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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-05-2018

Tras las presidenciales, sin dilogo no hay futuro

Aram Aharonian
Rebelin


Hubo elecciones presidenciales en Venezuela, un triunfo de quienes respaldan la soberana del pas y la democracia; una derrota de los planes de Washington, Bogot, Madrid, el Grupo de Lima, la Unin Europea y el terrorismo meditico trasnacional, dejando en primer plano la necesidad de iniciar un proceso de dilogo en pos de la convivencia y la solucin de los graves problemas del pas.

Nicols Maduro cosech 5.823.728 votos (68%), Henri Falcn 1.820.552, el pastor Javier Bertucci 925.042 y Reinaldo Quijada 34.614 votos. La presidenta del Consejo Nacional Electoral Tibisay Lucena ofreci estos resultados minutos despus de que los candidatos presidenciales opositores Falcn y Bertucci expresaran su desacuerdo con la forma en que se llev el proceso y pidieron, por separado, nuevas elecciones.

Ms all de la reeleccin de Nicols Maduro por otros seis aos dejando en evidencia la manipoulacin de las encuestas (y ms all de las denuncias de fraude que se repiten en Venezuela cada vez que la oposicin pierde unos comicios), la preocupacin sigue vigente: cmo arreglar la grave situacin econmica del pas, mientras sigue latente la amenaza de terror callejero y de una intervencin extranjera.

Las megaelecciones del 20-M dejaron en claro, por un lado, que el pueblo venezolano, de la tendencia que fuera, apuesta a la salida electoral. Y por el otro, es imposible obviar el carcter crtico de las elecciones y sus implicaciones para el pas, la regin y el mundo. Se puede decir que vot menos de la mitad de los habilitados (46,01%) y alguno puede reivindicar un supuesto triunfo del abstencionismo, pero la realidad es que en estos comicios sufrag un 4,5% superior a los del ao pasado.

Un recuento breve de la participacin electoral venezolana indica que en las presidenciales del 2013 fue del 79,69%; en las regionales de 2017 de 61,14% y en las ms cuestionadas, las de la Asamblea Nacional Constituyente 2017 la participacin fue de 41,53%, en un pas donde el voto no es obligatorio.

Cabe recordar que Juan Manuel Santos lleg por primera vez al poder en 2010 en Colombia con un 49,9% de participacin en segunda vuelta (lo que es igual a 50,1 de abstencin) y en el 2014 fue reelegido con 52,03% de abstencin en segunda vuelta.

Las campaas para estas elecciones venezolanas se han caracterizado por una pobreza programtica y argumental en cuanto a logros de la gestin de Gobierno, prefiriendo a activar motivaciones, predisposiciones y lograr una mayor persuacin con mensajes de afectivos, dirigidos a las emociones y no al raciocinio del elector.

Fueron campaas donde imperaron los smbolos, las alegoras, las imgenes, la retrica y las emociones, dirigidas a movilizar convicciones para evitar perder el poder o ganarlo. Para lograr la conservacin o conquista del poder se prest especial atencin a la percepcin de la crtica situacin econmica, social y poltica del pas, sometiendo al electorado a campaas del miedo y del peligro que supone uno u otro candidato, seala la sociloga Marycln Stelling.

La analista no obvia el apetecido sector que ha sucumbido a la estrategia -tambin emotiva- del elogio a la abstencin (un camino hacia la nada que quiz abriera una senda para la intervencin extranjera), orquestada desde ciertos sectores de la oposicin y amplificado por sus mandantes extranjeros. El pas resinti la falta de una cruzada por la esperanza, indica.

No sorprendi la cobertura -con fake news (noticias y fotos falsas)- de la prensa hegemnica: unos anunciaron 90% de abstencin, otros divulgaron fotos de nula participacin con registrados grficos anteriores a la apertura de las mesas

Barajar de nuevo?

Desde hoy pueden constatarse importantes hechos que marcarn la nueva configuracin de la poltica nacional: en la disputa entre participacin y abstencin, la conducta electoral se ha inclinado a favor de concurrir a los comicios, de modo que la lucha por el poder se mantiene anclada bsicamente dentro de la horma del sufragio universal.

Pero, fogoneado desde Washington, Bogot y Madrid, el rostro de la violencia sigue asomando intermitente. Fue por orden estadounidense que la delegacin opositora se neg a firmar un acuerdo consensuado con el gobierno, tras varios encuentros en Santo Domingo, con mediadores internacionales.

El politlogo Leopoldo Puchi seala que el sector gobierno contina movindose dentro de esos lmites, lo cual es de suma importancia, ms all de las contravenciones que puedan sealarse. Del lado del sector oposicin se ha producido una divisin, pero todo indica que ha tenido lugar un reordenamiento en el que pudieran predominar los partidarios de mantenerse dentro del esquema electoral.

Esta nueva configuracin de la poltica venezolana se basa en el anclaje de la poltica en los mecanismos del voto; constitucin de un nuevo segmento opositor con una identidad distinta a la la autodisuelta Mesa de Unidad Democrtica (MUD) y la emergencia de un espacio evanglico poltico -similar al de otros pases de la regin- con el que no se contaba hasta ahora.

La alternativa no era nada clara, porque si ganara Falcn, perderan su sufragio quienes votaron por l, porque si Washington, la Unin Europea, el Grupo de Lima y Canad hablaban en serio y no reconoceran los resultados y ese eventual triunfo.

Todo cambia, poco cambia

Poco cambia la situacin del 20 al 21 de mayo. Sigue siendo dramtica: bancos de EEUU han bloqueado (por orden presidencial) siete millones de dlares que Venezuela envi para pagar medicamentos para dilisis requeridos por miles de enfermos, mientras en el pas se produjo el cierre de la trasnacional Kelloggs, cuyos propietarios (o mandantes) abandonaron el pas, y el gobierno debi decretar que los trabajadores tomaran la fbrica.

En este ambiente de acoso, hasta el gobierno de Guatemala se anim a negar las visas a los luchadores venezolanos que competiran en el campeonato panamericano.

Y mientras la jerarqua de la Iglesia en Nicaragua convocaba al Dilogo Nacional por la Paz, la Conferencia Episcopal ha estado desde hace tiempo promoviendo la crisis y azuzando la violencia.

El plan blico estadounidense

Las amenazas de una intervencin siguen: el plan Plan para derrocar la dictadura venezolana, del almirante Kurt Tidd, comandante en jefe del Comando Sur estadounidense (cuya veracidad oficial est en duda) es atentatorio contra todos los acuerdos internacionales. Las cartas de la ONU y la de la OEA, sealan claramente que ningn Estado puede intervenir en las cuestiones internas de otro ni derrocar su gobierno.

Tidd insiste en l que Es tiempo de que Estados Unidos pruebe, con acciones concretas, que est implicado en el proceso de derrocar la dictadura venezolana () y admite que ese proceso no ser cumplido por venezolanos, pues los opositores no tienen el poder de poner fin a la pesadilla, ya que las disputas internas, la supremaca de los favoritismos particulares, la corrupcin similar a la de sus rivales, su escaso arraigo, no les garantizan la oportunidad de aprovechar la situacin y dar los pasos necesarios.

Dijeron

Dijeron -los dirigentes opositores financiados por Washington, Madrid y Bogot, en permanente gira mundial y sus repetidoras del terrorismo mediticos cartelizados- que Maduro es corrupto pero fue el presidente de Per, Pedro Pablo Kuczinsky -uno de los fans del Grupo de Lima- el que debi renunciar por corrupcin, en un pas donde los ltimos cinco presidentes estn acusados de cohechos y sobornos,

Dijeron que Maduro es dictador pero el domingo hubo megaelecciones en Venezuela con todas las garantas mientras que el golpista Michel Temer en Brasil suprime la democracia y gobierna sin censuras ni crticas de los demcratas, sin haber sido electo por nadie, y mantiene preso a quien puede arrebatarle el gobierno por las urnas,

Dijeron que Maduro y varios de los funcionarios oficiales son narcotraficantes pero es la Colombia de Juan Manuel Santos la que -con severa proteccin, financiamiento y guin estadounidense- duplic su produccin de drogas para convertirse en el primer productor mundial. Un Santos sin credibilidad y ms devaluados que el premio Nobel de la Paz, que quiz este ao le toque a Trump o a Netanyahu.

Dijeron que hay crisis humanitaria, pero silenciaron que fue el gobierno de Santos (que recibi 18,5 millones de dlares de Washington con la excusa de ayudar a migrantes venezolanos y no a los siete millones de desplazados internos en Colombia) el que impidi una semana antes de los comicios que llegaran 400 toneladas de comida destinada a ser distribuida por los comits locales de abastecimiento (CLAP), un sistema de contingencia ante el bloqueo econmico-financiero.

Dijeron que Maduro prohbe a la prensa, pero en el Mxico de Enrique Pea Nieto es donde asesinan ms periodistas y candidatos a cargos electivos, y la prensa trasnacional y cartelizada no dice nada. Dijeron que todos los gobiernos del mundo son enemigos del de Venezuela, pero actualmente Maduro preside OPEP, ALBA, PetroCaribe, el Movimiento de No Alineados (180 pases).

Dijeron que el 80% de los venezolanos estn en contra de Maduro pero .. ese pueblo pequeo de 30 millones de habitantes que sabe que tiene muchos problemas, decidi conservar sus sueos, resolvindolos a su manera, lo que ya, de por s, es un mal ejemplo -dijeron los medios- para otros pueblos soberanos de la regin.

Quiz todo se reduce a creer en aquella mxima de Juan Domingo Pern: la nica verdad es la realidad. Claro que no lo dijo en pocas de Donald Trump y la posverdad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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