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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-12-2005

Los Estados Unidos han utilizado la tortura durante decenios

Naomi Klein
The Nation


Fue la "misin cumplida" del segundo mandato de George W. Bush, y un anuncio de tal magnitud exiga un lugar convenientemente dramtico. Pero cul fue el teln de fondo adecuado para hacer la infame declaracin: "No torturamos"? Con su audacia caracterstica, el equipo de Bush la coloc en el centro de Ciudad de Panam.

Era ciertamente desacarado. A hora y media de camino de donde Bush estaba parado, los militares de los Estados Unidos mantuvieron la famosa Escuela de las Amricas (SOA), desde 1946 hasta 1984, institucin educativa siniestra, que si tuvo un lema pudo haber sido "Nosotros s torturamos".

Es aqu en Panam y, luego, en la nueva localizacin de la escuela, en Fort Benning, Georgia, donde pueden ser encontradas las races de los actuales escndalos sobre torturas. Segn los manuales de entrenamiento ya pblicos, los estudiantes de SOA -- oficiales militares y de polica de todo el hemisferio -- fueron instruidos en muchas de las mismas tcnicas de "interrogacin coactiva" que han emigrado a Guantnamo y a Abu Ghraib: captura a la madrugada para maximizar choque, encapuchamiento e inmediato cubrimiento de los ojos, desnudez forzada, privacin sensorial, sobrecarga sensorial, "manipulacin" del sueo y alimentacin, humillacin, temperaturas extremas, aislamiento, posiciones extremadamente incmodas -- y peores cosas. En 1996 la Oficina de Vigilancia de la Inteligencia, durante la administracin del presidente Clinton, admiti que los materiales de entrenamiento producidos por Estados Unidos justificaron la "ejecucin de guerrilleros, la extorsin, el abuso fsico, la coercin y el encarcelamiento arbitrario."

Algunos de los graduados de la escuela de Panam volvieron a sus pases para cometer los crmenes de guerra ms grandes del continente durante el ltimo medio siglo: los asesinatos del Arzobispo Oscar Romero y de seis sacerdotes jesuitas en El Salvador; el hurto sistemtico de los bebs de los presos, "desaparecidos" argentinos; la masacre de 900 civiles en el El Mozote en El Salvador; y los golpes militares, demasiado numerosos para hacer la lista aqu. Sea suficiente para decir, que escoger a Panam para declarar "No torturamos", es un poco como aparecer en un matadero para anunciar que los Estados Unidos son una nacin de vegetarianos.

Aun cuando cubran el anuncio de Bush, ninguno de los noticieros de los grandes medios mencion la historia sordida de su ubicacin. Cmo podran? Hacerlo requerira algo totalmente ausente del discusin actual: admitir que el lo de la tortura durante la administracin de Bush por funcionarios de los Estados Unidos, tiene abundantes antecedentes y se ha hecho parte integral de la poltica exterior de los Estados Unidos desde la guerra de Vietnam.

Es una historia que se ha documentado exhaustivamente en una avalancha de libros, documentos desclasificados, manuales de entrenamiento de la CIA, expedientes de las cortes y en las comisiones de la verdad. En su prximo libro "Una Cuestin de Tortura", Alfred McCoy sintetiza este inmanejable ocultamiento de la evidencia, produciendo una indispensable y segura cuenta, de cmo los experimentos monstruosos de la CIA en pacientes siquitricos y presos, en los aos 50, se conirtieron en un modelo qu l llama "tortura sin contacto," basado en la privacin sensorial y el dolor autoinfligido. McCoy se remonta a cmo estos mtodos fueron experimentados en campo por los agentes de CIA en Vietnam, como parte del programa de Phoenix, y despus exportados a Amrica latina y a Asia en forma de programas de entrenamiento policial.

No son solamente los apologistas de la tortura quienes ignoran esta historia cuando culpan de los abusos a "algunas manzanas podridas" -- lo hacen tambin muchos de los opositores ms prominentes de la tortura. Al parecer se olvidaron de todo lo que supieron alguna vez sobre las desventuras de Estados Unidos durante la guerra fra; un nmero alarmante ha comenzado a suscribir una narracin antihistorica en la cual la idea de torturar a presos se les ocurri primero a los funcionarios de los Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, punto en el cual los mtodos de interrogacin utilizados en Guantnamo emergieron, al parecer completamente formados, desde las profundidades sdicas de Dick Cheney y del cerebro de Donald Rumsfeld. Hasta ese momento, nos dicen, Estados Undos luch contra sus enemigos pero mantuvo su humanidad intacta.

El propagador principal de este discurso (qu Garry Wills calific como "sin pecado original") es el senador John McCain. Escribiendo recientemente en Newsweek sobre la necesidad de una prohibicin de la tortura, McCain dice que cuando l era un prisionero de guerra en Hanoi, rpidamente se dio cuenta "que ramos diferentes de nuestros enemigos... que nosotros, si los papeles se invirtieran, no nos deshonraramos cometiendo o aprobando tal maltrato contra ellos." Es una distorsin histrica imponente. Por la poca en que McCain fue capturado, la CIA haba lanzado ya el programa de Phoenix y, como McCoy escribe, "sus agentes dirigan cuarenta centros de interrogacin en Vietnam del sur, que mataron a ms de veinte mil sospechosos y torturaron a millares ms," una denuncia que l sostiene con las citas de pginas de informes de prensa as como indagaciones del Congreso y del Senado.

Disminuye de alguna manera los horrores de hoy admitir que sta no es la primera vez que el gobierno de los Estados Unidos ha utilizado la tortura para deshacerse de sus oponentes polticos -- que ha operado prisiones secretas antes; que ha apoyado activamente los regmenes que intentaron borrar la izquierda botando a estudiantes desde aviones? Que, en el pas, fotografas de linchamientos fueron negociadas y se vendieron como los trofeos y avisos? Muchos parecen pensar as. El 8 de noviembre el congresista demcrata Jim McDermott hizo en la Cmara de Representantes la declaracin asombrosa que "Estados Unidos nunca haba tenido un cuestionamiento sobre su integridad moral, hasta este momento." Molly Ivins, expres su consternacin porque en los Estados Unidos est funcionando una crcel gulag, y escribi que "es slo esta administracin... y siempre en eso, parece ser sobre todo el vice presidente Dick Cheney." Y en la edicin de noviembre de Harper's, William Pfaff arguye que lo que realmente distingue a la administracin de Bush, a diferencia de sus precursores, es "su instalacin de la tortura como parte integral de los militares estadounidenses y las operciones clandestinas." Pfaff reconoce que mucho antes de Abu Ghraib, hubo quienes denunciaron que la Escuela de las Amricas era una "escuela de la tortura", pero l dice que l estaba "inclinado a dudar que realmente era as." Quizs para Paff es hora de echar una mirada a los libros de textos de SOA enseando tcnicas ilegales de tortura, todos fcilmente disponibles en espaol e ingls, as como la lista espeluznante de los graduados de SOA.

Otras culturas tratan de la herencia de tortura declarando "Nunca ms!" Por qu tantos norteamericanos insisten en ocuparse de la crisis actual sobre torturas, gritando "Nunca antes!"? Sospecho que tiene que ver con un deseo sincero de destacar la seriedad de los crmenes de esta administracin. Y la abierta aceptacin de la tortura por la administracin de Bush, de hecho no tiene precedentes -- pero dejemos claro cul es ese "sin precedentes" y acerca de qu: no de la tortura sino de la franqueza. Los gobiernos anteriores maosamente mantuvieron en secreto su "operaciones oscuras"; los crmenes fueron sancionados pero fueron practicados en las sombras, negados oficialmente y condenados. La administracin de Bush ha roto este reparto: Post-9/11, exigi el derecho de torturar sin vergenza, legitimado por nuevas definiciones y nuevas leyes.

A pesar de todo el discurso sobre el origen exterior de la tortura, la innovacin verdadera de la administracin de Bush ha sido su gnesis interna, con los presos que son abusados por los ciudadanos de los Estados Unidos en prisiones operadas por Estados Unidos y transportados a terceros pases en aviones de los Estados Unidos. Es este abandono de la etiqueta clandestina, ms que los crmenes reales, lo que tiene tanto a la comunidad militar como a la inteligencia manos arriba: Por atreverse a torturar sin disculpas y al descubierto, Bush ha despojado a cada uno de la capacidad de negarlo satisfactoriamente.

Para sos que se preguntan nerviosos si es hora de comenzar a usar palabras alarmistas como totalitarianismo, este cambio tiene una significacin enorme. Cuando la tortura se practica secretamente pero se niega oficialmente y legalmente, todava queda la esperanza de si se exponen las atrocidades, la justicia podra prevalecer. Cuando la tortura es seudo-legal y cuando los responsables tan slo niegan que es tortura, qu mata lo que Hannah Arendt llam "la persona jurdica en el ser humano"; muy pronto las vctimas no se esforzarn ms para buscar justicia, al asegurarse de la inutilidad (y del peligro) de esa bsqueda. Esta impunidad es una versin masiva de lo qu sucede dentro de la cmara de tortura, cuando le dicen a los presos que pueden gritar todos lo que desean porque nadie puede orlos y nadie va a salvarlos.

En Amrica latina las revelaciones de las torturas de Estados Unidos en Iraq no se han resuelto con sorpresa e incredulidad sino con el poderoso "ya lo sabamos" y temores reanimados. Hctor Mondragon, un activista colombiano que fue torturado en los aos 70 por un oficial entrenado en la escuela de las Amricas, escribi: "Fue duro ver las fotografas de las torturas en Iraq por haber sido yo torturado. Me vi a m mismo desnudo con los pies amarrados y las manos atadas a la espalda; con la cabeza cubierta por una bolsa de tela. Record mi sentimiento, la humillacin, el dolor..."

Dianna Ortiz, una monja americana que fue torturada brutalmente en una crcel guatemalteca, dijo, "no podra incluso estar parada para mirar esas fotografas... as que muchas de las cosas en las fotografas tambin me las haban hecho a m. Me torturaron con un perro espantoso y tambin con ratas. Y ya son pelcula."

Ortiz ha atestiguado que los hombres que la violaron y la quemaron con cigarrillos ms de 100 veces, acataban a un hombre que hablaba espaol con un acento gringo, que llamaban "jefe." Es una de las muchas historias contadas por los presos en Amrica latina sobre los hombres de habla inglesa misteriosos que caminan dentro y fuera de sus celdas tortura, proponiendo las preguntas, ofreciendo recompensas. Varios de estos casos se documentan en el nuevo libro de gran alcance de Jennifer Harbury, "Verdad, Tortura, y la American Way".

Algunos de los pases que fueron azotados por regmenes torturadores patrocinados por Estados Unidos, han intentado reparar su tejido social por medio de comisiones de la verdad y juicios de los crmenes de guerra. En la mayora de los casos, la justicia ha sido evasiva, pero ms all de abusos se ha entrado en el registro oficial y sociedades enteras se han hecho preguntas, no solamente acerca de responsabilidad individual sino de la complicidad colectiva. Estados Unidos, aunque participante activo en estas "guerras sucias", ha pasado sin un proceso paralelo de examen de conciencia nacional.

El resultado es que la memoria de la complicidad de los Estados Unidos en crmenes "lejanos", sigue siendo frgil, viviendo en viejos artculos periodsticos, libros agotados e iniciativas populares firmes, como la protesta anual en los alrededores de la Escuela de las Amricas (a la que se le cambi de nombre pero sigue funcionado en gran parte sin cambios). La irona terrible de la discusin antihistrica actual sobre la tortura, est en que en nombre de la supresin de futuros abusos, estos crmenes del pasado estn siendo borrados del expediente. Cada vez que los americanos repiten el cuento de hadas sobre su inocencia pre-Cheney, estas memorias ya borrosas, se desvanecen aun ms. La evidencia fuerte todava existe, por supuesto, archivada cuidadosamente en decenas de millares de documentos desclasificados, disponibles en el Archivo de la Seguridad Nacional. Pero dentro de la memoria colectiva de los Estados Unidos, los desaparecidos se estn desapareciendo de nuevo.

Esta amnesia ocasional hace un psimo servicio, no solamente a las vctimas de estos crmenes, sino tambin a la causa de intentar suprimir tortura del arsenal de la poltica de los Estados Unidos de una vez por todas. Ya hay muestras que la administracin se ocupar del alboroto actual sobre la tortura volviendo al modelo de la guerra fra, la negativa creble. La enmienda de McCain protege a cada "individuo bajo custodia o bajo control fsico del gobierno de Estados Unidos"; no dice nada sobre el entrenamiento para la tortura o la compra de la informacin de la industria expansiva de interrogadores por contrato. Y en Iraq el trabajo sucio se est entregando ya a los escuadrones de la muerte iraques, entrenados por los comandantes de los Estados Unidos como Jim Steele, que prepar para el trabajo a unidades semejantes, sin ley, en El Salvador. El papel de Estados Unidos en el entrenamiento y supervisin del Ministerio Interior de Iraq fue olvidado, por otra parte, cuando descubrieron recientemente a 173 presos en los calabozos del ministerio, algunos torturado tan gravemente que se caa su piel . "Mire, es un pas soberano. El gobierno iraqu existe", dijo Rumsfeld. Sonaba justo como el director de la CIA Guillermo Colby, cuando fue interrogado en una audiencia del Congreso en 1971 acerca de los millares muertos por Phoenix -- un programa que l ayud a lanzar -- contest que ahora era "enteramente un programa vietnamita del sur."

Y se es el problema con la ficcin segn la cual la administracin de Bush invent tortura. "si uno no entiende la historia y las profundidades de la complicidad institucional y pblica," dice McCoy, "entonces uno no puede comenzar a emprender reformas significativas." Los legisladores respondern a la presin eliminando un pedazo pequeo de la maquinaria de la tortura -- cerrando una prisin, clausurando un programa, incluso exigiendo la dimisin de una manzana realmente daada como Rumsfeld. Pero, McCoy dice, "preservarn la prerrogativa de torturar."

El Centro para el Progreso Americano acaba de lanzar una campaa publicitaria llamada "la tortura no es los Estados Unidos." La dura verdad es que por lo menos durante cinco dcadas, s ha sido. Pero no tiene que ser.

2005 The Nation

Traduccin libre de un voluntario para indymedia Colombia.

www.thenation.com/doc/20051226/klein



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