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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-05-2018

Testimonio razonado de un revolucionario inutilizado

Julio Antonio Fernndez Estrada
Cuba Posible


La educacin poltica en la plaza sitiada

En el ao 2009 el maestro Fernando Martnez Heredia dijo a un grupo de jvenes que hacamos un taller por el 50 aniversario de la Revolucin cubana, que nosotros ramos asquerosamente revolucionarios.

Este relato testimonial es un homenaje ntimo, como dicho en voz baja alrededor de una mesa presidida por un ron aejo, a una parte de mi generacin, nacida en los aos 70 del siglo pasado y que hoy cuenta con poco ms de 40 primaveras.

La condicin revolucionaria de los que nacimos en los aos fundacionales de la institucionalizacin del socialismo cubano, paridos casi al mismo tiempo que el primer Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), y amamantados a la par que la Constitucin de 1976, ha sido y es una historia de convicciones y abandonos, que merece ser contada por uno de nosotros, antes que el ron del segundo prrafo nos haga efecto.

El piropo del profesor Martnez Heredia, que sirve de punto de partida para este testimonio, fue mitad broma mitad sentencia severa de un representante de una generacin que hizo la Revolucin, que la molde con su trabajo y agona, con su paciencia y fidelidad, bajo fuego de muchos enemigos, los de fuera y los de dentro, estos ltimos casi siempre mimetizados en forma de funcionarios extremistas dueos de la ltima palabra.

Mi generacin aprendi, como una estrofa de recital, que la contrarrevolucin vena en lanchas a tirotear pueblos costeros, en bandas de alzados sin escrpulos, en batallones de mercenarios, en bombas lanzadas desde los barcos, en fuegos en crculos infantiles, en atentados a Fidel; pero nos cost ms trabajo entender que la ms recia contrarrevolucin es hija de los propios vicios originales de toda revolucin y de sus propias inconsecuencias polticas y ticas.

El 17 de noviembre de 2005, en el Aula Magna de la Universidad de la Habana, Fidel Castro dijo, en un discurso improvisado, originalmente dedicado a la revolucin energtica, que este proceso social nuestro, vencedor en 1959, poda ser derrotado solo por nosotros mismos, e inmediatamente se puso sobre la mesa de debate la forma en que desde dentro se poda desintegrar la obra de la Revolucin.

La conclusin principal de aquellos das de intensa Batalla de Ideas fue que la corrupcin poda ser una de las vas por donde se escapara el porvenir de la Revolucin. Poco tiempo despus se constituy un nuevo rgano estatal, la Contralora General de la Repblica, pero la discusin sobre qu ideas, de qu forma, y quines hacen la contrarrevolucin desde el poder, no se acarici tan siquiera.

Las revoluciones han pasado en todas sus representaciones histricas por el dilema de convertirse en Estados, en gobiernos, en administraciones pblicas, en polticas exteriores, en discursos oficiales; y en todos los casos la Revolucin ha querido sobrevivir en el imaginario social para no ser superada por su silueta gubernamental.

La Revolucin cubana se convirti muy lentamente en Estado. La provisionalidad de 17 aos desde 1959 a 1976 es una de las ms largas despus del triunfo de una rebelin popular. En estas casi dos dcadas, sin embargo, se asegur el camino de un tipo de poder poltico basado en un liderazgo magno e inconfundible y tras las indicaciones de un partido poltico legitimado como la esencia de las organizaciones que lucharon antes de 1959.

Desde 1965, cuando se constituye el Comit Central del nuevo PCC, despus de haber pasado por los ensayos de las ORI y del PURSC, la unidad nacional no es un valor hijo de las contingencias del pueblo ante un enemigo real, sino la primera directriz de la disciplina partidista.

Antes haban quedado debilitados por el camino el Movimiento 26 de julio por la prdida de hombres clave; el Directorio Revolucionario 13 de marzo por su intransigencia despus del triunfo y por su autonoma en demasa durante el caso de Marquitos, sentenciado a muerte por la delacin de los mrtires de Humboldt 7; y el Partido Socialista Popular, por el sectarismo, la microfraccin, y su apasionada proteccin del mismo hombre que el Directorio odiaba, el delator de sus hroes.

El partido resultante aprendi demasiado de las prcticas burocrticas, de intromisin administrativa y de dogmatismo chato del PCUS; y la mayora de sus funcionarios no han sido representantes genuinos de los problemas del pueblo, algo que tambin asumieron de los partidos nicos de Europa del Este.

Hasta el da en que se escribe este ensayo testimonial, los Primeros Secretarios del PCC son los polticos ms importantes de cada territorio, deben ser mencionados en el protocolo de actos antes que los Presidentes de Asambleas del Poder Popular, y lo mismo aparecen en un momento cumbre de cataclismos y ciclones, que despidiendo y aconsejando a un equipo de bisbol que viaja al extranjero.

Pero los jvenes, que no pueden ser sujetados ni con dogmas ni con discursos vaciados de contenido, hacen cada vez menos el viaje de la Unin de Jvenes Comunistas (UJC) al PCC, en clara demostracin de que el futuro depender de nuestra imaginacin poltica actual y no solo de las instituciones que ya conocemos.

En el espeso caldo de cultivo de la llamada plaza sitiada, doctrina poco a poco elaborada y transmitida por el discurso oficial y la propaganda poltica incansable, basada en el peligro de invasin norteamericana, en el persistente bloqueo econmico y comercial comenzado desde los primeros aos de la Revolucin y en las conspiraciones de los gobiernos de los Estados Unidos de Amrica para derribar al gobierno cubano, se ha criado, como un beb asustadizo y vigilante, a la nocin de poltica y al significado de ser revolucionario durante ms de 50 aos.

En este torbellino de cambios, desarrollo social, inclusin de miles de personas antes abandonadas a su suerte, el gobierno cubano se abroquel ante los peligros del gigante del Norte y se contrajo la unidad nacional a un solo criterio partidista, a una sola alternativa electoral el voto unido, a decisiones unnimes y peticiones de incondicionalidad.

A la grotesca maldad del bloqueo sumamos, desde los mismos aos 60, la maldad de las ojerizas ante lo nuevo, ante lo extranjero, ante el pelo largo, el idioma ingls, los versos punzantes de Padilla, la tristeza de Heras Len, la erudicin crtica de Antn Arrufat, la descarnada versin de la epopeya contada por Norberto Fuentes.

Detrs de enormes escritorios, armados de tabacos masculinos, funcionarios con menos cultura y menos amor por la Revolucin que sus propios analizados, desaparecieron del mapa de la cultura cubana a muchos artistas, intelectuales, comunistas, clandestinos del 26 de julio, pastores cristianos, sacerdotes catlicos, solo desplazndolos de donde eran ms tiles y felices.

Las razones de este control y limpieza son ms o menos las mismas desde hace casi seis dcadas. Las personas que estudian y argumentan y defienden sus criterios con tesn son llamadas autosuficientes. Si intentan proponer modos e ideas ms lozanas, son inmaduros porque no entienden que detrs de esas ideas est el imperialismo. Si creen en la democracia son ingenuos porque aceptan conceptos burgueses como si a los burgueses les hubiera gustado alguna vez la democracia. Si critican todo el tiempo los desvos del rumbo de lo que se piensa que es la Revolucin son condenados por hipercrticos. Si se quedan apagados, cansados de los mtines donde se baila sin que no haya un solo motivo para festejar, son denunciados por apticos. Si halan consigo a la juventud y la gente cree en ellos porque dicen cosas diferentes, porque proponen algo nuevo para seguir, son peligrosos.

Durante muchos aos las mejores ideas tuvieron que saltar sobre los dardos envenenados de los que prefirieron perseguir antes que laborar. El marxismo revolucionario, americanista, indigenista, decolonial, antirracista, debi demostrar con tesis y vidas sacrificadas que no era revisionista. Las miradas certeras y hondas a nuestra historia y nuestros problemas polticos debieron sufrir la tacha de diversionismo ideolgico.

Ahora todo lo que parezca de una arcilla extraa, desconocida, demasiado adornada y punzante, es llamado subversin interna y ms recientemente centrismo, como si la mayor subversin de la poltica revolucionaria no sea, desde hace mucho tiempo, el pensamiento temeroso y lvido ante las propuestas de democratizacin del sistema poltico cubano y de fortalecimiento de las instituciones de la Repblica.

La contrarrevolucin burocrtica ha trabajado sin saber que lo hace contra las ideas y los cambios ms grandes en Cuba despus de 1902. La Revolucin de 1959 en su intento de cerrar el paso a sus enemigos ms enconados dej dentro de las murallas almenadas a buenos y malos espritus, estos ltimos paradjicamente tiles por su mediocridad, insensibilidad, incultura; necesarios por su aparente fidelidad.

El Estado cubano se ha desbordado de funcionarios, como mismo lo ha hecho el PCC, con una preparacin poltica que no rebasa la repeticin de lugares comunes intercalados de frases sobre el peligro del imperialismo y los males del bloqueo. El costo de la educacin politcnica, de ciencias exactas, de ingenieras necesarias para el crecimiento econmico, ha sido una depauperacin del pensamiento filosfico, histrico, poltico, sociolgico, jurdico, de las humanidades en fin. En los preuniversitarios cubanos de ciencias exactas se preparan estudiantes en altos estudios de matemtica, fsica, qumica, biologa, pero no se ensea historia de la filosofa, historia de las religiones, lenguas clsicas, oratoria, todas estas piezas indispensables en el mosaico de la Repblica.

Los cuadros que hoy deben representar ante la juventud conectada a sus tablets y telfonos inteligentes el programa de la Revolucin que contina, no pueden distinguir entre la Revolucin francesa y la mexicana, entre Morelos y Robespierre y lo que es peor, no se han ledo a Mart, ni al Che, ni a Marx, y prefieren antes que a una pelcula muy laureada, ver en la noche una telenovela almibarada producida en cualquier parte.

La contrarrevolucin cubana ms peligrosa no solo cree que desarrolla una batalla justa contra los enemigos del socialismo, sino que ignora, en casi todos los casos, que sus prcticas, conceptos y principios son inmorales, contrarios a la razn humana, a la historia del pensamiento progresista, y por lo tanto, no saben que defienden ideas antidemocrticas y enemigas originales de las propuestas de los padres y madres de la primera revolucin de independencia en Cuba.

Hemos sido testigos durante mucho tiempo de momentos en que los burcratas y sus escuderos coyunturales enarbolan propuestas y proyectos, acciones e ideas terribles, sin detenerse un momento a analizar el origen y el derrotero de estos. Ejemplos son los anlisis polticos de personas por su religiosidad, por su orientacin sexual, por sus amistades, por sus gustos artsticos, por sus aficiones literarias. En nombre de la Revolucin se ha pedido a los jvenes que sean incondicionales cuando no hay sistema social ms lleno de condiciones que el socialismo, porque es la nica manera de distinguirlo del capitalismo; se ha pedido a las personas que lancen huevos a los que se van del pas; se ha pedido a los vecinos y militantes que griten consignas ante la marcha silenciosa de mujeres con diferentes ideas polticas. Se han creado listados de personas, en centros de trabajo y estudio, prestas a responder ante manifestaciones y estallidos sociales, y se les ha llamado Grupos de Respuesta Rpida. Se ha sancionado a profesores por publicar en medios de prensa y en revistas cientficas no autorizadas. Se ha organizado un sistema de permisos para relacionarse con extranjeros, y sobre todo, con acadmicos norteamericanos. Se han tomado medidas severas con estudiantes por hacer un acto espontneo de protesta por la invasin de los Estados Unidos a Irak. Se ha analizado a profesores por coordinar una velada de homenaje a la Revolucin de Octubre. Se han despedido de sus trabajos a periodistas que publican lo que ven y oyen. Se ha sancionado dentro de la UJC a militantes por vetar una propuesta impopular de un candidato a diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

La contrarrevolucin acomodada en puestos de decisin que quiero creer que son a los que se refiere Ral Castro cuando habla de la necesidad de cambios de mentalidad, si se enfrenta a un problema, a una crtica, a un observador quisquilloso de sus prcticas sospechosas, lo tilda de mercenario o centrista y termina la discusin para siempre.

Una de las cualidades de este panorama cubano de cierre de filas alrededor de ideas no revolucionarias y menos socialistas, es la incultura poltica del pueblo, a la que hemos sido condenados por mtodos educativos bancarios, verticalistas, acrticos, memorsticos, y apologticos de la direccin y de los dirigentes.

La generacin a la que pertenezco aprendi muy bien que el ms importante momento de nuestra historia es a partir de 1959. Aprendimos que los mambises no ganaron la Guerra Grande por falta de unidad y sectarismo, que Mart con su Partido Revolucionario Cubano fue el que nos ense el camino hacia el partido nico actual, que la intransigencia revolucionaria qued en Baragu. Tambin hemos aprendido que la Repblica de 1902 fue falsa, que todos los gobiernos eran ladrones y que la Constitucin de 1940 fue letra muerta.

Nada en la educacin actual apunta a explicar por qu se convirtieron en revolucionarios aquellos jvenes, primero ante Machado y despus en los aos 50. Por qu casi todos haban sido educados en colegios religiosos cristianos, por qu todos amaban a la patria y no daban testimonio como los muchachos de hoy, de su aburrimiento por la historia de Cuba. Nada explica el gran valor de la victoria de la Repblica de 1902, con Enmienda Platt pero con alguna independencia despus de tanto sudor y lgrimas.

Las fechas de la Repblica han quedado olvidadas, el 20 de mayo no significa nada, en todo caso algo negativo; nuestra vida comenz en 1959 y como ha dicho recientemente el Canciller cubano, todo lo que necesitamos fue alcanzado en ese ao.

Esta reduccin drstica ha venido acompaada de un olvido de la produccin cientfica, poltica y artstica de 1902 a 1959, que ahoga la posibilidad de entender con certeza de dnde sali la fuerza que derroc a Batista.

La poltica ha quedado adjetivada como politiquera siempre que esta intente expresar el panorama completo de opiniones y alternativas. Tener problemas polticos es una enfermedad del espritu que consiste, hasta hoy, en pensar de forma diferente a quien hace el diagnstico.

Como parte de la Modernidad y de la avalancha meditica antidemocrtica de la globalizacin, mi generacin tambin aprendi a repetir las manidas frases de todas partes: la poltica es sucia, los polticos son profesionales y deben brotar de una clase poltica elegida por el destino.

Dentro de Cuba la historia de la Revolucin fue borrando los contornos de las instituciones e independencias de los rganos del sistema poltico, lo que era necesario como arma para hacer compacto el bloque de defensa ideolgico y militar. Pero esto ha tenido un costo poltico severo que nadie enfrenta ni intenta curar. Todos pensamos que el proyecto poltico de independencia y soberana contenido en el socialismo cubano es lo mismo que el Estado que lo dirige, que el gobierno que lo ejecuta y administra, que el Partido que lo orienta, y que los funcionarios que deberan obedecer al pueblo. En ltima instancia se ha llegado a introducir en este esquema de la poltica cubana a toda la historia de la Revolucin.

Esta frmula absurda ha impedido el movimiento de ideas y la renovacin de prcticas polticas, de soluciones a problemas sociales, de refrescamiento de cuadros de direccin menos comprometidos con el poder acumulado. Es imposible oxigenar la vida poltica si ante cualquier comentario, propuesta, interpretacin, crtica, voto en contra, se va a considerar que lo que se pone en juego es todo el proyecto de patria en Cuba.

Para la sanidad de la poltica cubana y para la supervivencia del socialismo es menester que el gobierno sea considerado el blanco de toda la crtica posible, en aras de su mejor rendimiento, control, fiscalizacin, xito en fin.

Una fisura en el muro de la doctrina de la plaza sitiada es la no renovacin de cuadros, con la consecuencia evidente del envejecimiento de la mayora de los ms importantes y decisivos dirigentes polticos cubanos. Nos preguntamos, qu ha impedido que dentro de la alarma y el bloqueo, hayamos descuidado la formacin poltica de jvenes con ideas frescas y en contacto con las nuevas generaciones? Por qu dentro de la plaza sitiada no se poda crear un relevo poltico? Por qu la poltica tena que morir con la desaparicin de la generacin del centenario?

De alguna manera hemos llegado al lugar actual en el que se pueden cometer todos los pecados contra la tradicin socialista pero el nico que se sanciona es el de meterse en poltica. En Cuba, en el 2018 se puede ser un militante comunista probadamente racista, con inclinaciones a la admiracin de las potencias capitalistas, homfobo, machista, incluso malversador, pero lo nico que no se puede superar es la duda poltica, la pregunta incmoda sobre un asunto que todos saben que es delicado.

La antigua doble moral ha sido superada por la triple moral, fenmeno poltico de adaptacin humana a toda circunstancia poltica y que impide que se pueda definir el pensamiento de quien la ostenta.

Los oportunistas y flotantes en todo tipo de aguas nos han enseado algunos trucos para la supervivencia, como el de la crtica pretrita, forma ms segura de pasar por arriesgado y valiente sin correr ningn riesgo. Se trata de esperar a que un asunto, una persona o un hecho, sean criticados de forma oficial para empezar a criticar con toda seguridad.

Las personas que se han adelantado a la crtica autorizada han sufrido las consecuencias y en caso de que la vida demuestre la razn del crtico, nadie pedir disculpas por haber sido drsticos con el indisciplinado.

La preparacin poltica en Cuba desde la infancia hasta los estudios universitarios.

Antes del da en que empezamos a preguntarnos por nuestro lugar en el planeta y en el universo, por la razn de nuestra existencia, por las posibilidades de la vida despus de la muerte, por la complejidad de nuestro cuerpo y nuestra alma, aprendemos a distinguir a las autoridades, la liturgia del poder poltico, los hroes de la Patria, las consignas ms seguras en cada temporada, las verdades que nadie quiere escuchar, las hipocresas y su mejor administracin, la admiracin al lder nato y el respeto al Estado.

La educacin poltica en Cuba se basa en el reconocimiento del enemigo histrico de la Revolucin, en la difusin de sus patraas, ataques y mentiras. Una consciente formacin antiimperialista sera una ganancia enorme, pero en la prctica lo que resulta es un joven o una joven que no entienden cmo el mismo pas que produce guerra y calamidades y nos bloquea en todas nuestras posibilidades, a la misma vez es el fondo de pantalla de casi toda la televisin nacional, que es solo estatal, por la prohibicin constitucional de la privatizacin de los medios de difusin masiva.

La globalizacin nos ha alcanzado con toda su carga de estandarizacin de la belleza, de la forma de vida norteamericana, con la promocin de valores nacionalistas de los Estados Unidos y nunca de los dems pueblos de Amrica, con la divulgacin de la vida cotidiana de la clase media y de los ricos de otras latitudes. La violencia a lo USA se ha convertido en un valor en s mismo. Las nuevas generaciones no pueden soportar una pelcula lenta, filmada en una sola locacin, sin exteriores, con un dilogo intenso y conmovedor, y esto lo hemos logrado nosotros mismos, al no ser capaces de ensear paso a paso la existencia de otra belleza.

Ningn nio o nia aspira a ser miembro de una comuna vital y productiva, libre y democrtica, sino a llegar a superhroe o a princesa. Cada vez ms se promueve la tica y la cultura de la monarqua. Las princesas son bellas, justas, amorosas e inteligentes en los dibujos animados que nuestros infantes devoran desde los dos aos de edad. Los reyes y prncipes son francos, valientes y justicieros, en los filmes que la televisin cubana no logra evitar. A los 18 aos, cuando llegan a la Universidad los candorosos y monrquicos alumnos insulares de Cuba, aprenden, si sus maestros no son de la misma escuela, que los reyes de Europa pasaron siglos matando de hambre, guerras y tortura a sus pueblos, que las princesas no se baaban sino con talco y que casi ninguno de ellos saba leer ni escribir. Al otro da, sin embargo, se estrenar en los cines una pelcula que cuenta lo buena y dulce que era Mara Antonieta y lo malos y crueles que eran los revolucionarios franceses.

Es lgico que mi generacin est tan preparada para la concentracin del poder, para el culto a la personalidad, para la sacralizacin de las palabras de los lderes, para la aceptacin sin dudas de los sinsentidos del poder, para la vulgarizacin de la ciencia, para la centralizacin y las decisiones tomadas por pequeos grupos de personas.

La educacin republicana y democrtica nunca ha comenzado. No existe formacin parlamentaria, ni prctica del funcionamiento de una asamblea. Se ha establecido como herramienta ms segura los micrfonos cerrados, los programas de radio y televisin diferidos, la censura de las noticias ms descarnadas, la escalera de filtros para aprobar un programa.

Si volvemos a las aulas de la enseanza primaria y secundaria encontramos otra clave de la incultura poltica de las nuevas generaciones. La historia de Amrica Latina es pauprrima, y de forma sospechosa no est incluida en los planes de estudio una historia popular de los Estados Unidos de Amrica. Los nios saben que Mart hablaba de Nuestra Amrica, pero no se sienten latinoamericanos; estn ms cerca del Norte y de Europa que de un pueblo indgena de Mxico o Guatemala. El resultado de esta poltica es la lejana de nuestros jvenes de los problemas del Sur. En nuestro encierro amurallado no solo dejamos fuera al imperialismo, sino que el indio americano, con su poncho, su flauta, su mate, su maz y sus costumbres quedaron como algo extico y tan extrao como la vida en el lejano Nepal.

Algo de este mal se ha curado con las odiseas de los mdicos cubanos, hombres y mujeres que se han esparcido como hormigas laboriosas por tierras de fro, de sol, de ro, de montaas, y ellos, tal vez, han aprendido la grandeza de Amrica, de frica y de Asia, pero esa escuela no la tiene todo el pueblo, y por lo tanto el problema persiste.

Ms peligrosa es la distancia que existe entre nuestra forma de entender la poltica y la de Amrica Latina. En el Sur la lucha ha tenido que continuar; nosotros hemos considerado ganadas todas las batallas y hemos quedado reducidos a baluarte, faro que ilumina y reserva socialista de Amrica, para turistas progresistas y latinoamericanos nostlgicos, pero esta situacin solo opaca una verdad tremenda: aqu la lucha ha continuado y el capitalismo no se ha detenido y la Revolucin es tan necesaria como nunca. La Revolucin, no el dogmatismo, ni los puestos de mando, ni las reuniones de factores.

La desmovilizacin poltica en Cuba para enfrentar los desvos del sistema socialista es uno de los males que detectamos hoy. El pueblo de Cuba, los jvenes y los que no lo son tanto, no participan en una marcha espontnea hace dcadas, no lanzan una proclama de lucha por sus derechos desde que los ltimos revolucionarios pensaron por toda la nacin.

El gobierno de un pueblo activo y vital es ms difcil que el de uno que espera indicaciones y usa canales establecidos, pero el resultado de la democracia es un pueblo que se prepara todos los das para responder ante los ultrajes a la legalidad, al Estado de Derecho, a la Constitucin y al socialismo. Lo contrario es una ciudadana que no se considera a s misma sujeto de la poltica, que asiste a las urnas a votar por candidatos que no conoce, que no le importa si se proyecta la construccin de campos de golf o si cientos de camaradas de la India trabajan de albailes en empleos que deberan ser para cubanos.

Esta lmpida gobernabilidad cuesta mucho alcanzarla y sus consecuencias son graves porque crea una cubierta de insensibilidad ante los problemas propios y ajenos que solo se resuelve con catarsis hogarea, violencia domstica, indisciplina social, ataques a las cosas pblicas, desconfianza en la administracin estatal, emigracin a gran escala y consenso pasivo sin compromisos sinceros.

En este panorama los problemas del resto del mundo deben resbalar para nuestra juventud como quimbomb por la yuca seca. Nadie menor de treinta aos aspira a dirigir ninguna institucin pblica en Cuba y si hace confesin de sus deseos de recibir en el futuro los mandatos del pueblo en un cargo poltico, entrar en la agenda de alguien como problemtico.

A mis 16 aos de edad tuve el desenfado infantil de decir ante una joven psicloga, que haca una investigacin en mi preuniversitario, que me vea a m mismo en el futuro como presidente de la Repblica. Algunos de mis compaeros contestaron con oficios ms difciles de lograr, como cosmonautas, bomberos, etc., pero al nico alumno que le hicieron explicar su sueo fui a m. Mi respuesta candorosa fue que de mi generacin deba haber un presidente en Cuba, y entonces por qu no poda ser yo? Usted solo tiene que votar por m llegado el momento, le agregu a la investigadora.

Un ao despus repart en mi aula una decena de plegables con la Declaracin Universal de los Derechos Humanos, sobrantes de un evento concluido de la Unin de Juristas de Cuba, al que mi padre haba asistido. Dada la algaraba juvenil causada por la lectura de este documento, mi padre fue llamado a mi escuela a explicar mi conducta y a or los regaos de la direccin de la institucin.

Ambas situaciones contienen un sentido de la poltica pusilnime que todava pervive entre nosotros. Los lderes histricos de la Revolucin no solo lograron legitimarse por sus obras de sacrificio y herosmo, sino que eliminaron, consciente o inconscientemente, la posibilidad de pensar en el futuro. El mecanismo mental que hace sospechoso a un adolescente que quiere dedicarse a la poltica en un futuro lejano logra a la misma vez la decepcin de los que se creen parte del proceso, el ejercicio del silencio ante toda pregunta espinosa, el alejamiento de la poltica como aspiracin, el aprendizaje del carcter inmutable de las instituciones del presente y la inmortalidad de los que no podrn ser sucedidos.

En el otro caso estamos frente a un hecho que se ha repetido miles de veces de otras tantas formas. A ms de 50 aos de Revolucin y de estabilidad poltica, institucional, con un gobierno experimentado y con facilidades de gobernabilidad, algunos temas siguen siendo paralizantes y terrorficos. Los derechos humanos, la sociedad civil, el pluripartidismo, la corrupcin administrativa, la vida pblica y privada de los dirigentes, son asuntos prohibidos en la prensa y por lo tanto objeto de vigilancia constante.

En el caso de los derechos humanos existe otra causa de las extremas medidas de rechazo. Cuba ha sido atacada de forma sistemtica, como Estado, por su dbil regulacin de derechos civiles y polticos, y por su ms frgil reconocimiento de garantas a estos derechos. Ante estas crticas, hechas muchas veces en espacios internacionales como la Comisin o el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la defensa ha sido la presentacin de nuestros logros en disfrute de derechos sociales.

La conclusin es que hemos preferido, desde los ncleos de creacin de polticas y de lineamientos y conceptos polticos, desterrar las discusiones y el uso de categoras e instituciones del Derecho, de las Ciencias Polticas, de la Sociologa, que son habituales en otras latitudes. Esta solucin ha empobrecido la preparacin poltica de los dirigentes que en diferentes pocas se han negado a discutir sobre religin, sobre racismo, sobre sociedad civil, sobre derechos humanos.

Este panorama incluye, adems, la falta de sintona con los sujetos de lucha social en Amrica Latina y otros continentes. Mientras en Brasil, en Mxico, en Bolivia, en Argentina, en Puerto Rico, en Colombia, se usa a los derechos humanos como arma contra la oligarqua, contra la impunidad de los poderosos, contra la injusticia social, contra el machismo, el feminicidio, la persecucin poltica, los desplazamientos de pueblos, el desempleo, la desigualdad y la privatizacin de recursos naturales; en Cuba no se esgrimen sino para pelearse con los Estados Unidos y con una parte de la oposicin poltica a la que se le llama sin matices disidente.

El pueblo cubano, en l mi generacin y otras, ha entregado al Estado la identidad y ha perdido en esa delegacin la capacidad para dirigirse a otros pueblos como iguales. La solidaridad cubana a los movimientos sociales, a los luchadores por los derechos humanos en cualquier parte del mundo, sobre todo en Amrica, pasa por la autorizacin gubernamental, lo que reduce nuestra presencia a un discurso oficial comprometido con la diplomacia y los usos estatales.

Qu somos, Estado o Pueblo?

Uno de los rasgos de la cultura poltica cubana es la prudencia popular ante la injusticia mundial y sus vctimas. Esta no fue siempre una virtud de los cubanos y cubanas, que creaban en un santiamn brigadas para ayudar en la guerra civil espaola, para derrocar al dictador Trujillo o que no esperaban indicacin alguna para saltar al mar y nadar hasta un buque sovitico anclado en la baha de La Habana, en seal de respeto y autonoma de los valores individuales.

La concepcin de la plaza sitiada tiene aqu otro costo. Segn la ms extrema de sus versiones, dentro de este pas bloqueado y amenazado no es posible hacer nada en poltica sin permiso; y esto incluye a la sociedad civil, llamada por la burocracia sociedad a secas o pueblo. Para el Estado no es una mala prctica, o al menos tiene una razn que la sostiene. Fuera del Estado la doctrina se convierte en una ligadura insoportable, porque limita la espontaneidad poltica de la sociedad civil y convierte a esta en una paciente tramitadora de autorizaciones.

La confusin entre pueblo y Estado es dramtica porque ha reproducido en la sociedad civil vicios de dogmatismo y pragmatismo que no son propios de la gente comn. Fui testigo de detenciones sin ms consecuencias que la separacin del desfile de estudiantes universitarios, que en una marcha del 1 de Mayo cargaban carteles donde se lea, Fujimori Asesino! El extremo cuidado que ha tenido siempre el Estado cubano, de no molestar a sus homlogos, no debera haber incluido la negacin del derecho del pueblo llano de expresarse como considerara, de acuerdo a las leyes cubanas, no a los designios de la burocracia.

Para mi generacin la poltica todava era una variable usable. Habamos visto armar guerrillas y contingentes para pelear en frica. Se poda aspirar al herosmo aunque no tanto a estudiar tu carrera preferida. Crecimos y toda la agitacin en el pecho por la superioridad socialista se fue diluyendo, destrozando de ladrillo en ladrillo el Muro de Berln. Algunos de nuestros padres haban tenido el escrpulo intil de ensearnos a ser dignos, a defender a los ms ultrajados, a no soportar las injusticias. De esos padres nuestros, alguno fue luchador clandestino, guerrillero, miliciano, internacionalista, valientes en fin, lo que hizo a mi generacin creyente en la lucha por un tipo de socialismo que no repitiera los errores del de Europa.

Pero la mayora de los que en mi generacin no escogi el camino de la dirigencia estudiantil, la legitimidad de la militancia comunista y la disciplina ante las decisiones de los dirigentes, no hicimos otra cosa que entender que la poltica que se poda hacer estaba en las instituciones establecidas y bajo el orden del Estado, o en la arriesgada vida poltica de un ciudadano sin reglamento que cumplir pero sin estrado donde hablar.

Los 90. Universidad y poltica en aos de crisis.

La dcada de los 90 fue la de nuestra madurez ciudadana, la de la llegada a la Universidad y la del Perodo Especial. Habamos estudiado marxismo sin complejos. En nuestras casas estaban en el librero principal las obras completas de Lenin. La Universidad era el espacio perfecto para vivir la experiencia poltica. En ella, especficamente en la de La Habana, se haba imaginado y alimentado una parte de los motivos de la Revolucin. En cada rincn de de la Colina universitaria haba un recuerdo de lucha y honor. Mi generacin lleg a la Universidad ya lastrada con la lgica de los manuales de Marxismo Leninismo, con los dogmas asimilados de memoria y el aprendizaje completo de la utilidad de ser militantes comunistas, aunque el comunismo no importara un bledo.

Sin embargo todava era posible encontrar el activismo de los ms arrojados. Lderes de la FEU que pensaban que podan ser como Mella o Jos Antonio. Secretarios de la UJC que crean que se poda hacer poltica sin tener que dar tantas explicaciones. En estos aos observ con admiracin la convivencia en la Universidad de la Habana del pequeo Movimiento Estudiantil Catlico Universitario y de la masiva FEU. Pude ver jvenes haciendo y sufriendo la poltica, a favor y en contra de una Pastoral de los obispos catlicos de Cuba, a favor y en contra del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, a favor y en contra de la pena de muerte. Vi a estudiantes coordinar y redactar la revista Peldao 88, de la Facultad de Derecho, y fui testigo de las represalias contra ellos.

Cuba se convirti en un campo de batalla en estos aos de mis estudios universitarios. Mi experiencia de haberlos pasado sin un cargo poltico ni un liderazgo estudiantil me dej una mirada no comprometida con los representantes de las organizaciones legitimadas. Me concentr en el sufrimiento por la decadencia de la vida cotidiana, en la venta de barquillos que mis padres cocinaban de noche, en la conviccin de que nada era ms importante que la tranquilidad moral de ser un simple estudiante y un ciudadano que crea en el socialismo con democracia.

De este tiempo guardo una hermosa memoria de pobreza con alegra. Nada que comer, guaguas sin pasar, pero con una carrera universitaria para aprender y para crecer. Cuba se presentaba en una de sus paradojas. En las azoteas decenas de hombres felices y febriles construan balsas para lanzarse a la odisea del Estrecho de la Florida. En las despensas no quedaba nada de las ciruelas blgaras de antao. Se levantaba el pueblo inconforme de Centro Habana. El Estado apostaba por el turismo y construa pedraplenes para llegar a los cayos vrgenes. Marx sufra de abandono. Titn nos golpeaba el rostro con Fresa y Chocolate. El socialismo dejaba de ser un camino de alegras y ahora se gritaba como alternativa de la muerte.

Los jvenes de ahora no sufren tanto la falta de opciones polticas. Mi generacin crey que se preparaba para decidir y no hay uno solo de nosotros al frente de un Ministerio en Cuba. Los muchachos de hoy han sido educados con menos expectativas, por lo tanto no han aspirado a sinsentidos. Sus apuestas se han concentrado ms en una vida fuera de este archipilago mi generacin aprendi esta leccin a travs de los golpes de la vida pero no precisamente de parte de nuestros ascendientes y en la preparacin para el xito.

Los romanticismos han terminado. Los jvenes dejaron de suspirar por los estudios de medicina, por la humildad edificante de ser maestros y por las carreras sin desarrollo material. Los estudios de idiomas han crecido. Mi generacin no vea esta formacin como una necesidad. Hoy cada joven es entendido en el uso de la computacin, en la navegacin por Internet, en las ventajas de la telefona celular.

Los nacidos en los 70 que nos quedamos en Cuba somos dinosaurios que leemos libros de papel, que enfermamos de conjuntivitis ante la velocidad de los videoclips y a los que nos molesta hasta la llamada en espera.

La poltica y su necesidad es una de las ventajas que tiene el grupo de los que fuimos a las escuelas primarias en Cuba en los aos 80. Es una ventaja porque podemos hablar de ella, esperar de ella algo ms que sufrimiento o prdida de tiempo. Pero a la vez es una zona de tierra movediza porque se convierte en otra posibilidad de frustracin y desesperanza, las que no afectan jams a quien no busca en la poltica una salida.

La poltica como evocacin del pasado: los pilares simblicos de la Revolucin cubana, de Esparta a La Demajagua.

El discurso poltico oficial se ha caracterizado, sobre todo desde el recrudecimiento de la crisis econmica comenzada en los 90, por una referencia constante al pasado en busca de columnas de carga simblica, lo suficientemente slidas como para soportar la prdida de consenso a favor del gobierno, transmutado desde mucho antes en Revolucin.

Uno de los peligros del uso ambivalente del concepto de Revolucin, como proceso de transformacin iniciado en 1959, como Estado institucionalizado en los aos 70, como gobierno en funciones, es que aunque se saque provecho de la magnfica historia de la rebelin cubana de los 50 para la poltica cotidiana, tambin se logra el resultado inverso, que es la responsabilidad de la Revolucin por errores de gobierno e ineficiencia administrativa.

La poltica que mira hacia atrs, que trae al pasado como justificacin de los cambios del presente, no por las lecciones aprendidas de nuestra historia sino por la falta de argumentos actualizados, crea desconexin con las nuevas generaciones, ancladas al presente cada vez ms por la cultura de la inmediatez que se ha entronizado y por el fracaso de las estrategias de difusin de la historia de Cuba.

La historia de nuestro pas, tan interesante como cualquiera otra, ha sido transmitida desde hace dcadas sin los matices que colorean la verdad. En nuestras escuelas no se ensea sino hechos gloriosos, momentos de intransigencia revolucionaria, posturas de dignidad. La bibliografa que se usa para esta educacin no deja espacios para las figuras histricas complejas, esas que no fueron todo el tiempo hroes ni villanos.

Estos mtodos han logrado algunos resultados significativos como el desconocimiento de la vida y la obra de Mart, del que se resta casi siempre sus virtudes de hombre de accin, convertido en los relatos de los maestros y en las imgenes reconstruidas de su vida, en un poeta triste que no saba montar a caballo y que muri en su primer combate por su falta de experiencia en la guerra.

En Cuba no es comn escuchar hablar de Mart como Mayor General del Ejrcito Libertador y todava sus estatuas lo muestran sentado, pensante, con capa de Cnsul, sealando el camino pero jams a caballo ni rompiendo monte desde Playitas.

De la historia de la Repblica han desaparecido las historias de vida de los presidentes, de los que solo es lcito decir que eran ladrones. Nunca se mencionan los hechos que los pudieran engrandecer amen de sus desmanes, crmenes o errores posteriores, jams se habla de que la mayora de ellos fueron oficiales del Ejrcito Libertador, ni que algunos lograron victorias militares sonadas y de mrito.

No se trata de salvar figuras, de reponer fantasmas, de revivir muertos profundamente enterrados, sino de llevar a los jvenes una historia ms creble, que los arme de un pensamiento apto para entender las complejidades de los procesos sociales.

En la misma Repblica del latrocinio y la pobreza, del monocultivo y la dependencia de los Estados Unidos, escribi Marinello, actuaron Villena y Pablo de la Torriente, investig Fernando Ortiz, Maach nos dej Mart el Apstol, Rita Montaner cantaba el Manisero. En la Repblica nos convertimos en potencia beisbolera y nos visitaron estrellas de la msica y del deporte. ramos neocolonia pero tambin tuvimos a Ramn Font y a los campeones Oro y Capablanca. No tenamos la libertad con la que so Mart, pero Balio y Mella fundaron el Partido Comunista, y Bustamante y Sirvn cre el cdigo de Derecho Internacional Privado que todava lleva su nombre.

Si los jvenes de ahora no saben todo lo que se hizo en esos aos de lucha por la libertad, el mismo hecho de la Revolucin pierde sentido. Hace unos aos le una valla enorme a la entrada de un municipio de la Habana, en la que se poda leer un disparate histrico que resume nuestra necesidad de buscar estmulos en el pasado: Marianao, como en Baragu, siempre en 26.

El desparpajo del viaje doble al pasado de la anterior frase nos indica que no ha sido necesaria la razn ni el apego a la historia para componer argumentos, sino la evocacin de lugares, fechas y momentos, que aunque mal tratados, ayudan a la emocin y a la disciplina de la fila.

De la historia nacional se han preferido las guerras de independencia para izar fechas, hroes, episodios, aventuras, referencias a enemigos, a peligros, a amenazas. La epopeya mambisa nos ha dejado el Rescate de Sanguily para nombrar instituciones civiles y militares, las sediciones de Vicente Gonzlez para evocar el peligro de la falta de unidad y del regionalismo, la conducta de Carlos Manuel de Cspedes, para recordar que es ms importante la patria que la familia.

Las mujeres cubanas al ms alto ttulo que pueden aspirar es a Marianas, en alusin a la mujer principal que fue Mariana Grajales. Maceo fue el Titn de Bronce y con esto se diluye la inteligencia y el honor de Antonio, del que se resalta sobre todo que fue herido ms de 20 veces sin morir.

Hechos trascendentales de aquella historia han sido usados en el presente hasta el punto de la creacin del Juramento de Baragu, con el que quedbamos atados a Maceo y a la historia de la Revolucin.

Se honra a colectivos laborales, personas e instituciones con las rplicas de los machetes de Maceo y de Mximo Gmez, pero nunca se premia a los que llevan a su vida cotidiana la conducta de aquellos hombres. El machete no es para ser usado sino para ponerlo en una vitrina.

Las frases, ideas de Mart, fragmentos de discursos, han poblado el imaginario poltico cubano desde que fue considerado el autor intelectual del asalto al cuartel Moncada. Las ideas de Mart son frontispicio lo mismo del PCC, de un ministerio, que de un crculo infantil.

La obra martiana, en cambio, no es conocida. Me pregunto, cuntos nios, nias y jvenes han tenido que investigar, escribir un ensayo, componer un discurso, sobre un texto de Mart?

Toda esa vida volcada al ayer no sera un estorbo si a los jvenes de hoy se les llamara a ser indoblegables como Maceo, humildes como Cspedes, bondadosos y puros como Mart, pero apenas se trata de que los admiren en pasado.

El viaje al pasado no ha sido solo por la historia de Cuba. El arsenal simblico de la Revolucin cubana se ha alimentado de forma exagerada de las referencias poco democrticas de la cultura militar espartana antigua, y casi nada de las de su contrario poltico e histrico: la democracia ateniense.

Las frases viriles de los guerreros espartanos han sido motivo de inspiracin de oradores y polticos en toda la historia, pero no se poda esperar lo mismo de un proceso poltico socialista, que extraamente no usa las frases de Robespierre, de Hidalgo, de Louverture, de Marat, de Pericles.

La disciplina militar de los soldados de la Laconia, heredada de los ejrcitos dorios, tuvo una recepcin exitosa en el discurso poltico cubano. La sencillez de las comidas pblicas, la vida masculina de hombres y mujeres, la economa cerrada y bsica, la moneda sin circulacin ms all de las propias fronteras, el jbilo ante el combate y la posible muerte, el martirologio sin excusas, el vejamen de los cobardes y traidores, han sido recompuestos por nuestra poltica como paradigmas y todos vienen de Esparta.

Si llevamos el parangn hasta el extremo podemos descubrir en la mana lacnica de los espartanos, considerada el sumun de la parquedad y el ahorro de sentimientos y rodeos, la jerga de los burcratas actuales, que ejercitan un lenguaje -mezcla de cantinfleo y estridencias-, que no forma parte de ninguna tradicin cubana pero que se ha ido expandiendo por la difusin de la televisin.

La cultura poltica como transformacin social.

La propaganda poltica cubana muestra un pas que no es necesario cambiar, en todo caso algunas indisciplinas sociales, pero jams se vislumbra un escenario de refundaciones y nuevos comienzos.

Los jvenes no pueden encontrar asideros ni mviles en esta campaa. Los spot televisivos comparan la pica de la Revolucin con la utilidad de nuestro ahorro, como si lo nico que se esperara de las presentes generaciones es que formen parte de la Patrulla Clic. Las organizaciones sociales tienen ms de 50 aos y en el momento en que miles de adolescentes no saben qu significan las letras CDR, ni han hecho jams una guardia del Comit, se lanza el siguiente lema: CDR, una organizacin que naci para ser eterna.

En la coyuntura actual, cuando deberamos estar en una fiesta nacional por la construccin y aprobacin de la nueva Constitucin, vivimos el suspenso de lo que vendr, como si se tratara del ltimo captulo de la telenovela brasilea.

Para esto es menester que cambiemos nuestro discurso apocalptico y catastrfico por otro que asegure que solo se llegar a una sociedad mejor, a una mejor vida presente y futura, si nos sumamos todos a la tarea de adecentar el pas, mediante la apertura de espacios para todas las tendencias polticas que consideren que tienen algo que aportar a la nacin, siempre de acuerdo a la Ley y al Derecho internacional.

El presente de la poltica patria debe ser de todos los cubanos, estn donde estn, sin exclusiones ni venganzas, ni de un lado ni de otro. La reconciliacin es una necesidad del desarrollo cubano. La nica esperanza de conservar lo mejor del socialismo y de relanzarlo hacia un Estado ms democrtico y hacia una Repblica con todos y para el bien de todos, como manda la moribunda Constitucin, es hacer un llamamiento a la participacin de todas las fuerzas sociales de buena voluntad para construir juntos una Constitucin que haga justicia a la historia de la Revolucin y a las luchas histricas de nuestro pueblo, y para fundar un nuevo pacto social en el que sea principal el Estado de Derecho y el sueo martiano del culto a la dignidad plena de los seres humanos.

La cultura poltica del pueblo cubano es considerada de forma pasiva, se le evala por su disciplina cvica en procesos electorales, movilizaciones y ante desastres naturales, pero no se mide su calidad en momentos creativos, en circunstancias en las que las propuestas son necesarias y el silencio es suicida.

En las experiencias en pequea escala, de escenarios de participacin protagnica, de creacin de polticas, de diseo de proyectos sociales, de decisiones colectivas y de liderazgos basados en nuevas legitimaciones, ensayadas en comunidades, centros de trabajo, escuelas, consejos populares, por ONGs cubanas que apuestan por otra poltica en Cuba, ms horizontal y fresca, los resultados son esperanzadores y aparece ante nosotros el pueblo sabio que s sabe lo que quiere y cmo lo quiere.

No hay cultura poltica sin transformacin de la realidad o sin lucha por lograrlo. Un pueblo informado tiene ms posibilidades de actuar en consecuencia pero no es suficiente con saber qu sucede, es necesario que se trabaje y se intervenga en los problemas.

Cultura poltica y Estado de Derecho.

Las relaciones entre Derecho y Poltica han sido presentadas desde extremos tericos como el marxismo o el Derecho constitucional moderno, este ltimo llamado hasta hace muy poco Derecho Poltico.

Una parte de la Ciencia Poltica defiende a ultranza que su objeto de estudio y sus conclusiones no son semejantes a las del Derecho, y esto se hace evidente cuando los estudios jurdicos son sobre todo dogmticos, pero deja de ser tan claro cuando el Derecho propone estudios de la realidad desde la Sociologa Jurdica.

El Estado de Derecho es un concepto de los que la teora jurdica, y especficamente el Derecho constitucional socialista, no dudaron en alejar de sus anlisis, sobre todo por su origen burgus.

La cultura poltica que se arma de argumentos contrarios a la importancia de los derechos individuales, no es la misma que en la actualidad entiende la incapacidad y las limitaciones de la ley para resolver los problemas de los pueblos. Esta evolucin del pensamiento crtico revolucionario y de izquierda llega ahora a estas conclusiones despus de siglos de luchas por derechos humanos.

Por lo tanto el pensamiento jurdico y constitucional que de origen carga con el lastre de su incomprensin de la justicia de la lucha por los derechos individuales y colectivos, crea una cultura jurdica y poltica cerrada a la historia de la democracia.

El Estado socialista no ha sido, en ningn caso ni en ninguna latitud, ejemplo de consideracin de esta tradicin de lucha por la democracia y la repblica, que son una parte importante de la lucha posterior por el socialismo.

El pase de magia por el cual los derechos humanos son considerados burgueses al igual que paradigmas tan importantes como el de Democracia y Estado de Derecho, es una de las causas de la despolitizacin de las nuevas generaciones en el mundo entero, y especialmente en Cuba.

Un acercamiento pausado y serio a la historia de la tradicin socialista y democrtica, nos informa que la burguesa nunca cre derechos para los trabajadores sino que estos fueron arrancados por los obreros de las entraas de los ricos y los nobles.

De la misma manera la democracia jams fue una expectativa de los burgueses, que han tenido claro en todas las pocas, pero sobre todo desde mediados del siglo XIX, que el poder de los muchos y de los descalzos no les conviene.

El Estado de Derecho tambin fue una victoria popular. Donde antes haba vnculos de vasallaje y dependencia, siervos y patronos, clientes y libertos, se fund la ciudadana, la ley y la fraternidad.

La libertad, ya lo sabemos, fue escamoteada a los pobres. Las revoluciones del siglo XVIII han quedado relatadas como burguesas y el Cuarto Estado de descamisados ha quedado borrado de los libros de texto.

La fraternidad ha sido eclipsada como nos cuenta el gran pensador y revolucionario Antoni Domenech, y la igualdad ha beneficiado a muy pocos. Pero la ley fue una victoria de los pobres, porque su imperio es siempre mejor que el de un seor feudal o un Rey.

Durante mucho tiempo no se poda hablar de Estado de Derecho sin incluir pilares suyos como la representacin poltica, el sufragio poco a poco universal, la supremaca constitucional, el imperio de la ley, la proteccin estatal de los derechos individuales, y sobre todo la igualdad real ante las normas jurdicas.

En Cuba a finales de los aos 80 del siglo XX el profesor Julio Fernndez Bult comenz una cruzada contra la expulsin de conceptos necesarios en la construccin de un socialismo democrtico, y rescat de la nada al Estado de Derecho, en un artculo publicado en la Revista Cubana de Derecho. Ms tarde el mismo autor incluira en los estudios de Derecho en Cuba a la sociedad civil y el sistema poltico, por mencionar dos temas clebres.

La Constitucin cubana vigente, aprobada en 1976 y reformada de forma parcial en los aos 1978, 1992 y 2002, no menciona al Estado de Derecho pero s al principio de legalidad socialista que se supone que signifique no solo el cumplimiento irrestricto de la ley sino un mtodo de direccin estatal.

En la cultura poltica cubana el Derecho no es un componente fuerte. La crisis actual del Estado de Derecho en Cuba puede ser considerada desde muchos puntos de vista; uno de ellos es la pobre realizacin del proyecto de Estado que se consagra en la Constitucin de la Repblica.

Las enfermedades ms graves que sufre el Estado de Derecho entre nosotros aun cuando consideremos esencialmente la acepcin del concepto de un Estado sujeto a la legalidad, son la contradiccin entre la letra del texto constitucional y su manifestacin real poltica, institucional y econmica, la anticuada declaracin de derechos contenida en la Constitucin y la pauprrima regulacin de garantas polticas, jurdicas y procesales a los derechos, una institucionalidad estatal donde la Asamblea Nacional del Poder Popular ha perdido poder frente al Consejo de Estado desde hace dcadas. Se trata de una ritualidad excesiva de los principios de funcionamiento estatal, como son la rendicin de cuentas, la revocacin de mandatos y el ejercicio de la crtica.

La seguridad jurdica es uno de los valores del Derecho ms importantes a la hora de evaluar la solidez de un Estado de Derecho y de la cultura poltica de una sociedad civil. Encuestas realizadas dentro de investigaciones ampliamente divulgadas en Cuba, demuestran que desde los aos 80 el desconocimiento de la jerarqua normativa, de la importancia de la ley, del valor de la Constitucin, era enorme, y esto incluye a funcionarios del Estado, del Gobierno y del Partido.

La convivencia con un ordenamiento jurdico prolijo pero poco divulgado, con espacios espordicos de participacin popular en la creacin jurdica, con una visin del Derecho coactiva y persecutora, extiende la cultura del Derecho que cierra puertas y no lo contrario.

El Estado de Derecho en Cuba tiene en su Constitucin inutilizada a uno de sus problemas mayores. La Carta Magna cubana no es una norma de aplicacin directa porque tiene que esperar a que leyes complementarias regulen la forma de defender los derechos de los particulares y del Estado, sobre todo por la ausencia de un proceso judicial constitucional.

Esta situacin es la causante del abandono de la Constitucin tanto por el pueblo como por los funcionarios estatales, con toda la carga de inseguridad y menosprecio por la ley que lleva esto consigo.

El Estado de Derecho necesita de transparencia en los procesos administrativos, de responsabilidad de los funcionarios, de conocimiento de la ley por la Administracin Pblica y por la ciudadana. Necesita participacin de la sociedad civil en la creacin de las normas ms importantes para la vida cotidiana.

El Estado de Derecho pone a la burocracia en un lugar mucho ms seguro porque su actividad no se hace arbitraria sino reglada, y su responsabilidad se convierte en alivio para el pueblo.

El aprendizaje de supervivencia junto a un Derecho errtico y desconocido, junto a una Constitucin avejentada e ignorada, junto a una Administracin Pblica voluntarista e impune, crea una cultura poltica de orfandad institucional y de escepticismo cvico, que se expresa en frases como esta: el que hace la ley hace la trampa, aqu todo est prohibido, los dirigentes tronados se caen para arriba, esta orientacin vino del cielo, este problema no es jurdico sino poltico y el Derecho: deporte del pueblo.

Y los revolucionarios, dnde estn? Reflexiones finales a modo de conclusin

La cultura poltica de mi generacin es resultado de un panorama de desconfianza en los conceptos y paradigmas de la izquierda tradicional, que no era esperable en un proceso socialista pero result que nuestra poltica ha sido demasiado parecida a la de otras experiencias de socialismo, basadas en el carcter central del Estado y en el liderazgo ideolgico de un partido poco heterodoxo.

Sed de izquierdas, diran Marx, Lenin, Mella y el Che, a los jvenes de hoy que aspiren al socialismo. Sed de izquierdas sera el mandato, el imperativo de hoy a los que creemos en el socialismo libre y en la repblica democrtica. Sed de izquierda es lo que sentimos, los labios resecos de tantos aos sin salir a luchar, sin beber de la fuente de la transformacin.

La izquierda cubana debe aparecer ya. Los revolucionarios deben aparecer ya, sin cargos, sin carros ni gasolina que conservar, sin otro mvil que salvar el socialismo, que no significa salvar a la burocracia que ha tomado su nombre sino a la justicia social y a los derechos del pueblo.

Los odios deben quedar fuera, es momento de pensar hacia el futuro. No pediremos que se olvide a Yara ni a Montecristi, solo que debemos fundar nuestra propia historia. Los revolucionarios debemos expropiar la virtud de la Revolucin a quienes la hurtaron y vaciaron de sentido. La Revolucin cubana no es solo de los padres, tambin es de los hijos, de los nietos, de los adoptados y convertidos.

El socialismo no ser una opcin y el recuerdo de la Revolucin se borrar si no lo salvamos nosotros. Para esta obra no hacen falta consignas sino empresas de amor y coraje. Los enemigos son fuertes y muchos, son los que no quieren que el socialismo reviva y prefieren que se mantenga en una espiral de ineficiencia y pobreza. Otros aspiran a que todo termine cuando ellos estn muy lejos.

Pero nosotros, los que alguna vez hemos merecido el ttulo de asquerosamente revolucionarios, por querer cambiarlo todo y por no creer ni en un solo dogma ni en una sola institucin sacrosanta, sino en el pueblo, no queda otra opcin que permanecer y luchar, sin ms arma que el honor que nos merecemos por creer en la justicia.

Fuente: http://cubaposible.com/testimonio-razonado-revolucionario-inutilizado/



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