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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2018

Victoria sadrista en Irak
Victoria para quin?

Immanuel Wallerstein
La Jornada


El 12 de mayo de 2018, el electorado   de Muqtada al-Sadr inesperadamente gan una mayora en las elecciones legislativas iraques. Este hecho sacudi por completo la situacin poltica de Medio Oriente; lo recibieron en otros pases con expresiones de sorpresa y consternacin, y fue notable el paralelo entre las reacciones de Estados Unidos, Arabia Saudita e Irn.

No obstante, no hay buenas razones para sorprenderse y menos consternarse. La victoria de Muqtada al-Sadr no debera significar una sorpresa real, dado que lleva tiempo procesndose. Hay menos razn para consternarse, por lo menos para la gente que desea ver un resultado progresista en el torbellino poltico de la regin. Algunas reacciones fueron sorprendentes. La revista Time lleg a hacer la bizarra sugerencia de que Muqtada al-Sadr es la versin iraqu de Trump.

La ltima vez que discut la situacin poltica iraqu fue en mi comentario del 4 de julio de 2017, que titul Dos escenarios que a mediano plazo compiten para Irak. En ste, argumentaba que la expansin del Estado Islmico (ISIS), que en aquel entonces estaba en su cspide, estaba a punto de llegar a sus lmites. En ese punto, la cuestin que enfrentaba Irak era escoger entre dos caminos radicalmente diferentes para asumir la situacin posterior a ISIS. Hemos llegado a ese momento ahora.

Un camino era el de una separacin seudotnica (ya fuera de facto o de jure) en tres estados: un Estado chita localizado al centro y al sudeste, un Estado kurdo al noreste y un Estado sunita, al oeste. Pongo sus nombres entre comillas, por supuesto, porque cada regin en realidad sera multitnica pese a la acelerada purga tnica, aunque fuera dominada por uno de los grupos.

Esta suerte de divisin de un Estado en tres, en el pasado ha transformado estados relativamente poderosos y ricos en zonas mucho ms pobres y geopolticamente mucho ms dbiles. Tenemos los ejemplos recientes de Yugoslavia y Libia para constatar lo que resulta de un escenario de este tipo. Podemos entender con facilidad por qu Estados Unidos y los estados de Europa occidental podran recibir este resultado como algo deseable. Tambin podra atraer a lderes seudo-tnicos en las tres zonas.

El camino alternativo, que hace mucho viene impulsando Muqtada al-Sadr con bastante fuerza, sera crear una alianza de grupos en las tres regiones seudotnicas, as como unas fuerzas paniraques laicas. sta ltima se refiere en particular al Partido Comunista Iraqu, que histricamente ha tenido una base significativa de organizacin pese a la seria represin sufrida. La poltica unificadora de esta alianza vendra a ser el nacionalismo iraqu. Su programa estara dirigido primordialmente contra Estados Unidos y otras potencias imperialistas. En un plano secundario se dirigira contra las pretensiones iranes de controlar un gobierno iraqu dominado por los chitas, basado en la primaca del ayatola Jamenei y sus sucesores.

La primordial oposicin a Estados Unidos ha sido continua desde la invasin estadunidense de 2003, contra la cual Muqtada al-Sadr luch con fiereza. Es la relacin con Irn lo que es ms complicado.

La comunidad chita en Irak est profundamente partida en tres diferentes modos que no se traslapan del todo. El primero de stos puede llamarse la existencia de dos clanes rivales. Dado que estos clanes trazan su genealoga muy atrs y siguen existiendo, es ms fcil definirlos por dos de sus lderes ms famosos.

Uno es el gran ayatola Mohammad Mohammad al-Sadeqh al-Sadr. Fue iraqu por nacionalidad y su base organizativa estaba en Bagdad. Tras el fin de la Guerra del Golfo, prosigui sus actividades de rebelin contra Saddam Hussein y sus polticas laicas. Fue asesinado en 1999, y la mayora de la gente piensa que a manos de agentes de Saddam Hussein (quien lo neg). Muqtada al-Sadr es su hijo.

El otro clan fue encabezado en ese tiempo, y todava lo es, por el gran ayatola Al al-Sistani, iran de nacionalidad, pero residente en Najaf, donde es el clrigo principal en la mezquita del imn Al, muy importante santuario en dicha ciudad. Al al-Sistani tiene relaciones menos hostiles con Saddam Hussein, y ligas cercanas con la colectividad de clrigos en Qom, Irn.

Una segunda grieta es aquella de la clase. El clan de Sadeqh al-Sadr fue especialmente fuerte en las zonas de Bagdad (y en otras partes) donde viven los chitas ms pobres. l fue paladn de sus demandas en pro de la mejor asignacin de los alicientes materiales, en oposicin con la poblacin local ms clase media, que tenda a respaldar a Al al-Sistani.

La tercera grieta, menos mencionada en la actualidad pero siempre presente, es la competencia entre Najaf, en Irak, y Qom, en Irn. Se dice que Najaf tiene un mejor reclamo a la primaca religiosa chita para stos porque es el sitio de la tumba de Al. No obstante, la revolucin iran result en el fortalecimiento de los reclamos de la primaca de Qom.

Hay una contradiccin entre el control de Al al-Sistani de la mezquita del imn Al y sus ligas cercanas (podra decirse su subordinacin) con los clrigos de Qom. La victoria sadrista en las elecciones fue una retribucin debida a esta coalicin. Su electorado obtuvo ms votos que la lista de Al al-Sistani, pese al respaldo iran. La lista del presente primer ministro, Haider al-Abadi, que cuenta con el respaldo de Estados Unidos, qued en tercer lugar.

Tendremos que ver si Muqtada al-Sadr es capaz de sostener este nivel de respaldo en los prximos aos. Puede esperar un muy vigoroso esfuerzo tanto de Irn como de Estados Unidos por socavar su fuerza. Ser el portador de criterios nacionalistas en un pas que tiene tales dificultades econmicas y culturales, por otra parte, es un postura poltica poderosa.

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2018/06/04/opinion/024a2pol

Traduccin: Ramn Vera-Herrera



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