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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2018

Oleada de tratados contra la vida: no son los impactos, es el sistema

Amaia Prez Orozco
El salto


Cmo afrontar esta nueva oleada de tratados de comercio y/o inversin (en adelante, TCI)? Entre todas las dudas, surge una idea clara: necesitamos salir de las miradas productivistas, con las que nos leemos reduciendo nuestras vidas a la faceta de mano de obra, cuando no caemos directamente en la trampa de usar el lenguaje del poder corporativo, que nos invita a pensarnos como consumidoras y/o supuestas emprendedoras jefas de nosotras mismas (1).

SOSTENIBILIDAD DE LA VIDA E INTERSECCIN DE EJES DE PRIVILEGIO/OPRESIN

Una potente alternativa es la del feminismo, que hace dos propuestas centrales, en las cuales engarza con otras miradas crticas que intentan escapar del estrabismo productivista.

Plantea poner la sostenibilidad de la vida en el centro. Esto tiene, al menos, dos implicaciones. Por un lado, se desplaza el eje analtico y poltico de los mercados hacia las condiciones de vida encarnadas y arraigadas en un planeta vivo. As, el foco se centra en comprender el significado de los TCI en trminos de recomposicin del conflicto capital-vida, preguntndonos por las condiciones de vida concretas y la reconfiguracin de la relacin del sistema socioeconmico con el ecosistema. Por otro lado, esta mirada saca a la luz todas las formas de trabajo y resolucin de la vida en comn que operan en cada lugar, incluyendo aquellas que escapan de alguna manera a la lgica capitalista y la subvierten (las economas otras: popular, social y solidaria, campesina) y las que son consustanciales al capitalismo heteropatriarcal, aunque invisibles: lo que podemos llamar los cuidados inmolados (2), que son la cara B del trabajo asalariado. Estos trabajos son los que se realizan bajo tres condiciones: privatizados, feminizados e invisibilizados; y se encargan de tres tareas: sanar la vida de los daos provocados por el capital, cerrar el ciclo econmico asegurando que el conjunto encaje en el sentido de cubrir las necesidades vitales y proporcionar el trabajador champin(3) que el sistema exige. Hemos de preguntarnos cul es la estructura socioeconmica que los TCI (re)construyen, cmo minan el terreno para economas otras y cmo se asientan sobre un colchn de cuidados inmolados.

Por otro lado, sita el gnero como un eje vertebrador del sistema socioeconmico, en interseccin con otros ejes de privilegio/opresin en el marco de lo que podemos denominar un sistema de dominacin mltiple (o esa cosa escandalosa) que es capitalista, s, pero tambin heteropatriarcal, colonialista y medioambientalmente destructor. Esto tiene al menos dos implicaciones. Por una parte, identificar cules son esos ejes de privilegio/opresin que operan con mayor fuerza en el contexto en el que vayamos a centrarnos, para poder comprender cmo los TCI reconstruyen esa dominacin mltiple e interseccional. En el norte global, estos suelen ser el gnero, la clase social, el estatus migratorio, la racializacin y el mbito urbano/rural. Por otra, atender a la desigualdad global y al papel de los TCI en la reconfiguracin de los ejes de hegemona global. Esto supone, entre otras cosas, no olvidar los TCI que se firmaron con anterioridad (los que, desde el norte global, se firmaron desde una clara posicin de privilegio) y que siguen condicionando las relaciones socioeconmicas actuales, as como atender con la misma intensidad a los TCI que se firman desde una posicin de privilegio o subalternidad relativas (por ejemplo, dar igual de importancia al TTIP que al UE-Mercosur).

IDENTIFICAR EL MODELO QUE ASIENTAN LOS TCI

Los TCI no son el todo del problema. Son una herramienta para la consolidacin de un sistema que ya est instalado y que, de no aprobarse los acuerdos, buscar otras vas de imposicin. Una clave central es no limitarse a hacer anlisis de impacto, sino identificar el modelo que los TCI asientan y refuerzan. Hoy, necesitamos entender el papel que la nueva oleada juega como instrumento para favorecer la rearticulacin del capitalismo del siglo XXI" (4), el modo particular que toma esta cosa escandalosa en los actuales tiempos de transicin ecosocial y colapso ecolgico.

La nueva oleada puede pensarse como la imposicin de una constitucin econmica global. No hablamos de constitucin en el sentido de que exista un documento nico que vaya a ser firmado por todos los pases, sino de un conjunto de normas (dispersas, cambiantes) que, todas juntas, formarn un cuerpo legal que definir las prioridades poltico-jurdicas globales. Los TCI traen consigo el contenido de esa carta magna, que asegura que todo se convierte en mercanca (al ampliar inmensamente la definicin de comercio internacional) y que los intereses del gran poder corporativo se sitan como mximo bien jurdico al aprobar los diez mandamientos corporativos (principios legales que priorizan los intereses de las transnacionales, como, por ejemplo, el principio de la seguridad de las inversiones). Adems, traen consigo los mecanismos de funcionamiento que garantizan que se cumplen esos contenidos: los llamados organismos de convergencia reguladora (rganos de los que las grandes empresas forman parte y que estn encargados de garantizar que las normativas laborales, sociales, ambientales, de igualdad, etc. entre pases convergen entre s a la baja!) y los tribunales de arbitraje (tribunales de justicia privados en los que las transnacionales pueden demandar a los estados si creen que estn vulnerando la seguridad de sus inversiones). Se mercantiliza la democracia, posicionando al poder corporativo transnacional como mximo sujeto poltico por encima de los pueblos. Se crea un mercado global ultra-autorregulado: autorregulado porque las transnacionales actan de forma autnoma, y ultrarregulado porque se establecen las normas que garantizan esa autonoma y la defensa de sus intereses. Esto supone el asentamiento definitivo de la arquitectura de la impunidad y la anulacin de la soberana popular.

Esta constitucin econmica global implica una virulenta agudizacin del conflicto capital-vida en tres sentidos. Primero, se profundiza la mercantilizacin al (1) convertir en mercanca nuevas esferas de lo vivo, ampliando el radio de accin de la lgica de acumulacin a lo que no estaba mercantilizado (por ejemplo, muchos servicios) e incluso a aquello que an no existe (funcionamiento de las listas negativas, que implican incluir todo aquello que no se excluye expresamente, incluso aquello que no puede nombrarse porque no existe); y (2) reducir la vida a su faceta de mercanca (por ejemplo, el poder mover transnacionalmente a las personas sin trabas, siempre y cuando no se trate de personas que migran y reconstruyen proyectos vitales, sino de mano de obra que las transnacionales movilizan en el marco del comercio internacional como un recurso productivo ms). Segundo, lo que se mercantiliza y lo que ya estaba mercantilizado se somete a un capital mucho ms agresivo, el transnacional, que en esa tensin con la vida tiene mucha mayor capacidad de hacer dao (por ejemplo, servicios pblicos que ya estaban privatizados ahora se someten a las transnacionales). Y, tercero, se amputan las capacidades de las instituciones pblicas para amortiguar el conflicto, para incidir en l poniendo coto a la voracidad de la lgica de acumulacin.

En ltima instancia, la nueva oleada significa reforzar el proceso de acumulacin de poder y recursos (5)en torno a quienes detentan el poder corporativo global, el BBVA (6) . Esto profundiza un proceso de hipersegmentacin socioeconmica, que va ms all de una simple escisin entre los de arriba y los de abajo, el norte y el sur globales, los hombres y las mujeres. A su vez, se pone mayor presin en las dimensiones invisibilizadas del sistema socioeconmico, que deben resolver la vida en un contexto de dificultad agudizada y ataque ms virulento, garantizando esa cara oculta sobre la que se apoyan los procesos de acumulacin. En otras palabras, se reorganizan las cadenas (globales) de cuidados. E implica que se rearticulan los procesos globales de dominacin, reconfigurando la divisin del mundo en zonas de acumulacin y de despojo, as como la relacin campo-ciudad. Finalmente, y en clave de metabolismo socioeconmico, la estructura socioeconmica que se asienta con los TCI es de mayor tamao (poniendo por tanto an mayor presin sobre un planeta colapsado) y agudiza la distribucin desigual del consumo de materia y energa a nivel global y por grupos sociales.

Una pregunta central, que hemos de esforzarnos por responder, es qu papel tiene esta nueva oleada en el paso de una cosa escandalosa que durante el neoliberalismo de colores jugaba ms bien a la seduccin (prometiendo sueos de xito individual urbi et orbe, economa de mercado junto a libertades polticas y civiles), a otra que es ms abiertamente violenta, un proyecto de expulsin y orden jerrquico expreso: Si los sueos para todos no son factibles, lo sern para los mos, si se portan bien. En qu sentido la nueva oleada est atravesada por un incremento generalizado de la violencia, en sus diversas formas y, sobre todo, en sus cruces (la violencia heteropatriarcal, la violencia corporativa, la violencia represora de los estados y la violencia del fascismo social)?

LOS IMPACTOS?

Si, a pesar de todo, queremos atender a los impactos, hay varias claves a tener en cuenta. (1) No pensarlos en trminos de unos pases frente a otros, sino de pueblos contra capitales, entendiendo al mismo tiempo las desigualdades que atraviesan a los pueblos. Es en ese sentido que proponemos pensar en trminos del impacto en la virulencia del conflicto capital-vida y en las condiciones de vida de sujetos desigualmente posicionados en ese sistema de dominacin mltiple. (2) Hablar en trminos vitales, que entendamos todxs y que acerquen los TCI a la vida concreta, en lugar de alejarlos. (3) Atender a la vida de las mujeres como un lugar privilegiado para comprender el significado y los impactos de los TCI (en el norte global, priorizar mirar desde las vidas de las mujeres migrantes, que enlazan las diversas oleadas de tratados). (4) No usar solo metodologas cuantitativas; recurrir tambin a las cualitativas y huir de la obsesin por replicar las tcnicas economicistas del discurso oficial. (5) Calibrar bien el esfuerzo que ponemos en este anlisis de impacto, para evitar los tres riesgos de un sobredimensionamiento de lo tcnico: perderse en el laberinto de informacin, desanimarse, y poner en marcha una movilizacin a dos niveles (el tcnico y superior, que conoce; el afectado, que se moviliza a golpe de batuta de lo tcnico).

Hay dos formas de entrada a los impactos. Podemos ver los impactos sobre lo que ya hay, es decir, sobre la estructura socioeconmica que ya existe (los servicios pblicos, la agricultura, determinados sectores productivos). O podemos preguntarnos por los impactos sobre lo que querramos que hubiera, intentando entender qu implican los TCI en trminos de la posibilidad de poner en marcha alternativas, crendolas o reforzando las que estn. Se tratara, por ejemplo, no de preguntarse cmo afectan al sector agrario, sino a la soberana alimentaria. La segunda opcin es mucho ms potente, porque significa abordar uno de los problemas centrales que se han detectado en lo que podramos englobar bajo el paraguas de lucha antiglobalizacin: alcanzar amplios niveles de acuerdo en el diagnstico, pero no en la contrapropuesta, dejando esta para un segundo momento y llegando sin fuerzas o abordndola desde el conflicto. Si queremos ver los impactos en trminos de amputacin de la capacidad de asentar alternativas, tenemos que abordar estos debates desde el principio: resistimos y luchamos al mismo tiempo.

Cmo podramos incluir una mirada feminista en la primera opcin, la ms clsica? (1) Atendiendo a la cara B de la economa, las dimensiones feminizadas que suelen desatenderse al mirar los impactos en determinadas reas (por ejemplo, preguntarnos por los impactos de la privatizacin de servicios pblicos en trminos de aumento de trabajo de cuidados no remunerado). (2) Preguntndonos dnde y cmo termina resolvindose la vida en un contexto de mayor dificultad (por ejemplo, si se destruirn redes de apoyo mutuo, o cmo abordarn los hogares el encarecimiento de productos bsicos, si reduciendo el consumo, aumentando el trabajo no remunerado, etc.). (3) Ampliando los sectores a analizar, prestando especial atencin a aquellos feminizados que suelen ser ms opacos para una mirada productivista, entre otros: la atencin a la dependencia, el cuidado infantil y el empleo de hogar, as como las bioeconomas de la reproduccin asistida. (4) Atendiendo a las desigualdades de gnero, en interseccin con otros ejes de privilegio/opresin, que atraviesan los sectores que miremos (por ejemplo, al ver el impacto en el empleo, prestar atencin a los sectores laborales feminizados, e incluir datos desagregados por sexo y por aquellas otras variables que hayamos definido como ms pertinentes para nuestro contexto).

La segunda opcin nos obliga a abordar una pregunta muy potente, si bien difcil de responder: cul es nuestro horizonte de subversin, desde una mirada feminista, ecologista, decolonial y de clase? Hay horizontes que s tenemos claros, como, por ejemplo, la soberana alimentaria, aunque precisen de una redefinicin feminista. Otros estn asentndose, como quiz sea el caso de la soberana energtica. Otros ms no estn claros, sino que son objeto de importantes debates. Por ejemplo, cul es el horizonte respecto al trabajo/los trabajos?: La desaparicin del trabajo asalariado y su contracara de los cuidados inmolados? O, de una manera ms limitada, la redistribucin de los trabajos existentes y el freno de la precarizacin laboral? Otra posibilidad sera hablar del impacto en trminos de acceso a derechos, enfatizando aquellos que el feminismo reivindica y quedan a menudo desplazados (por ejemplo, derechos sexuales y reproductivos, derecho a la vivienda). Una pregunta con especial relevancia para el feminismo es cul es nuestro horizonte en materia de cuidados: la garanta universal de un derecho al cuidado?, la socializacin de los cuidados?, la desaparicin de los cuidados inmolados para construir una economa donde el cuidado de la vida sea el eje gravitatorio? Otro elemento que podra marcar nuestro horizonte son los comunes como modo de articulacin de la vida en comn.

No se trata de tener los horizontes niquelados antes de preguntarnos sobre los impactos de los TCI en ellos, sino de aprovechar la ocasin para lanzar una propuesta tentativa y provisional de horizontes aglutinadores. Quiz podramos pensar en aquellos horizontes que suscitan mayor movilizacin social, para enganchar el trabajo sobre TCI con las movilizaciones polticas en marcha. Desde los feminismos, se est proponiendo pensar estos horizontes en trminos de diversas soberanas vinculadas. As, Bilgune Feminista plantea la soberana feminista como el proceso de transformacin global de las relaciones sociales capitalistas, que son en s mismas heteropatriarcales. Es el marco comn de subversin que debe articular el cambio hacia otra organizacin de la economa orientada a la satisfaccin de las necesidades sociales y al bienestar colectivos (7). A su vez, Justa Revolta entrecruza soberana (re)productiva, de curas y afectos (entendiendo que dentro de esta soberana productiva tambin est la reproductiva); soberana popular; soberana ecolgica (dividida en dos: alimentaria y energtica); soberana cultural y soberana del propio cuerpo.

CONFRONTANDO DESDE LA VIDA

En definitiva, cualquier cosa que hagamos sobre los TCI ha de servirnos para construir un lenguaje de confrontacin que enganche con la vida concreta y se dirija no solo contra los TCI, sino contra el sistema del que son herramienta; para identificar las rearticulaciones que est experimentando ese sistema as como comprender el funcionamiento de dimensiones que tienden a permanecer ocultas; y para ir definiendo un horizonte de subversin que pueda ser compartido y mine al poder corporativo a la par que nos obliga a afrontar las desigualdades que nos atraviesan.

Notas:

(1) Este texto se basa en el trabajo realizado con OMAL a lo largo de 2017 y 2018 en torno a los TCI y, en concreto, en los siguientes documentos:

- Amaia Prez Orozco (2018), Manual de instrucciones para leer un tratado, Revista Pueblos, 76

- Amaia Prez Orozco (2017), Aprendizajes de las resistencias feministas latinoamericanas a los Tratados de Libre Comercio e Inversin. Del no al ALCA al cuestionamiento del capitalismo patriarcal , OMAL-Paz con Dignidad.

- Gonzalo Fernndez (2018a, prxima publicacin), Mercado o democracia. Los tratados comerciales en el capitalismo el siglo XXI, Icaria.

- Gonzalo Fernndez (2018b), Claves para interpretar la nueva oleada de tratados y acuerdos de comercio e inversin, Revista Pueblos, 76.

(2) Usamos este trmino para distinguirlos de otra forma deseable de cuidados (entendidos como la gestin corresponsable de la vida en comn) que sera ms bien una contrapropuesta a las formas de trabajo dominantes hoy, ambas alienadas: el trabajo asalariado y los cuidados inmolados.

(3) Con este trmino irnico nos referimos al trabajador (aparentemente) libre de cuidados aquel que, aparentemente, no tiene necesidades propias ni responsabilidades sobre la vida de otras personas que condicionen su insercin en el mercado laboral.

(4) Todos los trminos entrecomillados en este apartado los tomamos de Fernndez (2018a).

(5) Lo cual no significa que el poder corporativo logre efectivamente salir de la crisis de rentabilidad en la que est, o poner en marcha otra onda larga de acumulacin capitalista.

(6) Acrnimo con el que irnicamente nos referimos al sujeto que domina el proceso de acumulacin y que se sita en la cspide de la interseccin de ejes de privilegio: el blanco, burgus, varn, adulto y hetero.

(7) Tomamos este extracto de Uzuri Aboitiz (2018), Soberana feminista: una aproximacin a la soberana desde la vida cotidiana, en VVAA, Conjugando la soberana, Iratzar Fundazioa.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/vidas-precarias/oleada-de-tratados-contra-la-vida-no-son-los-impactos-es-el-sistema



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