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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-06-2018

Ciencia con conciencia. La tercera cultura, un elemento central en la reflexin ecologista de Francisco Fernndez Buey

Salvador Lpez Arnal y Jordi Mir Garcia
CCCBLAB


Para el profesor, maestro y amigo, que hoy cumplira 75 aos.

Resumen: Superar la injustificada separacin de los saberes tecnocientficos y los estudios humansticos fue una de las preocupaciones centrales de Francisco Fernndez Buey, el autor de Utopa e ilusiones naturales. Saber a qu atenerse en un mundo grande, terrible y complejo como el nuestro, intervenir con conocimiento de causa y desde una perspectiva documentada en asuntos ticos y polticos controvertidos, comprender cabalmente las injusticias de nuestro mundo para enfrentarnos a ellas y superarlas, generar entre todos un concepto fundamentado del buen vivir, nos exige a todos coraje cvico y una cultura incluyente, plural, acogedora, que considere tan esencial la obra de Berger, Goethe, Gamoneda y Marx como la de S. Jay Gould, Darwin, E. Schrdinger y B. Russell.

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Ciencia con conciencia y una conciencia poblada del mejor conocimiento cientfico-humanstico y artstico disponible, fueron lema y aspiracin central del autor de Leyendo de Gramsci, un original ecologista, estudioso, lector e intrprete de la obra de Marx, Guevara, Brecht, Bartolom de Las Casas, Platnov y Einstein.

Conocer los caminos del infierno para no caer en el desastre. Esta reflexin de Maquiavelo fue nudo central, acentuado con el transcurso de los aos, de muchas de las intervenciones filosficas de Francisco Fernndez Buey (1943-2012). Para alejarse de esos senderos de destruccin, injusticia, marginacin social, opresin, explotacin y muerte en ocasiones, para ubicarse en el terreno del buen vivir personal y colectivo, el conocimiento y la praxis anexa, un conocimiento, amplio, diverso, riguroso, no unilateral, superador de viejas y paralizantes divisiones, fundado en diversos saberes tericos, pretericos y artsticos era, y siempre fue en su caso, un elemento clave.

El autor de Politica nunca fue partidario de una cultura centrada en asuntos, temticas y mtodos cientficos que marginara o menospreciera los "estudios humansticos". Ni tampoco de la clsica consideracin del "hombre culto", concebido ste como un erudito estudioso de la literatura, la historia, la filosofa o las artes, sin arista alguna ubicada en saberes tecnocientficos, menospreciados como meramente tcnicos e insustantivos desde una perspectiva humana y humanista.

Si Wittgenstein, Eluard, Joyce, Brecht, Berger o Picasso eran imprescindibles para llegar a ser una persona culta en el siglo XX (o en nuestro siglo) y as poder estar a "la altura de las circunstancias", tambin lo era conocer, no forzosamente como especialistas o investigadores, la obra de Einstein, Heisenberg, Gould, Feynman o Hilbert por ejemplo. Entre otras disciplinas, la historia de la ciencia poda ser un buen instrumento para acercar esas dos orillas del saber humano, siempre provisional, siempre revisable, en un mismo fluir.

As, pues, superar la separacin e incomunicacin de las dos culturas por una tercera, compuesta y partidaria al mismo tiempo del conocimiento cientfico y del saber histrico-literario-artstico-filosfico, fue uno de los objetivos centrales de las reflexiones y aportaciones de FFB a lo largo de un amplio arco de estudio, conocimiento y trabajo que se inicia en sus artculos juveniles, en sus escritos sobre Heidegger, Fourier, Geymonat, Gramsci y Della Volpe (su tesis doctoral es, precisamente, una contribucin a la crtica del marxismo cientificista), y finaliza en la que ser su obra pstuma, Para la tercera cultura, una aspiracin que se acentu ciertamente con el transcurso de los aos. Sus diversas y ricas aproximaciones a la obra cientfica, filosfica y poltica de uno de sus mximos referentes, Albert Einstein, es una ilustracin de ello.

Para FFB, el humanista de nuestra poca no tiene por qu ser un cientfico en sentido estricto pero tampoco tiene por qu ser necesariamente la contrafigura del cientfico natural o "el representante finisecular del espritu del profeta Jeremas, siempre quejoso ante las potenciales implicaciones negativas de tal o cual descubrimiento cientfico o de tal o cual innovacin tecno-cientfica". Si se limitaba a ser esa contrafigura, el literato, el filsofo, el intelectual tradicional (el humanista, en suma) tena todas las de perder. Poda optar por callarse ante los descubrimientos cientficos contemporneos y abstenerse de intervenir en las polmicas pblicas sobre las implicaciones de estos descubrimientos. Slo que entonces, seal con nfasis, "dejar de ser un contemporneo".

Consciente de ello, el humanista de nuestra poca deba ser tambin un amigo de la ciencia. Un amigo de la ciencia en un sentido parecido a como lo eran, coment, "los crticos literarios o artsticos, equilibrados y razonables, de los narradores, de los pintores y de los msicos".

Si se tena que aspirar a una tercera cultura, a otra cultura, y a una ciencia con conciencia, el xito de esta aspiracin no iba a depender tanto o slo de la capacidad de propiciar el dilogo entre filsofos, literatos y y cientficos "como de la habilidad y precisin de la comunicacin cientfica a la hora de encontrar las metforas adecuadas para hacer saber al pblico en general lo que la ciencia ha llegado a saber sobre el universo, la evolucin, los genes, la mente humana o las relaciones sociales". Este era el punto, este sigue siendo el punto.

Lo sealado nos obligaba a prestar atencin no slo a la captacin de datos y a su elaboracin, a la estructura de las teoras y a la lgica deductiva en la formulacin de hiptesis, al mtodo de investigacin, sino tambin a la exposicin de los resultados, a lo que los antiguos (tambin Marx) llamaban mtodo de exposicin. Lo que nosotros podemos llamar divulgacin cientfica bien meditada, bien hecha.

En su opinin, si se conceda importancia al mtodo de exposicin, a la forma de exponer los resultados cientficos alcanzados, haba que volver la mirada hacia dos de los clsicos que vivieron cabalgando entre la ciencia propiamente dicha y las humanidades, clsicos que dieron mucha importancia a la forma arquitectnica de la exposicin de los resultados de la creacin y la investigacin, Goethe y Marx, dos clsicos tambin en su obra:.

Que el humanista o el estudiante de humanidades lleguen a ser amigos de las ciencias no dependa slo de la enseanza universitaria reglada. Tampoco (en exclusiva) de los planes de estudio que acaben imponindose en ella. Tanto como los planes acadmicos y las reglamentaciones "podra contar la elaboracin de un proyecto moral con una nocin de racionalidad compartida".

El sapere aude de la Ilustracin no era, al fin y al cabo, una mala consigna. Un lema que, eso s, tena que complementarse con otro, "surgido de la reconsideracin de la idea de progreso y de la autocrtica de la ciencia en el siglo XX, la del ignoramos e ignoraremos, que deba implicar autocontencin, conciencia de la limitacin", otro de los nudos centrales de la filosofa poltica y de la ciencia del autor de La ilusin del mtodo (como lo fuera de su maestro Sacristn). Si ignoramos e ignoraremos, si nuestra especie es as gnoseolgicamente, lo razonable era pedir tiempo para pasar del saber al hacer, atender al principio de precaucin. Lo vena recordando Jorge Riechmann, amigo del autor y coautor junto a l de Redes que dan libertad y de Ni tribunos. Con lo que, en su opinin, poda quedar para el caso: "atrvete a saber porque el saber cientfico, que es falible, provisional y casi siempre probabilista, cuando no slo plausible, ayuda en las decisiones que conducen al hacer. Ayuda tambin a la intervencin razonable de los humanistas en las controversias pblicas del cambio de siglo".

Al plantearse las posibilidades reales de reencuentro entre una cultura cientfica y una cultura humanstica, FFB crea muy interesante el punto de vista de los cientficos representantes de lo que lo que se sola llamar la "autocrtica de la ciencia", el punto de vista expresado por cientficos preocupados por el propio saber en este siglo. Desde Ettore Majorana, Leo Szilard, el ltimo Einstein y Bertrand Russell hasta Joseph Rotblat, J.M. Levi Leblond y Toraldo di Francia por ejemplo.

Se poda resumir este punto de vista, en los siguientes trminos: la ciencia es ambivalente, y en esta ambivalencia epistemolgico-moral est la fundamentacin de un concepto trgico del saber: el miedo humano a la muerte, al dolor y al sufrimiento producido por las enfermedades es causa a la vez del miedo al saber (qu ser de m?) y del desarrollo histrico de la ciencia. Miedo e hybris "han acompaado, acompaan y acompaarn siempre las actitudes humanas respecto del saber cientfico: desde la medicina griega hasta la biotecnologa actual".

Para tratar de superar los miedos haba que partir de dos datos paralelos e inseparables: "la imposibilidad prctica de la renuncia a la ciencia, a la curiosidad incluso exagerada, desmedida, que impulsa la investigacin cientfica" y, a un tiempo, "la inanidad de la crtica unilateral, meramente especulativa, al conocimiento cientfico (porque no conviene hablar, y menos con petulancia, de lo que no se sabe o de aquello sobre que no se tiene experiencia fundada)". Poda expresarlo con el hermoso decir de un gran filsofo moral tambin amante de la ciencia. Necesitamos la ciencia precisamente para salvarnos de la ciencia haba sealado Bertrand Russell.

En sus Oxford Notebooks, Oscar Wilde sealaba que los antiguos griegos tenan previsiones msticas de casi todas las grandes verdades cientficas modernas. En realidad, aada Wilde, el problema es qu lugar ocupan la imaginacin y las emociones en la ciencia, y sobre todo debamos recordar que el hombre debe usar todas sus facultades en busca de la verdad. En esta era, prosegua, ramos tan inductivos que nuestros hechos estn rebasando nuestro conocimiento, haba tanta observacin, tantos experimentos, tanto anlisis... y tan pocas concepciones generales.

Queremos ms ideas y menos hechos, reclamaba. Las magnficas generalizaciones de Newton y Harvey no podran haberse realizado nunca, conjeturaba, en esta edad moderna donde nuestra mirada se diriga, bsicamente, a la tierra y a lo particular.

Einstein, Heisenberg y tantos otros matizaran-desmentiran pocos aos despus lo que el gran escritor britnico sostuvo en estas consideraciones. No, en cambio, en un punto bsico: la importancia de aunar facultades, prcticas y saberes en la bsqueda, siempre inacabada, siempre en marcha, siempre construyndose, de la verdad, entendida sta como instrumento de emancipacin, no como medio para una mayor eficacia (econmica y poltica) en el dominio y en la opresin de los ms desfavorecidos, los condenados de la tierra, los "de abajo" sola decir el autor de Marx (sin ismos). Y, por supuesto, una verdad prxica que nos ayude a combatir in fieri el ecosucidio, la creciente e irresponsable destruccin de un mundo justo y habitable (y de nuestros mismoss deseos para conseguirlo) por los descreadores de la tierra y sus pobladores.

 

Fuente: http://lab.cccb.org/es/ciencia-con-consciencia-por-una-cultura-plural/



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