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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-06-2018

Resea de El uso de las ruinas, de Jean-Yves Jouannais
El sentido de las ruinas

Jos Luis Cancho
Mientras tanto


El nuevo ensayo de Jean-Yves Jouannais, El uso de las ruinas, est dividido en veintids captulos breves pero fulgurantes, centrados en la devastacin de una ciudad o de un pueblo, y ligados a su vez a la historia de diferentes personajes, cuyos nombres dan ttulo respectivamente a cada uno de los captulos.

Los nombres que encabezan cada una de las partes no siempre son conocidos personajes histricos, como en el caso de Escipin Emiliano, el general romano destructor de Cartago y de Numancia; o de scar Andrade Guimaraes, aniquilador de una revuelta de harapientos en el serto brasileo; o de Agis II, caudillo espartano, que arras la ciudad de Mantinea cambiando el curso del ro y dirigiendo sus aguas hacia las murallas de adobe, que acabaran disolvindose como un azucarillo. Militares todos ellos que, a pesar de sus acciones devastadoras, se vean a s mismos ms como pacificadores que como guerreros, ms como fundadores que como destructores, ms como artfices de una armona universal que como soldados sanguinarios. Contradicciones tan palpables que los convertiran en hombres atormentados y melanclicos, tal como afirma el propio autor.

Por el contrario, la mayora de los nombres que dan ttulo a los diferentes captulos son personajes annimos, o poco conocidos, como Emmanuil Evzerijin, que cubri como fotgrafo la batalla de Stalingrado, y en una de cuyas instantneas vemos, en medio de una plaza destruida, una escultura intacta, que representa a seis nios bailando en corro alrededor de un cocodrilo amenazante. El corro infantil se convertir en el smbolo del mayor giro de la Segunda Guera Mundial.

O como Otto von Gentz, el soldado alemn que escribi un diario en las trincheras de Vauquois: El 28 de diciembre de 1914, al medioda, dos batallones franceses se lanzan a un combate perdido de antemano. Avanzan a pecho descubierto. Caen todos. Al da siguiente vuelta a empezar. Esta vez a las cinco de la maana. Caen todos. Viernes, 30 de octubre: mismo ataque de la vspera y de la antevspera. Empantanados en las cinagas, los franceses se han detenido al pie del cerro. Nuestra artillera obra maravillas. A veces, se lanzan a la carnicera con la banda de msica a la cabeza y las banderas al viento. Asistimos a una cosecha que, de tan eufrica, acaba por descorazonarnos. La batalla por Vauquois dur de 1914 a 1918, cuatro aos y dos das exactamente. Y el pueblo desapareci literalmente bajo tierra, al ser horadado su subsuelo, donde los dos ejrcitos enfrentados instalaban toneladas de explosivos con la intencin de hacer saltar por los aires a las tropas enemigas, que indistintamente vivan como animales agazapados en las trincheras.

O como el periodista sueco Stig Dagerman, que visit la ciudad de Hamburgo en 1946, y que escribira: Desde este tren, durante un cuarto de hora, se contempla una vista ininterrumpida de algo que parece ser un enorme depsito de paredes rotas, paredes solitarias con ventanas vacas que se asemejan a ojos que miran al tren. A una velocidad normal el tren atraviesa esa desolacin. El tren est lleno como todos los trenes alemanes, pero aparte de m no hay una sola persona que mire por la ventanilla para ver lo que posiblemente sea el campo de ruinas ms horrible de Europa, y cuando miro a la gente me encuentro con miradas que dicen: Este no es de aqu. Dagerman no podr olvidar ese momento en el que se le vio, se le reconoci, como el extranjero que visita el campo de ruinas. l, que por nada del mundo quera recorrer como enemigo la nacin castigada, haba sido delatado por su mirada.

O como el bibliotecario londinense Peter J. Bibring, retratado en la biblioteca de Holland House, tras el Blitz de Londres en septiembre de 1940. El edificio ha sido destruido, pero an se mantienen en pie algunas estanteras con sus libros. Bibring, rodeado de polvo, sostiene en sus manos las Historias, de Polibio. Se acuerda de haberlo estudiado en la universidad. Bibring cuenta en su diario que ley la ultima pgina en un estado de sonambulismo. Y algo hay de sonmbulo en el texto de El uso de las ruinas.

O como Bernardo Belloto, pintor, cuyas telas y dibujos, debido a su precisin, servirn de modelo para la reconstruccin de los edificios de Varsovia destruidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Y para concluir este listado, no me resisto a citar uno de los captulos ms fascinantes del libro, el que encabeza el escritor y fillogo Victor Kemplerer que, a raz de los bombardeos de los aliados, es el nico que ve en Dresde lo que est a la vista de todos pero que nadie parece ver.

El paisaje de las ruinas se yergue, en la mirada de Jean-Yves Jouannais, como una nueva forma de enfrentarse a la historia de las ciudades. Es a travs de sus ruinas como se podra detectar el valor de los edificios. O lo que es lo mismo, el valor esttico de todo conjunto arquitectnico dependera de lo que anticipa o promete como vestigio, como ruina. El autor nos recuerda incluso una llamada ciencia de la devastacin, cuya funcin sera predecir el futuro de los pases mediante la interpretacin de los escombros de guerra. Escombros sembrados al azar. El ms hermoso orden del mundo, escribi Herclito, cita que le sirve a Jean-Yves Jouannais para reflexionar sobre el valor y el sentido de las ruinas.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-169/la-biblioteca-de-babel/el-uso-de-las-ruinas



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