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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-05-2018

La aventura de la maternidad en Etiopa
28 das para una vida

Xabier Aldekoa
La Vanguardia


Nura Mursal tiene 30 aos y una pena en el pecho que le dura once. Con 19 aos, vivi la experiencia ms triste que una madre puede sufrir jams. Aquel da en el interior de una casa de adobe y paja en la aldea de Tsore Almetema, en la frontera de Etiopa y Sudn, ahogaba los gritos de dolor y apretaba la mano de una comadrona tradicional para dar a luz a su primer hijo. El beb muri a las pocas horas. Naci sin fuerza para la vida, sin nimo para mamar. Nura dice que nunca ha olvidado aquel dolor. Tena miedo, cada vez que daba a luz me acordaba de mi primer hijo. Ese temor le ha sacudido varias veces: ha tenido seis hijos ms. El desconsuelo de Nura por aquel beb muerto es una condena compartida.

En el mundo, mayoritariamente en pases pobres, cada ao 2,6 millones de recin nacidos mueren antes de cumplir 28 das de vida, un milln de ellos, durante las primeras 24 horas. El 80% de los 7.000 bebs muertos cada da se produce por causas evitables como partos prematuros, complicaciones durante el nacimiento o infecciones. Simplemente con cuidados sanitarios de calidad y accesibles, una buena alimentacin y agua potable podran evitarse decenas de miles de muertes.

Hoy Nura recuerda su primer parto fatal con voz serena, una mirada negra y la determinacin de que va a hacer lo imposible para evitar que le ocurra otra vez. Con un gesto suave, cubre a su ltimo hijo, Abdulaye, con una manta azul de Hello Kitty mientras espera a que le ausculte una enfermera del centro de salud de Homosha, en la regin de Benishangul-Gumuz, en el este de Etiopa. Aunque Abdulaye ha cumplido tres meses y ha pasado la fase ms crtica, su madre sabe por experiencia que hasta los cinco aos el riesgo ser alto.

Otro de mis hijos muri a los dos aos y dos meses por una infeccin en el estmago; ahora, en cuanto veo que Abdulaye llora demasiado, lo traigo aqu. Abdulaye tiene mofletes generosos, el pelo rizado y es el primero de los siete hijos de Nura que nace en un centro sanitario y no en su casa. Tambin es un smbolo nacional. Etiopa ha lanzado en los ltimos aos una cruzada contra la mortalidad infantil y en especial contra los fallecimientos de menores de 28 das de vida y los partos en el hogar. Aunque el Estado africano sigue siendo uno de los pases ms peligrosos del mundo para dar a luz, del ao 2000 al 2016 ha reducido, segn estadsticas gubernamentales, un 50% las muertes neonatales.

El descenso de muertes entre nios de un mes a cinco aos es an mayor: en tres dcadas han pasado de 205 muertes de cada 1.000 nacimientos a 67; dos tercios menos. Tanto en Etiopa como en el mbito internacional las muertes de bebs menores de 28 das no se han reducido tan rpido por una cuestin prctica: la solucin no pasa por una simple vacuna o una pastilla sino por una mejora general del sistema sanitario de cada pas y una red de atencin accesible y de calidad para las mujeres embarazadas. Se necesita, por tanto, planificacin, un inters gubernamental sostenido y dinero.

La sonrisa agotada y satisfecha de Amina Babekir, de 26 aos, avisa de que algo se mueve en Etiopa. A su lado, tumbado en la cama, un beb de piel castaa reclama su pecho con los ojos an cerrados. Ha nacido en el centro sanitario de Homosha hace apenas cuatro horas y an no tiene nombre. Si todo va bien, en una semana haremos una ceremonia y le pondremos uno.

En la ltima dcada, Etiopa ha creado una red sanitaria general formada por tres niveles de asistencia, con puestos de salud bsicos en las aldeas, centros sanitarios de tratamiento intermedio en poblaciones algo ms grandes y hospitales primarios o especializados en las ciudades principales.

Esa estrategia est detrs de la decisin de Amina de dar a luz a su tercer vstago en un centro de salud, a diferencia de sus dos primeros hijos, nacidos en casa. Antes no saba que tena esta opcin. Un grupo de mujeres vino a mi aldea a informarme y decid venir. Fue imprescindible que tuviera la posibilidad. En una zona rural y empobrecida como Benishangul-Gumuz, donde las mujeres tienen de media 5,2 hijos y slo el 38% sabe leer y escribir, las facilidades de acceso son clave.

Desde hace ocho meses, la asistencia durante el parto, el pos-parto y a menores de 5 aos con un coste de unos 100 Birr, tres euros, de media es gratuita gracias al apoyo de Unicef, que tambin da formacin a enfermeros y especialistas, adems de coordinar grupos que informan a las futuras madres en las aldeas.

El primer objetivo es evitar el riesgo de los partos en el hogar; el segundo, consolidar una alternativa de salud de calidad, pero sin creer en varitas mgicas.

Hiwot Kiflom, responsable del programa de salud de Unicef, insiste en que eliminar el pago por la visita ha derrocado una muro para algunas familias incapaces de afrontar ese gasto, pero quedan otros. La barrera financiera es una de las razones de tantos partos en el hogar, tambin lo son los centros colapsados, con pocas camas y enfermeros para decenas de madres, o la falta de transporte para ir al centro de salud o las tradiciones familiares.

Segn la costumbre local, la familia visita a la madre tras dar a luz en casa para festejar y beber caf juntos. Al observar que algunas mujeres no iban al hospital a parir por la presin familiar, algunos centros de salud se han adaptado y permiten a los familiares dar una bienvenida con aroma cafetero en el mismo edificio.

Tambin hay problemas que solventar a medio plazo para combatir la mortalidad neonatal. Si la riqueza de un pas est estrechamente ligada a la muerte de bebs en Japn muere 1 de cada 1.000 neonatos; en Etiopa, 27 de cada 1.000, dentro de un mismo pas, las diferencias son enormes: las madres sin educacin tienen el doble de posibilidades de perder a su hijo recin nacido durante el primer mes que las madres con educacin secundaria. Muchos bebs de familias pobres no mueren por causas mdicas sino porque ni siquiera tienen acceso a un centro sanitario o el ms cercano no tiene los medios mnimos.

El doctor Yibeltal Alem trabaja para que ocurra menos. A sus 26 aos, es el responsable de la nueva unidad de cuidados intensivos neonatal (NICU, en sus siglas en ingls) del hospital general de Assosa, uno de los dos disponibles en la regin y que asisten a 850.000 habitantes. En la sala de cuidados intensivos, cuatro enfermeras con batas azules ponen oxgeno y comprueban las constantes vitales de cuatro bebs, tres de ellos prematuros y uno con infeccin respiratoria.

Una de las profesionales mima todo lo que dejan los guantes a una de las criaturas, tumbada en una cuna trmica de reanimacin e intubadas por todos lados. Encima de la mquina hay un osito de peluche de color verde, y las paredes son de color azul pastel. Alem es optimista con tres, con el cuarto no. Es prematuro y su madre estaba malnutrida; si resiste unos das ms, quizs.

Al hospital de Assosa es adonde los puestos de salud de las aldeas o los centros sanitarios derivan los embarazos con complicaciones. En los ltimos seis meses, Alem dice que las muertes neonatales se han reducido un 33% en el hospital. En la NICU podemos tratar casos que en otros lugares acabaran en una muerte segura. A menudo nos llegan casos crticos que con un control durante el embarazo se podran reducir fcilmente. Hay que trabajar en esa direccin.

En realidad queda un mundo por hacer. La sala de espera de las madres de la UCI neonatal es un agujero de paredes sucias, con araas en las esquinas y seis camas apiadas una junto a la otra. Tambin all, junto a sus madres, estn los bebs que acaban de salir de la UCI y esperan el alta. El de Asit Omer, de apenas cinco das, es tan pequeo que slo descubre su presencia cuando se mueve ligeramente debajo de una sbana. El pequeo est vivo por unos kilmetros de camino.

Ahora -explica su madre, Omer han construido una carretera y la ambulancia pudo llegar cerca de mi aldea. Con mis otros cinco hijos no haba camino y fue imposible, todos nacieron en casa. Omer es de una realidad rural y tradicional, donde la modernidad se ve como algo ajeno e inaccesible. Ella admite que al principio le daba miedo ir al hospital. No saba qu me iban a hacer, no quera ir a un sitio lejos de casa y con desconocidos. Pensaba que en casa era ms fcil; ahora s que no es as. Omer tiene claro que, cuando regrese, hablar con las dems. No se puede comparar dar a luz en casa o en el hospital. Aqu te tratan bien y te cuidan si hay problemas. Aqu hay mquinas. Mi hijo no estara vivo si hubiera dado a luz en casa.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/vida/20180522/443704163520/etiopia-natalidad-salud-africa-parto.html



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