Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-05-2018

Abrir o cerrar, tapar o destapar
Palestina e Israel: violencia, miedo y humillacin

Jos Antonio Mrida Donoso
Rebelin


Basta con abrir cualquier peridico en cualquier parte del mundo para comprobar como la tica, la esttica y los valores parecen configurarse a conveniencia de los dirigentes y centros de poder.

En el colegio no es distinto, al abrir la puerta de clase uno se encuentra con alumnos que reproducen la estructura social, cmulos de emociones e inseguridades con ansias de reconocimiento: reconocerse y sentirse reconocidos. De entre ellos nos tiende a llamar la atencin el agresor, el alumno que busca ser el foco de atencin de los dems, solo que la bsqueda de su reconocimiento se gesta en torno a las relaciones de abuso de poder. Es el acoso el que le confiere poder y estatus. De ah que necesite cmplices, aplausos, palmaditas en la espalda porque sin ellas, sin su sentimiento de pertenencia, no es nada. El ltimo escaln lo configura la indiferencia, el esto no va conmigo, el silencio siempre cmplice de terceros.

Cierro la puerta del colegio y vuelvo a abrir la del peridico. Las imgenes de Israel y Palestina que han copado sus pginas estos das no podran haber sido ms antagnicas: por un lado, dignatarios mezclndose en Jerusaln Occidental, brindando por la apertura de la nueva embajada de Estados Unidos. Por otro, la carnicera en la frontera de Gaza con Israel: un nmero ingente de palestinos asesinados, la mayora desde la distancia, por francotiradores israeles.

La mayor parte de los medios israeles se hicieron eco de la narrativa estatal oficial de defensa propia y soberana. Un discurso que no es nuevo: lo que no sirve al Estado (en este caso Israel) es anti-tico. El ejercicio del poder (gobierno) motoriza el accionar ideolgico, social, cultural y econmico de todo un pas. Pero esta accin necesitaba de un reconocimiento, unas palmaditas en la espalda. Israel siempre ha considerado a Estados Unidos como su hermano mayor, el aliado ms cercano, dispuesto a otorgarle el aplauso ansiado. Se trata de la misma pauta mantenida por el movimiento sionista desde sus inicios y, luego, por el Estado de Israel: aliarse a una potencia mundial que le otorgara apoyo e inmunidad en el medio internacional. En su momento, durante la primera mitad del siglo XX, su alianza con Gran Bretaa le propici el apoyo imprescindible para materializar su empresa colonial. La que en la actualidad mantiene con Estados Unidos no es nueva. Cabe ahora preguntarnos por nuestro lugar, nuestro posicionamiento ante este tablero. Las imgenes de dos narraciones que han mostrado los medios -por un lado la epopeya israel, por otro la tragedia social- constituyen dos relatos antitticos y contradictorios, que exigen una mayor concienciacin crtica y por ende, una actuacin. A nadie se le escapa que la UE tiene con Oriente Medio una importante deuda moral que pagar. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha aprobado una investigacin de la represin israel mediante una resolucin que ha contado con 14 abstenciones y dos votos en contra, los de Estados Unidos y Australia. En Europa, Reino Unido, Alemania, Eslovaquia, Hungra o Croacia han optado por la abstencin. Por su parte la ciudadana, grosso modo, parece estar en contra de la violencia de Israel. Pero basta con eso? La prctica poltica del abuso indiscriminado y el Apartheid practicado por un Estado cada vez ms teocrtico bajo el control del Gran Rabino configuran a los ultraortodoxos, a pesar de ser una minora, como casta dominante.

Ya lo hemos dicho antes, la v iolencia, el miedo y la humillacin no son un discurso nuevo. Se trata del ideario de culto a los valores patrios, la sacralizacin del Estado y la confrontacin violenta con un eficaz aparato de propaganda. La dominacin y el poder controlan y exorcizan los movimientos que la cuestionan bajo la esperanza de transformarla, asimilarla y hacerla suya, mientras la cantidad de noticias y los fantasmas e interioridades de la realidad cotidiana conducen a la sociedad nuevamente al olvido. El verdugo depende de su vctima para ser el centro de los focos, para sentirse importante y superior a costa de la degradacin del otro. Cuando comienzan las crticas intenta transformar la realidad y culpabilizar a la vctima. Al fin y al cabo, si su desprecio se agotara acabara por convertirse en su igual, algo que le resulta insoportable de asimilar. Por ello nuestra crtica no debera quedarse en una mera desaprobacin. Algunos para evitar ser cmplices con su silencio se adhieren a la campaa de la sociedad civil transnacional de Boicot, Desinversiones y Sanciones. Otros se movilizan y manifiestan intentando presionar a los gobiernos para que se posicionen de manera ms contundente. La solucin no es fcil -nunca lo es- no se trata de aportar soluciones nicas y unvocas. Cada uno tiene que encontrar la suya propia. Supongo que en esencia la respuesta estriba en no conformarse, no pasar la pgina del peridico para olvidarse y seguir sin hacer nada. Toda crtica debera remover piedras y montaas con el fin de escarbar en el odio, en el recorrido de sufrimientos construidos y quiz as encontrar tambin opciones de accin y esperanzas. Lo contrario simplemente supondr abrir los ojos tenuemente para acabar cerrndolos con mayor intensidad. Siempre que permitimos una injusticia abrimos el camino a todas las que seguirn. Abrir y cerrar, al fin y al cabo todo se reduce a eso.

Cerrar el peridico abrir los ojos



Jos Antonio Mrida Donoso, profesor doctor, historiador y fillogo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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