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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-05-2018

Ya nada ser igual
Venezuela y la crisis de la civilizacin petrolera

Emiliano Teran Mantovani
Aporrea


Consumadas ya las elecciones presidenciales, es necesario nuevamente subrayarlo: independientemente de cunto tiempo dure Nicols Maduro como primer mandatario; independientemente de si las lites que gobiernen en los prximos meses o aos, sean militares, empresarios, derechas, izquierdas, populistas, tecncratas, socialistas, neoliberales, blancos, azules o rojos; finalmente todos tienen y tendrn que enfrentar al desmoronamiento de los viejos pilares de una economa, una sociedad, una nacin que fueron construidas en torno a un petrleo altamente rentable, fluido, abundante y estable. Eso est llegando a su fin.

Y si sirve la metfora del Titanic para pensar nuestro rumbo actual, entonces agreguemos que en nuestro caso el barco no navega en aguas tranquilas (como aquel), sino que est siendo sacudido por la tormenta de la crisis energtica global. Todo es parte del mismo proceso mundial. Si usted est buscando una de las ms claras expresiones de la crisis de la civilizacin petrolera, pues ponga sus ojos en Venezuela.

A qu nos enfrentamos?

a) No estamos en capacidad de predecir el rumbo de los precios internacionales del crudo:Durante el boom de precios del petrleo en la dcada pasada, e incluso con el repunte que se dio despus de la debacle de 2009, numerosos analistas planteaban que estos marcadores se mantendran altos, debido a las necesidades de elevados ingresos para cubrir los costosos proyectos de hidrocarburos no convencionales que venan en auge tales como los petrleos de esquisto o las arenas bituminosas, mientras que los crudos ms rentables aprovechaban la renta diferencial.

Este fue uno de los principales argumentos sostenidos por analistas, asesores y propagandistas para justificar las alucinantes metas de extraccin petrolera para la Venezuela del futuro (recordemos los 6 millones de barriles diarios para 2021, basado principalmente en 4 millones solo en la Faja Petrolfera del Orinoco - FPO), lo cual sera la base para llevarnos a ser una Potencia Energtica Mundial.

Lo que planteamos no es una tajante afirmacin de que el petrleo se mantendr en valores discretos, o bien afirmar, ahora que vienen subiendo los precios, que lograr mantenerse en niveles altos, sino que la propia volatilidad se est convirtiendo en la normalidad. Si la economa venezolana depende completamente del petrleo y esto tambin es el resultado de haber orientado una poltica de expansin del extractivismo esto implica que el propio proyecto poltico y la estabilidad social se volatilizan con el vaivn desenfrenado de los precios del crudo.

 

b) Un horizonte extra-pesado: chicos, el negocio ya no es tan rentable como antes: el progresivo declive de los crudos convencionales de las cuencas petroleras tradicionales, junto con particulares intereses en el desarrollo de la FPO nos han llevado a que la actual composicin de los crudos extrados en Venezuela sean ya en su mayora pesados y extra-pesados (casi el 60% del total).

Es necesario recordar que este tipo de hidrocarburos son los ms difciles de extraer, difciles de procesar, por tanto ms caros, generan mayores impactos socio-ambientales, requieren mayores niveles de energa por unidad extrada y procesada, y en general son econmicamente menos rentables y representan inversiones ms inestables.

Lo que nos parece ms significativo de este asunto, es que el problema va ms all del propio negocio petrolero y la salud econmica de Petrleos de Venezuela (PDVSA). Por el enorme significado que tiene esta industria para el pas, estamos hablando de una afectacin estructural de la rentabilidad del factor dinamizador por excelencia de la economa nacional, y por tanto un lmite histrico del modelo de acumulacin dominante, del capitalismo rentstico. Esto, adems, impacta determinantemente en las estructuras de poder construidas en torno al Petro-Estado e incluso en todas las instituciones sociales, polticas y econmicas alimentadas por la renta petrolera.

Basado en estos y otros factores, en el libro El fantasma de la Gran Venezuela propusimos en su momento una crtica al proyecto de la FPO y sus dimensiones faranicas, debido a la sensible relacin entre el enorme nivel de inversin requerida en pocos aos ms de 240 mil millones US$, los lmites del modelo de acumulacin y gestin centralizada del Petro-Estado, la inestabilidad y financiarizacin del mercado petrolero internacional y los peligros de potenciar un nuevo ciclo de endeudamiento pblico (externo) y posterior proceso de acumulacin por desposesin. Todo esto en el marco de un proyecto pas de proyeccin de mediano y largo plazo, basado en una alta concentracin del rol de los sectores extractivos (ms extractivismo). Hasta ahora las tendencias han apuntado dramticamente hacia la agudizacin de estos procesos crticos sealados.

No bastar la contra-propuesta de los tecncratas que anuncian que el problema se resuelve re-organizando la industria sobre la base nicamente de criterios de eficiencia y rentabilidad. El petrleo es un asunto poltico, en la medida en la que ha sido la base material de la gobernabilidad en la Venezuela contempornea, el factor posibilitante del sueo de riqueza y progreso nacional. As que en realidad, al volver a plantear que el trozo de la torta para la poblacin debe ser ms pequeo, reavivar viejos conflictos, atizar los actuales y crear otros nuevos.

 

c) Se modifica el mapa de actores en el mercado energtico mundial: es importante recordar el rol internacional que desde dcadas atrs ha jugado Venezuela, por ejemplo, en el nacimiento de la OPEP en 1960. Su influencia internacional contempornea ha estado fundamentalmente determinada por su papel como un importante exportador de crudos y su capacidad de construir coaliciones geopolticas en torno al petrleo. En este sentido, conviene resaltar dos factores: el primero, es que la afectacin estructural del proceso de acumulacin de capital domstico tiene impacto en el rol poltico del Petro-Estado venezolano y por tanto afecta su influencia internacional y su capacidad de negociacin (elemento muy estudiado por Bernard Mommer en La cuestin petrolera). El segundo factor, es que los cambios en el mercado energtico internacional han modificado el conjunto de los grupos y bloques de poder que se configuran en torno a los hidrocarburos, resaltando la prdida de influencia geopoltica de la OPEP, el crecimiento de algunos grandes productores no-OPEP a partir de sus reservas no convencionales (como los mismos Estados Unidos) o el incremento de la importancia de los sectores financieros en el negocio.

 

d) No estamos en capacidad de saber cmo se comportar la brecha entre oferta y demanda mundial de crudos en el futuro: Uno de los factores clave de la crisis energtica global es la brecha que se va configurando entre la demanda y la oferta mundial de crudos. La demanda se proyecta en los prximos aos a un incremento en trminos absolutos y por las crecientes necesidades de energa es claro que tiene una base que a pesar de los factores de crisis y volatilidad se mantiene invariable. Mientras tanto el mantenimiento de la oferta se enfrenta no slo a las limitaciones fsico-geolgicas del declive de las fuentes convencionales, sino tambin a crecientes necesidades de inversin para mantener el ritmo expansivo de la demanda.

Dichas inversiones se ven limitadas o ralentizadas por la crisis econmica global, la volatilidad de los precios de los hidrocarburos y las tendencias anuales al incremento de los costos de produccin de los crudos a nivel mundial. La brecha entre demanda y la oferta podra crecer. Esto supone una situacin determinante y excepcional que tiene y tendr enormes repercusiones en todas las economas del mundo.

Esto obliga a re-evaluar el rol relativo del petrleo en un mundo que podra apuntar al incremento proporcional de la importancia de otro tipo de energas (sin que esto implique decir que el petrleo deje de ser un commodity de gran importancia). Las presiones para impulsar polticas ante el agravamiento del cambio climtico o las expectativas e iniciativas econmicas (oportunidades de negocio) hacia otros mercados energticos refuerzan estas tendencias.

Al mismo tiempo, lo que ocurre en Venezuela (incluyendo la actual debacle de la operatividad de PDVSA y las cuotas de produccin diarias) es tambin expresin de los factores que provocan este desacoplamiento energtico oferta-demanda, y las limitaciones que va teniendo la propia industria petrolera. Adems hace evidente una reflexin crtica sobre la viabilidad de las inversiones en la ampliacin del extractivismo en la FPO (ej. tener que competir con crudos convencionales en un contexto de severa crisis econmica global y tendencias al crecimiento estacionario), y amarrar la economa nacional a este tipo de proyectos.

Mientras tanto, antes de la actual situacin de emergencia para tratar de recuperar anteriores niveles de produccin (cuando se mantenan en alrededor de 3 millones de barriles/da), el Gobierno nacional se ha tambaleado en la esquizofrenia discursiva de anunciar recortes de la misma para favorecer el incremento de los precios internacionales acuerdos con productores mundiales y OPEP, al tiempo que declara que el proyecto de la Venezuela Potencia Energtica se basa en el incremento de la produccin hasta 6 millones de barriles diarios (emulando adems la propuesta neoliberal de los aos 90).

 

e) La larga crisis del capitalismo rentstico es tambin una crisis de los propios mecanismos correctivos del sistema: el petrleo no slo ha generado renta; tambin ha constituido las estructuras de poder del Petro-Estado, ha formateado las instituciones republicanas, y ha impactado determinantemente en las esferas societales. Por lo tanto, una crisis del modelo no es slo econmica: es tambin sistmica, integral y multidimensional.

En este sentido, la debacle de los circuitos del negocio petrolero, y por tanto de los procesos de acumulacin, van socavando las propias capacidades para la captacin, centralizacin y retencin de la renta petrolera, y por tanto la capacidad de respuesta del Petro-Estado (y las lites gobernantes) para enfrentar la crisis y poner en marcha polticas coherentes para salir de la misma. Podramos decir que la historia de Venezuela de los ltimos 40 aos es tambin la de la relacin entre la crisis del modelo de acumulacin y la crisis de hegemona.

Por estas razones, es imperioso mencionar que el incremento de la conflictividad poltica nacional ha potenciado estas dinmicas, llevando la resolucin de las crisis al plano de la confrontacin por medidas de fuerza. Las sanciones econmicas impuestas por el Gobierno de los Estados Unidos contra PDVSA y, en general, bloqueando operaciones financieras con Venezuela, atacan estas vulnerabilidades descritas, al tiempo que buscan ser detonantes de un colapso de amplia escala.

Es en todo este marco crtico en el cual la corrupcin hace metstasis, y aparece como uno de los principales mecanismos de captura y distribucin de la renta, motorizada por una relativamente desordenada disputa de intereses particulares para apropiarse de los excedentes rentsticos. Al mismo tiempo, esta precariedad de la economa formal, le ha dado cabida a un extraordinario auge de las economas informales. Estos factores representan la emergencia de mltiples puntos de fuga fragmentados para confrontar la crisis, que antes que rasgos cooperativos, parecen ser fundamentalmente competitivos.

 

f) Ecologa poltica y economa ecolgica del petrleo: los daos colaterales del desarrollo rentista se han vuelto sencillamente insostenibles: la historia del desarrollo del capitalismo rentstico es tambin la historia del progresivo socavamiento de los medios ecolgicos de vida de los y las venezolanas, principalmente al norte del ro Orinoco. Esta zona septentrional ha sido altamente degradada (ej. un 50% de su superficie ha sido deforestada) y la poblacin va sintiendo cada vez ms la sensible precariedad que se ha establecido en la distribucin ecolgica (veamos por ejemplo la grave situacin actual del agua). El proyecto de la FPO tendra consecuencias ambientales devastadoras como lo explicamos detalladamente en El Fantasma de la Gran Venezuela y mucho ms si los dispositivos para la recuperacin de la tasa media de ganancia apuntan a la radicalizacin de las externalizaciones ambientales. Una proyeccin de mediano y largo plazo de este extractivismo petrolero es simplemente irrealizable en trminos ecolgicos y constituye un salto al vaco.

 

Buscar alternativas: las bases materiales de una coalicin popular contra-hegemnica

Los nuevos escenarios del petrleo y los hidrocarburos marcarn la geopoltica global, los patrones energticos, y en especial a las economas estructuradas en torno a los crudos. Marcar a Venezuela y al propio desenlace de la crisis actual, como ya lo est haciendo en la actualidad. Debemos prepararnos y tratar de trascender los delirios retricos o econmicos del extractivismo.

Lamentablemente los lderes de los principales grupos polticos hacen caso omiso de esta situacin, ponindonos en una condicin sumamente crtica y vulnerable. No es slo el gobierno de Nicols Maduro, sino tambin los delirios extractivistas que tuvieran Henrique Capriles Radonski Petrleo para tu progreso o Leopoldo Lpez Petrleo en la Mejor Venezuela como modelo de pas para el futuro. Todos comparten la misma receta expansiva.

Preocupa la consciente evasin para generar debates pblicos, inclusivos y verdaderamente vinculantes de temas tan medulares como estos, que en cambio no se discuten, o se tratan con slogans y superficialidades. Tambin inquieta la permanente desestimacin y omisin de alternativas que surgen desde diferentes actores polticos y sectores de las organizaciones sociales. Por ejemplo, las posibilidades de invertir en la recuperacin secundaria en pozos convencionales que an tienen en promedio una vida de 60 a 70 aos, suficiente tiempo para financiar una transicin de modelo; el aprovechamiento de la capacidad instalada para la produccin econmica y generacin de energa; relanzamiento productivo de tierras ociosas y el incentivo a las iniciativas productivas existentes (en vez de ser atacadas); una poltica fiscal que cargue a los sectores econmicamente ms poderosos; entre muchas otras.

Estamos ante una situacin de cambios significativos y esto supone la activacin de novedosos mecanismos polticos, sociales y epistmicos para enfrentarla. Planteamos que, un camino diferente, productivo, inclusivo y participativo, y ecolgicamente sustentable, no ser impulsado desde las lites polticas y econmicas del pas, sino que tendr que venir como propuesta impulsada y peleada desde las bases sociales, sobre todo las ms organizadas.

Sabemos que esta crisis ha impactado notablemente el campo popular, sus horizontes, sus energas, sus tejidos, sus esperanzas. No queda ms que comenzar a crear a partir de lo existente, reinventarnos, reencontrar las potencialidades de un pueblo que ha sabido ocupar las calles por sus demandas, que ha sabido ser torbellino, enjambre, pica. Pero debemos insistir: necesitamos otros cdigos, otros sentidos comunes, otras valoraciones, otras subjetividades. Esta crisis est tambin sostenida por los paradigmas epistmicos y antropolgicos de la cultura del petrleo.

Ms all de la retrica, creemos que es posible orientar una coalicin popular contra-hegemnica a partir de dos de los factores materiales fundamentales que rigen la organizacin de la vida: la distribucin econmica y la distribucin ecolgica. Es decir, para nuestro caso, la confluencia entre demandas por mayor justicia en la distribucin de la renta petrolera y las luchas contra el extractivismo en los territorios.

Respecto a la primera, creemos que un factor que puede nuclear movilizaciones de grupos muy diversos tiene que ver con la creacin e impulso de una amplia plataforma para una auditora de todas las cuentas pblicas: asignacin de presupuestos y partidas, inversiones en proyectos, adquisicin de deuda pblica (en especial la externa o externalizada), y un largo etctera. Este tipo de propuesta ha sido impulsada en otros pases y en Venezuela se ha promovido desde organizaciones como la Plataforma para la Auditora Pblica y Ciudadana y el Captulo Venezuela del Comit para la Anulacin de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM-AYNA). Lo ideal es lograr formas variadas de participacin popular en dichas auditoras, as como poder impulsar la formalizacin de mecanismos permanentes de contralora social de las cuentas pblicas, como los llamados Gobiernos electrnicos o e-gobiernos.

En relacin a la distribucin ecolgica, es fundamental hacer visible que la propia existencia y distribucin de la renta est determinada por los diferentes proyectos extractivistas, que suponen impactos territoriales, socio-ambientales, culturales y, en general, econmicos negativos. Esto supone vincular directa o indirectamente a las organizaciones y bases movilizadas por las auditoras pblicas con los diferentes conflictos y movilizaciones que se producen en el pas en torno a la defensa de los bienes comunes y de la justicia ambiental (pinsese en las mltiples protestas por el acceso al agua que se desarrollan en el pas), y poder evidenciar tanto el origen de la cadena de desigualdades, explotacin y pobreza, conocer el conjunto de las injusticias que genera el modelo de desarrollo, as como la necesidad de una integralidad de las luchas por la reproduccin social de la vida.

Se trata inclusive de un proceso altamente pedaggico para el propio campo popular, como ha ocurrido en otros pases latinoamericanos en los ltimos aos, en torno a la coalicin de diversas luchas econmicas, polticas y ecolgicas.

El Arco Minero del Orinoco, mega-proyecto propuesto por el Gobierno nacional para enfrentar la crisis estructural del modelo rentista petrolero, revela tal vez con mayor claridad la confluencia de muchos de los factores crticos descritos: el impulso de falsas soluciones (salir de la crisis creada por el modelo extractivista, con ms y nuevo extractivismo), la opacidad de los convenios y acuerdos, el respaldo de la deuda asumida irresponsablemente con la mercantilizacin de la naturaleza de nuestros territorios, y los mltiples impactos socio-ambientales que conllevar el proyecto.

Estos factores materiales son uno de los ms sensibles a la poblacin y constituyen tanto algunas de las urgencias inmediatas para confrontar la situacin con justicia social y ambiental, como la apertura de ms espacios para discutir y confrontar los temas medulares que tienen que ver con el propio modelo de sociedad que queremos y que no queremos. Es apenas una propuesta ms para empezar a nuclear voluntades.

 

*Emiliano Teran Mantovani es socilogo de la UCV, ecologista poltico e investigador asociado al Centro de Estudios para el Desarrollo (CENDES). Participa en el Grupo Permanente de Trabajo Sobre Alternativas al Desarrollo organizado por la Fundacin Rosa Luxemburgo y es miembro de la Red Oilwatch Latinoamrica.

https://www.aporrea.org/energia/a263956.html


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