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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2018

Anticapitalismo realista

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Los posicionamientos que se han venido acogiendo al trmino anticapitalismo operaron y operan en el terreno de la utopa o se han definido como una forma de hacer poltica. En ambos supuestos sus proyectos han desembocado en fracaso por falta de conexin con la realidad social. El motivo no es otro que, aunque la ciudadana se deje emocionar temporalmente por cantos de sirena, al final recupera el sentido de utilidad que domina la existencia, y en este punto el bienestar material resulta ser determinante. De ah que la entrega al modelo facturado como capitalismo goce de prevalencia y se sostenga, tras ms de dos siglos de intentos de desmontar el modelo acudiendo a ensayos puntuales y revoluciones en definitiva fracasadas.

Dado el estado de desarrollo del capitalismo y su implantacin a nivel global, elaborar cualquier modelo dirigido a desbancarle de la posicin que ocupa ha resultado ser un simple querer y no poder. Hay que aceptar que el argumento central del poder en el que se asienta reside en el protagonismo alcanzado por la economa frente a la poltica, a la que ha desplazado en la exclusividad de gobernar a los pueblos. Ignorar la realidad material del funcionamiento econmico regido por los principios capitalistas es dar la espaldas a lo evidente . Con remisin a otra poca, en la que la fuerza fsica era determinante de la gobernabilidad y la poltica vena a ser un intento racional de gobernar desde el simple uso de la fuerza, la economa mostraba sumisin a la poltica, en cuanto garante racional de aquella fuerza que ocupaba la primera lnea. Cuando el modelo de gobernabilidad basado en la fuerza fsica  se debilita y es sustituido por la realidad basada en la nueva fuerza econmica -el capitalismo-, y esta fuerza se formaliza como poder, el sistema experimenta un cambio sustancial. A partir de ese momento, la fuerza ahora dominante permanece en la retaguardia y coloca en el escenario solamente a la poltica, otorgndola aparente autonoma, mientras la fuerza fsica pasa a ser instrumento a su servicio. Se construye as una estructura basada en el Estado institucionalizado, sometido en su funcionamiento al Derecho. En este modelo poltico, tras el poder institucionalizado, permanece el poder real en un segundo plano, respondiendo a la fuerza dominante en la sociedad, que se percibe de forma material, no como capital sino como dinero. Con lo que la racionalidad que acompaan al Estado, al Derecho y al funcionamiento de la poltica se someten al poder real del dinero hoy disponemos de tantos ejemplos sobre el particular, que slo basta con abrir los ojos para verlo- y quien lo controla resulta ser el capitalismo .

Es evidente que el capitalismo ha conducido la realidad econmica, poltica y social a la medida de sus intereses . Mientras, la fuerza real de las distintas sociedades, que son las masas, han sido incapaces de imponer control , para que los recursos econmicos generados desde la actividad capitalista aprovecharan a todos y no a una minora. Las masas han asumido el capitalismo, pese a sus injusticias y el desproporcionado reparto de bienes, como un mal menor, porque no estn dispuestas a renunciar a la mejora de la calidad de vida que ha proporcionado. En esto se impone el sentido de utilidad y optan por quedarse con lo que parece menos malo . En cuanto a la poltica, no puede ir contra el capitalismo que la sostiene. Aunque convendra que no ignorara -pese a la simbologa de la democracia representativa- la realidad de las masas, como fuerza de la que proceden todas las fuerzas.

Parece ser que anestesiadas las masas con ese consumo , que se dice lleva al bienestar, no hay posibilidad seria de enfrentarse a los planteamientos del capitalismo, ya que tratar de hacerlo desde la poltica, basndose en promover los movimientos de masas o la captacin de seguidores de propuestas demaggicas son simples juegos polticos, que a la postre acaban desplazados por la realidad. El anticapitalismo poltico , a poco que se observe, resulta ser propaganda electoralista movida por el populismo , fundamentalmente de izquierdas, que busca oportunidades para polticos que ven recortadas sus posibilidades de acceso al poder, con lo que se muestra como una oportunidad de tomarlo, apoyndose en los votos de quienes se sienten desfavorecidos. No es ms que un subproducto resultante del descontento derivado de la desigualdad de oportunidades que ha generado el capitalismo. Pero en el fondo all se sigue obrando en trminos capitalistas. Si sus promotores llegan a acceder al poder institucional, darn cuatro brochazos para aparentar que todo ha cambiado, pero el cambio ser aparente, porque no hay que olvidar que estamos hablando de simple propaganda, mientras que la realidad camina en otra direccin. Por tanto, el anticapitalismo poltico se queda en una estrategia de partido, movida por sus lderes, que utiliza el desencanto de las masas como medio para llegar a ejercer el poder, aprovechando la voluntad de las individualidades contrarias a las prcticas capitalistas, pero una vez llegados al poder se comportan como lo que son, consumistas seguidores de las reglas marcadas por la doctrina capitalista.

En cuanto a la alternativa de hacer un anticapitalismo desde los grandes movimientos de masas ha resultado, en definitiva, un proyecto igualmente fracasado. Se ha sostenido en ficciones ideolgicas que chocan con la realidad material. De ah que e l anticapitalismo utpico no haya tenido futuro ms all del campo de las ideologas. Su trayectoria histrica viene movida por la revalorizacin del valor masas, las que coloca frente a la clase dominante, inicialmente la burguesa y ms tarde simplemente la clase capitalista. El argumento base es la opresin burguesa, y el principal oprimido el proletariado, remitindose la cuestin a una lucha de clases. El anticapitalismo se oferta como la lucha de la clase trabajadora frente a los abusos de la clase burguesa. Este proyecto, iniciado con Marx y sus seguidores como lucha de clases, y defendido por el anarquismo, reivindicando el papel de los obreros, y concluido provisionalmente con los movimientos de mayo del 68, donde adquiere una dimensin masiva y cultural, supone un avance en el plano de las ideas. Adems, se aprecia un trnsito desde el aspecto fabril a otros ms cercanos de la vida cotidiana, al objeto de ganar en profundidad y en seguidores, adaptndose a los nuevos tiempos; pese a ello, sigue fallando la conexin con la realidad de una sociedad de masas consumidoras. Si el anticapitalismo en el terreno de la lucha de clases responde a la realidad de la poca y con el anarquismo se trata de encontrar soluciones radicales, progresivamente el anticapitalismo va perdiendo vigor, pese a las algarabas callejeras del mayo del 68, hasta casi quedar reducido en la actualidad a una ancdota.

Para una aproximacin a este proceso de decaimiento del movimiento anticapitalista hay que acudir a la referencia histrica. La lucha de clases concluy sustituyendo una clase por otra, y no precisamente colocando en su lugar al pueblo. A los burgueses tom el relevo el funcionariado del partido y la actividad creadora del capitalismo fue sustituida por la rutina burocrtica -la vieja URSS, salvando algunos puntos especficos, puede servir de ejemplo-. Inevitablemente acab por demostrarse que, pese a los buenos propsitos que animaron a la ideologa del proletariado, la utopa realizable de Bloch, cuando se hizo realidad no permiti ganar en bienestar a las masas, pese a liberarse tanto de los restos del absolutismo, como de la burguesa o del simple capitalismo depredador. Las ideas fueron desplazadas por la burocracia de partido nico dedicado a mirar por los intereses personales de sus miembros, para dedicar al pueblo las migajas de un sistema incapaz de competir con el capitalismo. En cuanto al anarquismo, desde su dimensin violenta, nunca tuvo futuro, porque cualquier intento de subvertir el orden marcado por el sistema capitalista desde fuera del propio capitalismo parece estar abocado al fracaso. El argumento sera que el dinero puede comprar, no slo la razn -tal como vemos permanentemente en las noticias de actualidad- sino cualquier fuerza, ya que quien dispone del dinero cuenta con mayor arsenal armamentstico. Pasando a mayo del 68, como ultimo intento del capitalismo utpico para desplazar el capitalismo desde el anticapitalismo, al objeto de actualizarlo culturalmente, se trata de un movimiento que en el fondo aparece controlado por el capitalismo. Aprovechando el apasionamiento juvenil de quienes luego en mayor o menor medida se fueron adaptando al sistema, tomando el papel de burgueses revolucionarios, acusaba en mayor medida que los anteriores falta de realismo y carencia de viabilidad.

Desde que Fukuyama sac a la luz el metafrico fin de la historia , la oposicin ideolgica al capitalismo se ha quedado escasa de argumentos enrgicos. Pese a todo, las anteriores experiencias anticapitalistas no han cado en saco roto porque la idea de fondo sigue presente. No obstante, de lo que se trata es de plantear la oposicin al modelo capitalista desde el realismo. El anticapitalismo realista no puede renunciar ni a la referencia poltica ni a la ideolgica, pero se mueve en el terreno de la realidad social, en la que juega un papel fundamental lo econmico . Si lo poltico y lo ideolgico no han sido tiles, porque se ha echado en olvido la realidad social plena y el arma de las revoluciones es endeble, por falta de un consenso total de la sociedad, en cuanto el asunto afecta a unos y no a otros, la cuestin econmica, es decir, el dinero, compete a todos y la realidad social se mueve a su dictado. Si el anticapitalismo poltico, entendido como forma de dedicarse a la poltica, es un simple producto comercial de los vendedores de ilusiones para captar a la disidencia, y el capitalismo utpico trata de combatir al capitalismo desde las ideas desconectadas de la realidad material de la existencia, el anticapitalismo realista es una propuesta para domesticar al capitalismo y reconducirlo por el terreno de la utilidad social, para que su funcionamiento redunde prioritariamente en la mejora de la calidad de vida de las masas y no en provecho de las elites. En definitiva, se trata de ponerlo al servicio de las propias masas consumidoras.

La evidencia est ah, pero se trata de ignorar por conveniencia. El poder, que corresponde a las masas, ha sido asumido por las elites. Para garantizar la dominacin desde este planteamiento, se ha construido el Estado. Un instrumento til para la gobernabilidad, que debe pasar a ser controlado por las masas, liquidando el modelo elitista de gobierno . La tesis elitista es un producto utilizado por el capitalismo para asegurar su viabilidad desde planteamientos atentos a la riqueza de unos pocos, ms que para cumplir con el capital , siguiendo el mandato del capitalismo. En cuanto a las masas son las simples explotadas para que otros prosigan con su particular negocio. Baste sealar que tanto su tendencia elitista como el mtodo de explotacin para crear riqueza, aprovechada solamente por una minora, son a ojos vista totalmente injustos. De otro lado, la pretensin individualista de transformar el capital en riqueza no es ms que la consecuencia del personalismo que afecta a la esencia del propio capitalismo desde la revolucin burguesa, ya que se ha llegado a confundir capital con riqueza. En su descargo, a su amparo se ha alcanzado una cota de bienestar general considerable en comparacin con sus precedentes, pero esto no supone que deba disponer de patente de explotacin social a perpetuidad.

Un anticapitalismo realista pasa inevitablemente por el control real del aparato del Estado por las masas. Ya no sirve la democracia representativa. Se trata de un modelo obsoleto, til en su da para canalizar polticamente a las masas desde el elitismo burgus. Ahora no es ms que un arreglo de los partidos para que las minoras continen ejerciendo el poder invocando la legitimidad de las urnas. En el tema de la llamada al orden desde el anticapitalismo, un sistema poltico basado en minoras representativas de todos, solo permite que el capitalismo funcione a su aire utilizando el argumento del dinero, que se hace extensivo a nivel personal de los seleccionados para ejercer la gobernabilidad. Hoy escandaliza a la sociedad los casos de corrupcin poltica individualizados, pero hay que verlo como la consecuencia de entregar un cheque en blanco a travs del voto , que puede salir mejor o peor, pero en lo que se aprecia una inhibicin absoluta del asunto poltico por parte de la ciudadana.

Si la anteriores propuestas son, por el momento, simple utopa, hay otra realidad circulando que puede aprovecharse. Se trata de la condicin de masas consumidoras, producto indispensable para el funcionamiento del capitalismo. Si las empresas no venden en los trminos que conviene a los intereses mercantiles, el capitalismo se colapsa. De ah que haciendo valer su condicin de elemento determinante del funcionamiento del mercado, las masas tendran la capacidad de poner orden en el capitalismo . Al objeto de convertir esta propuesta en otra utopa, la funcin de la clase poltica y de los empresarios es contribuir a transformar consumidores en consumistas . Circunstancia que les hace perder buena parte de esa racionalidad que reclama la existencia. Pasando a ser en parte confundidos por la norma del consumo por el consumo -vase, entre otros, el fenmeno smarphone -. La cuestin de combatir la tendencia al consumismo, resaltando el papel del ahorro , para pasar a ser consumidores racionales, es esencial para llegar a poner bajo control al capitalismo.

La previsin del capitalismo es que las masas se pongan al servicio de su negocio, mientras que para un anticapitalismo realista de lo que se trata es de invertir la propuesta y poner al capitalismo al servicio de las masas. El capitalismo es depredador, porque en inters del negocio no duda en destruir cuantos obstculos encuentra en su camino, pero a este capitalismo brbaro el anticapitalismo realista contrapone un capitalismo humano en armona con la naturaleza. Todo lo dems es pura demagogia auspiciada por el propio capitalismo, utilizando a sus figurantes en el escenario poltico.


 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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