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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2018

Divide et impera

Jorge Majfud
Rebelin


  

Un desamparado se salv

Por causa de una buena accin

Y hoy nadie lo repudia, aleluya

Y un hambriento hoy tiene de comer

Y hoy donaron a una iglesia una fortuna

Aleluya

(Versin castellana de Hallelujah )

 

La globalizacin explot. Como en un Big Bang, su realidad todava existe, pero ha generado una estela de micro fragmentos que se van alejando unos de otros, creando mundos, sistemas solares que se ven, pero se desconocen entre s. Como el Big Bang, esta hiper fragmentacin es reversible, slo que el mundo humano suele desafiar las leyes de la fsica y esperamos que la reversin no sea un Big Crunch, una gran implosin.

Para aquellos que estamos a favor de la revolucin humanista iniciada en el siglo XV (no confundir humanismo con atesmo), con sus ideas herejes de libertad individual, de progreso de la historia a travs de la educacin (proceso que se aceler con la revolucin cientfica del siglo XVII y el Iluminismo en el silo XVIII) lo que estamos presenciando hoy es un regreso a la Edad Media, a un Neomedievalismo superpuesto a un progreso tecnolgico que no se detiene y que pareciera seguir sus propias leyes, independiente de las leyes sociales.

Como en la Edad Media, la verdad y la justicia ya no depende de la razn y la investigacin de los hechos (quizs el nico aporte positivo de la inquisicin), sino de la fuerza del brazo del vencedor, como en el torneo medieval. Como en la justa medieval, quien tiene los medios, la lanza y el caballo, son los caballeros, no los plebeyos de a pie, razn por la cual el ganador, es decir el dueo de la razn y la verdad, es siempre el noble, el aristcrata. El vasallo, el buen vasallo, se doblega ante la verdad dominantecuando no la defiende a muerte.

El espritu de partido no es diferente al espritu del ftbol moderno y de cualquier otro torneo antiguo. Como en la guerra, el soldado no se detiene, ni puede detenerse a pensar si est del lado de los justos o del otro lado. Su objetivo es vencer y sobrevivir. Lo mismo con la poltica tradicional, con las luchas de fanticos deportivos o religiosos. Los hechos no importan en ningn caso. Cundo alguien cambi de religin o de equipo de ftbol en base a un hecho, por dramtico que fuese? En poltica partidaria suele ocurrir lo mismo. Los nicos hechos que pueden conmover a un votante del partido X, del candidato Y, son los econmicos. Especialmente cuando la economa golpea de forma dramtica su propio bolsillo, que es el rgano ms sensible de un votante. Pero esto ocurre cuando los golpes son violentos, como en una recesin. Si su bolsillo est herido y desangra lentamente, ao tras ao, las narrativas de consuelo suelen anestesiar el dolor y el fiel votante se aferra a la bandera como un hincha de ftbol, como un creyente fantico. Esa es la funcin de la gran narrativa del poder: encubrir, consolar: ir a la guerra con fervor; atacar al peligroso pobre, a la temida chusma, mientras se defiende la estabilidad de la sociedad a travs de la seguridad y proteccin del uno por ciento que posee la mayor parte de los beneficios de un pas, de una sociedad, del progreso de la historia, como si ellos fuesen los responsables del bienestar del resto de la poblacin.

Por la dinmica de esta fidelidad del consumidor, es que se explica cmo, por ejemplo, en Estados Unidos aquellos que defienden la vida oponindose al aborto sin restricciones son amantes de las armas. Aquellos que se dicen cristianos compasivos son los primeros en apoyar las guerras econmicas y militares contra otros pases, con ese espritu de cruzada, propio de muchas otras sectas. Son enemigos de los impuestos, partidarios acrrimos del beneficio de una elite privada sobre una minscula redistribucin de la riqueza de una sociedad entre sus miembros menos favorecidos. Son religiosos defensores de las leyes de Darwin al tiempo que demonizan a Darwin. Y as un largo etctera.

La razn radica en que un partido (una fraccin), en el fondo es una trampa para las causas. Los partidos crean divisiones dualsticas, paquetes ideolgicos, como en los torneos medievales, y todo lo que caiga de este lado debe ser definido, y atacado todo lo que caiga del otro. As, si estoy contra el aborto y a favor de la redistribucin de la riqueza, tarde o temprano voy a terminar, dependiendo del partido, estando a favor o en contra del aborto, cuando el mismo concepto es una trampa: nadie, con excepciones, est a favor del aborto per se; nadie es anti vida. Todos somos pro vida. El problema es que concebimos diferentes soluciones. Lo que para unos es el mal menor, para los otros (los pro vida) es el mal, a secas.

Y as seguimos atrapados. Porque no slo los partidos polticos son trampas. Las mismas palabras (como ideolxicos) lo son. Todos somos liberales y conservadores al mismo tiempo, en diversos grados y en diversos temas, pero las definiciones nos meten en uno de los dos paquetes y nosotros mismos terminamos, por ese espritu de partido, defendiendo el paquete completo sin cuestionamientos, temiendo traicionar la causa.

La fragmentacin y la compartimentacin del pueblo siempre fue una tcnica del poder. No voy a volver sobre Trump, pero consideremos la promocin por escrito, menos hipcrita, del racismo del gobernador de Carolina del Sur, James Glen, en el siglo XVIII, para mantener a diferentes grupos raciales odindose unos a otros con el solo objetivo de asegurar la paz y la estabilidadde aquellos en el poder de turno. O las prcticas administrativas de los sistemas fascistas y del sistema sovitico. O la retrica del presidente venezolano Nicols Maduro. O las viejas prcticas de las ms importantes multinacionales de los pases democrticos, gobernadas por un CEO (un gerente ejecutivo) quien es, por definicin, un dictadorpuede ser una persona buena o mala, pero es siempre un dictador que, cuando se convierte en presidente de un pas no deja de serlo, aunque limitado por algunas instituciones.

Actualmente, la hiper fragmentacin, apoyada por las tecnologas, se est dando en las sociedades y en el individuo mismo. Es ms: el individuo ya no posee una identidad sino muchas y contradictorias. Ante la percepcin de la hiper fragmentacin, el individuo se impone una unin a la fuerza, a travs de la eliminacin de la diversidad, del odio al otro. Es un sntoma esquizofrnico, tal vez neurtico, de nuestra realidad intercultural. De esto ya nos ocupamos hace ms de diez aos.

Paradjicamente, la aceptacin de la diversidad implica una unin mayor, mientras las uniones corporativas, nacionalistas, implican una divisin. Por lo pronto, y aunque pueda parecer una idea algo utpica, una de las soluciones es la eliminacin gradual de los partidos polticos (o de su predominancia), la sustitucin de esas instituciones rgidas y maniquestas por Las causas, lo cual no implica la eliminacin de los conflictos, pero s de la aniquilacin.

Ms o menos, estas eran nuestras ideas en los aos 90. El presente se ha movido en direccin contraria. No obstante, podemos creer que tanto el bien como la posibilidad estn del otro lado: en democracias ms directas, liberadas de patriotismos anacrnicos y criminales, en beneficio de una conciencia y un inters ms global y no slo para los ricos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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