Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2018

Las licencias periodsticas de Spielberg

Chris Lehmann
CTXT

La tirante relacin entre el periodismo y el poder solo se queda en la superficie en Los archivos del Pentgono


Tom Hanks y Meryl Streep en una escena de la pelcula The Post (Steven Spielberg, 2017)

Cuando Daniel Ellsberg (Matthew Rhys), en la pelcula Los archivos del Pentgono de Steven Spielberg, sale de la Corporacin RAND con la primera tanda de papeles del Pentgono escondida en su maletn, el primer lugar al que acude es una imprenta hippie especializada en carteles de cine. Una glosa verdaderamente acertada sobre la parbola periodstica que vendr a continuacin: los principales guardianes de esta saga donde el cuarto poder revela las artimaas oficiales de Estados Unidos y sus asesinatos a escala mundial son, como el mismo Spielberg, rebeldes de clase media vinculados con el mundo del cine.

Nunca satisfecho con dejar pasar una oportunidad didctica sin alegato en la pantalla, Spielberg hace que Ellsberg entre en la imprenta mientras vemos un pster de la pelcula que le permiti hacer carrera a Robert Redford, Butch Cassidy and the Sundance Kid, en lo que por desgracia no es ms que la primera de una serie de aburridas referencias a su notablemente superior predecesora en cuanto a hagiografa cinematogrfica del WashingtonPost se refiere: la adaptacin de Todos los hombres del presidente que Alan J. Pakula dirigi en 1976 (porque en esa pelcula, Redford era el periodista del Post Bob Woodward). Y, para asegurarse, cuando Ellsberg extrae los vitales documentos para fotocopiarlos clandestinamente, aparece de pie frente al pster de la pelcula The Blob (La masa devoradora), una obra de ciencia ficcin alegrica de la Guerra Fra que trata sobre la prfida expansin del enemigo comunista, y que aqu evoca un smbolo de la maquinaria de guerra estadounidense sin rumbo ni concierto. Si no puede ser congelada y abandonada en el crculo polar rtico, como se hizo con la masa devoradora original, entonces la maquinaria de prensa estadounidense tendr que ponerle freno si es necesario.

Segn se ha dicho, el estreno de la pelcula de Spielberg se precipit porque el director comprendi la urgencia del mensaje que transmite Los papeles del Pentgono en un momento en que los medios estadounidenses estn siendo acosados casi a diario por la ms que metafrica masa devoradora conocida como Donald Trump. La idea general era subir la alicada moral de la prensa con un emotivo recordatorio cinematogrfico sobre los principios del periodismo en una democracia: hacer valer el derecho del pblico a conocer cmo se conducen los asuntos que conciernen a las personas, aun cuando un siniestro y conspirador ocupante del despacho oval (Nixon en el drama de Los papeles del pentgono, y Trump en el nuestro) est decidido a relegar al olvido a los mensajeros pblicos propiamente designados.

Sin duda, esta es una digna moraleja que llevarse a casa entre todo el caos que propaga el Trumpismo, pero como Spielberg es quien lleva las riendas, la tirante relacin entre el periodismo y el poder solo se queda en la superficie, y tampoco pasa del estilo reconfortante y complaciente de un pster cinematogrfico.

La historia de Los archivos del Pentgono es sobre todo la historia de cmo Katharine Graham (Meryl Streep) aprende a decirle la verdad al poder, bajo la paciente tutela del desinhibido redactor jefe brahmn Ben Bradlee (Tom Hanks). Graham, que se convirti en editora del Washington Post cuando su marido Phil se suicid en 1963, se enfrenta a su propia encrucijada profesional al inicio del relato: est a punto de completar la primera salida a bolsa de la Washington Post Company, para poder capitalizar el peridico y situarlo firmemente en el mapa nacional. La primera vez que la vemos, aparece despertndose del susto en la cama, rodeada de varios documentos financieros relacionados con la oferta pblica de venta (OPV), y a partir de ese momento seguimos su cada vez mayor implicacin en la decisin de alto riesgo que supone publicar los papeles del Pentgono, todo intercalado con el drama corporativo de completar el trato con los nerviosos inversores, en un clima de rencor creciente (y riesgo penal) por parte de la Casa Blanca de Nixon.

Como es lgico, uno de los grandes problemas de este enfoque narrativo es que una situacin no es igual a la otra. S que es cierto, como la pelcula deja bien claro en repetidas ocasiones, que la OPV contena clusulas estndar que permitan a los inversores echarse atrs en caso de evento catastrfico (como por ejemplo la imputacin penal de sus directivos por violar la Ley de Espionaje, tal y como amenazaban los matones del departamento de Justicia de Nixon por el papel que desempe el peridico en la publicacin de los papeles del Pentgono). Asimismo, una gran cantidad de tiempo de pantalla se dedica a mostrar cmo la decisin de Graham de seguir adelante con la publicacin de los documentos filtrados por Ellsberg podra poner en riesgo su legado corporativo. En uno de los discursos culminantes, que pronuncia Tony (Sarah Paulson), la mujer de Ben Bradlee, la valenta de Kay Graham reside en decidir si quiere arriesgar su fortuna y la empresa que ha sido toda su vida. Tony tambin indica que la decisin de Graham es una bofetada en favor de la por entonces incipiente causa por la igualdad sexual, y en contra de las estructuras de poder dominadas por los hombres, que no es que miren por encima, sino que miran a travs de ti, como si ni siquiera estuvieras presente.

De hecho, el reclutamiento de Katharine Graham para agrandar las filas del feminismo corporativo es el otro tema principal de la pelcula. Durante la decisiva reunin de la junta directiva de la Washington Post Company en la que se aprobara la OPV, la ultrapreparada Graham aparece contestando con tranquilidad las preguntas de los poderosos hombres presentes en la habitacin, aunque continuamente se hace caso omiso de sus respuestas, que luego repiten los menos avivados miembros masculinos de la junta ante una repentinamente interesada audiencia. El incesante espectculo de arrogancia patriarcal es tan desmoralizante que hasta la misma Graham se pone nerviosa en el momento decisivo y olvida todos los argumentos que haba ensayado, hasta que uno de los principales ayudante masculinos interviene y la rescata. Por si esta afrenta corporativa no fuera suficiente (y recuerden que estamos hablando de Steven Spielberg, as que nunca nada es suficiente) al poco tiempo vemos a la extraordinaria anfitriona de Georgetown, Kay Graham, propuesta como smbolo multiuso de la reivindicacin feminista, en las entraas de Wall Street ni ms ni menos. Antes de entrar por la puerta de la bolsa para lanzar la oferta, aparece de manera incongruente rodeada de una misteriosa e inexplicable congregacin de mujeres, que parecen estar ah solo para conferir el simblico mensaje de: Hablas por todas nosotras!.

Esta iconografa sin aristas se vuelve todava ms absurda hacia el final de la pelcula, cuando Graham sale de la Corte Suprema tras escuchar la sentencia sobre la constitucionalidad de los mandatos judiciales que utiliz el gobierno de Nixon para evitar que el Post y el New York Times publicaran el material que apareca en los papeles del Pentgono. En ese momento, un grupo exclusivo de aduladoras mujeres, que estaban protestando contra la guerra, rodea de forma espontnea a la editora del Post, y asiente con vigor como aprobando las acciones de la editora, en un acto que solo puede equipararse con la elevada versin blanca, protestante y anglosajona de un canto feminista. (Algunas crticas sobre la pelcula sugieren que se supone que una de las mujeres asintiendo en presencia de Graham es Hillary Clinton, que de ser verdad, solo servira para reforzar el tratamiento decoroso que la pelcula hace del poderoso y selectivo clasicismo dirigido al poderoso y selectivo clasicismo). La escena es desconcertante por muchos motivos: para empezar, es difcil imaginar a alguien ms fuera de lugar entre un corrillo de manifestantes hippies que a una graduada de Georgetown como Katharine Graham, que pasa la mayor parte de sus otras apariciones en pantalla presidiendo elegantes fiestas que cuentan entre sus invitados destacados a Robert McNamara, el despiadado tecncrata anteriormente empleado de la Ford Motor Company que autoriz el mayor envo de tropas estadounidenses a Vietnam durante el gobierno de Lyndon Johnson.

Ms an, esta comunin mstica entre la propietaria y las manifestantes, unidas por un tcito enfrentamiento comn contra el patriarcado, elude los verdaderos y polarizadores conflictos sexuales que existan dentro del movimiento antiblico, en el que sus principales estrategas de pelo en pecho se burlaban del alzamiento feminista que tuvo lugar entre sus filas denominndolo liberacin de las nenas. En lugar de representar al supuesto squito de Graham como realmente eran (ruidosas y combativas adversarias del poder social dentro de un movimiento antiblico profundamente sexista), Spielberg las presenta como seguidoras silenciosas y dciles en bsqueda de una lder carismtica y aristocrtica. Para ser una pelcula que supuestamente contiene un mensaje feminista sobre lo que significa enfrentarse a los privilegios masculinos en los ncleos de poder, parece especialmente raro que la gran mayora de las mujeres que protestan por la participacin de EE.UU. en la guerra de Vietnam estn motivadas por un instinto mudo y mstico de autosegregacin pasiva. (La representacin visual de este instinto tambin hace parecer a la cultura antiblica hippie poco ms que una celebracin litrgica ortodoxa, en el que las mujeres se apartan hacia un lado sin intervenir en el evento principal).

Es verdad que Graham fue una editora heroica y digna de admiracin (su rol para conseguir que el Washington Post mantuviera su independencia durante los modernos juicios constituyentes fue un factor muy importante en mi decisin de mudarme a Washington para trabajar en la seccin literaria del peridico all por el ao 2000). Pero tambin es verdad que el feminismo de Graham, aunque exista, era en gran parte una funcin del privilegio que disfrutaba por pertenecer a la clase propietaria de Estados Unidos. Por eso, que la pelcula ilustre los orgenes de la segunda ola de feminismo con el drama de una miembro muy poderosa de la lite estadounidense blanca, protestante y anglosajona es anlogo, poco ms o menos, a situar a la industria cinematogrfica estadounidense a la vanguardia de las manifestaciones antiblicas.

Por desgracia, esa no es la nica clase de amnesia social que demuestra el por otra parte cautivante drama Los archivos del pentgono. Igual que la visin de la rebelin feminista que se nos muestra en pantalla imita las decorosas jerarquas del privilegio blanco, protestante y anglosajn, la principal trama dramtica peca de lo mismo, y no por la reivindicacin que hace del derecho sagrado del cuarto poder a desafiar al poder ejecutivo, sino por el ms insular y provinciano asunto de lo que sucede en ltima instancia con la OPV de la Washington Post Company. Siempre atento a convencer a los espectadores, Spielberg proyecta la identidad funcional de la crisis de los papeles del Pentgono mediante el atribulado desarrollo de la OPV del Post, y muestra de nuevo a Graham despertndose del susto, solo que esta vez se ha quedado dormida leyendo la cobertura que hizo el Times de los papeles del Pentgono. O dicho de otra manera: la misma tarea aristocrtica, pero con diferente material.

La misma confusin deliberada entre los medios corporativos y los fines periodsticos queda absurdamente patente en el clmax del drama que rodea la publicacin de la filtracin de Ellsberg. Cuando Graham se enfrenta en el ltimo momento a la posibilidad de que la encarcelen a ella, a Bradlee y a todos los dems directivos por publicar los papeles del Pentgono, recurre ella a la santa memoria de John Peter Zenger, Elijah Lovejoy y otros grandes defensores de la libertad de expresin en la tradicin poltica estadounidense? No, instintivamente recurre al texto que contiene la OPV del Post y, tras ser informada de los numerosos motivos por los que seguir adelante con la publicacin de los documentos filtrados por Ellsberg pondra en peligro el futuro econmico de la empresa, y supondra por tanto abandonar su propio deber fiduciario de proteger la buena situacin del peridico, la editora finalmente supera su paralizante olvido y utiliza los argumentos de la OPV frente a la propia junta directiva del peridico. Sin embargo, anuncia de manera triunfante a su squito de asesores corporativos el texto tambin habla de la misin del peridico y dice que el peridico se debe al pas y al principio de la libertad de prensa. Esas palabras distan mucho del dadme libertad o dadme muerte, o incluso del sin miedo ni favor, que pronunciaron otros defensores de la libertad.

Aunque es el mismo estndar que Bradlee adopta por instinto, y que aparece por otra parte representado como un intrpido guardin de las libertades de la Primera Enmienda que se enfrenta a la insidiosa tirana de Nixon. Al mostrar con orgullo la amplia gama de peridicos metropolitanos que se han apresurado a reimprimir los primeros artculos del Times y del Postsobre los papeles del Pentgono, Bradlee ofrece la siguiente y optimista afirmacin sobre el perfil comercial del Post en la vspera del veredicto de la Corte Suprema: Da igual lo que pase maana, hemos dejado de ser un pequeo peridico local.

Permtanme ejercer mi derecho a la Primera Enmienda y preguntar: en serio, a quin coo le importa? Spielberg, gracias a un instinto aparentemente perfeccionado a lo largo de ms de cuatro dcadas como popular fabulista cinematogrfico, solo puede imaginar los valores periodsticos triunfando a travs de la incontestable mtrica de la cuota de mercado. Por ejemplo, imagnense que Lovejoy, el mrtir abolicionista de la libertad de expresin, basara su reclamo a la proteccin constitucional en la esperanza de que ya no publicar un pequeo peridico local, o que apelara a la anodina idiosincrasia de un texto de inversin en lugar de hacer un alegato abolicionista basado en las supremas leyes de la consciencia bblica. Al permitir que la OPV del Post sirva de rbitro ltimo en el debate sobre la libertad de expresin que rodea la publicacin de los papeles del Pentgono, Spielberg ennoblece sin querer las mismas fuerzas de mercado monopolistas que han vaciado la slida prctica del periodismo de investigacin en los cuarenta y siete aos que han pasado desde que se publicaron los papeles del Pentgono.

Como comprobacin, basta con observar cul ha sido la suerte del Washington Post desde los buenos tiempos de Bradlee y Graham. Es cierto que ltimamente el peridico ha experimentado un cierto resurgir como guardin del inters pblico bajo la direccin de Marty Baron, y hasta ha recuperado un poco su margen de beneficios, gracias en gran parte a los incansables ciberanzuelos de Donald Trump en Twitter. Aunque tampoco lo gestiona ya la benevolente familia Graham, que vendi la propiedad en apuros econmicos al capo de Amazon y hombre ms rico del planeta, Jeff Bezos, en 2013. Por el momento, el rgimen de Bezos ha sido bastante benvolo y ha permitido que prospere el periodismo estelar de David Fahrenthold, Greg Sargent y otros curtidos antagonistas de Trump. Sin embargo, eso no significa que sea un medio fiable en lo que respecta a cuestiones urgentes sobre economa poltica o sobre creacin de opinin alejada del poder establecido.

En otras palabras, un monarca benevolente sigue siendo un monarca. Igual que no es un buen signo de salud democrtica que Oprah Winfrey sea un avatar oficioso de la resistencia, es bastante preocupante que los defensores de la libertad de prensa en Washington (esforzndose bajo el sentencioso eslogan "La democracia muere en la oscuridad) estn al servicio exclusivo del megamultimillonario responsable de algunas de las peores prcticas laborales del sector comercial. Mientras Los archivos del Pentgono va en camino de embolsarse un predecible costal de parabienes en los Oscars, Bezos ha iniciado una carrera entre diversas municipalidades estadounidenses hambrientas de ingresos para ver quien se lleva la sede alternativa del imperio ciberntico de abundante empleo y bajo coste que es Amazon.

Una espantosa irona que no habra cado en saco roto en Ben Bagdikian, el antiguo periodista del Washington Post que averigu la fuente de la filtracin de los papeles del Pentgono y prometi a Ellsberg que el Post publicara los papeles, aunque eso significara desafiar el mandato judicial del gobierno de Nixon contra el New York Times. Bagdikian dedic el resto de su distinguida carrera a documentar los peligros que representan los aspectos econmicos de la concentracin meditica para la democracia de Estados Unidos, en algunos libros de referencia como por ejemplo El monopolio meditico.

Bagdikian, por cierto, tuvo una vida ms que cinematogrfica, ya que emigr a Estados Unidos huyendo del genocidio armenio e inform sobre las vergonzosas condiciones de la institucin penitenciaria del estado de Huntingdon, en Pennsylvania, hacindose pasar por un asesino convicto. Bagdikian tambin fue el autor del argumento ms convincente que emplea el personaje de Hanks, Bradlee, en su intento por asegurar que Graham apruebe la publicacin de los documentos filtrados por Ellsberg: la mejor manera de afirmar el derecho a publicar es publicando.

Pero, qu estoy diciendo? Bagdikian abandon el Washington Post en 1972 de forma abrupta, cuando su turno como segundo defensor del lector en el peridico hizo que discutiera amargamente con Bradlee. Seguramente no hubo fiestas de Georgetown para conmemorar su paso por el peridico, y dudo que hubiera podido recitar un folleto de emisin o una disposicin estatutaria de la empresa ni aunque la vida le hubiera ido en ello. Que es casi lo mismo que decir: qu diantres poda hacer Steven Spielberg con un hroe as?

Chris Lehmann es redactor jefe de The Baffler y autor de Rich People Things. Su ltimo libro es The Money Cult.

Este artculo se public en The Baffler.

Traduccin de lvaro San Jos

Fuente: https://ctxt.es/es/20180530/Politica/19911/The-Post-Spilberg-periodismo-cine-poder-relacion.htm



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter