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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-06-2018

Del Estado del bienestar a la sociedad del bienestar?

Juan Jimnez Herrera
Rebelin


Sin que podamos, como es natural, trazar rgidas fronteras, nos es dado afirmar que hasta el inicio de la revolucin conservadora encabezada por la Dama de hierro y el actor secundario de Hollywood, all por finales de los 70 y principios del 80 del siglo pasado, el capitalismo occidental se reinventa a s mismo a travs del Estado Intervencionista, benefactor o del bienestar.

El instrumento de la deuda pblica, los dficit, la redistribucin de la riqueza a travs de un significativo sistema impositivo y las consiguientes prestaciones pblicas de bienes y servicios sustentan lo que ha venido en denominarse Estado social o del bienestar. Quiebra, no obstante, este modelo tras la toma de conciencia por parte de los sectores ms duros del capital del hecho de que, por ese camino, el propio sistema capitalista corra el riesgo de desnaturalizarse. En efecto, la cada vez ms alta participacin del Estado en el PIB y la existencia de importantes sectores estratgicos en manos pblicas amenazaba con superar el umbral que diferencie al capitalismo de una economa fuertemente socializada o, cuando menos, estatalizada.

As, lo que hasta entonces era deuda pblica se troca en deuda privada. En el discurso neoliberal ya no ser el Estado quien se endeude para prestar servicios o bienes a la poblacin o, a mejor decir, ya no se incorporarn otros nuevos servicios o bienes en el elenco de la actividad prestacional del Estado, al contrario, ser la misma sociedad la que asuma el coste de estas nuevas prestaciones o servicios, incluso de las tradicionalmente realizadas por el Estado. La enorme masa de capitales acumulados en los tres decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, provenientes de la plusvala extrada a los trabajadores de Occidente, como a los de los pases colonizados, semiconlonizados, etc, y la plena recuperacin del potencial econmico de Europa, como ya sucediera, asimismo, despus de la Primera Guerra Mundial, conducirn, nuevamente, al mundo capitalista, a una seria crisis de sobreproduccin.

El capitalismo se encaminar, desde entonces, en el marco de la citada crisis de sobreproduccin, a dar curso al mayor de los volmenes de crdito privado de la historia econmica, en auxilio de una menguada solvencia de la demanda, fenmeno concomitante a la propia crisis. Se sustituir al Estado endeudado por una poblacin endeuda, la deuda pblica por la deuda privada. Y en efecto esto surtir sus efectos: con la ayuda del crdito hiperdesarrollado, la solvencia de la demanda aumenta, la mquina de produccin recupera su frentica actividad, se sucede la revolucin ciberntica, el ciudadano, ms que nunca, se convierte en un febril consumidor de todo tipo de artculos: ordenadores, electrodomsticos de nueva generacin, paquetes de ocio, servicios mdicos, educativos y asistenciales, ajenos a los sistemas pblicos de previsin social, etc.

En occidente la reduccin, o cuando menos el estancamiento del Estado de Bienestar Social, se compensa con el alumbramiento de una nueva realidad: la sociedad del bienestar. Pero ello sucede a condicin de que el ciudadano, el asalariado, se endeude. No ya para sobrevivir, sino para vivir en el confort. Las tarjetas de crdito, los prstamos de consumo, las hipotecas, etc. provocan que el asalariado cuente con una solvencia ms all de su salario, esto es, sobrepasando la capacidad monetaria estricta para reproducir sus fuerzas fsicas y psquicas a corto plazo (algo, sin duda, indito). Al contrario, las necesidades de realizacin de la plusvala del capital, en una economa de la abundancia y en el marco de unos salarios que crecen a un ritmo bastante menor que la acumulacin del capital, obligan a ste a prestar al asalariado para que consuma ms all del nivel que le permitira el poder de compra de su salario. Es decir, el capital, para poder seguir reproducindose, precisa desprenderse de parte de s mismo, bien entregndolo al Estado o bien al propio al asalariado. De otra manera, ya habra sucumbido hace decenios en una profunda depresin. Pero lo hace reservndose la titularidad del mismo, a travs de la figura del prstamo o, a regaadientes, perdindola si es a travs de impuestos.

Con todo, el crdito no hace sino preparar una nueva crisis de sobreproduccin en un nivel de mayores proporciones, una vez que la proyeccin del salario sea incapaz de soportar ms endeudamiento. Llega un momento en el que la cuanta del salario es insuficiente para soportar ms endeudamiento porque no es posible sumar ms cuotas, ms amortizaciones. En consecuencia, el sistema crediticio corta el grifo, entra en una grave crisis de solvencia l mismo, como consecuencia de sus excesos, y conduce a la sociedad del bienestar a una crisis profunda.

El capitalismo financiero espera ahora, en un marco de estancamiento, recuperar su inversin o recapitalizarse para poder iniciar un nuevo ciclo (en esto consiste la falta de liquidez del sistema financiero). El obligado ahorro de las familias tiene un camino seguro: el pago de las deudas en detrimento del consumo. El consumidor frentico ha sido reemplazado por un deprimido ciudadano deudor. Y entre tanto la mquina de la produccin se ha parado en seco, el Estado del Bienestar ha visto cmo se han secado sus fuentes de ingresos, la sociedad del bienestar se trocado en sociedad del malestar. Es nuevamente la crisis del capitalismo en una fase superior, ms exacerbada y violenta. O se condonan las deudas y el capitalismo financiero practica su propia eutanasia o el sistema entero se ver abocado a una crisis profundsima y duradera, muy duradera. En principio, tan prolongada como el tiempo que precisen, en general, las masas endeudas para sanearse financieramente. Diez, quince aos de austeridad, desempleo masivo y subconsumo? Parece un tiempo excesivamente largo, como para que, en el nterin, todo el mecanismo no amenace ruina inminente.

Esto fue lo que reflexion hace, justamente hoy, siete aos.

Y, a medio camino de ese plazo decenal o quincenal, el capitalismo, lejos an de refinanciarse con el austericidio a que ha sometido a la ciudadana asalariada, para evitar el colapso del sistema financiero privado y el equilibrio financiero del propio Estado, ha hiperendeudado a los estados nacionales a un nivel exorbitante: 176 billones de dlares, el doble del PIB mundial. Y con ello ha cercenado la posibilidad de que, nuevamente, el presupuesto estatal salve al capital, que, en este nuevo estadio de la crisis, habra puesto en juego tan desmesurada e irreal cantidad de s mismo, que se convertir en incapaz de satisfacer, sin caer antes en el desgobierno total, a todos cuantos, en la ruina financiera, pretendan hacer valer su riqueza blandiendo el fro e inerte asiento contable de una banco (y Estado) en quiebra.


 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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