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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-06-2018

Lecciones del ftbol

Jorge Majfud
Rebelin


Cuando mi madre muri en 1984, abandon los misteriosos placeres del dibujo, la escultura, los varios tomos de Shakespeare en espaol, los muchos ms de la por entonces anacrnica enciclopedia Cumbre de tapas rojas, la vieja mquina de escribir Olivetti de mi padre, por algo que nunca haba hecho en mi infancia: jugar al ftbol en un campito.

En realidad, haba descubierto este deporte, y cualquier otro deporte, un poco antes, con mi hermano, en la secundaria, pero por aquel ao slo queramos ir al campito del liceo a encontrarnos con nuestros amigos para jugar al ftbol. Al regreso a casa, ya no lea la segunda y tercera pgina del diario con las noticias internacionales sino las dos ltimas, con las ltimas novedades del ftbol uruguayo. Por entonces, a nadie le importaba las ligas de otros pases, aparte de Argentina. El campeonato alemn, que pasaban en la televisin, era un relleno aburrido del que nadie hablaba. Ahora, claro, es al revs. A un muchacho que vive en un rincn apartado de una granja en Uruguay le importa ms el Liverpool o el Barcelona que Pearol o Nacional.

Mi pasin por jugar al ftbol dur slo dos aos. Como en otras etapas de la vida, la experiencia nunca muri. Debido a una infancia sin ftbol, mi hermano y yo ramos muy malos jugadores. Aparte de que el ftbol (como cualquier otra habilidad, como un idioma o como la msica) se debe cultivar de muy pequeo para hacerlo bien, seguramente no tenamos condiciones naturales. Yo menos que mi hermano mayor, porque en los deportes, sospecho, los ms habilidosos son siempre los hermanos mayores. Pruebas hay de sobras.

En mi caso, al menos, haba un agravante: cada vez que me llegaba la pelota pensaba tres o cuatro veces a quin deba pasrsela. Cuando llegaba a la conclusin correcta, ya me la haban quitado y los compaeros de mi equipo haban acabado con la acostumbrada lista de insultos. Sospecho que los genios del ftbol como Maradona, como Messi, como Salah no piensan una buena jugada; la ven antes que ocurra. O simplemente la provocan, como sea.

Recuerdo, entre tantos, a un compaero llamado Frank, algo mayor que el resto, una especie de capitn, que me gritaba, No lo dejes pasar, matalo! Que pase el jugador, no la pelota!. Y como yo no poda darle una patada a nadie, el adversario terminaba convirtiendo otro gol. Intil era el adjetivo ms amable que solan decirme. Yo era muy malo jugando al ftbol, pero todos sabamos que los insultos, por terribles que fuesen, terminaba all, en el campito. Hoy ni siquiera recuerdo aquel campito como un trauma, sino con cario.

Terminaba el partido y terminaba la bronca. Por entonces, casi no exista el bullying, al menos no con el significado con el que existe ahora, esa podredumbre destructiva que veo en jovencitos aqu en Estados Unidos y en otros pases al sur. Nadie quera matarse ni matar al resto por las burlas ajenas. Tenamos alguna capacidad para contextualizar cada drama. Nos insultbamos, nos decamos pata dura, negro intil, maricn, retardado mental, y cosas polticamente incorrectas como esas, pero todos sabamos que pertenecamos al grupo, que blancos y negros, que tanto los buenos jugadores como los peores pertenecamos al mismo grupo-diverso, aunque de una mayora de chicos pobres, muy pobres.

El campito donde jugbamos tena arcos imaginarios, marcados con dos piedras o dos zapatos cada uno. Los equipos se componan de trece o catorce jugadores cada uno. No tuvimos arcos verdaderos por mucho tiempo, hasta que la institucin, el Liceo Nmero 2 de Tacuaremb, instal dos, hechos de caos metlicos.

All conoc y admir muchos amigos, por entonces de catorce y quince aos, con habilidades especiales para ese deporte, como los hermanos Barboza, o un compaero de clase que se haca llamar Ricardo Gareca, porque era rubio y extremadamente habilidoso, como el jugador argentino de Boca Juniors, actual DT de Per. Michel Barboza, el hermano mayor de los Barboza, era otro prodigio. No s si Messi, a esa edad, poda dejar a medio equipo adversario sentado o bocabajo antes de convertir un gol que, de ser visto hoy en un video, se llamara, con ese nombre tan triste, viral. Michel, como casi todos, jugaba descalzo para no estragar sus zapatos, que a veces usaba para ir a clases. Yo les tena una profunda admiracin y creo que, fuera de la cancha, tambin ellos me respetaban.

Una vez se organiz un campeonato juvenil entre distintos liceos (instituciones de secundaria) de la ciudad. Nosotros armamos un equipo con los mejores. All estaban los Barboza, el tal Gareca, Charamoni y muchos otros nombres fuertes Por supuesto, mi hermano y yo fuimos de suplentes. Pero fuimos. Estbamos seguros de que con aquel equipo de estrellas no podamos perder.

El problema fue que cuando llegamos a la cancha nos dimos cuenta que las canchas de verdad eran, por lo menos, el doble de grandes que la que conocamos, y el adversario tena, en promedio, un par de aos ms, que a esa edad, en la adolescencia, es una diferencia brutal.

Para el segundo tiempo ya haba entrado mi hermano. bamos perdiendo 7 a 0 y alguien dijo, djenlo entrar al Majfud chico. Ese partido estaba perdido, pero yo no me aguantaba en el banco. Entr y dej hasta el ltimo aliento. Incluso, segn recuerdo, ms de una vez le puse el pie ms fuerte de lo permitido a jugadores que evidentemente me superaban en edad y en fuerza fsica.

Perdimos 7 a 1. No recuerdo quin hizo el gol del honor, pero s recuerdo la ansiedad por entrar a la cancha, cuando el partido iba 7 a 0 y aun sabiendo que yo era uno de los peores, sino el peor jugador que tenamos.

En Estados Unidos, uno de los insultos preferidos por el bully vocacional es llamar a otro de perdedor. Como todo lo que se produce y defeca por aqu, luego se copia en otras partes del mundo, as que no es raro que en algn momento se lo adopte en algn pas perdedor. Como sea, conservo parte de aquella cultura (como conservo expresiones y alguna palabra de mi idioma materno que, por anacrnica, hoy en da algunos milenials del sur creen que es una influencia de haber vivido mucho tiempo en un pas de habla inglesa) y para m ser perdedor no es un insulto. Scrates, Jess y el Che Guevara fueron perdedores tambin.

Mi pasin por jugar al ftbol dur slo dos aos. Como en otras etapas de la vida, aquella experiencia nunca muri. Seguramente me acompaar hasta mi ltimo aliento cuando diga, espero que con una sonrisa, vamos perdiendo 7 a 0.

Detesto las moralejas al final del cuento, excepto si es un cuento medieval, como los del Conde Lucanor. As que slo dir que, en trminos globales, vamos perdiendo 7 a 0. Pero no renunciamos a entrar a la cancha y dar batalla hasta el ltimo aliento.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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