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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-06-2018

Cuaderno postcrisis: 8
Devaluacin salarial

Albert Recio Andreu
Mientras tanto


I

El ajuste salarial es una de las recetas estrella de las polticas neoliberales anti-crisis. Las reforman laborales forman parte de los paquetes de reformas estructurales que se imponen a los pases con problemas. Y uno de los efectos de estas reformas, aunque no el nico, es el de provocar la reduccin salarial (aunque sus objetivos son ms ambiciosos, pues incluyen medidas para incrementar el sometimiento social de la clase obrera y cercenar la lucha sindical). Este fue claramente el objetivo de las reformas laborales de 2010 y 2012 en nuestro pas.

El argumento intelectual que se utiliza para justificar la necesidad del ajuste salarial es el de la competitividad. Se supone que las economas que tienen problemas es porque su produccin se debe a que sus costes les hacen perder capacidad de competir en el mercado mundial. El ajuste salarial, al reducir costes, permite rebajar el precio de los productos y mejorar la balanza comercial. El argumento es sencillo pero falaz por diversas razones. En primer lugar, no est claro que la competencia entre empresas y pases sea esencialmente en trminos de precios. Una buena parte de los intercambios internacionales se realizan entre productos de una elevada especializacin. Y, en algunos casos, los precios no son tan importantes como otras cuestiones. Esto es lo que explica el xito exportador alemn, no que sus productos sean ms baratos sino que en bastantes casos no tienen competidores eficientes. En segundo lugar, no es evidente que una mera reduccin de costes laborales vaya a tener un efecto importante sobre los precios finales de los bienes. En los productos industriales el peso de los costes salariales no suele superar el 30% del coste total. En este caso, una reduccin sustancial del 10% de los salarios, de trasladarse a los precios representara una reduccin del precio de venta del 3%. Para tener efectos contundentes, la reduccin de salarios debera ser de enormes proporciones (lo que puede tener efectos colaterales contraproducentes en aspectos como la productividad y la demanda interna). En tercer lugar, y este es un elemento crucial, no es evidente que las reducciones salariales se trasladen automticamente a los precios (de la misma forma que no suele ocurrir que las reducciones del coste de materias primas como el petrleo se trasladen automticamente al precio de los carburantes, o que la reduccin del inters que pagan los bancos se traslade a los intereses que cobran por los crditos.). Cuando no hay traslado, la cada de costes salariales lo que hace es engordar los beneficios empresariales sin que necesariamente aumente su competitividad en trminos de precios. Por ejemplo, no existe evidencia de que la cada sustancial de los salarios en la hostelera se haya traducido en un abaratamiento sustancial de hoteles y restaurantes. Y, en cuarto lugar, si los problemas son de precios el factor ms importante no son los costes salariales, sino el tipo de cambio que se establece entre la moneda local y las dems. Si, por ejemplo, el Euro se revaloriza un 10% respecto al dlar, ello quiere decir que todos los productos del rea euro se encarecen un 10% para los clientes externos y, al mismo tiempo, los productos provenientes del exterior de la zona euro se abaratan en la misma proporcin. Es evidente que el tipo de cambio no influye en el comercio exterior con los pases de la zona euro, pero s con el resto. Y dentro de la zona euro, gran parte de los intercambios obedecen al tipo de especializacin productiva de cada rea y a las polticas de localizacin de las multinacionales. Si los salarios fueran tan decisivos, pases como Grecia, Rumania o Bulgaria deberan estar atrayendo inversiones industriales masivas y ganando cuota de mercado.

El argumento de la competitividad es por tanto dudoso. Lo que es indudable es que el ajuste salarial lo que provoca es un aumento de los beneficios, un cambio en la distribucin de la renta a favor del capital. Y, como han mostrado numerosos economistas crticos, empezando por Marx, este cambio en la distribucin de la renta forma parte de la lgica de la acumulacin de capital. Algo muy distinto al inters colectivo con el que el discurso econmico dominante nos trata de confundir.

II

Promulgar una devaluacin salarial no es lo mismo que llevarla a cabo. A menos que se practique un recorte salarial por decreto (como lo que hizo Rodrguez Zapatero con los sueldos pblicos), lo que no es el caso en nuestro marco institucional, el proceso de ajuste requiere un cierto tiempo. La medida ms contundente para aplicar un ajuste salarial ha sido sin duda la Reforma Laboral de 2012, especialmente en todo lo que destruye del modelo de negociacin colectiva. Pero no poda esperarse que obrara de inmediato. Por eso es ahora cuando empezamos a tener evidencias ms slidas de la profundidad del ajuste. De hecho, hay dos procesos coincidentes que propician el ajuste salarial. De una parte, est el propio hecho del paro masivo, una realidad que siempre debilita a la gente corriente y la hace ms proclive a aceptar condiciones laborales deterioradas. De otro, est el recorte de derechos laborales y las dificultades que generan a los sindicatos y la negociacin colectiva que aport la reforma. Ejrcito de reserva y cambio institucional han conspirado al alimn para promover el ajuste salarial.

Antes de analizar sus efectos conviene tomar conciencia de una cuestin tcnica en la medicin de los salarios, en especial al partir de datos estadsticos que se ofrecen como medias. Se trata de los conocidos efectos composicin. Lo explicar con un ejemplo simplista: si slo existiera una categora salarial y todo el mundo recibiera el mismo salario, es obvio que las variaciones del salario medio reflejaran adecuadamente las variaciones salariales. Pero esto nunca es lo que caracteriza a la estructura laboral.

Supongamos para simplificar que existen dos categoras laborales, una de altos salarios que representa un 30% de la poblacin asalariada (pongamos que obtiene un salario anual de 50.000 ) y otra, el 70%, de salarios bajos (20.000 anuales). El salario medio se obtiene por la frmula 50.000 x 30% + 20.000 x 70%, que da un salario medio de 29000 (que no cobra nadie). Si al ao siguiente se produce una crisis y se despide slo a gente de bajos salarios (pongamos que al final el total de poblacin asalariada se compone de 40% de altos salarios y 60% de bajos) aunque los salarios no varen, el salario medio subir (aplicando la misma frmula 50.000 x 40% + 20.000x 60% = 32.000). Si por el contrario hay un aumento del empleo de bajos salarios y la composicin final es de un 20% de altos salarios y un 80% de bajos, el salario medio se situara en 26000, sin que a nadie le hubieran bajado el sueldo. En la prctica, existen muchas categoras laborales, su peso en el conjunto cambia y asimismo varan los salarios por lo que las medias pueden enredar nuestra visin del tiempo. Por ejemplo, en la primera fase de la crisis se produjo una destruccin masiva de empleos de bajos salarios, lo que creo la falsa sensacin de un crecimiento de los salarios. Siempre hay que ser cautos con los datos agregados, aunque ahora la evidencia de una devaluacin salarial es cada vez ms consistente.

III

La forma ms directa de reconocerla es ver qu ha ocurrido en el reparto de la renta nacional, la parte de la renta que va a salarios (aunque tambin aqu hay que poner en duda la bondad de la contabilidad nacional para medir adecuadamente la actividad econmica). Y el resultado es demoledor: el peso de las rentas salariales en la Renta Nacional Bruta ha cado 4,32 puntos (desde el 51,60 al 47,28%) entre 2008 y 2017. Y ello a pesar de que el peso de los asalariados en la poblacin ocupada no slo no ha decrecido, sino que ha aumentado ligeramente, pasando de representar un 82,36% al 83,47% (la repetida afirmacin del crecimiento de los autnomos sigue sin dejar rastro estadstico). O sea que un 1% ms de poblacin se reparte un 4% por ciento menos de producto. No hace falta ser muy sutil para entender que se trata de un resultado estadstico que refleja la evolucin de la lucha de clases. Y vamos perdiendo por goleada. Y tambin es una muestra que el ajuste salarial, ms que permitir una cada de precios (que hubieran dejado inalterada la distribucin de la renta) lo que ha favorecido es un cambio distributivo en favor del capital.

Pero, que en su conjunto los salarios se hayan deprimido, no significa que todos lo hayan hecho al mismo ritmo. En este sentido, la Encuesta Anual de Estructura Laboral ofrece informacin til para entender la naturaleza de los cambios. Para explicarlo de forma sinttica:

IV

Una ltima cuestin el de la brecha salarial. En trminos agregados, sta no muestra una evolucin clara. En el perodo 2008-2016 vara ao en ao, y oscila entre un 22 y un 24 por ciento. Los ltimos aos muestran un moderado perfil descendente (de un 24% en 2013 a un 22,4% en 2016), pero posiblemente en ello importan ms los efectos composicin (los cambios en el empleo) que un verdadero cambio en las pautas salariales. Y, en todo caso, una desigualdad entre hombres y mujeres superior al 20% por ciento es de por s escandalosa ―y, como cabe esperar, no es homognea―. Las diferencias son notorias: la brecha salarial de gnero es de un 8,7% en educacin, un 10,4% en la Administracin Pblica y, en el otro extremo, supera el 30% en Otros Servicios (32,3%), Empleos Administrativos y Auxiliares (32,4%), Actividades tcnicas y profesionales (31,4%) y se acerca en Sanidad y Servicios Sociales (29,9%) e Inmobiliarias (29,6%). Sin duda, en los sectores donde existe ms desigualdad operan tanto los mecanismos de suelo pegajoso (en los servicios, incluido el sector sanitario, donde se encuentran las trabajadoras de servicios a la dependencia) como los de techo de cristal, en actividades profesionales. Cuando del anlisis sectorial pasamos al ocupacional, las mayores desigualdades se encuentran entre los empleos industriales ―trabajadores cualificados de la industria 29,3%, operadores de mquinas 28,6% (explicable por la segregacin sectorial de hombres y mujeres), y trabajadores no cualificados de los servicios 28,2% (donde tiene especial relevancia la proliferacin de empleo femenino a tiempo parcial). Las menores desigualdades, por su parte, se encuentran entre el personal de seguridad (14,4%) y profesionales de Sanidad y Educacin (15,2%), sectores ambos en los que interviene el sector pblico de forma sustancial.

Pero la brecha salarial de gnero no es la nica brecha sistmica que puede detectarse. La de clase social es igualmente relevante, aunque ahora se camufla bajo la capa de la cualificacin educativa. Con excepcin de los operadores de mquinas (1% por encima) ninguna actividad manual se sita por debajo del salario medio, siendo los empleados y empleadas no cualificados de los servicios (55%) y los de comercio y restauracin (63%) los que ocupan el lugar inferior. En el otro extremo el salario medio de los directivos es 2,18 veces superior a la media y todas las actividades profesionales estn por encima del 1,2.

La peor, con todas, es la brecha que tiene que ver con la nacionalidad. Los salarios de las personas de otras nacionalidades son inferiores en un 20% para los sbditos de la Unin Europea (donde se mezclan situaciones muy diferentes) y en 38,1% para los latinoamericanos y el 40,9% de los procedentes del resto del mundo. Una brecha que ha crecido con la crisis.

Y es que, en nuestras sociedades, las desigualdades que afectan a las personas tienen que ver con su gnero, su condicin social y su nacionalidad (o grupo tnico). Son un reflejo de las tres estructuras profundas que modelan nuestra sociedad: el capitalismo, el patriarcado y el imperialismo. Y por eso, la lucha contra las desigualdades exige enfrentarse tanto a las polticas que empobrecen a la mayora en beneficio de unos pocos como a la superacin de estos elementos estructurantes que diferencian a los que tendramos que ser iguales, que generan ms competencia que cooperacin. No hay caminos intermedios la lucha por la igualdad, exige contemplar los tres elementos a la vez.

Nota final. Aqu solo abordo el tema de las desigualdades salariales. Soy consciente que no entro en la cuestin ecolgica. Tras un interesante debate con Miguel Muiz tengo pendiente volver sobre el tema.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-169/notas/devaluacion-salarial



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