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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-05-2018

La Catalua de abajo y a la izquierda

Ral Zibechi
La Jornada


Desde la distancia las cosas se ven distintas. Apenas se distinguen los contornos y los objetos grandes acaparan la visin, mientras los ms pequeos resultan casi invisibles. Ni qu hablar de lo que sucede en el subsuelo. Slo en la cercana, en el compartir vivencias y tiempos, sonidos y silencios, podemos aproximarnos a entender la realidad.

Tuve la inmensa fortuna de participar en el trigsimo aniversario de la ONG Entrepueblos, celebrado en Barcelona a comienzos de mayo, y rencontrarme con compaeros con los que habamos militado juntos durante el exilio. Dediqu casi todo el tiempo a conocer las realidades del mundo independentista de base, que es ms anticapitalista y antipatriarcal de lo que sospechaba.

Encuentros con miembros de los CDR (Comits de Defensa de la Repblica), de las CUP (Candidaturas de Unidad Popular), de colectivos territoriales, medios de comunicacin, movimientos y centros sociales y culturales que, como archipilagos, pueblan la geografa de Catalua. Ninguna organizacin ocupa el centro, en un mundo de galaxias y archipilagos. No estuve con dirigentes sino con militantes de base, y esto es ms o menos lo que pude ver.

Sabadell es una ciudad obrera de 210 mil habitantes a media hora del centro de Barcelona. En 1934 fue la primera ciudad de Catalua en proclamar la repblica. A finales de la dcada de 1990, se caracteriz por luchas antifascistas, la ocupacin de casas y la creacin de ateneos. Entre 2012 y 2014 protagoniz huelgas generales contra la derecha que buscaba descargar la crisis sobre los trabajadores.

Existe un Movimiento Popular de Sabadell integrado por decenas de colectivos: de obreros, de mujeres, por la potente Plataforma de Afectados por la Hipoteca que rene 500 personas en asambleas, tiene cuatro edificios ocupados donde albergan a los desalojados y cuenta con banco de alimentos autogestionado. Adems, hay una decena de cooperativas de consumo no jerrquicas y medios libres.

Meses atrs nacieron siete CDR que se proponen, dicen los militantes, territorializar la defensa del referndum por la independencia. Al principio la R era de Referndum pero luego se trasmut en Repblica. En los primeros meses participaban hasta 8 mil personas en las asambleas, una cifra astronmica para una poblacin pequea, que ahora se redujeron a menos de mil entre los cuatro o cinco CDR que sobreviven.

En toda Catalua surgieron 300 CDR que luchan por los presos y exiliados, en defensa de los 150 imputados por acciones de calle y de los 700 alcaldes amenazados por la justicia espaola. La potencialidad, dice un compaero que no dir nombres ni seas porque la represin es real, consiste en la capacidad de movilizar personas muy distintas. Se refiere no slo a las diversas opciones polticas (desde anarquistas hasta socialdemcratas) sino a las diferencias etreas, donde los mayores juegan un papel decisivo frente a la represin: los yayos y yayas se colocan en primera fila para disuadir/desafiar a los policas.

Los lmites, prosigue, consisten en la dificultad para mantener este nivel de movilizacin. Asegura que el ciclo del procs est cerrado, que la gente no tiene miedo, que la organizacin de base es muy extensa y slida, pero el proceso de independencia ser muy largo. Nos toca picar piedra, concluye entre sonrisas.

En una reunin con cuatro CDR de varias comarcas y barrios, aseguraron que el movimiento no tiene estructuras. Cada CDR es soberano para hacer o tomar iniciativas por su cuenta, siempre bajo los principios de la no violencia, la resistencia activa y el rechazo a las jerarquas. Uno de los grandes problemas es que las organizaciones tradicionales del independentismo estn paralizadas por la represin, por eso el protagonismo corresponde al movimiento territorial de base, cuya experiencia se remonta a finales de la dcada de los 90, en la lucha contra la globalizacin.

Los CDR realizan un conjunto de acciones muy diversas: colocan lazos amarillos en playas y calles, cortan carreteras y levantan las barreras de los peajes, se movilizan en apoyo de las feministas, los pensionistas, los desahuciados y los trabajadores. Cada vez que hay represin, se suma ms gente a las asambleas, asegura una joven de Rub, en la periferia de Barcelona.

A corto plazo, se proponen mantener la resistencia para mostrar que no hay normalidad, que el pas est intervenido por el gobierno de Mariano Rajoy. En paralelo, estn dando pasos para crear otra economa, con base en la larga experiencia del cooperativismo libertario cataln, que busca la desconexin con el capitalismo. Coinciden en afirmar que es una lucha de carcter transversal: por la independencia, contra el capitalismo y el patriarcado.

Una de las experiencias ms notables es Coop57, una cooperativa de servicios financieros que concede prstamos a proyectos de economa social. Naci en 1995 a raz de la lucha de los trabajadores de la Editorial Bruguera, que crearon un fondo solidario con parte de las indemnizaciones recibidas (coop57.coop). Hoy tienen 800 entidades que apoyan el proyecto, con 4 mil socios y casi 20 millones de euros en prstamos sociales anuales.

Quiero destacar tres aspectos de este movimiento.

Uno: no nos dejemos cegar por la independencia (para los que vivimos lejos y no somos nacionalistas), porque es ms complejo. El rasgo anticapitalista y antipatriarcal es tan potente como el independentista.

Dos: no miremos hacia arriba (Puigdemont o Torra, por ejemplo) sino abajo y a la izquierda. Ah hay una fuente de enseanzas bien importantes que nos deben llenar de esperanza, con las cuales podemos dialogar y aprender.

Tres: el proceso ser muy largo y no todos piensan as. He apreciado una tendencia a creer que habr independencia sin grandes conflictos, algo imposible en una realidad marcada por un Estado centralista espaol que nunca rompi amarras del franquismo. Pero la prolongacin del proceso puede fortalecer las opciones ms antisistmicas.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2018/05/25/opinion/019a2pol



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