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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-05-2018

Del feminismo al infierno: cmo el capitalismo puso la tica del cuidado al servicio del mercado

Eudald Espluga y Berta Gmez Santo Toms
El salto

Que la igualdad es buena para los negocios constituye uno de los pilares del nuevo modelo de gestin empresarial que reivindica la voz de las mujeres en un ecosistema tradicionalmente dominado por los valores masculinos.


Paraguas feministas en las concentraciones en el centro de Madrid durante la huelga feminista. REDACCIN EL SALTO

La charla TED de Michael Kimmel, Por qu la igualdad de gnero nos beneficia a todos, incluso a los hombres?, acumula ya las mismas visitas que la de Chimamanda Ngozi Adichie, Todos deberamos ser feministas, pronunciada tres aos antes. Ambas pueden considerarse una defensa de la igualdad de gnero que aspira a universalizar el sujeto del feminismo. Sin embargo, a diferencia de la propuesta de Ngozi Adichie, que parte de una concepcin socio-poltica animada por un ideal de justicia, Kimmel adopta una perspectiva utilitarista y se dedica a enumerar los motivos por los cuales nos interesa y nos beneficia la persecucin de la igualdad. Salvo referencias vagas a un mayor ndice de felicidad nacional, mayor salud y un descenso del fracaso escolar, el nico punto que desarrolla por extenso es el que tiene que ver con el mundo empresarial.

Las investigaciones [...] demuestran irrefutablemente que cuanto mayor es la igualdad de gnero en las empresas, mejor es para los trabajadores. Los trabajadores son ms felices. El volumen de trabajo pendiente y la desgana son tambin menores. Es ms fcil contratar gente. El nivel de permanencia es ms alto y el grado de satisfaccin mayor, con tasas de productividad ms altas.

No es una idea nueva. Que la igualdad es buena para los negocios constituye uno de los pilares del nuevo modelo de gestin empresarial que reivindica la voz de las mujeres en un ecosistema tradicionalmente dominado por los valores masculinos. Tenemos que aprender a gestionar lo complejo, la interaccin mltiple reza un exitoso manual de management y me da la sensacin que para ello la mujer puede estar ms preparada. A la prctica, eso se traduce en una fijacin nada inocente con las emociones, cuya gestin ha pasado a formar parte de las competencias productivas que se exigen a todos los trabajadores. La sociloga Eva Illouz ha llamado capitalismo emocional a este nuevo paradigma y lo remonta hasta los aos sesenta, cuando empezaron a aplicarse los estudios de Elton Mayo que sealaban que los afectos eran un recurso estratgico que bien explotado podra dar lugar a una ventaja competitiva para la empresa.

Sin embargo, no ser hasta los aos noventa que aparecer todo un corpus de literatura, procedente de la cultura de la autoayuda. El concepto de inteligencia emocional, cuya popularidad se debi a la obra homnima de Daniel Goleman, ser la herramienta fundamental que permitir sustraer el lenguaje afectivo de sus enclaves tradicionales hasta convertirlo en una retrica universal que penetrar en la empresa, en la educacin, en la psicologa, etc. En palabras de Illouz, la inteligencia emocional conecta de modo explcito gestin emocional, rendimiento econmico y xito social. Es un modelo que viene a satisfacer las necesidades del nuevo tipo de trabajador que exige el neoliberalismo y el propio Goleman as lo explicita: las empresas que promueven estas capacidades aumentan sus beneficios. [...] la inteligencia emocional, tanto a nivel individual como colectivo, se revela como el ingrediente fundamental de la competitividad.

LAS EMOCIONES: DEL FEMINISMO A LA EMPRESA

Igualdad, interdependencia, voz femenina, confianza, comunicacin, empata, cooperacin. Cmo han llegado estos trminos, esencialmente afectivos, a ser prioritarios para un capitalismo que se agarraba sin pudor al desapego individualista y la racionalidad abstracta?

Las respuestas son mltiples y sin embargo ninguna resulta tan paradjica como la ampliacin del imaginario social que supuso el discurso feminista durante todo el siglo XX. Esa voz que ahora reclaman los negocios es la otra voz a la que Carol Gilligan ya se refiri en su importante obra In a Different Voice. Un texto que puso en valor la tica de los cuidados para reclamar que la justicia debe tener en cuenta la vulnerabilidad de las personas. Gilligan indaga en el ser humano y extrae lo que le es intrnseco: la capacidad de cuidar de otros y la necesidad de ser cuidados. Lo que hasta entonces se haban considerado limitaciones propias de las mujeres, se convierte en una nueva voz necesaria para entender que somos razn y emocin, individuo y relaciones. Caractersticas devaluadas y atribuidas al gnero femenino como la empata o la escucha pasarn a ser reivindicaciones presentes de manera transversal en todo el movimiento feminista. Desde la perspectiva de la tica del cuidado, las feministas ya no quieren ser como los hombres, sino que aspiran construir una sociedad que escape del modelo de ciudadano construido por la razn patriarcal.

En este terreno de nuevas posibilidades sera injusto acusar al feminismo de servir como semilla para el capitalismo emocional. Lo cierto es que asistimos a la abduccin de algunos de sus conceptos bsicos para ponerlos al servicio del mercado y, en consecuencia, de otra cultura del cuidado.

El concepto de comunicacin nos puede servir de ejemplo para comprender este desplazamiento: se ha convertido en un trmino fetiche de los nuevos discursos del management y ha perdido el sentido poltico que tena para el feminismo. Aunque todo el mundo puede hablar, va ordenador, con todos los dems, apuntaba Goleman ya en 1995, lo cierto es que nadie se siente realmente escuchado. Como consecuencia de todo ellos, la gente siente una desesperada necesidad de conectar, empatizar y comunicarse sinceramente. Si dejramos de leer aqu, este anlisis podra servir perfectamente como ejemplo de las relaciones de confianza y escucha a las que aspira la tica de los cuidados. Pero el inters de esta nueva tica emocional es otro: en el novedoso y desapacible clima laboral que se avecina, estas realidades humanas tendrn cada vez ms importancia para la productividad, remata Goleman.

En los nuevos manuales de gestin, la comunicacin es presentada como una virtud femenina a reivindicar frente a la rigidez autoritaria de los viejos modelos fordistas, en los que la divisin de poder se traduca en la unilateralidad del mensaje: unos mandaban, otros obedecan. Se pide a los departamentos de recursos humanos que multipliquen los encuentros reticulares, se celebra la fluidez y se exige la democratizacin de la palabra. Sin embargo, mientras que para la tica del cuidado la centralidad de la escucha y la comprensin tenan que ver con el rechazo de los esquemas racionales, la nueva cultura empresarial no slo no los rechaza, sino que busca, mediante el ideal de comunicacin, volver a esta racionalidad abstracta ms eficiente y productiva.

La comunicacin se reduce as a un mejoramiento del valor de la informacin que permite aumentar los beneficios: deja de ser una virtud moral para transformarse en feedback. Su necesidad no responde al reconocimiento de la irreductibilidad del contexto socio-afectivo y de nuestras responsabilidades en perpetuo conflicto, como se asume desde el feminismo, sino que aparece como una forma de disciplinar una esfera humana que las viejas teoras de gestin empresarial haban olvidado. Como advierte un manual de liderazgo: el poder se legitima siendo afectivo y efectivo.

CAPITALISMO EMOCIONAL: EL INFIERNO DE LOS CUIDADOS

La perversidad de este fenmeno es mucho mayor si volvemos a lo ya mencionado: la gestin de los afectos como un elemento clave que se exige al trabajador y el sesgo que se establece en el tipo de emociones, que ya nada tiene que ver con lo que defendan Carol Gilligan, Virginia Held y tantas otras pensadoras feministas. Tal y como apunta Alberto Santamara en su libro En los lmites de lo posible, en este ecosistema cultural las emociones deben reincorporarse a las dinmicas empresariales en la medida en que son necesarias y, al mismo tiempo, peligrosas. En lugar de establecer una pauta o cortafuegos frente a la complejidad de las emociones, en lugar de tratar de eliminar ese residuo en favor de un sentido racional de la empresa (como durante dcadas se hizo), en el contexto actual el objetivo es a la inversa, reintroducir las emociones en las dinmicas laborales con el objetivo de que ese flujo emocional sea redirigido hacia la productividad.

En el mercado, las emociones son adaptadas a un esquema dicotmico son buenas son aquellas que aumentan la productividad y las malas aquellas que la frenan. As no sorprende que el exitoso liderazgo afectivo sea definido en los manuales de management como como la habilidad para gestionar las expectativas de los diferentes actores sociales que interactan entre s en el mbito profesional, previniendo el desarrollo de los sentimientos negativos Y cules son estos sentimientos de los que los trabajadores deben huir? Entre otros la ira, la indignacin, el enfado o incluso el impulso crtico, que ahora deben ser reprimidos. Aunque tanto la tica de los cuidados como el neoliberalismo parten del reconocimiento del aspecto emocional y de la fragilidad de los individuos, el segundo lo aplasta porque no le es de utilidad.

Tal y como nos recuerda Arlie Russell Hochschild en La mercantilizacin de la vida ntima, ya ha sucedido que algunos movimientos sociales han allanado el terreno para el surgimiento de realidades totalmente contrarias: del mismo modo que las ideas protestantes fueron el caldo de cultivo del primer capitalismo, la sociloga entiende que las transformaciones impulsadas por el feminismo hicieron posible la mercantilizacin de la vida ntima, en la medida que facilitaban la incorporacin de los cuidados al mercado laboral. Pero lo que aqu hemos tratado de ver es cmo incluso el tipo de virtudes feministas que propone la tica del cuidado han sido fagocitadas por los nuevos discursos de empresa: no slo la comunicacin se ha transformado en un intercambio interesado de informacin; tambin el reconocimiento de la fragilidad y la dependencia ha dado paso a ideales ms complejos de autosuficiencia; la imaginacin y el pensamiento narrativo se han convertido en formas de capital creativo; la atencin y la confianza son vistas como competencias para mejorar la eficiencia de un equipo y no como un espacio de resistencia a la lgica del mercado; y la autonoma, lejos de ser entendida como la capacidad de tejer nuevas relaciones, se define como la posibilidad de aislarse de los dems.

En lugar de humanizar a los hombres, escriba Hochschild, capitalizamos a las mujeres. Pero ahora hemos descubierto que la humanizacin de los hombres tambin poda ser una estrategia empresarial, hasta el punto de confirmar doblemente su conclusin: tambin en el capitalismo emocional el cuidado se ha ido al cielo en el terreno ideolgico, pero en la prctica se ha ido al infierno.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/laplaza/del-feminismo-al-infierno-como-el-capitalismo-puso-la-etica-del-cuidado-al-servicio-del-mercado-

 



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