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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-05-2018

No es algo nuevo, pero lo olvidamos con demasiada frecuencia
Ya sea en en el caso de Armenia, de los nazis o del ISIS, no se puede cometer un genocidio sin la ayuda de la poblacin local

Robert Fisk
The Independent

Traducido del ingls para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


Cmo se organiza un genocidio que tenga xito, ya sea en la Armenia turca de hace un siglo, en la Europa ocupada por los nazis de la dcada de 1940 o en el Oriente Prximo actual? Una excelente investigacin de un joven acadmico de Harvard (centrada en la masacre de los armenios de una sola ciudad turca otomana hace 103 aos) sugiere que la respuesta es sencilla: un gobierno genocida debe contar con el apoyo local de cada sector respetable de la sociedad: funcionarios de hacienda, jueces, magistrados, agentes subalternos de polica, clrigos, abogados, banqueros y, lo que es ms doloroso, los vecinos de las vctimas .

El minucioso trabajo de Umit Kurt sobre la matanza de los armenios de [la ciudad de] Antep en el sur de Turqua en 1915, publicado en la ltima edicin de Journal of Genocide Research, se centra en la desposesin, violacin y asesinato de nicamente 20.000 cristianos armenios del milln y medio de ellos masacrados por los turcos otomanos en el primer holocausto del siglo XX. No solo detalla las minuciosamente preparadas deportaciones de Antep y las patticas esperanzas de aquellas personas que se haban librado temporalmente (una historia que resulta trgicamente similar a tantas historias de los guetos judos del Este de Europa), sino que enumeran las propiedades y posesiones que las autoridades de la ciudad y los campesinos trataban de saquear a quienes ellos haban enviado a la muerte.

Los criminales locales se apoderaron as de granjas, campos de pistacheros, huertos viedos, cafs, tiendas, molinos de agua, propiedades eclesisticas, escuelas y de una biblioteca. Oficialmente esto se llamaba expropiacin o confiscacin pero, como indica Umit Kurt, enormes cantidades de personas estaban vinculadas entre s en un crculo de beneficio que era la mismo tiempo un crculo de complicidad. El autor, nacido en la actual Gaziantep en Turqua la Antep original es de origen kurdo-rabe y su prosa sobria y contundente hace an ms aterradora esta tesis de 21 pginas.

Umit Kurt no establece paralelismos entre el holocausto (una expresin que los propios israeles toman de los armenios) armenio y el holocausto judo ni con las actuales atrocidades genocidas en el Oriente Prximo actual. Pero no se pueden leer las palabras de Umit Kurt sin acordarse de los ejrcitos de fantasmas que habitan la historia posterior: de los colaboracionistas de la Francia ocupada por los nazis, de los colaboracionistas polacos de los nazis en Varsovia y Cracovia, y de los decenas de miles de civiles musulmanes sunnes que permitieron al ISIS esclavizar a mujeres yazides y destruir a los cristianos de Nnive. Tambin estas vctimas se encontraron desposedas por sus vecinos, sus casas saqueadas y sus propiedades vendidas por aquellos funcionarios que deberan haberlos protegido cuando se enfrentaban a su propio exterminio.

Uno de los argumentos ms impactantes de Kurt es que un gobierno central no puede exterminar con xito a una minora de su pueblo sin el apoyo de sus propios conciudadanos: los otomanos necesitaron a los musulmanes de Antep para llevar a cabo las rdenes de deportacin en 1915, recompensadas con las propiedades de aquellas personas a las que ayudaban a liquidar, de la misma manera que la poblacin local necesitaba a la autoridad central para legitimar lo que hoy se calificara de crmenes de guerra.

Umit Kurt es uno de los pocos acadmicos que reconoce el cada vez mayor poder econmico de los armenios otomanos en las dcadas previas al genocidio. La envidia y resentimiento de la comunidad musulmana desempearon un papel fundamental a la hora de crear el ambiente que incitaba al odio, escribe. Lo mismo hicieron las continuas afirmaciones por parte de las autoridades otomanas de que los armenios estaba ayudando a los Aliados enemigos de Turqua, la misma rutina de traicin de la pualada por la espalda que Hitler utiliz para unir a los nazis contra los comunistas y los judos en la Repblica de Weimar. En el Oriente Prximo actual son los infieles, los cristianos cruzados (esto es, pro-Occidente), quienes han huido para salvar sus vidas por traicionar supuestamente al islam.

Habra que tener un autntico corazn de piedra para no conmoverse con la historia de los armenios de Antep en la primavera de 1915. Aunque al principio fueron acosados por la asesina Organizacin Especial otomana Teskilat-i Mahsusa, el equivalente ms cercano al Einsatzgruppen nazi de la dcada de   1940 y sometidos a arresto temporal, en un primer momento se dej en paz a los armenios de Antep. Pero vieron cmo los traslados de armenios de otras ciudades pasaban por Antep, el primero constaba de 300 mujeres y nios, heridos, con las heridas infectadas y la ropa hecha jirones. Durante dos meses ms los convoyes de la deportacin pasaron por la ciudad en direccin a un pramo de sufrimiento. Las nias y nios armenios haban sido secuestrados, las posesiones y el dinero de las mujeres haban sido saqueadas, haban sido violadas pblicamente con la complicidad activa de los funcionarios del gobierno y de las gendarmeras.

Al igual que los judos de Europa a los que al principio no afect el genocidio de sus correligionarios, los armenios de Antep no podan creer su posible destino. A pesar de todo lo que ocurra en torno a nosotros [] no era pequea la cantidad de quienes escondan la cabeza en la arena, como las avestruces. Estas personas se convencieron a s mismas de que era felices y trataban de engaarse a s mismas creyendo que no era posible que en Aintab (sic) [Antep] ocurriera una deportacin similar y que nada malo les iba a ocurrir, escribi un testigo.

Al igual que las valientes familias polacas y los pocos Oskar Schindlers de la Alemania nazi, unos pocos turcos valientes se opusieron al genocidio armenio. Celal Bey, gobernador de Alepo a 61 millas de Antep se neg a deportar a los armenios. Pero fue cesado y los armenios cristianos de Alep fueron sentenciados.

El 30 de julio se orden a 50 familias armenias marcharse en 24 horas. Primero solo se expuls a los cristianos ortodoxos, que dejaron tras de s todos sus objetos de valor. Un superviviente recuerda que nuestros vecinos, los turcos, cantaban en sus casas, los podamos or, Se marcha el perro. Una semana despus otras 50 familias fueron deportadas y atacadas por bandidos de la milicia dirigidos por el gerente del Banco Agrcola local. Dentro de Antep las mujeres fueron violadas y enviadas a los harenes del lugar. Un jefe local de aldea (mukhtar) despe a seis nios armenios. Los convoyes se hicieron mayores (por ejemplo, 1.500 armenios de Antep el 13 de agosto) y fueron enviados en tren o a pie a Alepo y Deir ez-Zour. Entonces les toc el turno a los armenios catlicos.

Se conserva un relato lamentable de un servicio de accin de gracias celebrado por los protestantes, los nicos armenios que por el momento se haban librado de la liquidacin, en el que uno de sus lideres suplic de forma despreciable a su gente que no hiciera nada que pudiera molestar a las autoridades turcas. Que nadie lleve a casa a un nio o a cualquiera a quien se le haya ordenado marcharse, ya sea uno de los que pasan por la ciudad como refugiados o uno de nuestros familiares o amigos de la ciudad. Ah no haba buenos samaritanos. Pero, por supuesto, tambin los protestantes fueron deportados. Para enero de 1916 haban sido aniquiladas casi 200 familias protestantes de las 600 que haba.

El jede de la polica local de Antep fue ascendido por su entusiasmo. En los llamados comits de deportacin que decidan la suerte de los armenios poda estar el diputado local de Antep y su hermano, diferentes funcionarios locales, el presidente del municipio, dos funcionarios del departamento de finanzas, dos jueces, un magistrado, el primer secretario del juzgado de Antep, un exmufti, dos imames, dos ulemas, dos jeques del pueblo, el secretario de una organizacin benfica religiosa, un mdico, un abogado y el director de un orfanato. Ninguno de estos personajes ilustres locales hizo nada para protestar por las deportaciones, esconder a las personas vulnerables o detener los convoyes, escribe Umit Kurt. De los 32.000 armenios de Antep 20.000 fallecieron en el genocidio.

Pero realmente los fantasmas sobreviven.

Da la casualidad de que esta semana termin de leer la impactante historia escrita por Martin Winstone sobre el dominio nazi en el gobierno general ocupado de Polonia, The Dark Heart of Hitlers Europe, y descubr que los judos, y los polacos, de Varsovia, Cracovia y Lublin a menudo experimentaron exactamente el mismo proceso de falsa esperanza, colaboracin y aniquilacin que los armenios de Antep.

Aunque la mayora de los polacos se comportaron con valor, dignidad y herosmo, una minora de gentiles (y esa es la razn por la que el actual Gobierno polaco amenaza con castigar a cualquier persona que hable de colaboracin polaca con los nazis) particip directamente en el proceso de asesinato, segn Winstone. Entre ellos se encontraba la polica polaca azul, policas ordinarios con sus habituales uniformes azules, pero tambin campesinos locales de la zona de Lublin, muchos de los cuales robaron a sus vctimas antes de matarlas a golpes. Cientos, quiz miles de judos fugitivos cayeron vctimas de criminales que eran jefes de aldeas, miembros de la guardia del pueblo formada durante la ocupacin o policas azules que actuaban de forma no oficial. Cuando se descubri a 50 judos escondidos en Szczebrzeszyn una multitud mir. El autor concluye que un factor muy poderoso para asesinar y denunciar judos era que se codiciaban las propiedades judas.

Y hoy en da en Oriente Prximo conocemos demasiado bien este familiar modelo de vileza local dirigida contra vecinos, nias cristianas de la Nnive tomada por islamistas, familias yazides destrozadas y sus casas saqueadas por las milicias sunnes locales. Cuando el ISIS huy de la ciudad de Hafter, al este de Alepo, encontr los documentos de los tribunales locales del ISIS. Demostraban que algunos civiles sirios haban traicionado a sus primos ante los jueces egipcios de los tribunales islamistas, que unos vecinos haban tratado de obtener una recompensa econmica denunciando a quienes haban vivido a su lado durante dcadas. Como sabemos, en Bosnia en la dcada de 1990 los vecinos serbios masacraron a sus compatriotas musulmanes, violaron a sus mujeres y se apropiaron de sus hogares.

No, no es algo nuevo, pero es algo que olvidamos con demasiada frecuencia. Cuando en 1940 el Gobierno britnico pidi a mi propio padre que nombrara a aquellas personas en Maidstone, Kent, que podan colaborar con los nazis despus de la invasin, incluy a uno de sus mejores amigos, un hombre de negocios local, en la lista de quienes ayudaran a los alemanes. Es posible que la limpieza tnica, el genocidio, las atrocidades sectarias masivas estn dirigidas desde Costantinopla, Berln, Belgrado o Mosul, pero los criminales de guerra necesitan a su pueblo para terminar sus proyectos o, por utilizar una vieja expresin alemana, para ayudar a dar un empujn a la rueda.

Fuente: http://www.independent.co.uk/voices/armenia-genocide-nazi-germany-poland-isis-looting-war-a8367071.html

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin como fuente de la traduccin.



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