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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-05-2018

ETA, al Csar lo que es del Csar

Jose Iriarte Bikila
Rebelin


Jose Ramn Castaos, Troglo, in memorian


Lo digo como lo pienso. Hay que juzgar a ETA (y sus sucesivas escisiones) segn el contexto y su accionar. Lo que fue en sus inicios, y en lo que se convirti posteriormente. Me parece pertinente afirmar, que el partido bolchevique, dirigido por de Lenin y Trotsky no era el mismo de la era Stalin; y no digamos el de la era Gorbachov. Otro tanto respecto al FSLN guerrillero y de los primeros aos del gobierno revolucionario nicaragense, y el actual dirigido por el matrimonio Ortega- Murillo. Lo que quiero decir es que las organizaciones evolucionan, mutan y a veces se metamorfosean. Y me parece pertinente aplicar tambin tal conclusin al caso de ETA [1].

En efecto, hubo diferentes ETAs (hasta que en el 82 desapareci ETA (PM) No se trata de diferenciar entre ETAs buenas, y la ETAs malas; sino de analizar su evolucin y consolidacin final. Lo que escribo a continuacin no es sino una modesta invitacin a llevar adelante tal proyecto.

Los inicios

Frente a una dictadura asesina que aplicaba la ley de fugas, que defenestraba a los militantes torturados, que primero disparaba y luego preguntaba, se daban divergencias sobre la conveniencia de responder con medios armados, pero no se cuestionaba su legitimidad. Como botn de muestra, dos miembros (Artaso y Azurmendi) de un comando navarro de EGI, rama juvenil del PNV fallecieron al estallarles el artefacto que estaban manipulando.

Al trmino de la II Guerra Mundial el PNV prepar varios comandos entrenados por instructores del Ejrcito Americano con el fin de introducirlos al interior, una vez se diesen las condiciones propicias. El PCE mantuvo en activo agrupaciones de guerrilleros hasta mediados de los 50. Y en el 45 inici una ofensiva guerrillera en El Valle de Aran que fue abortada por orden de Stalin.

Ms all de su prctico abandono, en la dcada de los 60, la simbologa guerrillera todava perviva en la pica antifranquista de los 50-60. ETA nace como reaccin generacional frente a la apata e impotencia instalada en el antifranquismo y sobre todo en el nacionalismo vasco. Es recibida con recelo por las viejas burocracias, no as en los ncleos todava activos, fuesen republicanos o influenciados por los movimientos de liberacin nacional que pululaban por el mundo.

Un revisionismo interesado

A da de hoy, el PNV est propiciando un discurso consistente en negar la mayor en el contexto histrico y las causas que empujaron a una parte de nuestra generacin a optar por la lucha armada. Para el PNV actual, el nacimiento de ETA supuso un acontecimiento nefasto para el pueblo vasco. Este enfoque, adems de hacer abstraccin del contexto, en buena lgica pone en solfa la legitimidad y la pica del Euzko Gudarostea- Ejrcito vasco, de la cual se nutre todava el PNV en los Aberri Eguna y los homenajes a los gudaris del 36, necesarios para alimentar el alma un tanto mustia de un partido mero administrador del presente autonmico. Sin embargo, durante la dictadura no tenan empacho en considerar a los militantes de ETA como gudaris; eso s, engaados o envenenados por ideas marxistas.

Si el nacimiento de ETA no tuvo razn de ser, en razn a su naturaleza violenta, habra que preguntarse Por qu fue legtimo y heroico el resistir militarmente a la invasin fascista durante la Guerra Civil, o durante los aos posteriores a la ocupacin nazi (en Francia, por ejemplo), en vez de optar por la resistencia pasiva, o la autoinmolacin pacifica? Sin embargo, el PNV alardea del batalln Gernika, quien a las rdenes del general Philippe Leclerc, fue una de las primeras unidades en entrar en el Pars recin liberado.

ETA naci como un fenmeno generacional que, a la par del resurgir de las luchas obreras, el despertar del sentimiento nacional vasco y el empuje universal de los movimientos de liberacin nacional en todo el mundo, optaban por nuevos cauces de resistencia. Los primeros muertos entre ambos bandos (un guardia civil y un dirigente de ETA) fueron fruto de un encontronazo fortuito en un control de carretera y no de algo preparado de antemano. Hasta entonces, los muertos solo caan en un bando [2].

Habra que preguntarse por qu el mundo nacionalista, y en general el antifranquista, consider a esos militantes que ejercan el activismo armado como representantes de una nueva generacin empeada en desdecir los 25 aos de Paz que celebraba la dictadura. As mismo, por qu los procesados de Burgos fueron considerados como hroes y su salvacin objeto de protestas en toda Europa?

La historia es concluyente para quienes no estn presos de la batalla por un relato cargado de inters poltico que nada tiene que ver con la propia historia, salvo el de los franquistas y neofranquistas que tiene su propia versin dentro de la cual torturadores como Melitn Manazas son considerados vctimas del terrorismo.

Ningn antifranquista, nacionalista vasco, republicano espaol, comunista y o revolucionario pona en cuestin la legitimidad (s, por supuesto, su estrategia) de ETA frente al franquismo, ni la moralidad de sus actos.

Moralidad y estrategia que, ciertamente, fue cambiando. Al principio de forma apenas perceptible y ms tarde mediante cambios bruscos. Uno recuerda los debates realizados al calor de determinados sucesos fruto de endurecimiento del enfrentamiento.

No se puede olvidar el ejemplar comportamiento de unos militantes (que luego terminaron en ETA-VI), que al darse cuenta que en la redaccin del peridico donde haban colocado un artefacto explosivo se encontraba todava un trabajador y fueron a desactivarlo, explotndoles el artefacto en el intento, quedando heridos y posteriormente detenidos. O la militante que se dej detener por los obreros del astillero La Naval de Bilbao antes de disparar a los mismos, durante el atraco para la provisin de fondos para la organizacin. O el desconcierto ante la muerte de un taxista por parte de un militante herido (durante la intervencin policial en que cay buena parte de la direccin de ETA), al darse cuenta que el taxista lo quera entregar a la polica. Incluso el atentado contra la cafetera Rolando en la puerta del Sol, con vctimas civiles por medio, produjo una gran conmocin. Una cosa era Carrero y otra matar personas civiles.

Todo ello produjo discusiones sobre los fines y los medios, los lmites de la violencia y el objeto de la misma. Nada que ver con lo que ocurrira durante los primeros aos de la transicin, y los posteriores, tras los fracasos de los intentos de buscar una salida en Argel, Lizarra-Garazi y Loiola.

Los debates sobre el ejercicio de la violencia entre ETA (VI) y ETA (V)

El Zutik 57 que ETA (VI) edit en 1973 (abril-mayo) se dedic ntegramente a explicitar sus diferencias con ETA (V) en lo relativo a la lucha armada. El ttulo: ETA (V) y el activismo minoritario ya es de por s bastante ilustrativo. Un debate duro y, sin embargo, explicitado desde qu lado de la barricada se realizaba. La introduccin realizaba un sentido homenaje a la figura de Eustaquio Mendizabal, dirigente de ETA (V) asesinado por la polica franquista unos meses antes, y considerado un luchador que entreg su vida en el combate contra la dictadura, por la libertad de Euskadi [3].

El sumario del artculo es suficientemente explcito:

- las races sociales del activismo minoritario.

- una estrategia nacionalista y una concepcin militarista de la lucha revolucionaria.

- economicismo y activismo minoritario.

- de la poltica del activismo al activismo sin poltica.

- contra las simplificaciones pacifistas en anlisis del activismo.

- nuestra concepcin de las tareas militares y la actividad armada, donde se incluan apartados como: de la autodefensa obrera al armamento de los trabajadores; las tareas de autodefensa y las iniciativas de vanguardia.

Entrar en materia dara para ms que para un artculo, slo el guion ya da para situarnos donde estaban las diferencias.

Desde LCR-ETA (VI)

Ya fusionados con la LCR y convertidos en LCR- ETA-VI, prosigui el debate. La nueva organizacin estructurada a escala estatal, sin la presin resultante de tener que resaltar constantemente las diferencias estratgicas e ideolgicas correspondientes a unas siglas que solo les diferenciaban en el nmero de la asamblea correspondiente (V o VI), el debate se centraba sobre todo en los acontecimientos, siendo uno de ellos el atentado contra Carrero Blanco [4].

Desde su rgano central Combate, en un artculo titulado Debate entre revolucionarios firmado por J. Gainza, polemizaba con el PCE por acusar a ETA de hacer el juego a la fraccin ms dura del Rgimen, y no diferenciar entre la necesaria critica a la orientacin militarista del ETA (V) y la valoracin concreta de la accin por ellos protagonizada. Accin, cuyos efectos eran considerados positivos. Segn el autor la crtica no deba basarse, en un rechazo de principio de toda accin minoritaria que automticamente habra de contraponerse a la accin de las masas, sino, muy concretamente a la absoluta desconexion existente entre unas y otras. Sobre todo de cara a la clase obrera vasca, una buena parte de la cual si bien vea con buenos ojos muchas de las acciones de ETA, no asuma sus postulados.

ETA en sus reflexiones internas era consciente que su implantacin en el medio obrero esa muy deficiente respecto al elemento pulular, aspecto este que al final produjo el conflicto con su frente obrero, que termino salindose de la organizacin y creando LAIA.

La receta de la LCR era partir del principio: armar a las masas del deseo de armarse para lo cual las tareas militares deban priorizar la organizacin de la autodefensa de las luchas, combinadas con iniciativas diversas para lo cual haca falta una preparacin tcnica (en la cual la LCR se gan un merecido prestigio), desde luego nada pacificas...

Durante la fase final de la dictadura se dieron importantes enfrentamientos de masas con el aparato represivo. Dentro (y no desde fuera) de dichos enfrentamiento las organizaciones auto consideradas como vanguardias incorporaban sus conocimientos y habilidades organizativas para una mayor efectividad en el combate.

Claro que una cosa era el panorama estatal y otra el de Euskadi y sus no pocas paradojas. Recuerdo experiencias como las de Errenteria- Orereta [5]. Mientras que con el beneplcito de la asamblea de pueblo ponamos en prctica nuestras ideas de autodefensa de las manifestaciones, eran los gritos a favor de ETA las que catalizaban la situacin. Una ETA, en buena lgica (aquello no era Belfast donde el IRA intervena directamente), fsicamente ausente de esas luchas pero presente como referente simblico.

Para explicar tal fenmeno, tendramos que referirnos a una Transicin-frustracin. Periodo durante el cual miles de luchadores entraban en una onda depresiva y de desencanto por cmo se estaba consolidando dicha transicin; a la vez que otros vertan su rabia jaleando a ETA, que con el viento a favor, ampliaba su capacidad militante y militar y se converta en direccin poltica de un amplio sector de masas.

As, en el boletn de debate para el tercer congreso de LKI [6], tratando de explicar lo complejo de la cuestin, decamos ETA mantiene una vinculacin de masas que influencia, a travs de formas organizativas semi-clandestinas (KAS) y totalmente legales (HB) y sus acciones aunque minoritarias en su aspecto organizativo galvanizan amplios sectores populares. No es por tanto una organizacin conspirativa, sino la direccin poltico-militar de un movimiento socio-poltico con voluntad hegemnica dentro de la sociedad vasca, y que aspira a construir un Estado socialista vasco. En este sentido conecta ms con la tradicin de la resistencia popular irlandesa, con races dentro de la sociedad que en la cualquier teora conspirativa que pretende eliminar la tirana por la eliminacin de sus cabezas visibles. (...) Nos encontramos ante un problema muy complejo, de una direccin poltica a caballo entre el militarismo y el revolucionarismo radical con proyeccin de masas.

De los debates hiper-ideologizados y tericos, basados muchas veces en lejanas experiencias ms que en las propias, el xito de ETA en medio de un proceso de transicin donde ya se operaba dentro de la legalidad, a muchos nos dejaba bastante perplejos. Con dificultad para compaginar entre los que creamos estratgicamente necesario y una realidad que se impona.

Ciertamente, no por ello abandonamos nuestras convicciones y nuestras teoras sobre el trasncrecimiento de las luchas elementales (huelgas generales, autodefensa obrera, milicias obreras, trabajo en el aparato de estado, etc.) a la destruccin del Estado burgus. Mantenamos la ortodoxia: A diferencia de los reformistas, los partidos revolucionarios defienden el uso de la violencia, hoy para las luchas defensivas, maana para saldar la deuda que tiene con nosotros el capitalismo. A diferencia de los militaristas, o de las corrientes sustituistas, no creemos que la direccin militar sea un problema de los especialistas y de un partido revolucionario constituido en organizacin militar. Con palabras de Lenin afirmamos que: la insurreccin debe apoyarse no en un complot ni en un partido sino en la clase avanzada.

Pero magros eran los logros en relacin al objetivo final, mientras que ETA estaba ah con miles de seguidores en las calles jaleando su intervencin.

La transicin, un cambio de paradigma

No hay ruptura democrtica, pero si un nuevo rgimen con un nivel de legitimidad diferente al de la dictadura. La Transicin a pesar de ser cuestionada por sectores importantes de la poblacin vasca, se legitima en todo el Estado y tambin en buena parte de Euskal Herria, sobre todo a partir de la instauracin del Estatuto de Autonoma, y la influencia del PNV en la nueva situacin.

Paradjicamente, durante ese periodo, lo que va desde el inicio de la transicin hasta finales del 80 (primeras negociaciones de Argel) ETA demostr una capacidad mortfera, como nunca la tuvo durante la dictadura. Desde LKI (LCR en Euskadi), no sin dificultades, combinamos la crtica a dicha actividad (como poltica y estratgicamente intil desde una perspectiva emancipatoria) a la vez que defendamos, an, su legitimidad frente a un Estado heredero del franquismo, sin depurar sus aparatos represivos, y que se arrogaba para si la legitimidad en exclusiva del uso de la violencia [7] y que negaba el derecho de autodeterminacin adems de apuntalar el sistema capitalista.

A pesar de las crticas, siempre fuimos contrarios a la represin y sobre todo al aumento de las medidas antiterroristas (Plan ZEN). Y nunca abandonamos la perspectiva de una salida negociada al conflicto. Hasta que ello result no solo imposible sino insostenible, abogando claramente por el abandono unilateral por arte de ETA [8].

Con el PSOE en el gobierno, desde las cloacas del Estado, nace la guerra sucia cuyo objetivo es la eliminacin fsica de miembros de ETA y afines y, sobre todo, presionar al Gobierno francs para que desarticule el santuario al otro lado de la frontera. Curiosamente, una tctica utilizada a veces por ETA: forzar mediante atentados una situacin que empujase a la poblacin civil a presionar contra el gobierno (cosa que nunca ocurri) para que este buscase una solucin; en este caso resulto efectivo en relacin al gobierno francs. Este no puede admitir que la confrontacin se lleve en su territorio y arremete contra ETA, obligandole a pasar e la clandestinidad o a desaparecer de Iparralde.

La irrupcin del GAL, evidentemente nos coloco no pocas veces dentro de un amplio movimiento de protesta que denunciaba al PSOE como responsable de tal engendro. Adems de toda la corruptela que acompao a los fondos reservados de la lucha antiterrorista.

Los aos 90: Un cambio de escenario

Al inicio de los 90, LKI se fusiono con el EMK conformando la organizacin Zutik [9].

ETA entraba en los 90 con la mirada puesta en los juegos olmpicos de Barcelona, y la esperanza de que mediante un aumento de la presin militar se lograra una salida definitiva al conflicto. El resultado fue catastrfico, tanto para ETA (no logr sus objetivos y su direccin fue detenida en la localidad de Bidart) como para la sociedad en general, que sufri los efectos de la generalizacin de formas de luchas con un sesgo cada vez ms terrorista: atentados indiscriminados, coches bomba, asesinatos polticos, etc. Devido a ello, nuestro distanciamiento fue en aumento.

En una de las ponencias para el 2 congreso de Zutik escribamos. El caso es que en Argel acaba una determinada forma de enfocar la negociacin por parte de ETA, as como el nico intento serio realizado por el gobierno central () En el nuevo periodo ETA pasa a centrarse exclusivamente en su fuerza militar (sin importarle el efecto que ello pueda tener en sus aliados y simpatizantes en el estado espaol, notablemente en Catalua) dotndose de nuevos y conflictivos medios, tales como los coches bomba orientados contra las fuerzas de seguridad del Estado pero incontrolables por sus efectos sobre la poblacin civil. Empiezan los atentados en lugares pblicos como centros comerciales, vas frreas () con el objeto de generar un estado de nimo en la sociedad de hartazgo, a favor de la negociacin.

Hipercor simboliza el lado ms despiadado de esa tctica () La lnea Oldartzen, y la teora de la socializacin del sufrimiento parte de la idea de que no hay mejor defensa que un buen ataque y que ello exige contundencia militar por encima de cualquier otra consideracin. Dentro de esa tctica no caben sutilezas. Las posturas crticas no tiene cabida, son combatidas como liquidacionistas... supone tambin una mayor cerrazn, brotes de intolerancia hacia sectores opositores por el mero hecho de llevar un lazo azul () la batalla por extender la influencia social, por romper el cerco del Estado y del abandonada a favor de la solidez del propio campo.

En ese contexto nacieron las primeras organizaciones pacifistas anti- ETA, y el Pacto de Ajuria-Enea, las cuales supusieron un cambio importante, en la medida que empezaron a disputar a la izquierda abertzale la hegemona que hasta entonces tenia a nivel de calle. En ese contexto tambin, se despliega la ofensiva ideolgica segn la cual la sociedad vasca esta dividida entre demcratas y terroristas, burda pero efectiva, ya que crea un muro de separacin casi impermeable.

ETA, a pesar del lanzamiento de su oferta democrtica para la solucin del conflicto, es incapaz de dar vuelta a esa situacin, y para las organizaciones de izquierda revolucionaria, la situacin es harto complicada, en la medida que no puede situarse en el lado de quienes propugnan la socializacin del sufrimiento, pero tampoco de quienes auto-considerndose demcratas, no dudan en defender un Estado creado en buena parte por el chantaje de la violencia (la presin de los llamados innombrables) y que no duda en emplearla en todas su facetas (legislativa, guerra sucia, represin policial y tortura, etc.).

La sociedad vasca estaba traspasada por diferentes violencias, y la democracia tenia muchos colores y matices.

Posteriormente, vinieron los secuestros de empresarios, de Ortega Lara, y el asesinato de Miguel ngel Blanco concejal del PP en Ermua. Y el ascenso de un PP casi marginal en la CAV hasta situarse a la cabeza del constitucionalismo y desarrollar un discurso antinacionalista que tocaba el ala del propio PNV.

Los frustrados intentos de Lizarra-Garazi y Loiola

El nuevo clima produjo la ruptura del pacto PNV-PSOE, y la desaparicin del espritu de Ajuria-Enea la creacin de dos bloques confrontados. Como resultado de ello, y en parte por influencia del proceso Irlands, se dio el pacto de Lizarra-Garazi, resultas de la cual, ETA ofreci una nueva tregua que en un principio se supona de larga duracin. As mismo, el surgimiento de Euskal Herritarrok supuso un repunte importante de la izquierda abertzale y la constatacin de que los ascensos y descensos de la influencia de la izquierda abertzale en ese periodo oscilaba segn ETA entrase en tregua o reanimase la actividad armada.

La posterior ruptura de la tregua y del Pacto de Lizarra-Garazi, y la escalada represiva policaco-legislativa del Gobierno de Aznar con su ley de partidos incluido, fue acogotando el espacio para una hipottica negociacin. Son tiempos en que nuestro posicionamiento crtico con ETA es ms tajante que nunca (no solo se cuestiona la utilidad, tambin su legitimidad), y las reflexiones sobre violencia y no violencia y la desobediencia civil como estrategias ms acordes a los nuevos tiempos se van perfilando en anlisis y debates a diferentes niveles [10].

La entrada en escena del llamado terrorismo islmico con la masacre del 11M, y la posterior victoria del PSOE, propici lo que se llamaron los acuerdos de Loiola, siendo este el ltimo intento de lograr un acuerdo que posibilitase el fin de ETA va bilateral. Se perfil un posible trnsito por dos carriles, el llamado de los partidos polticos, el que tenan que desarrollar el Estado y ETA para los aspectos concretos de la lucha armada. Fue intil.

El atentado de la T4 en Barajas, dinamit toda posibilidad de avanzar en el terreno poltico y en el de la pacificacin; adems, el surgimiento de las organizaciones de vctimas, los cambios en el cdigo penal, aadieron ms obstculos y todo lo que sigui condujo a un final unilateral por parte de ETA [11].

A modo de consideracin final

La mayora de la sociedad vasca llevaba tiempo deseando el final de ETA. Yo tambin.

Mis razones nunca han sido ni son las del sistema y sus defensores, ni estn fundamentadas en unos preceptos ticos abstractos, los cuales, al igual que la aspirina, valen para todo tipo de dolores. La nocin del bien y del mal del PP (por ejemplo, en el tema del aborto), o de cualquier demcrata neoliberal, y la de un anticapitalista y antiimperialista no pueden ser iguales o similares, por ms que todos nos declaremos fervientes defensores de los derechos humanos. Con la excusa del antiterrorismo, el Estado espaol ha restringido libertades (ley de partidos, etc.) y conculcado derechos humanos (claramente denunciadas por Amnista Internacional en relacin a la tortura en comisarias y la penosa situacin de los presos y presas).

Hablando claro: yo no he deseado un final policiaco-represivo de ETA del tipo derrotado y cautivo el ejrcito rojo, la paz reina en Espaa; o el orden constitucional, que no es lo mismo pero algo se le parece. El discurso sobre el final de ETA que se va imponer supondr una cerrada defensa de la poltica antiterrorista, de la legislacin desarrollada y de la poltica represiva efectuada, incluida la guerra sucia, aunque esta se defienda por con la boca pequea. Lo cual nada tiene que ver con lo que se supone es inherente a un Estado verdaderamente de derecho.

No por casualidad el ejrcito vencedor de la guerra civil impuso una Transicin a la medida de sus deseos (que rechaz la Repblica y no reconoce ms soberana que la de la nacin espaola), y posibilit, adems, que los que hoy claman ni olvido ni perdn! se beneficiasen del borrn y cuenta nueva. El PP tuvo por presidente a un ex ministro franquista responsable directo de masacres como la del 3 de marzo de 1976 en Gasteiz. Esto es, quienes durante la Transicin alabaron el cambio de chaqueta de tantos falangistas convertidos en demcratas de toda la vida, pretenden negar a las gentes de la Izquierda Abertzale la posibilidad de liderar un cambio de estrategia.

Por lo contrario, he deseado una decisin unilateral de ETA, tal como ha ocurrido al final.

En primer lugar, para dar fin a una estrategia que adems de generar un terrible e intil dolor entre sus partidarios y adversarios, entorpeca y envileca la lucha en pro de la soberana del Euskal Herria.

En segundo lugar, para superar los obstculos existentes para logar un acuerdo satisfactorio en torno a las vctima, los presos y exiliados y, en general, a todos los directamente afectados.

En tercer lugar, para que desapareciese el tutelaje que ejerca ETA en el plano poltico-general. Aunque debe de quedar claro que, por desgracia, no desaparecer otro tutelaje bien nefasto. El de unas FF AA encargadas de la defensa de la soberana y unidad territorial del Estado

En cuarto lugar, porque no comparto el argumento de que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que todo intento de transformarlo de raz mediante una estrategia rupturista nos llevara a horrores sin cuento.

Y en quinto lugar, para que se facilite y allane el camino ya iniciado por la izquierda abertzale para conformar un nuevo proyecto [12].

Ahora da comienzo la batalla del relato [13]. Tambin de la venganza institucionalizada por parte de quienes defendieron el borrn y cuenta nueva respecto a la dictadura y ahora ni perdonan, ni olvidan, ni quieren que el tema desaparezca del panorama poltico porque ello le sigue dando rditos polticos.

Pero ese es otro tema, que lo dejaremos para otro momento.

Notas:

[1] ETA ha tenido planteamientos estratgicos diferentes. Desde 1963 a 1965, formulada como de guerra revolucionaria. Explicitada a modo de resolucin congresual pero nunca puesta en practica. Desde 1965 hasta 1974 la caracterizada como espiral-accin-represin accin", que se puso en practica a partir del la muerte del Inspector Melitn Manzanas; y desde l 974 en adelante, la estrategia negociadora, con planteamientos tctico estratgicos diferentes segn cambiaba la situacin poltica. Durante ese periodo ETA se organizaba en cuatro frentes: el militar o principal, el econmico, el cultural y el poltico. Tras la divisin entre ETA PM y ETA Militar, esta rama, se centrara exclusivamente en dicha vertiente. Fue durante la transicin cuando se formul un nuevo esquema movimentista, con el fin de agrupar al conjunto de organizaciones de lo que se llamo el MLNV (ETA-KAS-HB y movimientos sociales afines, autnomos entre si pero parte de un nico proyecto).

Conveniente la lectura del libro de Pedro Ibarra Gel: La evolucin estrategia de ETA: 1963-1987

[2] Unos aos antes un control de la Guardia Civil en Bolueta (Bizkaia) acribill el coche de Javier Batarrita Elexpuru, asesinndolo sin piedad. Los responsables fueron absueltos.

[3] Un ilustrativo ejemplo es este prrafo: Nadie pone en cuestin la vala, el coraje, de los activistas de ETA-V-. La cuestin es otra; reside en analizar qu implicaciones tiene su prctica cara el movimiento revolucionario y, en particular, ante la solucin del problema nacional vasco".

[4] Ver los papeles en la web de la Historia de la LCR Gainza, J., La ejecucin de Carrero: Un debate entre revolucionarios, Combate n 22, 12 de enero de 1974, pp. 12-17. (Doc. 3.2) http://cdn.vientosur.info/Capitulo%203%20PDFs/Doc.%203.2.pdf

[5] //info.nodo50.org/1976-79-la-Asamblea-de-Errenteria.html,

[6] En la introduccin de la ponencia, hacamos nuestra la metfora la violencia como partera de la historia en tanto que conclusin materialista del desenvolvimiento de la lucha de clases. Ningn cambio (sentencibamos), desde el esclavismo, pasando por el capitalismo hasta la dictadura del proletariado escapa a esa ley de bronce.

[7] Era la poca en que Martin Villa afirmaba: los muertos de ETA son asesinatos, los nuestros errores.

[8] Siempre fue complicado en medio de tal polarizacin mantenerse crtico a ETA, sin desplazarse al campo del sistema. Mejor o peor, as lo hicimos hasta el final.

[9] ZUTIK, fue el nombre del primer peridico de ETA, posteriormente de ETA (VI) y LKI, y que se convirti en el nombre de la nueva organizacin. Es tambin el inicio de la estrofa de la Internacional en Euskara: Zutik lurrean kondenatu...

[10] http://pedrobrieger.blogspot.com.es/2009/03/joxe-iriarte-bikila-deslegitimamos-la-s.html

[11] Recientes confesiones de militantes de ETA, activos durante aquel periodo, reconocen que para aquel entonces estaban convencidos de que tenan que dar fin al periplo de la lucha armada (incluso de que lo de la T4 supuso un grabe error) pero se sentan incapaces de encontrar el medio de salir del atolladero, hasta que decidieron hacerlo de forma unilateral y sin contrapartidas.

[12] http://vientosur.info/spip.php?article5916,

[13] http://vientosur.info/spip.php?article12505.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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