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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2018

Israel intent destruir y borrar del mapa mi pueblo palestino, Beit Daras, pero no lo consigui ni lo conseguir
Mi derecho palestino al retorno es sagrado

Ramzy Baroud
Al Jazeera

Traduccin para Rebelin de Loles Olivn Hijs.


Esta es la historia de cuatro labradores palestinos muertos y enterrados hace muchos aos pero cuyo legado sigue definiendo las aspiraciones colectivas de toda una nacin. Tambin es la historia de un pueblo que fue borrado de la existencia hace 70 aos. Los labradores son mis abuelos, y el pueblo, Beit Daras, siempre ser mi hogar.

Mi abuelo materno Mohammed muri unos meses despus de ser expulsado del pueblo. Todo lo que s de Mohammed es lo que aprend de mi abuela Mariyam. Falleci con solo 37 aos en el suelo de lona de una tienda de campaa que los cuqueros proporcionaban a los refugiados que llegaban a la Franja de Gaza desde toda Palestina. Su enfermedad nunca fue diagnosticada, mucho menos tratada.

Mariyam sola decirnos que muri porque se le rompi el corazn.

Mi madre Zarefah llorara solo con or el nombre de su padre. Cuando l muri ella era demasiado pequea como para distinguir entre el sueo y la vigilia o para entender que la muerte es el fin inexorable. Las mujeres del campamento de refugiados la llamaron para que fuera a la tienda a besar a su padre antes de volver a jugar con sus amigas a la rayuela. Buenas noches, pap, le susurr al odo. Nunca despert de ese profundo sueo.

Vuestro abuelo era un hombre guapo, nos deca mam. Pero no tenamos con qu comprobarlo porque su esposa destruy todos los papeles y fotografas que ella misma haba salvado de las llamas de su casa en Beit Daras durante la gran masacre.

Mohammed, como otros hombres de la aldea, luch hasta el final. Cuando la milicia sionista de la Hagan acab quebrando la obstinada resistencia local en el pueblo, sus combatientes prendieron fuego a las casas.

Mohammed solo se fue porque Mariyam se lo suplic, pero cay enfermo en el polvoriento camino a Gaza. Tan pronto como montaron su tienda en lo que se convertira en el campo de refugiados de Buraij, en el centro de la Franja de Gaza, entr en coma.

Mariyam borr todo registro de la existencia de su esposo porque tema que los sionistas descubrieran a la familia de un combatiente por la libertad en Gaza. Tema por sus tres hijos y por mi madre, Zarefah, que tan pronto como enterraron a su padre se unira a Mariyam en la perpetua misin de sobrevivir.

Milagrosamente, los nios recibieron educacin gracias a la Agencia de Socorro y Obras de las Naciones Unidas (UNRWA) establecida en los aos posteriores a la Nakba, la destruccin de la patria palestina en 1948. Pero Zarefah no. Recoga chatarra para venderla en el mercado local mientras su madre se arriesgaba buscando comida para sus hijos en la zona de la muerte, entre Gaza y el recin establecido Estado de Israel.

Mariyam regresaba cada noche con una pequea cesta con la fruta o la verdura que hubiera conseguido en su trayecto mortfero. De hecho, los soldados israeles mataron a muchos palestinos que se aventuraban a llegar a la cerca fronteriza en un intento desesperado por recuperar el fruto de la tierra que les perteneca.

Lo cierto es que para Mariyam y Zarefah, esa tierra siempre les perteneci a pesar de estar ocupada ilegalmente por bandas de extranjeros asesinos. Hablaban de Beit Daras en presente, como una realidad que aunque desfigurada por la guerra y la indigencia, seguira siendo palestina hasta el final de los tiempos.

Mis abuelos paternos tambin son de Beit Daras. As que ser un Badrasawi como se llama a la gente de mi pueblo pas a formar parte integral de mi ser.

Nac en el seno de una familia refugiados en el campamento de Nuseirat, en Gaza, y me enorgullezco de ser un Badrasawi. Nuestra firme resistencia en el pueblo y ms tarde en los campos de refugiados nos dio reputacin de tenaces. Es verdad, somos tercos, orgullosos y generosos. Borraron Beit Daras pero la identidad colectiva que nos leg el pueblo permanece intacta no importa cul sea el exilio que nos haya tocado.

Cuando lanzaron Google Earth en 2001 me apresur a localizar un pueblo que ya no existe en el mapa. Buscar un lugar que prcticamente desapareci dcadas atrs no era un acto irracional, al menos no para m. El pueblo de Beit Daras era el nico pedazo de la tierra que me importaba.

Pero solo pude encontrarlo a ojo. Beit Daras estaba ubicado a 32 kilmetros al noreste de Gaza, suavemente alzado entre una gran colina y un riachuelo que pareca que nunca se secara.

Beit Daras era un pueblo pacfico que exista desde haca miles de aos. Romanos, cruzados, mamelucos y otomanos lo gobernaron e incluso trataron de someterlo como lo intentaron con toda Palestina; sin embargo, fracasaron. Es cierto que cada invasor dej su huella: los antiguos tneles romanos, un castillo de cruzados, una oficina de correos de los mamelucos, un caravanserai otomano... pero finalmente todos fueron expulsados. Hasta que en 1948 desalojaron a sus 3.000 habitantes y destruyeron Beit Daras.

Los Badrasawis lucharon valientemente defendiendo su pueblo en tres batallas. Al final, las milicias sionistas con la ayuda de las armas y la asistencia estratgica britnicas, derrotaron a la resistencia integrada sobretodo por aldeanos que luchaban con viejos rifles y aperos de labranza.

La masacre de Beit Daras que sobrevino sigue siendo un hondo grito que atraviesa los corazones de los Badrasawis. Despus de todos los aos bajo asedio, de guerras sucesivas y contiendas sin fin, su Nakba nunca ha concluido realmente. No se puede olvidar el dolor si la herida no se cura de verdad.

De pequeo aprend a sentirme orgulloso de mi abuelo paterno que tambin se llamaba Mohammed. Era un labrador guapo, elegante y fuerte, con una fe inquebrantable que consigui ocultar su profunda tristeza tras ser expulsado junto a toda su familia de su hogar en Palestina. A medida que envejeca se sentaba durante horas entre oraciones buscando en su interior los hermosos recuerdos del pasado. De vez en cuando soltaba un suspiro de tristeza, alguna lgrima; sin embargo, nunca acept su derrota ni la idea de que Beit Daras se haba ido para siempre.

Para qu te vas a molestar en cargar las mantas buenas a lomos del burro, que van a coger polvo con el viaje, si en una semana ms o menos volveremos a Beit Daras? le dijo a su desconcertada esposa Zeinab mientras se embarcaban con sus hijos en un exilio interminable.

No puedo precisar el momento en que mi abuelo descubri que las mantas buenas haban desaparecido para siempre, que todo lo que quedaba de su pueblo eran dos gigantescas columnas de cemento y un montn de cactus.

No es fcil reconstruir una historia que, como cada casa del pueblo, hicieron aicos hace solo unas dcadas para borrarla de la existencia. La mayora de las referencias histricas escritas por historiadores israeles o palestinos sobre Beit Daras son breves y describen su cada como la de las casi 600 aldeas palestinas limpiadas tnicamente y luego completamente arrasadas durante los aos de la guerra. Fue un episodio ms de una tragedia compleja que testimoni la expulsin y la desposesin de casi 800.000 palestinos.

Para mi familia era mucho ms que eso. Beit Daras era nuestra dignidad. Las manos encallecidas de mi abuelo y su piel curtida y atezada daban fe de dcadas de trabajo duro en la tierra empedrada de los campos de Palestina. Mis hermanos y yo jugbamos a sealarle una cicatriz de su cuerpo para que nos contara alguna historia divertida sobre los rigores de la vida labriega.

Con el tiempo alguien le regal un transistor para escuchar las noticias y ya siempre lo llevara con l. Lo recuerdo escuchando La voz rabe en la maltrecha radio que alguna vez fue azul y que acab blanca con el paso del tiempo. Las pilas estaban enganchadas con cinta adhesiva en la parte de atrs. Sentado, con la radio pegada a la oreja intentando escuchar algo en medio de las interferencias, el abuelo aguardaba a que el locutor anunciase lo que tanto esperaba: A los de Beit Daras: vuestras tierras han sido liberadas, regresad a vuestro pueblo.

El da en que el abuelo muri, su fiel transistor estaba en la almohada al lado de su oreja para que pudiera or el anuncio que haba esperado tanto tiempo. Quera escuchar que la desposesin que le infligieron haba sido un simple error en la conciencia del mundo, que se iba a corregir y que se hara a tiempo.

Pero no fue as. Setenta aos despus, mi gente sigue siendo refugiada. Y no solo los Badrasawis sino millones de palestinos dispersos en campos de refugiados por todo Oriente Prximo, por todo el mundo. Esos refugiados, que siguen buscando un camino seguro que los devuelva a casa, se hallan a veces adems inmersos en otro viaje, en otro sendero polvoriento, expulsados una y otra vez de una ciudad a otra, de un pas a otro, incluso perdidos entre continentes.

Mi abuelo fue enterrado en el cementerio del campo de refugiados de Nuseirat y no en Beit Daras como l hubiera querido. Pero sigui siendo un Badrasawi hasta el final, manteniendo apasionadamente los recuerdos de un lugar que para l, para todos nosotros, sigue siendo sagrado y real. Incluso las palabras inscritas en su lpida refrendan esta idea: Mohammed Mahmoud Baroud, de Beit Daras. 93 aos.

Lo que Israel debe entender es que el Derecho al Retorno de los refugiados palestinos no es solo un derecho poltico y legal que desafa el siempre injusto status quo. Hace mucho que lo ha sobrepasado. Para los refugiados, Palestina es mucho ms que un pedazo de tierra; es una lucha perpetua por la justicia en nombre de aquellos que murieron a lo largo de los senderos polvorientos del exilio y de los que todava estn por nacer.
 

Bayt Daras (Gaza)

Fecha de la expulsin: 1175/1948

Superficie: 16.357 km

Causa de la despoblacin: Expulsin por las fuerzas sionistas

Nivel de destruccin: destrudo, quedan los escombros.

Poblacin rabe (1948): 3.190 habitantes

Refugiados registrados (2008): 23.775

Extrado de Atlas de Palestina, 1917-1966 [2010], www.palestineremix.com

https://interactive.aljazeera.com/aje/palestineremix/

Fuente: https://www.aljazeera.com/indepth/opinion/beit-daras-palestinian-rightofreturn-sacred-180514072817433.html



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