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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2018

Movilizaciones y perspectivas en Argentina

Luis Bilbao
Rebelin


Durante el mes pasado hubo un aumento notorio de movilizaciones por reclamos econmicos, culminadas con dos concentraciones numerosas: el 25 de mayo, bajo la consigna La Patria est en peligro; una semana despus, otra movilizacin retom el nombre de una demostracin de los 1990: Marcha Federal. En ambas se denunci el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Enmascarada la primera tras nombres de la farndula, el ncleo que acompaa a la ex presidente Cristina Fernndez articul el acto contra el FMI. Participaron tambin algunos sindicatos y agrupamientos barriales, igualmente incapacitados para convocar en su nombre, con xito, al amplio conjunto confrontado con el Fondo. Como reflejo de las fuerzas que bullen bajo la superficie el primer llamado congreg miles de voluntades dispersas. Al margen de posicionamientos polticos, el grueso de la poblacin identifica al FMI con la opresin imperialista. El rechazo al nuevo convenio stand by a punto de concretarse es abrumadoramente mayoritario en todas las encuestas.

La segunda movilizacin se articul en torno a estructuras teledirigidas por la iglesia catlica. Tambin en este caso operaron personeros del Vaticano que no pueden dar la cara para convocar a la militancia. Las columnas principales llevaban como estandarte fotos del papa Jorge Bergoglio e imgenes de santos y vrgenes. Detrs, pancartas de Barrios de Pie, Corriente Clasista Combativa, Movimiento Evita. A continuacin, organizaciones como el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT, PO, PTS y otras) e Izquierda al Frente (MST, Nuevo ms y otras). A la retaguardia destac la presencia de Hctor Daer, Juan Schmid y Carlos Acua (los tres secretarios generales de la CGT), quienes no subieron al palco, como s lo hicieron el titular de Camioneros Pablo Moyano y el de Bancarios, Sergio Palazzo. Al finalizar el acto Daer y Schmid informaron que la CGT se reunira el 7 de junio para decidir cundo convocar a una huelga.

Contra todo antecedente, la prensa comercial anunci desde una semana antes que esta Marcha Federal reunira 200 mil personas en la Plaza de Mayo. Los convocantes no repitieron una de sus consignas preferidas hasta poco tiempo atrs: Clarn miente. Es que la operacin poltica esta vez pareca favorecerlos. Como ariete de grandes capitales los medios operaron en las ltimas semanas para obtener una devaluacin an mayor del peso (-21% en mayo). Alentar pronunciamientos contra el gobierno fue uno de los instrumentos que utilizaron. Circunstancialmente la gran burguesa que sostiene a Macri -aunque sea como la soga sostiene al ahorcado- crey conveniente azuzar el cuco de una movilizacin que en los hechos estuvo muy por debajo de lo anunciado y mostr ausencia de cohesin y conduccin poltica. Adems provoc un generalizado rechazo en la poblacin que vive o trabaja en la Capital Federal, por el colapso de trnsito producido por cortes de calles y centenares de mnibus llegados desde el interior y el conurbano bonaerense. Las imgenes del Papa tuvieron ms protagonismo que los intendentes peronistas del Gran Buenos Aires pero no est claro si ellos o las estructuras eclesiales asumieron el costo multimillonario de la movilizacin.

Como sea, lo cierto es que con paros, marchas docentes y otros numerosos reclamos, la Capital del pas volvi a vivir casi cotidianamente durante todo el mes un estado catico, como en los peores tiempos de Cristina Fernndez o aun antes, en los prolegmenos y postrimeras del colapso en 2001.

Detrs de stas y otras expresiones del hondo descontento dominante en la sociedad estn los efectos devastadores de la crisis estructural del capitalismo argentino (slo en mayo las ventas minoristas cayeron un 4,8%). Desatada en la ltima semana de abril, sta no es una crisis circunstancial. Es la repeticin, con apenas variaciones mnimas, de los ahogos conocidos durante dcadas. Las causas detonantes fueron llevadas al paroxismo en los perodos de Nstor y Cristina Kirchner (12 aos) y ahora se multiplican en el intento por sanear el sistema en manos de un elenco catapultado al poder precisamente por el rechazo social al llamado kirchnerismo.

Todo indica que en junio este estado de reclamos puede sostenerse, con incluso la perspectiva de una huelga general convocada por la CGT, irremediablemente dividida. La propuesta de desgastar a Macri hasta ponerlo en fuga y, con un peronismo remozado, recuperar el poder poltico, obra a favor de acciones conjuntas de la cpula cegetista.

Desembocar este crescendo de protestas puntuales en una movilizacin general de trabajadores, juventudes y clases medias? Trascendern los reclamos econmicos hacia una demanda de naturaleza general? Dicho de otro modo: marcha el pas hacia una crisis poltica y la posible cada del gobierno de Mauricio Macri?

Un sector del espectro poltico parece convencido de que esa dinmica es inexorable. Dada la gravedad de la crisis de fondo, tal perspectiva est siempre presente a condicin de que una movilizacin del conjunto social rompa la unidad de las clases dominantes, lo cual podra ocurrir a partir de un colapso de la economa local arrastrada por la cada da ms amenazante crisis econmica en Estados Unidos y la Unin Europea.

Tal panorama no est a la vista en el corto o mediano plazos. Hay turbulencias en las economas imperiales y no faltan conflictos interburgueses en Argentina. Pero si bien la tormenta cambiaria de mayo dio vuelta como un guante la percepcin general sobre la situacin nacional, el hecho es que en lo esencial nada ha cambiado: la relacin de fuerza entre las clases se ha desplazado slo para favorecer ms an al capital. El frente amplio burgus maneja todas las palancas, incluidas las de la movilizacin de calle, en la que decenas de miles de trabajadores y jvenes rebeldes son manipulados por estructuras al servicio de la continuidad del sistema.

La trampa

Argentina contina atrapada entre el gobierno de la burguesa establecida y una oposicin variopinta, hegemonizada por lo ms corrupto del aparato peronista, hoy con peso singular de la iglesia. Se trata en realidad de un gobierno de frente amplio burgus enfrentado con una pseudo oposicin igualmente procapitalista.

Aqul, heterogneo, unido por el espanto tras el ensueo de saneamiento y recomposicin del sistema. sta, compuesta por las diferentes fracciones del Partido Justicialista, un sindicalismo ajeno a las bases y en la mayora de los casos conducido por empresario con patente de sindicalistas, ms un conjunto inestable de aparatos polticos del Gran Buenos Aires, usufructuado por punteros que se venden al mejor postor y ahora estn en franca negociacin comercial con el gobierno al que aguijonean para aumentar su propio precio.

El gobierno se ana en torno a un programa de saneamiento al que denomina capitalismo serio. Igual denominacin para la misma quimera esgrimida por Nstor Kirchner desde 2003 y Cristina Fernndez en las presidenciales de 2007, cuando su modelo de pas era Alemania. Un plan de supuesta seriedad capitalista es la nica respuesta que tienen, otra vez, las clases dominantes ante la amenaza de un colapso inmanejable, prefigurado por los sucesos de diciembre de 2001.

La pseudo oposicin, dividida en mil fracciones inconciliables, tiene slo dos objetivos en comn. Primero, impedir la continuidad del saneamiento institucional burgus que ya ha encarcelado a decenas de ladrones de toda laya (excluyendo, claro est, a quienes hoy tienen cargos oficiales). Segundo, pero de primera importancia, recuperar las palancas del poder del Estado para continuar con la conformacin de una nueva burguesa nacional a punta de saqueo y corrupcin como ya ensayaron con xito relativo entre 2003 y 2015.

Quienes arrebataron esas palancas en 2015 en favor de la antigua burguesa establecida las utilizan ahora con idntica fruicin, acaso con algo ms de estilo, pero con el mismo futuro: hundimiento del pas y aceleracin hacia una crisis general. Por lo pronto, esta fraccin hegemnica del capital establecido ha logrado llevar a la crcel a ex ministros, sindicalistas y hasta el vicepresidente del rgimen anterior. Pero est en la mira la ex presidente, amenazada con la misma suerte de altos miembros de su cohorte, hoy alojados en diferentes crceles sin que haya una sola movilizacin que reclame su libertad.

Debilitar a Mauricio Macri y avanzar todo lo posible por el camino de la desestabilizacin (la amenaza del helicptero), es ante todo un instrumento de chantaje para negociar la inmunidad de la ex presidente y el freno al juicio y expropiacin de sus cuantiosos bienes y los de quienes la acompaaron.

Como nadie podra levantar semejante bandera ante las masas para obtener su apoyo, se esgrimen reclamos contra el aumento de tarifas, aumentos salariales y hasta la oposicin al FMI, mientras tras bambalinas negocian con el gobierno para eludir los juicios. sa es la naturaleza verdadera de quienes encabezan el descontento social por estos das.

Tampoco nadie podra enfrentar los justos reclamos de los trabajadores para defender un mero cambio de rostro en los saqueadores. Por eso el gobierno y los suyos enarbolan consignas como Repblica, decencia, desarrollo. Si la pregonada seriedad de los Kirchner culmin en el gobierno de Fernndez y Boudou (oprobio sin precedentes en nuestra historia), se puede esperar un desenlace anlogo para el elenco actual, calificado por los liberales como kirchneristas con buenos modales. Slo bastara que estos lograran afirmarse en el poder para que la reaparicin inexorable de la crisis muestre que los buenos modales de la gran burguesa se transforman de la noche a la maana en desembozado fascismo.

Hay muchos, millones, impactados por los efectos demoledores del sistema capitalista, personificados en el nombre de Macri, alentado por todos quienes acusan al individuo para ocultar el sistema. Pero no son menos quienes, vivida la experiencia de doce aos de cleptocracia pseudopopular, vacilan a la hora de optar entre la inepcia elitista de Cambiemos y el aquelarre peronista.

Esa es la trampa. Entre mentiras, guiada por maniobras de la mayor bajeza y pseudo dirigentes a la medida de la tarea que realizan, discurre a mediados de 2018 la poltica argentina.

Las urnas, factor decisivo

En las cpulas que encabezan las movilizaciones de estos das no hay en juego proyectos de pas, ni convicciones ideolgicas, ni programas de redencin nacional y social. Hay elecciones. Y usufructo de angustiosas necesidades de las mayoras. Faltan 16 meses para las presidenciales de 2019 pero cada paso del conjunto de organizaciones polticas y sindicales est dictado por ese objetivo.

Cambiemos (Pro, UCR y otros), estn lanzado a la reeleccin de Macri y a aumentar el espacio ganado al peronismo en las arrolladoras legislativas de noviembre pasado. Figuras claves del gran capital que actan en sordina aspiran a destruir definitivamente al PJ tal como se lo conoci hasta ahora y reconfigurar la CGT para ponerla sin bemoles a su servicio. No es una suposicin sin fundamentos objetivos. La comparten incluso gobernadores de origen peronista, como Juan Urtubey de Salta y Juan Schiaretti de Crdoba, embarcados en el mismo objetivo.

Sectores del PJ se empean en mantener sus feudos, olvidar las elecciones del ao prximo y posicionarse con miras a 2023. En cambio, otras fracciones peronistas estn convencidas de que hay 2019 (Rodrguez Sa dixit). En otras palabras: que el prximo ao el PJ unido puede derrocar a Macri y recuperar la Casa Rosada.

Lo mismo vale para las cpulas sindicales, que tienen un problema adicional, semejante al que afronta la ex presidente y los suyos: en el plan de saneamiento institucional la burguesa pretende expurgar el aparato sindical. El gobierno pretende no slo quitarse una piedra del zapato, sino tambin lustrar su chapa de decente ante una sociedad harta, que reconoce y repudia a los ladrones institucionales aunque no logra identificarlos como producto necesario del sistema capitalista. El encargado de llevar a cabo esa tarea de seleccin y limpieza es el ministro de Trabajo Jorge Triaca, hijo de un smbolo mayor en la corrupcin sindical y efectivo operador de Macri. All todo se negocia y en estos momentos el gobierno cambia correcciones en la ley de reforma laboral por rechazo a la huelga general o, cuanto menos, su realizacin pro-forma para volver al da siguiente a la mesa de negociacin, siempre con elecciones y candidaturas en el medio.

Igual objetivo electoralista ha hecho presa de las tendencias infantoizquierdistas. Sera incorrecto incorporarlas sin ms al festival de repartija del poder en el que estn inmersas las corrientes burguesas. No obstante, es evidente que asumen incondicionalmente reclamos de la pseudo oposicin con el exclusivo fin de ganar espacio en la carrera por obtener cargos, sea en el Congreso Nacional, en legislaturas provinciales o municipales. Estos agrupamientos no hacen una crtica radical al capitalismo. Vociferan contra el alza de tarifas y cuestionan al FMI como forma demaggica de ganar simpatas, pero no cuestionan el sistema.

Por lo dems, numerosos tendencias barriales y estudiantiles que s han mostrado voluntad de luchar por el socialismo, han cado tambin en el electoralismo, o bien buscan su espacio subordinndose a fracciones peronistas ajenas por completo a semejante objetivo.

La conclusin es clara: no existe hoy en Argentina una fuerza revolucionaria organizada, visible ante el conjunto de la poblacin, que proponga en los hechos y no slo en discursos de 1 de mayo- una respuesta a la coyuntura por fuera del marco del sistema. Basta observar la posicin frente al alza de tarifas para comprobar que sta no es una afirmacin caprichosa.

Tal panorama poltico explica la pasividad de la clase trabajadora, del mismo modo que sta explica a su vez el margen de maniobra de falsas conducciones sindicales o polticas y la debacle de direcciones de izquierda. El agitativismo endgeno de agrupamientos que en ningn caso involucran a la clase no puede ser confundido con movilizacin social. Incluso los partidos con mayor espacio son insignificantes en comparacin con cualquier organizacin poltica real de los trabajadores, internacionales o nacionales, del pasado o incluso del arduo presente.

Hay sindicatos con movilizaciones diarias de un aparato armado a tal efecto, que no involucran ni al 0,1% de sus afiliados en el lugar mismo donde llevan a cabo sus protestas. Se ha conformado una suerte de industria de marchas y cortes de calles por los reclamos ms diversos, nominalmente justos, que desquician la vida de la sociedad con cortes de calles en perjuicio de quienes viven o trabajan en la Capital Federal. Tal vez hace falta recordar que la abrumadora mayora de la sociedad est compuesta por trabajadores. A ellos afectan estas medidas irracionales. En ellos acumulan malestar general y odio particular contra los manifestantes. A menudo buena parte de quienes llevan a cabo estas acciones son honestos militantes manipulados por cpulas eternas de aparatos sindicales o polticos.

La burguesa hace estragos en la conciencia y la organizacin de la clase trabajadora frente a semejantes conductas de sindicatos y organizaciones que se presentan como revolucionarias. Un caso sobresaliente es el del gremio docente. Algunos de los incontables sindicatos llaman a paro tras paro, sin otro argumento que la necesidad de aumento salarial. Nadie explica por qu los salarios docentes son miserables desde hace dcadas y por qu los gobiernos de los que ellos formaron parte slo agravaron el problema; por qu la escuela pblica est en total decadencia y la enseanza degradada en todos los niveles.

Los paros docentes tienen cada vez menos respuesta positiva de maestras y padres. Para el gobierno resulta fcil denunciar las medidas de fuerza, no pagar el da de huelga y mostrar las cifras cada vez menores de adhesin a los paros (los pseudo dirigentes dicen acatamiento, sin comprender todo lo que revelan con esa palabra). Pero con la palabra que utilicen, nadie puede ocultar que ms de la mitad de los docentes a escala nacional se niegan a continuar con tales medidas. En otras palabras: el gobierno vuelca a las bases a su favor y en contra de las direcciones sindicales. Las cpulas que impulsan esta poltica suicida estn asociadas con Cristina Fernndez. Pero hay corrientes de izquierda con peso considerable en lugares puntuales de este gremio, que no se diferencian sino en tratar de gritar ms que los titulares de los sindicatos.

Si como todo indica la CGT llama finalmente a un paro general, ste seguramente tendr la contundencia habitual de medidas de este tipo en Argentina, pero en el actual contexto no ser un escaln en la acumulacin de fuerzas para emprender una estrategia de cambios genuinos, sino una vlvula de escape para el malestar general. No habr un cambio en las relaciones de fuerza entre las clases y la nica incgnita es si el da despus el gobierno decidir o no continuar el juicio que ha emprendido contra la familia Moyano y otros titulares de aparatos sindicales.

Trabajar por la recomposicin y estar alertas

Ya desde el gobierno de Barack Obama los estrategas imperialistas sealaron a Argentina como punto de apoyo para un eje hemisfrico contra la permanente amenaza de deriva revolucionaria en cualquiera de nuestros pases.

Como es sabido, hicieron centro en Venezuela y los pases del Alba para intentar debilitar y eventualmente aplastar los intentos de transicin al socialismo en nuestro continente. Se propusieron acabar con Unasur, paralizada ya desde hace aos. Simultneamente, neutralizar la Celac y revitalizar la OEA en su condicin de Consejo de Indias.

En ese esquema Argentina deba ser el modelo de solucin capitalista virtuosa a la crisis regional, en contraposicin al alegado fracaso de la transicin al socialismo en Venezuela.

La prensa comercial y la intelectualidad al uso propag, sobre todo despus de la victoria electoral de Macri, la idea de rotunda e irreversible victoria de Washington y las burguesas locales. No pocos se dejaron convencer por esta argumentacin, que ciertamente tiene puntos de apoyo slidos: fracasaron sin atenuantes gobiernos populistas y reformistas. Notoriamente los de Brasil y Argentina, falsamente presentados como motores del cambio en la faz poltica de Amrica Latina a partir de la estrategia de Hugo Chvez y la creacin del Alba. El matrimonio Kirchner y el PT desestimaron y en la prctica rechazaron esa estrategia. As terminaron.

Envuelto en sus propias mentiras el capital confundi deseos con realidad y se proclam victorioso cuando apenas estaba en medio de la primera gran batalla de un guerra prolongada. Ya con la destitucin de Pedro Kukzynsky en Per y el rotundo fracaso de la cumbre de las Amricas en ese pas, en abril pasado, qued demostrada la inviabilidad del Grupo de Lima. Washington prob que estaba muy lejos de reimplantar su hegemona. La separacin de Venezuela del Mercosur puede contarse como otro tanto a favor de la reaccin, pero slo a condicin de olvidar que este bloque procapitalista se traba por s mismo desde hace aos y resulta ineficiente, ms bien un estorbo, para las burguesas de Argentina y Brasil.

Mientras tanto los hombres de gris en la Casa Blanca comprobaron que en Brasil no habra gobierno estable por largos aos y es ms probable esperar all a mediano plazo una implosin a la medida del gigante latinoamericano. Idntica perspectiva constataron en Colombia a partir de la primera vuelta electoral. Y el cuadro se complet con la conviccin basada en encuestas de todo signo- de que en Mxico ganara el bloque encabezado por Andrs Manuel Lpez Obrador.

No obstante, el golpe ms duro para Washington tuvo precisamente los rostros de Macri y Maduro: en Argentina reapareci la crisis y sepult el plan menos mentiroso que tonto- de ajuste gradual indoloro; en Venezuela fue imposible derrocar al gobierno de la Revolucin Bolivariana mediante la guerra econmica y meditica. Peor an: Maduro fue reelegido en contundente votacin, sobre todo en comparacin con el caudal de apoyo con que cuentan los presidentes de la regin.

Washington no logra mantener la iniciativa que retom por un instante. No hay vencedor neto. El plan de aplastar la estrategia de transicin al socialismo y colocar en su lugar un capitalismo travestido, capaz de reconquistar el corazn y la conciencia de 600 millones de sus vctimas en Amrica Latina, se revela una esculida superchera.

Venezuela atraviesa una dramtica situacin econmica, lo cual hace ms significativa y trascendente la conducta de un pueblo organizado y consciente en defensa de su Revolucin y de la perspectiva socialista.

En el hemisferio la relacin de fuerzas no impulsa ahora mismo la perspectiva anticapitalista, pero tampoco pesa a favor del imperialismo. El signo de la prxima etapa est en disputa. En cada pas ese balance es diferente, pero en Brasil, Mxico y Argentina, la burguesa no tiene ventaja suficiente como para garantizar su iniciativa a mediano plazo.

Tiene razn la neosocialdemocracia superizquierdista en Argentina al suponer que en este cuadro puede ganar terreno parlamentario y afirmar sobre esa base sus organizaciones. Yerra sin embargo al desconocer la dimensin latinoamericano-caribea como su propio terreno de combate. En cambio carecen de perspectiva estratgica quienes optan por aliarse a corrientes populistas comprometidas desde hace medio siglo con las derrotas del proletariado y el pueblo argentinos.

La militancia revolucionaria tiene por delante el camino de la recomposicin de fuerzas marxistas, a la par de la bsqueda de unidad social y poltica de las grandes masas.

Recomposicin implica algo diferente de unidad, aunque en cualquiera de sus tramos ambos trminos estarn imbricados en un tejido imposible de establecer a priori. S est claro que la recomposicin es inseparable de la participacin efectiva en la lucha de clases y el combate poltico a escala internacional y regional. En ese sentido, es potencialmente mortal el desconocimiento de la confrontacin en curso con el imperialismo por parte de los gobiernos del Alba.

Desestimar o subvalorar la presencia activa en ese gran combate equivale a cercenar toda perspectiva para una organizacin que se reivindica anticapitalista. Lo mismo vale para el caso de sumergirse en la lucha continental y desatender la afirmacin en la teora cientfica de la lucha de clases, la asimilacin de las grandes experiencias de la revolucin mundial, para afrontar y eventualmente enfrentar los errores y desviaciones que necesariamente se dan y continuarn dndose en las filas de la Revolucin.

A la vez, es preciso estar alerta porque una realidad de achatamiento poltico y relativa calma social puede transformarse sbitamente en situacin pre-revolucionaria, en la cual la militancia marxista tendr su prueba de fuego.

No es por acaso que la Otan acaba de incorporar a Colombia y simultneamente reactiva su base en Malvinas. Por un lado, queda comprobado que la marcha de los procesos en Venezuela y el Alba no son reversibles por va de elecciones democrticas y requieren eventualmente el recurso de la guerra (como la que actualmente han iniciado en Nicaragua, llevando a una escala mayor la prctica de las guarimbas en Venezuela dos aos atrs); por otro, est claro que la inestabilidad se ha instalado de manera permanente en Mxico, Brasil y, aunque en menor medida, tambin en Argentina. El nico recurso del gran capital frente a los riesgos que esa inestabilidad implica es la violencia a gran escala y sta es inseparable de la transformacin de actuales regmenes democrtico-burgueses en formas neofascistas para mantener el control social.

En el crecimiento y la penetracin social del narcotrfico est prefigurado el desarrollo de otro flagelo: el fascismo. Se ha utilizado este concepto para identificarlo con la violencia extrema y la violacin de derechos civiles y garantas constitucionales. Pero es mucho ms que eso. Es la utilizacin de sectores marginalizados de la sociedad para lanzarlos contra el proletariado y cualquier otro sector que pretenda defender las formas democrticas de relacionamiento social.

Cualquiera sabe el papel del PJ y todas sus fracciones en el crecimiento del narcotrfico desde los tiempos de Carlos Menem. El fenmeno creci vertiginosamente despus de 2001. Ahora se descubren altos funcionarios de todos los partidos envueltos en el mismo crimen. Tambin es conocida la responsabilidad de jefes policiales, jueces de todo nivel, titulares de sindicatos y legisladores de todos los partidos incrustados en el Congreso a fuerza de narcodlares para inverosmiles campaas electorales. Destacan en este submundo mafioso altas dirigencias del negocio del ftbol, del juego, as como de aparatos de inteligencia. Ante el reclamo de la poblacin contra el narcotrfico bajo demanda de seguridad- Macri aprovech la ocasin y propuso sumar a las fuerzas armadas al combate contra este enemigo a la vez palpable, difuso, omnipresente.

Sin embargo la amenaza mayor del narcotrfico desde un punto de vista estratgico, en el marco de crisis capitalista, es que crea ejrcitos de individuos privados de toda racionalidad y libertad, a la vez que articula aparatos militares capaces de obrar con mayor inhumanidad que los propios jefes militares actuantes durante la dictadura de 1976. Si en la Italia y la Alemania de los 1930 el fascismo se ciment en capas sociales lumpen, resultantes de guerras, crisis econmicas y desocupacin masiva, en Argentina como en Mxico, Per y Brasil- la argamasa social para edificar un fenmeno anlogo est en el detritus de la crisis capitalista local: bandas narcotraficantes y decenas de miles de adictos arrojados a la ms abyecta marginalidad.

Bienpensantes de la pequea y mediana burguesa (y tambin amplias franjas del proletariado, convencidas de que por tener trabajo son clase media), no toman conciencia de este binomio fatal: narcotrfico y crisis capitalista. Y al votar encargan al zorro el cuidado del gallinero.

Quienes de manera oportunista llaman a manifestarse contra el FMI y los aumentos de tarifas con el objetivo de ocupar un lugar en las prximas elecciones carecen del mnimo necesario para resolver esta encrucijada estratgica en la historia argentina. A la vez, como ya se ha subrayado, no existe una alternativa con proyeccin de masas.

De modo que no hay atajos y es ineludible el compromiso con la recomposicin de fuerzas marxistas en Argentina, en Amrica Latina y todo el mundo que logremos alcanzar. Abordamos esa tarea con todos quienes estn dispuestos a luchar por la unidad social y poltica de las grandes masas. Y junto con nuestra incondicional solidaridad, hacemos llegar a los gobiernos del Alba el llamado a un tratamiento urgente, orgnico y riguroso, de estos temas trascendentales.

@BilbaoL

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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