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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2018

La insurreccin que transform a Nicaragua

​Elvira Cuadra Lira
Nueva Sociedad


El modelo de gobierno de Daniel Ortega, construido sobre una alianza con el gran capital nacional y el Ejrcito, logr contener durante diez aos las expresiones de conflicto social. Pero la ola de protestas desarrolladas desde el mes de abril han sacado el descontento a las calles. La represin y la violencia muestran la crisis del gobierno de Ortega, quien intent sindicar a los manifestantes como criminales y pandilleros. Sin embargo, el movimiento de protesta est liderado por jvenes estudiantes nacidos en la postrevolucin. Nicaragua est en crisis y la insurreccin de abril lo ha dejado en evidencia.

El pasado 16 de abril, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, firm un decreto ejecutivo que reformaba el sistema de seguridad social. Al da siguiente, cuando lo mand a publicar, no se imagin la ola de movilizacin y protesta social que desencadenara esa decisin. Su gobierno estuvo al borde del colapso. Pero, de dnde viene y hacia dnde va esta crisis inesperada?

Los catalizadores y la represin

Las protestas comenzaron a inicios de abril, cuando el gobierno no atendi adecuadamente el incendio que se produjo en la reserva biolgica Indio Maz, una de las ms importantes de Nicaragua. Grupos de jvenes ambientalistas salieron a protestar demandando una actuacin ms beligerante por parte del gobierno y fueron reprimidos por la polica. La semana siguiente se firm el decreto para reformar el sistema de seguridad social y, nuevamente, muchas mujeres y hombres de la tercera edad junto a un importante grupo de jvenes, se autoconvocaron para protestar. Ese da la represin fue brutal: grupos paramilitares afines al gobierno los atacaron a golpes y patadas, con garrotes y piedras, a la vista y paciencia de la polica. Numerosos manifestantes sufrieron lesiones serias a causa de las golpizas, entre ellos, varios periodistas a los que, adems, les robaron sus equipos de trabajo. Lejos de contener y atemorizar, la represin encendi los nimos de miles de personas que se lanzaron a las calles en numerosas ciudades del pas. La estrategia gubernamental se mantuvo: se produjo una represin combinada entre la polica y los grupos paramilitares, pero mientras ms aumentaba la represin ms multitudinarias se volvan las protestas.

La violencia estatal ms intensa ocurri entre el 18 y 22 de Abril, cuando la polica y los paramilitares asesinaron a ms de 40 jvenes estudiantes universitarios en distintas ciudades del pas, desaparecieron a unos 20, hirieron a varias decenas y detuvieron a varios cientos. Cuando el resto de la sociedad se enter de la brutalidad de la represin a travs de los medios y las redes sociales, los nimos se caldearon an ms. Las protestas crecieron y se multiplicaron en todo el pas. En esos das, el gobierno decidi censurar a varios canales de televisin independientes, varios periodistas fueron detenidos de manera arbitraria, una estacin de radio fue incendiada por grupos afines al gobierno y un periodista fue asesinado aparentemente por la polica.

Entre el 23 y 30 de abril, la represin baj de intensidad y los ciudadanos realizaron varias marchas con tranquilidad. El sector privado, por su parte, convoc a una marcha el 23 de abril. Cientos de miles de personas participaron en Managua, la capital, y tambin en varias ciudades. Sin embargo, el movimiento autoconvocado se apropi de ella. La Iglesia Catlica convoc a una peregrinacin el 28 de abril que result ms multitudinaria que la anterior con un estimado de ms de un milln de personas solamente en Managua, sin contar miles de participantes en acciones similares en el resto del pas. Las demostraciones se enfocaron en dos temas: el restablecimiento de la democracia en Nicaragua y la justicia para las vctimas de la represin del gobierno. El 30 de abril el gobierno convoc a una movilizacin de apoyo en Managua, en la que participaron principalmente empleados estatales. El propsito era hacer una demostracin de fuerza frente al movimiento social. Sin embargo, no lo logr. Muchos empleados estatales no asistieron aun cuando fueron amenazados con represalias.

En los primeros das de mayo se desat un segundo brote de represin por parte de la polica y los paramilitares, cuando grupos de manifestantes pintaban monumentos histricos con los colores de la bandera nacional. Ciudades como Masaya, Niquinohomo el lugar de origen de Augusto Csar Sandino-, Matagalpa, Estel, Juigalpa, Len y otras ciudades del pas, fueron violentamente reprimidas por las fuerzas policiales. La cantidad de personas asesinadas aument a un poco ms de 50, mientras que la cantidad de heridos solamente en esos das alcanz a ms de 300 personas. En muchas de las ciudades, la Iglesia Catlica intervino tratando de mediar para conseguir el cese de la represin y en la mayora de los casos los sacerdotes tambin fueron atacados por la polica.

El presidente Ortega compareci en pblico hasta el 21 de abril acompaado por varios de sus ministros, la directora de la Polica y el Jefe del Ejrcito. Atribuy la responsabilidad de la violencia a los manifestantes y trat de establecer una comparacin entre ellos y las maras o pandillas existentes en otros pases centroamericanos. Al da siguiente compareci nuevamente, esta vez acompaado por un grupo de inversionistas extranjeros, y aunque insisti en atribuir la violencia a los manifestantes, anunci la revocacin del decreto que haba desencadenado las protestas y ofreci un dilogo con la mediacin de la jerarqua catlica.

La propuesta de dilogo fue acogida tanto por la iglesia catlica como por el sector privado, los estudiantes universitarios a la cabeza de la protesta y diversos sectores sociales del pas, quienes plantearon que ste deba ser amplio, inclusivo y basado en una agenda que recogiera los dos puntos planteados por la sociedad nicaragense: justicia y restablecimiento de la democracia. Luego de un complejo proceso de seleccin de los representantes y de un entendimiento bsico con el gobierno, la Conferencia Episcopal a la cabeza de la Iglesia Catlica, convoc a una primera sesin para el 16 de mayo a la que asistieron el propio Daniel Ortega y Rosario Murillo, su esposa y vicepresidenta. En la sesin, los representantes del movimiento estudiantil le demandaron, a viva voz, el cese de la represin y su salida del gobierno.

La chispa en la hojarasca

La ola de movilizacin y protesta social protagonizada principalmente por jvenes universitarios tom por sorpresa al gobierno, a la sociedad nicaragense y a la comunidad internacional. El modelo de gobierno Ortega, construido sobre una alianza con el gran capital nacional y el Ejrcito, logr contener durante diez aos las expresiones de descontento y conflicto social, pero no las elimin, de tal forma que stas se acumularon en la sociedad. Una de las seales antecedentes de ese descontento fue el alto ndice de abstencin en los procesos electorales del 2016 y 2017 para elegir autoridades nacionales y locales, respectivamente. De tal manera que la chispa de Abril prendi la hojarasca y el fuego se extendi rpidamente.

El movimiento social ha causado sorpresa porque es autoconvocado y liderado por jvenes estudiantes hasta ahora totalmente desconocidos. Ellos provienen de tres generaciones nacidas en la postrevolucin. Es decir, se trata de jvenes que nacieron despus de la guerra y la revolucin, creyendo que Nicaragua era una democracia y los ciudadanos, sujetos de derechos. Su aparente apata y desinters en la poltica en realidad expresaba un fuerte rechazo a los actores y la poltica convencional, de manera que poco a poco dieron vida a prcticas y espacios polticos propios. A sus acciones se han sumado diversos movimientos sociales como los campesinos y las mujeres, as como ciudadanos no organizados. Durante sus acciones, el movimiento le ha disputado al gobierno las calles, los smbolos y los discursos; y sus actuaciones han sido ejemplarmente cvicas.

El ejrcito, el dilogo y los posibles desenlaces

Uno de los actores clave en cualquiera de los escenarios es el Ejrcito. Aunque ha mantenido un fuerte protagonismo poltico a lo largo del tiempo, su perfil pblico siempre ha sido bajo. En esta ocasin se han mantenido al margen de la situacin y solamente se pronunciaron el 12 de mayo afirmando que ningn efectivo militar ha participado en actos de represin y tampoco lo harn apegados a la Constitucin y las leyes del pas. El posicionamiento gener opiniones a favor y en contra; sin embargo, es una decisin sensata en tanto que la intervencin de la fuerza militar significara escalar los niveles de violencia y cerrar la oportunidad para una salida pacfica y democrtica a la crisis.

El ciclo de aun no se ha cerrado. Todos los escenarios de desenlace son altamente complejos e inciertos. Casi todos pasan por el dilogo como mecanismo de solucin si el Ejrcito se mantiene al margen y porque la estrategia del gobierno de contener la movilizacin social con la represin antes del inicio de las negociaciones, no funcion. De manera que tanto el gobierno como los representantes de la sociedad, los estudiantes, el sector privado y la misma Conferencia Episcopal, tienen un gran reto planteado. Mucha gente desconfa de sus resultados, pero han decidido darle el beneficio de la duda con la esperanza de que se pueda lograr una salida pacfica y democrtica a la crisis. El gobierno lee estos escenarios a partir de lgicas polticas totalmente diferentes a las de los actores sociales. Pero, tanto para unos como para otros, est claro que la insurreccin de abril transform a Nicaragua y el pas nunca ms ser el mismo.

Fuente:http://nuso.org/articulo/la-insurreccion-que-transformo-a-nicaragua/



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