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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2018

Activismo y euforia tecnolgica

Pablo Massachs
Mientras tanto


Hay un esquema ingenuo de las relaciones entre tcnica y valores morales segn el cual la tcnica es neutra y es la sociedad, o los individuos, quienes utilizan una tcnica u otra al servicio de unos objetivos cuya valoracin moral es ajena a la tcnica utilizada. Esto es solo la mitad de la verdad. Miguel ngel Quintanilla [1]

 

Hace unos aos, durante una jornada de debate sobre la cuestin antinuclear, los organizadores invitaron a varios ponentes que deban arrojar luz sobre esta histrica lucha ecologista, que no termina de cerrarse satisfactoriamente y parece secundaria en el debate pblico. Los invitados no procedan de la militancia antinuclear directamente, aunque s eran afines a la causa. La idea era precisamente ampliar un poco el foco, buscar la complicidad de ciertos actores sociales y escuchar propuestas alejadas de las inercias que se crean en todo grupo de trabajo. Pues bien, durante el acto de clausura todos los ponentes insistieron en la idea de aprovechar las nuevas tecnologas (ya saben: internet, redes sociales, etc.) como aspecto clave para potenciar el activismo. Tan solo uno de los oyentes manifest su escepticismo ante tal consenso ciberactivista. La rplica de uno de los integrantes de la mesa de debate consisti en destacar a modo de ejemplo el xito que un hashtag crtico con una gran compaa elctrica haba tenido durante un par de das (acaso fueron solo unas horas). Pobre resultado para tanta insistencia!

En ocasiones desde el activismo ecologista existe cierto sndrome del nio con zapatos nuevos con las nuevas tecnologas. Es verdad, stas facilitan mucho la comunicacin entre miembros de las organizaciones, ayudan a conocer reivindicaciones similares en otros pases y facilitan la difusin de actos y campaas. Hasta aqu todo bien. Pero un problema serio puede aparecer cuando se pretenden sustituir sistemticamente las acciones tradicionales por las virtuales: charlas, recogida de firmas, discusin de contenidos, etc.

Change.org mat a la ILP

Las Iniciativas Legislativas Populares (ILP) son un procedimiento a disposicin de los ciudadanos que posibilita que stos presenten iniciativas de ley. Para ello es necesario recopilar la nada despreciable cifra de 500.000 firmas. En materia energtica y ecolgica ha habido varias intentonas, como en el caso del abandono de la energa nuclear (1990) o la auditora del dficit del sector elctrico (2013). Huelga decir que conseguir llegar al nmero de firmas requerido es una tarea muy difcil. No en vano, la mayora de ILP se quedan en el camino. Se necesita mucha gente que coordine los esfuerzos, que busque voluntarios, que mantenga la reivindicacin en el debate pblico, etc. y las organizaciones sociales, siempre justas de recursos, a menudo no estn dispuestas a centrar sus esfuerzos en el tema en cuestin.

Frente a este camino tortuoso e incierto, cada vez aparece con ms fuerza la recogida de firmas virtual como plan alternativo. El procedimiento es de sobra conocido: se acuerda un texto con la reivindicacin de turno (preferentemente a travs de una lista de correo comn o grupo de discusin virtual), se abre una recogida de firmas en una de las plataformas existentes, y a continuacin se pone en marcha la difusin, va redes sociales, por supuesto. Ciberactivismo de la A a la Z.

No s si esta comparacin es una exageracin o un caso paradigmtico. Evidentemente, las ILP no han muerto, pero es indudable que las acciones virtuales estn cada vez ms presentes en el activismo, resultan casi la opcin por defecto para algunas personas.

Internet, redes sociales euforia colectiva!

Como veamos, las nuevas tecnologas han facilitado el activismo en muchas de sus actividades: reuniones a distancia, acordar manifiestos, hacer convocatorias para actos, Todos recordamos la sensacin de euforia al descubrir el ahorro en tiempo y esfuerzos que un porttil con conexin a internet puede regalarnos. La creciente introduccin de ciertas tecnologas en nuestras vidas nos ha hecho a todos tecnodependientes o incluso tecnoadictos.

A nadie sorprender que durante unos aos community manager fuera la profesin ms demandada por las empresas y ms deseada por los trabajadores. Incluso dentro de los movimientos sociales (en principio ms crticos con el consumismo y ms reflexivos con las modas) la entrega al mundo virtual es enorme. Al tratar con nuevos voluntarios de las ONG, seguramente muchos querrn encargarse de la difusin en redes sociales, creacin de grupos virtuales de trabajo y otras tareas que tengan que ver con internet.

Los movimientos sociales parecen abrazar las nuevas tendencias comunicativas, y esto lleva a una retroalimentacin positiva con canales de comunicacin tradicionales. Las escasas veces que una reivindicacin promovida en la red tiene xito, todos los medios (digitales y tradicionales) ejercen de caja de resonancia. Da igual que se trate de victorias menores, como la retirada de un anuncio machista o que se consiga habilitar una playa para perros. Los medios estn encantados con los fenmenos virales.

Subiendo varios peldaos en la escala de logros, numerosos personajes pblicos otorgan a las nuevas tecnologas un mrito desmesurado en ciertas revueltas. Eminentes socilogos, como el espaol Manuel Castells [2], le dan un papel protagonista a las redes sociales en las reivindicaciones de la Primavera rabe. Tambin numerosos analistas, o lderes mundiales como Hillary Clinton, se apresuraron a poner en el centro del tablero estas tecnologas en las revueltas de Irn de 2009. A partir de entonces pocos gobiernos e instituciones han podido escapar del discurso ciberutopista, como ya analiz brillantemente el ensayista bielorruso Evegeni Morozov en 2011 [3]. Desde entonces la evolucin de la red no ha hecho sino confirmar las tesis de este joven autor.

Como vemos, la fascinacin por la tecnologa es una de las caractersticas del zeitgeist en todo el globo. Las empresas tecnolgicas disfrutan de un aire cool y amistoso, y por el contrario sus tropelas a menudo se pasan por alto [4]. Por si esto fuera poco, los medios de comunicacin dan el tratamiento de noticia de primera plana al lanzamiento de cualquier nuevo gadget tecnolgico o app innovadora. Las grandes masas responden con euforia, en consonancia con el bombo meditico. Ante semejante tsunami de optimismo tecnolgico, no es raro que muchos activistas se vean arrastrados por l.

Rebajando la euforia tecnolgica

Mucha gente se pregunta dnde est el problema, por qu debemos mirar con recelo a la tecnologa si nos hace la vida ms fcil, tambin a la hora de alcanzar reivindicaciones sociales. En mi opinin este punto de vista lleva varios problemas asociados:

En primer lugar porque el mundo virtual, valga la perogrullada, no es el mundo real. Conocer los que se comenta en Twitter o tener un grupo de Facebook con muchos seguidores no es sinnimo de entender las motivaciones de la gente. Huelga decir que los logros que tienen algn valor (legislativos, polticos, sociales) tienen lugar en general en el mundo real, no virtual. Ahondando en esta lnea, la propia evolucin de las empresas que dominan la web juega en contra de un entendimiento global de los problemas basados nicamente en el mundo virtual. La tendencia es a personalizar los contenidos en base a los datos que se han recopilado de cada internauta. Esto es aplicable tanto a las bsquedas (Google), redes sociales (Facebook) o incluso noticias [5]. Nuestra experiencia virtual refuerza cada vez ms nuestra visin del mundo, lo que nos puede dar la falsa sensacin de que se confirman nuestras creencias.

El activismo virtual, adems, nos puede dar la idea distorsionada de que estamos haciendo algo por la causa y esto puede bloquear otras acciones ms tiles. Muchas reivindicaciones del ciberespacio (recogida virtual de firmas, grupos de Facebook que apoyan una causa) carecen de un objetivo claro. Adems, si los tienen, es difcil que se puedan evaluar con claridad; rara vez hay rendimiento de cuentas [6]. En la red todo tiene un tratamiento ms superficial y una fecha de caducidad ms temprana. No parece el entorno ms adecuado para una reflexin profunda, necesaria para abordar problemas complejos.

Un buen amigo milit durante el tardofranquismo en un grupsculo comunista cuyos integrantes se podan contar con los dedos de la mano. Dado el nulo peligro que representaba para el rgimen, la sorpresa fue enorme al descubrir mi amigo que la polica estaba al corriente de su existencia y de todos sus integrantes. Sirva este ejemplo para recordar que todos los regmenes (democrticos o no) llevan a cabo un trabajo de inteligencia para identificar a sus posibles enemigos (reales o ficticios) [7]. Con el boom de internet, los defensores del statu quo tambin llevan a cabo sus propias estrategias en la red, mediante acciones del aparato del estado o de la propia sociedad civil.

Por otro lado, los propios grupos disidentes facilitan informacin sobre sus integrantes y estrategia que puede servir para neutralizarlos. Los activistas prestan poca atencin a este hecho, en parte porque su misin precisamente es dar a conocer sus planteamientos y acciones. Adems, muchos disponen de limitados conocimientos tcnicos. Para contrarrestar este problema, la periodista Marta Peirano public hace unos aos un libro que supone una autntica caja de herramientas para el activismo en la red [8]: email cifrado, conexin mediante VPN, navegacin por la deep web, discos duros encriptados, A pesar de lo til y pertinente de este ensayo-manual, dudo que muchos activistas sigan sus consejos.

Tecnoeuforia generalizada

Seguramente la fascinacin por la tecnologa en el activismo es una forma de sustituir un problema social (sujeto a equilibrios, sin una solucin nica e inapelable) por un problema tecnolgico, para el que las soluciones tienen un marco definido y son ms manejables. Se trata por tanto de una ilusin de control. Otros mbitos tambin estn cayendo en esta trampa: las nuevas tecnologas parecen ser un elemento revolucionario en la educacin (o as se nos vende); la captura de carbono est tomando un papel desproporcionado como solucin al Cambio Climtico (sin que tengamos que cambiar nuestro modo de vida); los gobiernos tecncratas se presentan como un mal menor (como si no estuvieran tuvieran carga ideolgica) Y es que no en vano el capitalismo que mercantiliza la educacin, que minusvalora las consecuencias del Cambio Climtico, que mira a otro lado ante las injusticias sociales es tremendamente tecnoutpico: la tecnologa nos salvar se usa como muletilla para justificar la miopa econmica o el egosmo fomentado desde el propio sistema.

De tecnoadictos a neoluditas?

Entonces se trata de dar la espalda a la tecnologa? Enterrar la cabeza bajo tierra ante lo que nos disgusta nunca ha sido una actitud inteligente. Es evidente que esto no hara sino restar capacidad de influencia a los que luchan por un mundo ms justo. Pero como activistas en la era de internet tenemos que reflexionar sobre el uso y alcance de las herramientas que tenemos a nuestro alcance. Internet y las redes sociales pueden ser un arma poderosa, pero se deben usar siendo realista sobre su verdadero alcance y el poso de influencia que realmente dejan. Se hace necesario adems fijar unos objetivos claros, convenientes y evaluables cuando se llevan a cabo acciones virtuales. Esto quiz pondra en valor la fuerza que siguen teniendo las medidas tradicionales. Finalmente, creo que es crucial que profundicemos en un mayor conocimiento tcnico del uso de las nuevas tecnologas [9]. Solo as podremos anticipar cundo stas pueden ser nuestro aliado y cundo no son ms que un espejismo o incluso un enemigo silencioso.


Notas

[1] Miguel ngel Quintanilla, Tecnologa: un enfoque filosfico, Fondo de Cultura Econmica de Espaa, 2006, ISBN 9789681675646.

[2] Manuel Castells, Redes de indignacin y esperanza: Los movimientos sociales en la era de internet, Alianza Editorial, 2015, ISBN 9788491040644.

[3] Evegeni Morozov, El desengao de internet, Destino, 2012, ISBN 9788423327799.

[4] Sirvan como ejemplo algunas formas de hacer de algunas de las mayores empresas tecnolgicas:

M.A. Mndez, Facebook: la filtracin de datos afect a 2,7 M de europeos (y por qu son muchos ms). Disponible en: https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2018-04-06/facebook-cambridge-analytica-europa-ue-mark-zuckerberg_1545896/

L. Olas, El director general de Amazon Espaa dimite en medio del conflicto laboral en el mayor centro logstico del pas. Disponible en: https://www.eldiario.es/economia/director-Amazon-Espana-conflicto-logistico_0_769223959.html

Sobre la connivencia de las grandes empresas tecnolgicas en el espionaje masivo por parte del Gobierno de EE.UU., vase:

Glenn Greenwald, Snowden. Sin un lugar donde esconderse, Ediciones B, 2014, ISBN 9788466654593.

[5] Eli Pariser, El filtro burbuja. Cmo la web decide lo que leemos y lo que pensamos, Taurus, 2017, ISBN 9788430618712.

[6] En su polmico libro Blanco bueno busca negro pobre (Roca Editorial, 2011, ISBN 9788499183695), Gustau Nern llama la atencin sobre el bajo nivel de seguimiento y rendimiento de cuentas entre las ONG de ayuda al desarrollo y sus socios. El argumento no es solo vlido en el caso de acciones virtuales, sino que se multiplica.

[7] El gran ejemplo conocido de control sobre una sociedad de un gobierno democrtico sali a la luz con las revelaciones de Edward Snowden (ver nota 4). Como ejemplo de hasta qu punto pueden llegar otras sociedades, sirva las millones de cmaras de videovigilancia de China (C. Maseras, La Xina posa en marxa un gran germ per controlar els ciutadans, disponible en: https://www.ara.cat/internacional/Xina-marxa-germa-controlar-ciutadans_0_2006199392.html ).

[8] Marta Peirano, El pequeo libro rojo del activista en la red, Roca Editorial, 2015. ISBN 9788499187778.

[9] Aunque el big data o datos masivos no se ha nombrado en este artculo por ser una tecnologa apenas usada desde el activismo, es interesante sealar su lado oscuro, que a menudo se omite y afecta a todos los ciudadanos. Sirva como referencia el siguiente ensayo: Cathy ONeil, Armas de destruccin matemtica, Capitn Swing, 2018. ISBN 9788494740848.

Nuestra fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-169/ensayo/activismo-y-euforia-tecnologica



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