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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2018

A nosotros, el pueblo grande

Ren Fidel Gonzlez Garca
Rebelin


Nos hacen falta tantas cosas, a nosotros, al pueblo grande. Nos hace falta, por ejemplo, la verdad sin el oficio tosco del clculo y el disimulo; nos hace falta tambin, se puede decir de modo muy sencillo, el valor, sin la bravuconera del saberse impune, sin la coartada del irrespeto y la vileza; nos hace falta soar sin que nuestros sueos sean desestimados y proscritos por ser sueos, o por ser, tristemente, los miedos de otros; nos hace falta ser sinceros sin otro dolor que el de serlos con nosotros mismos; nos hace falta que la dignidad no sea andar solitario entre cobardes; nos hace falta, por qu no, que las cosas que ms admiramos, la bondad, la sensibilidad, la virtud y la decencia conduzcan al xito, o que por lo menos, o por eso, que la cobarda y el miedo, la traicin y el disimulo sean entre nosotros sinnimo de fracaso; nos hace falta la rabia ante la injusticia que se comete sobre el otro, la rabia como justicia, la rabia como rebelin por nosotros mismos, y por eso, necesitamos creer, como antes, que la injusticia nunca era un caso muy particular y personal sino un caso de todos; nos hace falta poder mirar a los ojos sin tener que agradecer a quien nos sirve, por todo aquello que nos corresponde por derecho; nos hace falta la nobleza de pensar como el otro porque se vive y se siente entonces como el otro; nos hace falta ser iguales sin que el diferente nos diga que somos iguales; nos hace ser ntegros cuando nadie nos ve y sobre todo cuando no es conveniente; nos hace falta pasin para dar testimonio de la pasin ajena; nos hace falta un poco de luz para descubrir otra vez las sombras; nos hacen falta poder torcer el destino para que nos deje ser nuestro propio destino; nos hace falta olvidar los nudos, no porque ellos no existan, desgraciadamente existen, sino porque estn hechos para que siendo nosotros libres creamos que debemos desatarnos de ellos; nos hace falta volver a hablar sin que las palabras sean solo palabras; nos hace falta escuchar para poder escucharnos, para que no sea nuestra voz un grito, para recuperar la poderosa voz de nosotros sin tener que aclarar que es la voz de todos; nos hace falta recordar que siempre que elegamos era porque necesitbamos elegir a uno de nosotros para hacer lo que nosotros sabamos era lo mejor para nosotros; necesitamos olvidar, tercamente, se pudiera precisar, que un bien se paga con un mal, que no vale la pena, que la vida es una sola, y no porque la maldad no exista, y no porque la vida no sea una sola, o dos, o tres, quizs, o porque todo sea tan importante, sino porque siempre dar bochorno decir a nuestros hijos cuando fue que aprendimos a callar; necesitamos sabernos el ms pobre de nosotros, el de la casa de suelo, techo y paredes frgiles, el ilegal, el que mendiga, el enfermo, el extraviado, el abandonado, porque ellos fueron nios, como nosotros, porque ellos son nuestra derrota an sin ser derrotados; necesitamos nosotros, el pueblo grande de cosas tan naturales, de no darle cobija al hasto, de no saber y no preguntar y esperar que nos digan, porque necesitamos de seguro, de algo ms que el silencio, o la indiferencia, acaso porque cuando nosotros callamos es porque tenemos el pudor suficiente, la humildad de sabernos uno ms; necesitamos escoger confiar para aprender a confiar en nosotros mismos y poder decir autnticamente, as no ms, sin vergenza, que no queremos aquello, que est mal aquello, que no cuenten conmigo para hacer aquello, que estoy en contra de aquello, no porque ese plural impreciso lo escoja antes, ahora, o despus el miedo, sino porque podemos decir con la misma autenticidad que decimos del pan malo sin ser panaderos, o del edificio feo sin ser arquitectos, o de la calle rota sin ser ingenieros, de las otras cuestiones, todas las dems que son tan importantes que el pan, que el edificio, o que la calle quebrada, porque por suerte todos, absolutamente todos, podemos escoger ser ciudadanos, porque no hace falta ms, porque somos siempre nosotros los ciudadanos, los que podemos escoger por nosotros mismos el futuro, los que en definitiva lo hacemos; y es por eso que adems nos hace falta adems la Ley, no tanto porque seamos consumidores, es lo de menos, sino porque somos sobre todo ciudadanos, y porque escogimos la Repblica y sabemos que la dignidad plena del hombre y la mujer, del anciano y el nio, del otro que somos todos, puede ser Ley, porque escogimos tener deberes pero tambin derechos, no tanto porque no los cumplamos sino porque necesitamos que todos las cumplan, sin fueros, sin privilegios, sin dolor, sin lgrimas, porque el derecho de uno es el deber de otro; nos hace falta, a nosotros, el pueblo grande, ms que una reforma, una Revolucin constitucional que suee el pas que soamos, el bien comn que soamos, la justicia para todos que soamos, la democracia que soamos, nosotros, los del pueblo grande, a ver si el pueblo pequeo que nos desvela y acecha, no acaba haciendo su pas soado.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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