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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2018

Nuevos gobiernos en Italia y Espaa en clave europea

Federico Larsen
L'Ombelico del Mondo


Cuando Giuseppe Conte entr por segunda vez en dos semanas al Palazzo del Quirinale, sede de la Presidencia de la Repblica en Roma, todos los periodistas, funcionarios y hasta los transentes que rodeaban el hermoso edificio del centro de la capital ya conocan de memoria los posibles nombres de los ministros de gobierno que iba a presentar. Y todos tambin saban lo irregular y extrao que era esa situacin.

Haca ya varias horas que los dos lderes de los partidos ms votados en las elecciones del 4 de marzo pasado estaban conversando en una de las terrazas que une los despachos de los jefes de bloque del parlamento con la sede de la jefatura de Estado. El desafo a los inslitos 30 de esa tarde de fines de mayo en Roma era el claro signo de que buscaban ser vistos, que algn paparazzi de la poltica italiana filtrara alguna foto del encuentro a los medios. Todos los medios estaban en vivo y en directo desde las calles aledaas, como si se tratara de una toma de rehenes.

Los nombres del equipo de gobierno deban ser bien ponderados, y durante todo el da fueron circulando por la web mensajes e indiscreciones que consolidaron la lista del nuevo ejecutivo de cambio, como lo nombraron sus protagonistas. As, contrariamente a lo que prev la Constitucin (segn la cual primero el Presidente de la Repblica nombra al Primer Ministro y slo despus este presenta su lista y propuesta de gobierno), Conte lleg al nombramiento con las cartas ya echadas. Y lo ms inslito es que l aparentemente no hizo prcticamente nada.

Luego de 88 das de negociaciones, todo pareca encaminarse a que Italia tuviera por fin un gobierno poltico, surgido del acuerdo entre Matteo Salvini, jefe de la xenfoba Lega, y Luigi di Maio, lder del Movimento 5 Stelle (M5S), el del cmico anti-casta Beppe Grillo, referente de los indignados italianos y que rechaza las categoras de derecha e izquierda.

A quienes se les hubiese ocurrido en febrero o marzo un escenario como este habran sido tildados de soadores o pjaros de mal agero. La idea de que los dos partidos ms crticos con el statu quo generado por las directivas de la Unin Europea (UE), la moneda nica y las polticas sociales de los partidos liberales tradicionales italianos (tanto de centro izquierda como de centro derecha, ya no tan disimiles entre ellos) lograran acordar un plan de gobierno y nombres concretos para llevarlo a cabo, pareca tan delirante como peligrosa. Las desconfianzas y resentimientos entre Salvini y Di Maio se redujeron en funcin de lo que fueron acordando. Por ejemplo, que ninguno de los dos tomara el rol de Primer Ministro, sino que haya un tercero que ejecute lo que los otros acordaran . Y, para el complicado equilibro del sistema poltico italiano, un Primer Ministro ejecutor es otra irregularidad sin precedentes. Cmo har Conte, se pregunta hoy la prensa italiana, cuando tenga que definir la posicin del pas en la cumbre del G7 del prximo fin de semana en Canad? Consultar por WhatsApp con Di Maio y Salvini?

Un cambio poltico, y de poltica

La primera leccin que deja la largusima crisis poltica italiana aunque es difcil saber si realmente se ha cerrado o no, es que las reglas puestas desde las instituciones liberales se estn demostrando limitadas frente a los cambios polticos que viven los europeos. Italia es una repblica parlamentaria, en cuya historia todos los gobiernos han sido fruto de la negociacin entre partidos, generalmente de origen liberal, para lograr mayoras que alejaran de los espacios de poder a los sectores ms crticos con el sistema. El sistema republicano como hoy lo conocemos en Italia surgi con la constitucin de 1948. En estos 70 aos, el pas tuvo 65 gobiernos diferentes. Una inestabilidad digna de una Estado fallido perifrico, si no se tratara de la tercera economa de la UE y una de las primeras diez del mundo. Evidentemente, el permanente recambio poltico en Italia no afect su desarrollo econmico, y esto es as gracias al hecho de que a pesar de los matices siempre hubo en general un consenso en las lites de gobierno de evitar que fuerzas polticas crticas o iliberales pudiesen modificar el marco jurdico nacional.

Lo han hecho durante casi 50 aos con el Partido Comunista Italiano, el ms grande de Europa Occidental durante la Guerra Fra, llegando inclusive a falsear abiertamente los resultados electorales para evitar que este llegara al poder. Pero ahora que quienes critican abiertamente estas instituciones son inexorablemente la mayora, el sistema debe confrontar con ellos. Algunas resistencias ya las ha opuesto. Cuando por primera vez surgi la posibilidad de que Conte llegara a formar un gobierno verde-amarillo (por los colores de Lega y 5 Stelle), los mercados se desplomaron al instante, y los principales representantes europeos no escatimaron sus comentarios de preocupacin. Luego, el Presidente de la Repblica Sergio Mattarella vet el nombre de Paolo Savona (economista favorable a la salida de Italia del Euro) como ministro de Economa, y encamin el pas hacia un gobierno tcnico y temporal para llamar a nuevas elecciones. Fue Luigi di Maio el que resucit la posibilidad de un gobierno de Conte, consciente de que otra ronda electoral hubiese favorecido, y mucho, a su socio coyuntural de la Lega. Salvini, presionado por las bases ya cansadas de las idas y vueltas del lobby, acept.

Y ahora Italia tiene el gobierno ms derechista de los ltimos 20 aos, con una clara visin soberanista frente a la UE y crtico hacia la libertad de mercados. Expulsin masiva de migrantes sin papeles, ampliacin para la portacin de armas y nueva ley sobre legtima defensa, salario de desocupacin a ciudadanos italianos, revisin de las obligaciones derivadas de los tratados internacionales, aumento de control en las fronteras, reforma fiscal regresiva, son solo algunas de las promesas que la dupla Salvini-Di Maio intentar cumplir en su primer ao de gobierno, aunque sea para consolidar el consenso de sus votantes, en medio de la preocupacin de los grandes poderes europeos, cada vez ms debilitados.

Vientos de cambio tambin en Espaa

Los cambios en la poltica de Europa contaron hace pocos das con otra gran foto. La del dirigente de Podemos, Juan Carlos Monedero, aferrando los hombros de la exvicepresidenta de Espaa, Soraya Senz de Santamara, mientras le explica cunto se alegrara de que se fueran del gobierno. Una chicana por la cual el mismo Monedero debi pedir disculpas especialmente por tratarse de una imagen bastante violenta de un varn contra una mujer pero que se ha convertido en el emblema de los temores de los sectores de poder espaoles ante la cada del gobierno de Rajoy en Espaa: llegaron los que no saben.

El Partido Popular (PP) es quizs uno de los partidos ms representativos del conservadurismo de la lite en los Estados europeos. Profundamente monrquico y madridista, empresario y liberal, ha sabido juntar a nostlgicos del franquismo y entusiastas europestas detrs de una estructura que se ha hecho en los poderes locales y nacional. Rajoy se erigi como garante del orden liberal y monrquico en Espaa, logrando mantener saldo el timn inclusive en momentos muy difciles para su gobierno, como la dursima crisis econmica, las manifestaciones en la Puerta del Sol, los asedios a los palacios del poder, el 15M y la declaracin de independencia de Catalunya. Pero lo que defini su cada fue una de las caractersticas de la estructura de poder que ayud a conformar en Espaa: la corrupcin.

Ms all del caso puntual por el cual la oposicin logr hacer prosperar la mocin de censura en contra de su gobierno, la historia del PP est ligada a un muy complejo sistema de amistades, prebendas y facilidades para pequeos y grandes sectores empresarios y dirigentes polticos que han logrado efectivamente mantener a unos en la administracin pblica y a otros en los negocios. El caso Grtel, Barcenas, Cifuentes y Bankia son solo algunos, los ms conocidos, de los casi 200 cargos judiciales contra funcionarios del PP en toda Espaa que an deben ser investigados. Es decir, que todo indica que no se trata de casos aislados, de manzanas podridas, sino de un verdadero modus operandi. Un bloque de poder que con la cada de Rajoy demostr que perdi el consenso hegemnico dentro de las instituciones. El problema es: y ahora qu?

Pedro Snchez llev al Partido Socialista Obrero Espaol (PSOE) al poder cuando nadie lo hubiese imaginado. En las ltimas elecciones generales, el PSOE sac el menor porcentaje de votos de toda su historia, un fracaso que pareca llevarse puesta la carrera poltica de Snchez y todo su entorno. Un ao antes de convertirse en el nuevo jefe del gobierno espaol, Snchez logr ganar milagrosamente las internas de su partido y quedarse en la conduccin con el mismo equipo que presumiblemente gobernar Espaa al menos hasta las elecciones municipales y europeas de mayo 2019. Es decir, que si bien su llegada al poder se puede explicar a partir del estruendoso porrazo de la derecha, tampoco se puede poner en duda su capacidad para construir consensos. Snchez accedi a la presidencia respaldado por una coalicin muy heterognea de partidos, en su mayora progresistas, y con reivindicaciones muy diversas. Muchas de ellas tienen que ver justamente con la puesta en cuestin del statu quo en Espaa y en Europa.

Etarras maduristas e independentistas

Al finalizar la votacin de la mocin de censura contra Rajoy, el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, acus airoso a Snchez de haber logrado su gobierno gracias a los amigos de los etarras, los amigos de Maduro y los que quieren destruir a Espaa. Se refera a los nacionalistas vascos, la izquierda de Podemos y los independentistas catalanes, que efectivamente votaron a favor de la cada de Mariano Rajoy. El gobierno del PSOE nace ciertamente de la convergencia de esas voluntades en contra del PP, que tambin debern transformarse en concesiones de cara al prximo ao de gobierno. Para los vascos, la promesa de no modificar el presupuesto ya la haban pactado con el anterior gobierno, que favoreca a los proyectos en infraestructura en Euskal Herra, fue suficiente. La promesa de la ampliacin del Estado social y de retomar el dilogo con el Govern en Barcelona son, en principio, los otros compromisos que ha tomado Snchez para sostener su ejecutivo y, quizs, tambin apuntar a que su presidencia dure ms de lo previsto.

Sin embargo, la inestabilidad de los mercados y la fragilidad que ha demostrado la economa espaola siguen preocupando en Bruselas. Y Snchez deber pronto demostrarse como el nuevo garante del orden liberal europeo en Espaa, sin perder el apoyo parlamentario de los sectores ms crticos. En una primera visin, el nuevo gobierno espaol se parece ms bien a un compromiso coyuntural entre los sectores liberales y pro-europeos el PSOE y otros ms ligados a reivindicaciones sociales y sectoriales ms concretas.

El problema del dficit, es decir la reduccin del gasto necesaria para cumplir con las metas impuestas por la UE, sigue siendo uno de los principales temas de la agenda econmica espaola y el punto de partida para que cada vez ms sectores miren de reojo hacia Pars y Berln, donde se preparan las recetas que luego se aplican en los diferentes pases comunitarios. Muchos de los sectores representados en la heterognea coalicin que est detrs del gobierno Snchez, coquetean ms o menos abiertamente con las propuestas alternativas a la austeridad alemana que impera en las lneas econmicas de la UE, y piden renegociar las reglas del juego. Una exigencia que obtiene siempre ms consenso en todo el continente.

Soberanismo xenfobo o neoliberalismo conservador

La llegada al poder de una coalicin de claro perfil soberanista en Italia y la cada de uno de los principales soldados de la poltica europea en Espaa dato mucho ms significativo que la llegada del PSOE al poder, se encuadran en una tendencia muy preocupante para el proyecto hegemnico dentro de la UE, a un ao de las elecciones continentales. En lneas generales, y sin caer en los alarmismos alimentados por la prensa internacional sobre la implosin del bloque, es claro que gana cada vez ms terreno el sector que pide renegociar los criterios y reglas comunitarias en favor de los intereses domsticos, ms o menos legtimos, y reducir la eficacia supranacional de la UE.

Convengamos, de todos modos, que la misma UE cuenta por lo menos con tres pecados originarios que alimentan una debilidad estructural aprovechada por estos movimientos. El primero tiene que ver con que todas las veces que la UE someti al voto popular decisiones importantes para su vida institucional, ha cosechado trabas y rechazos. El caso ms importante es el de la Constitucin europea, negociada durante aos y naufragada tras el bochazo en los referndums de Pases Bajos y Francia. Y, a pesar de no contar con el apoyo popular, los organismos europeos se las ingeniaron para continuar en su camino, aprobando el Tratado de Lisboa en lugar de la Constitucin y evitando someterse a la aprobacin ciudadana. El segundo pecado tiene que ver con haber concedido excepciones extraordinarias a algunos Estados para que la poltica comunitaria pudiese abarcar cada vez ms territorio, como en el caso de Irlanda y Repblica Checa durante las negociaciones de Lisboa o, peor an, con Gran Bretaa, para evitar el brexit. Esto abri la posibilidad a que otros Estados tambin exigiesen tratos especiales por sus condiciones particulares, cada vez ms exaltadas por los movimientos nacionalistas. Y el tercer gran pecado que hoy afecta sobremanera el desarrollo de la UE, tiene que ver con haber aplastado con una violencia inusitada todo tipo de propuesta alternativa a las lneas de la ortodoxia neoliberal. El caso griego es especialmente representativo en este sentido. Hasta muchos liberal-conservadores quedaron consternados ante la humillacin a la que la UE particularmente Alemania someti el gobierno griego durante la negociacin de su plan de rescate, en medio de una crisis econmica y humanitaria sin precedentes en el continente. No resulta tan llamativo entonces que los ciudadanos de los pases europeos hayan incubado cierto escepticismo por la direccin que ha tomado la Unin en los ltimos aos.

A esto se le suma la matriz poltica de los movimientos que estn engrosando las filas de los crticos hacia esta UE. Si hace diez aos eran los movimientos sociales de izquierda como Syriza o Podemos los que defendan la idea de una Europa social y solidaria frente a la Europa neoliberal de Rajoy, Merkel y Renzi, hoy son movimientos ultra conservadores y derechistas los que estn en primera fila contra las polticas comunitarias. Los mueven fuerzas tradicionalistas, de defensa del pago chico y rechazo al cambio multicultural. Pero tambin el genuino repudio a las lites. Xenfobos, populistas, antisistema y euroescpticos se han convertido en opcin de poder en Polonia, Hungra, Austria, Repblica Checa y ahora Italia. Su poltica es bastante clara: toda organizacin internacional, como la UE, surge del compromiso voluntario de los pases a someterse a ellas, pero si los intereses nacionales dejan de coincidir con las necesidades de la comunidad internacional, cada Estado tiene derecho a priorizar sus necesidades domsticas. Y por intereses nacionales frmula harto conocida y utilizada en la historia de las relaciones internacionales para justificar todo tipo de fechora, cada gobierno entiende lo que quiere. La lucha contra la inmigracin, la emisin de deuda, el cierre de fronteras, la suspensin de derechos. Los burcratas y las lites europeos, irremediablemente identificados en los gobiernos alemn y, en menor medida, francs, son entonces culpados de imponer limitaciones que afectan a la vida de las mayoras populares. Un discurso simple pero claramente efectivo.

A pesar de los resultados electorales de 2017, en los cuales se evit la victoria de la extrema derecha en los Pases Bajos, Francia y Alemania, el resentimiento hacia la UE se volvi a expresar en 2018 con las elecciones italianas y los cambios en los equilibrios polticos en otras partes del continente. Una de las principales razones la dio, sorpresivamente, el candidato del movimiento nazi-fascista italiano Casapound, Simone Di Stefano, quien durante la campaa electoral justific el crecimiento exponencial de los afiliados a su partido por el abandono de las calles por parte de la izquierda. Los sindicatos, los partidos de izquierda y los movimientos dejaron un vaci enorme en la poltica europea al prescindir de las movilizaciones, marchas, sit-in, volanteadas, parte innegable del ADN de los movimientos de izquierda europeos. Y ese lugar ha sido tomado por la extrema derecha. La Lega plant decenas de miles de mesas en las plazas de toda Italia a mediados de mayo para someter a la poblacin el programa de gobierno elaborado con el M5S. Las viejas sedes de PCI van desapareciendo de los barrios italianos para dejar espacio a los Meeting Point del M5E o, peor an, a comercios o especulaciones edilicias. Y algo muy parecido sucede en el resto del continente.

Los nuevos gobiernos en Italia y Espaa son, cada uno a su manera, expresin de un frente liberal conservador en retroceso y un conservadurismo xenfobo y soberanista en ascenso. Sin un contrapeso social, popular, plebeyo y solidario, ser muy difcil cambiar el rumbo de la poltica europea, al menos en el mediano plazo.

Fuente: https://ombelico.com.ar/2018/06/03/nuevos-gobiernos-en-italia-y-espana-en-clave-europea/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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