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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-05-2018

Violacin & Machismo supremo
Violar es un placer (y en manada ms)

Pilar Aguilar
TribunaFeminista

Tocar y penetrar un cuerpo que no te desea, no es erotismo.


No es sexualidad, pertenece a otro orden de la experiencia humana (ya sabemos que la experiencia humana tiene una amplitud de arco apabullante y va desde quien goza queriendo a sus semejantes hasta quien goza causndoles dolor, desde quien delira con sus perros hasta quien los tortura). Follar con alguien que no te desea (pagando o sin pagar) tiene que ver, no con el placer sexual, sino con mecanismos sdicos, con ansias de prepotencia y de sometimiento, con egocentrismo desbocado, con complejos que el sujeto racionalmente rechaza y que por ello deriva por otros cauces

Cuando adems los varones violan en grupo, qu buscan? Buscan reforzar lazos entre ellos, fortalecer el grupo animaleando juntos, vivir la euforia de saberse pia, de sentirse ms fuertes de lo que lo son individualmente y mucho, mucho ms poderosos que esa ta, tirada ah, cuyo cuerpo se van pasando unos a otros.

Es el mismo mecanismo que usan las pandillas que van por las calles armando folln y dando alaridos. Solo que aqu con un aadido siniestro y brutal que lo despoja de cualquier connotacin simplemente infantiloide y gamberreta: la humillacin y el dolor de una mujer, su cosificacin extrema, su reduccin a mierd (y que nadie se asuste de la palabra pues el horror reside en el hecho).
Los hombres que componen esas pandas no quieren a las mujeres. Ya lo dijo Josep Vicent Marqus: La paradoja de la heterosexualidad del varn est en que no le gustan las mujeres como personas.
Pero, por el contrario, esos hombres se gustan muchsimo entre s. Se aman, se respetan, se admiran (la rivalidad tambin es admiracin), cultivan incansablemente la complicidad mutua No est mal que los hombres se gusten unos a otros (sexual, mentalmente o de ambas maneras) pero espeluzna que sellen y firmen su amor mutuo y recproco con sangre de mujeres. Que el mecanismo para robustecer sus alianzas viriles sea deshumanizarnos.

Y por qu esa necesidad? Porque su imaginario se ha construido as y los relatos socialmente compartidos (ficcin audiovisual, videojuegos, etc.) los educan en ello. S que soy pesada, que llevo ms de veinte aos repitiendo lo mismo pero es que ah reside el nudo gordiano: en un porcentaje apabullante de esos relatos los protagonistas son hombres. Ellos viven las historias, es decir, viven lo realmente interesante, y lo viven con otros hombres.

El mundo de verdad, el que merece la pena, aquel donde reside la pasin, es el masculino. De modo que, en el mejor de los casos las mujeres son un aditamento, una distraccin, un remanso, un adorno en medio de esa aventura de autntica exaltacin que los hombres comparten entre s. Pero, en una sociedad homfoba, tanto amor entre varones puede parecer sospechoso. Por lo tanto, resulta esencial demostrar que a la hora de follar, hay que follar con mujeres (con? he dicho con? no, mejor follar a). Aunque, ojo, las mujeres encierran un peligro, una trampa: distraen de lo importante.

Tomrselas en serio los debilita, los hace dependientes, los amaricona porque aade sentimientos all donde no debe haberlos, pues un hombre de verdad debe construirse en el rechazo esencial de lo femenino.

As es que follarlas s, sentir empata, no. Meterle los genitales por donde le quepan (o incluso por donde no le quepan) vale, querer comunicar con ellas, ser tierno, interesarse por sus sentimientos y emociones, ni hablar. Y por eso, esas pandillas, para sentirse slidas y seguras, para crear complicidad entre sus miembros, tienen que demostrar su desprecio a las mujeres. Cuanto ms desprecio demuestran, ms hombres son.

A las mujeres se las tiran, s, claro, pero sin tenerlas en cuenta, sin considerar el deseo o el rechazo de ellas. Mejor incluso si lo hacen pisoteando su voluntad, demostrando claramente quin manda; mejor an si se hace en pandilla, en camaradera, y todava mejor si luego se lo cuentan -va directa y/o va whatsapp- a otros varones.

Galleando: Mira yo con mis amigos que bien me lo paso y cmo nos remos. Cogimos a una puta ta y nos la follamos todos unos detrs de otros. Qu guay, tos!. Este es el imaginario sobre el que se asienta y se basa la violacin (y la prostitucin, por supuesto). Luego, sobre esa base, el relato se puede adornar, combinar con variables ms o menos soeces, agresivas, glamurosas, refinadas (lo de glamurosas y refinadas es un decir, claro).

Por ejemplo, esta foto es una exhortacin idealizada y seductora a la violacin en grupo. Ya la colgu en Facebook pero quisiera glosarla con ms detenimiento.



Aparentemente la composicin hace protagonista a la chica pues ella ocupa la posicin central y es la nica que muestra el rostro. Su expresin puede prestarse a cierta ambigedad: no chilla, no se resiste est ah porque quiere? La boca entreabierta es una incitacin para quien mira, pues los ojos de esta mujer no trasmiten su deseo.

Su mirada parece vaca, como si tuviera la mente en blanco, como si no fuera consciente de lo que ocurre o no fuera capaz de reaccionar o ya no tuviera voluntad para hacerlo (un trauma, un shock, una droga, pueden producir ese tipo de parlisis). No se debate, no va descompuesta sino perfectamente peinada, maquillada, vestida; sin embargo, parece enjaulada: un brazo le corta la salida, una mano la agarra por qu? no puede sostenerse sola? no sabe a dnde va? si la soltaran se escapara?.

Y, curiosamente, ella no mira a esos hombres, mira hacia fuera, al mundo del que la puerta del ascensor, a punto de cerrarse, la va a dejar cortada. Por el contrario, los hombres que la rodean, s controlan: llevan a la mujer, llevan la botella, aprietan el botn del ascensor, saben dnde van y para qu.

Ellos mandan, es su fiesta, no la de ella. Ella es un aditamento necesario -como el alcohol- en la juerga que ellos van a correrse. Y comprendemos que si la chica ocupa la posicin central, no es porque sea el personaje agente sino porque es el trofeo, la presa que los otros han cazado.

A ellos no necesitamos verles la cara porque como individuos no son significativos, lo significativo es el grupo y la accin que realiza en cuanto tal. Mejor incluso que no estn muy personalizados. Ese grado de flou, de inconcrecin, facilita la proyeccin de cualquier varn: Ese puedo ser yo. Ah radica el morbo.

En eso consiste la noche de disfrute que la imagen propone: o la prostituyes o la violas. Si no, no tiene gracia.

Fuente: https://tribunafeminista.elplural.com/2016/09/violar-es-un-placer-y-en-manada-mas/


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