

No quisiera concluir esta breve nota sin explicar un poco en qu consiste mi emocin con la Declaracin de los jvenes, aunque en lo personal hace mucho tiempo asum que solo estoy obligado a rendir explicaciones a mi conciencia.

No pretendo con esto convencer a nadie, pues, como Pascal, s que el corazn tiene razones que la razn ignora.

Creo ver en el principio de mi emocin el indiscutible privilegio de haber dirigido en el 2001 la Primera Muestra de Jvenes Realizadores, organizada desde un inicio por el ICAIC. Todava puedo sentir la algaraba de aquella primera noche en el Chaplin; los debates donde haba ms de catarsis que de rigor analtico.

Mi emocin, entonces, tiene que ver con eso: con la alegra que reporta constatar el crecimiento intelectual de estos jvenes que han conseguido construir un cuerpo de ideas para acompaar la creacin. Diez aos atrs, a ellos los devoraba la ansiedad de filmar por filmar lo que para algunos era la utopa de la no utopa: muchos se conformaban con echar a andar las cmaras, y retratar de modo epidrmico el pas en que todava viven. Hoy, en cambio, adems de filmarlo, lo piensan desde la complejidad, o lo que es lo mismo, desde el pensamiento incmodo y hereje.

Pero es obvio que aquellos que llegan por carambola a lo que ahora mismo estamos viviendo, lo nico que vern son unos pocos rboles desentonando con la uniformidad del paisaje que en su mente han construido: jams se enterarn de que existe un bosque que, como la Nacin, nos acoge y todos los das cambia y crece a nuestro alrededor.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/del-cardumen-y-otros-debates



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