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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2005

Quin liquid al proletariado?

Carlos X. Blanco
Rebelin


Leemos a Marx de los Manuscritos tratando el proceso de produccin de necesidades en trminos de una metfora sexual, de una relacin carnal intrnsecamente prostituida. La creacin de necesidades requiere de un recorte de las que parecan primarias, ms elementales, como la comida o el aire libre. El obrero regresa a la caverna, ya ni siquiera sabe lo que es un aire libre de pestilencia. El irlands de la poca apenas si gana para patatas. Los Manuscritos muestran esta estremecedora muestra de la trastienda, impdica para el burgus, quien "satisface sus necesidades" primero, vindolas en el escaparate y luego, pagando por ellas, sin entrar en detalles acerca de la miseria incorporada a los bienes. La teora ricardiana del producto como "trabajo acumulado" deba completarse con la teora revolucionaria que ve el producto y el servicio como "miseria y muerte acumuladas". Esta visin es escandalosa hoy en da incluso para el obrero endulzado por la propaganda y la satisfaccin consumista. El capitalismo contena en s la semilla para que el consumo conociera expansin y arborizacin en el campo del "consumo de trabajadores", de enorme extensin en el primer mundo. Los reyes magos de la historia le han trado al proletario unas subidas salariales que, en realidad, permiten el gasto necesariamente inyectable al sistema para que el mercado funcione, para que los ciclos se renueven. Los reyes magos de Occidente han dejado muchos, superabundantes regalos. Cachivaches creados por otros productores como ste, uno cualquiera, convertido en consumidor, facilitando de esta manera que l y otros anlogos suyos, sigan dando vueltas y ms vueltas a una noria de consumo-produccin, creando cachivaches cuya nica utilidad objetiva es la de atrapar a estas masas enormes de personas en un trabajo que carece del ms mnimo sentido salvo condenarse a s mismas y a sus vstagos.

No sirve ninguna teora abstracta de la superestructura, en el contexto de estas ruedas destructoras de humanidad, que han suplido la produccin de comodidades. Esta superestructura no es ms que una configuracin de fuerzas sociales, de grupos constituidos a muy diverso nivel. La estructura tambin cambia en el tiempo, y ese cambio des-ajustado es el materialismo histrico: el estudio de una "evolucin" de las sociedades, tomando como firme asidero el estudio de los cambios estructurales. Pero y el estado? El gobierno y el aparato que de l depende es el principal agente productor de mercanca ideolgica desde los inicios del siglo XX. Antao, para los liberales, el estado poda ser considerado el guardin nocturno (ms bien imaginariamente, ya que siempre fue ms que esto). Hoy, el estado ejerce funciones positivas, no slo las meramente negativas del estilo de la represin policial y militar, los tribunales, etc. La funciones positivas lasentendemos no en un sentido moral sino, digamos, en la acepcin de "actividad creadora", y son, de da en da, las ms relevantes. El estado crea, produce sus modas, fomenta creencias, dirige la masa, incluso la agita para que salga de su sopor (qu son las campaas electorales salvo agitacin institucional?). Para Gramsci, la escuela cumpla esa principal funcin "positiva" dentro de la vida del estado. En un sentido especial, el estado moderno crea las clases de hombres --incluyendo las desigualdades entre ellos --que en cada momento histrico se precisan. Hoy, cuando los pedagogos como clase funcionarial reclaman --metafsicamente-- que la vida social entera sea un intercambio de procesos educativos a mltiples niveles --asociaciones, sindicatos, clubes, ayuntamientos, etc.-- estn expresando a su manera un deseo que desborda el inters meramente gremial: estn solicitando ms ayuda del estado para poder emprender esas tareas con ms eficacia, con mayor esfuerzo totalizador -- lo cual representa salirse fuera de los muros de la escuela. Esa es la tarea que la instancia estatal encomienda a sus funcionarios: ejercer la hegemona. Hegemona, en el sentido gramsciano, la hubo siempre. Los burgueses, pretendieron absorber a las otras clases sociales incluyendo aqu el sentido progresista de "subir el nivel de vida", de todos, o de la mayora. Su horizonte era convertir a todos en burgueses.

No obstante, el "nivel de vida" es el concepto ms relativo que jams se haya inventado, lo que nos permite discutir seriamente si en realidad se trata de un concepto. Escribe Marx, en Trabajo asalariado y capital

"...aunque los goces del obrero hayan aumentado, la satisfaccin que producen ahora es menor, comparada con los goces mayores del capitalista, inasequibles para el obrero, y con el nivel de desarrollo de la sociedad en general. Nuestras necesidades y nuestros goces tienen su fuente en la sociedad y los medimos, consiguientemente, por ella, y no por los objetos con que los satisfacemos. Y como tienen carcter social, siempre son relativos".

Frente a ese relativismo de goces y necesidades, tenemos el falso biologicismo. Es admirable que los obreros europeos tengan coche, que gasten gran parte de su sueldo en artculos de consumo, inunden con su presencia los grandes almacenes; es maravilloso que puedan pedir crditos para un piso con luz, agua corriente; un milagro que perciban un subsidio cuando el patrn les echa a la calle. Todo esto es fantstico. Fantstico respecto a qu? Respecto a los obreros de los tiempos de Marx y Engels? Si as es, debemos creer en el progreso, al menos en un puado de pases tomados como referencia ms o menos arbitraria. Pero est menos explotado el obrero que engorda y se deja atrapar por los crditos para la casa y el coche, con respecto del patrn o de los accionistas que compran su fuerza de trabajo, esto es que usurpan esa parte de su persona? Esta sigue siendo la cuestin esencial, el "respecto de", o sea, la cuestin relativa o relacional, la que concierne a capitalistas y obreros como clases entre las que median vinculaciones asimtricas en cada fase histrica concreta del capitalismo. Pero, a parte de la cuestin relativa (que en autntica dialctica conlleva la cuestin absoluta), est la cuestin esencial. Sigue siendo racional, y por tanto legtimo en su sentido ms radical, que ese tiempo de trabajo, que esas fuerzas de trabajo vivan usurpadas por el capital? Cmo sepultar el marxismo, cuando el problema que lo ha engendrado an no ha prescrito?. El problema de la vida social, de la historia toda, sigue siendo la explotacin de esas masas de hombres entregadas al trabajo, sea ste manual o sea trabajo de "cuello blanco", est o no regulado por convenios. No se pueden abandonar las terapias cuando la enfermedad ms grave persiste, y se realimenta en cada nueva fase por unos canales insospechados, imprevisibles --en buena medida-- en las fases precedentes.

Por otro lado, cabe advertir la separacin entre el mundo de la produccin, por un lado, y el mundo opaco --sobre todo para los economistas-- de enormes masas de jvenes y de otros marginados, por el otro haz. Una separacin tal hace que la categora "proletariado" se muestre excesivamente estrecha en los anlisis actuales. Este proletariado podr ser explotado en tal grado o en tal otro, segn el precio de su mercanca, el trabajo, en esta o aquella rama de la produccin, dadas unas determinadas capacitaciones tcnicas. En este sentido, las "aristocracias obreras" han proliferado. Muchos trabajadores se han aburguesado notablemente en cuanto a sus conformaciones ideolgicas y en cuanto a su actitud refractaria a cualquier gnero de revolucin. Pero por otro lado, la categora de proletariado es enormemente ancha, y se ampla en cantidad y en gneros diferentes de personas que abarca, pues el nmero de los explotados (en grados diversos) junto con el de los excluidos de la explotacin es inmenso.



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