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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2018

Fin de ciclo o perpetuacin?

Ociel Al Lopez
Nueva Sociedad


Venezuela se encuentra en una encrucijada. Mientras el oficialismo de Nicols Maduro apuesta a la continuidad en medio de un estado de crisis permanente, la poltica opositora no apuntala una salida creble que le permita posicionarse. Una parte de la oposicin llama a boicotear las elecciones. Otros, como el ex chavista Henri Falcn, apuestan a dar el batacazo electoral. La escena se vuelve an ms confusa con la participacin electoral del opositor Javier Bertucci, un hombre del evangelismo que no utiliza los clsicos eslganes de la derecha que han caracterizado a otros pastores del continente.

 

Es difcil calificar lo que se vive en las calles de Venezuela los das previos a las elecciones presidenciales del 20 de mayo. Las ltimas semanas se ha intensificado la hiperinflacin y, con ella, el rechazo a la gestin de gobierno. Pero la poltica opositora no apuntala una salida slida y creble que le permita posicionarse. El llamado a boicotear las elecciones por parte de la oposicin radical, no explicita su accionar. Ms all de la abstencin, nadie en Venezuela imagina una salida que no sea electoral.

Mucho se podr hablar de Venezuela . Unos aseguran que la revolucin se eclips. Otros, que cualquier crtica sigue el juego al imperio. Lo cierto es que en pocos das habr elecciones presidenciales en medio de un profundo malestar social y una inimaginable crisis, junto a otros factores que pueden hacer de Venezuela la Panam de 1989 o el Mxico prista que pervivi, con breves intervalos, desde 1929 hasta nuestros das, por mencionar solo opciones extremas.

El triunfalismo oficialista, en estas condiciones, es un signo inequvoco de las carencias de la oposicin, que an puede ganar, pero se encuentra entrampada en un debate que parece ms ideolgico que poltico: abstenerse o votar. Cmo explicar que el presidente Nicols Maduro sea el candidato favorito a pesar de las circunstancias archiconocidas por el mundo? Cmo explicar que el voto duro opositor puede preferir la abstencin a pesar de la categrica victoria lograda en 2015, con las mismas condiciones y el mismo rbitro de este momento?

Henri Falcn: entre los votos y las elites

Henri Falcn, el candidato opositor, proviene de las filas del chavismo, con quien rompi en 2010. Gan dos elecciones como alcalde de Barquisimeto y una como gobernador del estado de Lara con el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). A raz de su ruptura (2010) sigui ganando con facilidad en esa regin, con votos del chavismo y la oposicin. Hasta que sucumbi en 2017 contra su expartido.

En 2013 dirigi el comando de campaa del entonces candidato presidencial Henrique Capriles Radonski, quien lo incorpor como articulador de los sectores populares y el chavismo descontento, hacia donde diriga buena parte del mensaje electoral. Esto implic un giro estratgico en la poltica opositora que comenzaba a humanizar al sujeto chavista para capitalizar su malestar. La estrategia rindi frutos, tanto que en la campaa mencionada le faltaron apenas dos puntos para alcanzar a Maduro, lo que en histricos electorales de Venezuela podra considerarse empate tcnico.

Pero el sector ms poderoso de la oposicin ‒que en su mayora se encuentra fuera del pas y quiere dirigirla desde el exterior, sea Miami, New York, Madrid o Londres‒ tiene el poder del financiamiento y juega desde las redes sociales a la espiral del silencio: quien quiera participar o apoye las elecciones ser chavista, vendido, traidor. Todos, eptetos que califican con facilidad al candidato exchavista y de extraccin popular. Ese sector radical (hasta el punto de llegar a la antipoltica) no quiere negociar nada con el chavismo, quiere eliminarlo de raz, desterrarlo, arrasarlo, y sabe que Henri Falcn no desea lo mismo ni podra hacerlo. Aun cuando Falcn pueda ser muy til para una transicin moderada, estos sectores prefieren que el chavismo contine en el poder antes que apostar por un proceso de mediacin. Basta recordar la famosa periodista e influencer, Patricia Poleo, quien lleg a acusar a todos los funcionarios pblicos (incluidas las secretarias) de ser responsables de la hecatombe venezolana y, por ende, asegur que deban ser objetos de amenazas y represin.

Pero esto no es solo cosa de radicales libres. Hace poco, Ibsen Martnez, un idelogo de peso de la oposicin migrante, consider al candidato opositor como un remedo imperfecto de Hugo Chvez y relacion desde su traje hasta sus tics nerviosos con el carismtico lder fallecido. Pero lo que piensa el secretario general de la Organizacin de los Estados Americanos (OEA) es incluso ms ofensivo, tratndose de un candidato presidencial (que no es Nicols Maduro).

Qu otra cosa podra pasar?

Es de suponer que la derecha radical espera otra cosa. En meses pasados, la gira de Rex Tillerson, ahora exsecretario de Estado norteamericano evidenci un intento de sublevar cuadros militares. Ante su aseveracin de que en Venezuela y Amrica Latina casi siempre son los militares quienes se hacen cargo, comenzaron a escucharse ruidos de sable que llevaron a la detencin de varios militares en Venezuela , pero especialmente de dos de alto rango: el comandante activo del Batalln Ayala (cuerpo militar encargado de resguardar los poderes pblicos) y el exministro de Interior de Maduro, Miguel Rodrguez Torres. Durante esos das, efectivos del Digecim (inteligencia militar) se posicionaron en lugares estratgicos de la ciudad capital, hubo tensin y nerviosismo en torno a comunicados de militares retirados y detenciones de varios activos. Nuevamente, el golpe militar no prosper.

Las declaraciones realizadas el 5 de mayo por el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, en la OEA, muestran ms debilidades que fortalezas, puesto que todos los puntos que propone para encarar el tema Venezuela no son sino armas melladas que se han sucedido una y otra vez sin perturbar la estabilidad poltica del gobierno de Nicols Maduro. La oposicin poltica no confa en esta salida, pero est muy presionada, y solo Henri Falcn y un puado de dirigentes y partidos han decidido jugar a la poltica electoral contra la lnea abstencionista que sigue esperando algo. Qu har Estados Unidos ante las elecciones del 20M? Lanzar un embargo petrolero? Planea una intervencin militar? Son las ltimas cartas y todas suponen situaciones de peso imponderable.

En todo caso, resulta paradjico ‒para una derecha que supo hacer un viraje estratgico hacia el centro‒ que el candidato opositor realmente existente puede hablarle y hasta dividir al chavismo electoral, pero no pueda unir la propia oposicin, porque ese don ‒tener afectividad con el chavismo‒ es al mismo tiempo su imposibilidad de concretar una alianza policlasista donde las lites no pongan el candidato.

Nacer el madurismo?

El gobierno ha aprovechado bien el desconcierto opositor. Desde 2017, cuando la oposicin llam al derrocamiento violento de Maduro, las tcticas oficialistas y el radicalismo de la derecha han colocado a la oposicin fuera del juego poltico. El gobierno ha jugado duro: inhabilitando candidatos presidenciales, llamando a una Asamblea Constituyente a su medida y encarcelando a los dirigentes polticos que llaman a la violencia. Pero, sobre todo, ha logrado desmoralizar a una oposicin cuya soberbia de clase la desliz hacia un fracturismo meramente simblico sin tener un mnimo de poder para lograrlo: destitucin de Maduro por la Asamblea Nacional, acusaciones de narcotrfico, llamados a golpes de Estado, Tribunal Supremo de Justicia en el exilio. Se trata, en todos los casos, de actos simblicos. Por ello, una vez fracasados tantos intentos, incluida la violencia de calle (guarimbas) de 2017, se desplazan hacia los centros de poder mundial y pierden el espacio poltico venezolano. A tal punto de que es muy difcil explicar cmo podra ganar nuevamente Maduro y cmo mantiene un nicho slido que le permitira la reeleccin.

Ante la atomizacin de la oposicin, el gobierno se ha presentado, en medio del vendaval econmico, con la certeza propia de quien se siente favorito, enviando un mensaje que puede convencer a propios y extraos de que no hay ms opcin en el panorama. Eso pesa enormemente en la decisin de las mayoras sobre la efectividad del voto y sobre su participacin en la contienda. Para unos el gobierno ya gan porque har trampa, para otros ya gan porque luce victorioso. Mientras, la gente mantiene apata respecto a la campaa.

El triunfalismo est llevando al gobierno a una zona de confort que apenas le permite sobrevivir con su maquinaria electoral. Ha sido una campaa signada por la desazn. Maduro no tiene contacto directo con la gente, caracterstica que lo distancia en demasa de su predecesor, Hugo Chvez. Tampoco expone propuestas concretas que comuniquen al electorado, incluyendo a parte del chavismo, sobre cmo salir del cataclismo econmico. La campaa se enmarca en un entusiasmo dirigido a su voto duro, voto que ya result insuficiente en diciembre de 2015, cuando la situacin econmica an no haba llegado a los extremos actuales.

As las cosas, la campaa de Maduro es propiamente de Maduro. Las tcticas duras para tratar el tema electoral e institucional, las movilizaciones siempre en zonas de confort, el menguado mensaje propositivo, hacen pensar en algo ms (o menos) que el chavismo. En todo caso, ya no es Chvez el smbolo poltico, ya no son las misiones o el Plan de la Patria los centros de la propuesta electoral. Si Maduro debe el triunfo de 2013 a Chvez, este 2018 su triunfo sera responsabilidad fundamentalmente de l y de su alianza con los sectores militares.

La confianza oficial est relacionada, muy razonablemente, con los resultados de las ltimas tres elecciones realizadas en 2017, en las que el abstencionismo opositor ‒influenciado por redes sociales y campaas internas, primero, y luego declarado desde los partidos de la Mesa de la Unidad Democrtica‒ permiti al partido de gobierno arrasar con poco ms de 8 millones de votos en la eleccin de la Asamblea Nacional Constituyente, y seguidamente con 18 de las 23 gobernaciones y con 306 de las 335 alcaldas.

Si el gobierno se siente ganador es porque entiende estas elecciones como proyeccin de las anteriores. En cambio, lo que sali de las perspectivas de una oposicin desmoralizada, es el espritu del resultado de diciembre de 2015, cuando obtuvo mayora aplastante en las elecciones legislativas. Tal victoria est diluida hoy ante el razonamiento abstencionista que pregona la ilegitimidad del mismo Centro Nacional Electoral que arbitr y anunci aquel categrico triunfo.

Es preciso aclarar, para matizar el triunfalismo oficial, que estos eventos tuvieron lugar a la sombra de las guarimbas, violencia opositora de calle que llev a Venezuela al filo de una guerra civil y que logr impacto negativo de alto calado en la poblacin, por ser producidas ‒casi de manera exclusiva‒ por sectores altos y medios y sin participacin popular. Qued la sensacin colectiva de que se trat ms de dispositivos violentos de las lites para instaurar una dictadura de derecha que una salida racional al gobierno de Maduro.

Lo que pone en tela de juicio la total certeza del ventajismo chavista es que hoy las guarimbas y sus lderes no estn en escena, y la situacin econmica podra tener mucho ms peso en la eleccin que la pasada necesidad de evitar episodios de violencia. Henri Falcn podra aprovechar este malestar? En Venezuela siempre se dan sorpresas, como la del nuevo sector emergente que desajusta las cuentas: los evanglicos.

Dios, ms confusin!

Por primera vez, en los ltimos veinte aos, hay un tercer elemento electoral que podra incidir de manera importante, si bien no para ganar s para sustraer votos decisivos, aunque an no es evidente a quin se los restara. Se trata del evanglico Javier Bertucci, cuyo partido no se ha visto fortalecido en los ltimos eventos comiciales.

Sin embargo, en esta oportunidad, como candidato presidencial, Bertucci est desplegando una magnfica campaa de calle, televisin y redes que le coloca en las conversaciones y debates cotidianos de la gente comn. Lo lgico es que sustraiga votos a Henri Falcn, puesto que ambos se presentan como contrarios a Maduro. Pero su discurso hace nfasis en la profundizacin de las polticas sociales y cuenta con amplio trabajo poltico en los sectores ms empobrecidos donde el chavismo tiene, histricamente, una mayora slida. Actualmente esos sectores sufren un intenso malestar.

A diferencia de otros candidatos evanglicos del continente, no utiliza discursos ideolgicos de derecha. A principios de mes, parte de la estructura del partido Copei (demcrata cristiano), quien en el pasado gan dos elecciones presidenciales, quit su apoyo a Henri Falcn y se lo dio a Bertucci, lo que, al menos simblicamente, disminuye fuerzas a la oposicin electoral. Teniendo en cuenta que el gobierno se dirige a su voto duro y que el voto duro opositor tiende a abstenerse, si los evanglicos movilizaran sus bases, consideradas en millones, podran fracturar un electorado acostumbrado a medirse en dos grandes toletes y el resultado sera desconcertante.

En Venezuela siempre se dan sorpresas. Cualquiera de los escenarios bosquejados puede terminar en algo imprevisible. Cuando al principio del texto recordamos la Panam de 1989, es porque hay fuerzas externas que estn impulsando una opcin semejante. Y cuando mencionamos al Mxico prsta que casi 100 aos despus sigue dominando la escena mexicana, es porque si la abstencin opositora deja a Maduro un triunfo holgado, se abre el escenario de una eternizacin del poder por parte de las fuerzas oficialistas que tienen abierto el escenario de una Asamblea Nacional Constituyente y el resultado del 20 de mayo les permitir evaluar hasta donde pueden llegar con una nueva Constitucin.

* Ociel Al Lopez es socilogo, analista poltico y profesor de la Universidad Central de Venezuela . Ganador del premio municipal de Literatura por su libro Dale ms Gasolina: chavismo, sifrinismo y burocracia (2015) y del premio internacional Clacso/Asdi para jvenes investigadores (2004).

http://nuso.org/


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