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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-06-2018

Los subsaharianos que no logran llegar a Europa permanecen bloqueados en Nger por la vergenza de volver a casa
Las vidas suspendidas

Xabier Aldekoa
La Vanguardia


Arnaoud Zakou lleva ocho meses varado en Agadez. Malvive en una casa de adobe , donde las paredes hablan de Europa y no quiere volver a intentar una travesa del Shara que recuerda con dolor (Pau Coll /RUIDO photo)

A Alex Jallah el Mediterrneo le derrot. Durante una odisea de casi diez aos desde su Liberia natal hacia Europa, Jallah atraves fronteras y desiertos, le estafaron, padeci robos, torturas y secuestros y casi se muere de sed; pero jams se plante detener su camino hacia una nueva vida. Hasta que lleg al mar. Los ojos se le llenan de lgrimas cuando recuerda el momento en el que lleg a la costa de Libia y se dispuso a subirse a un bote precario para intentar cruzar a Italia. Se qued paralizado. Tuve miedo. Tuve miedo. El mar me aterroriz. Mucha gente mora. En el ltimo instante, Jallah dio marcha atrs. Han pasado varios meses desde que decidi volver por donde haba venido y regresar a Nger, pero an debe detener su explicacin varias veces para tragar saliva. Cuando se derrumba, hunde el rostro entre las manos y repite entre sollozos el nombre de Lobetto, la hija que despidi en Monrovia como un beb y ahora est a punto de cumplir diez aos. Quiero estar con ella, pero no puedo volver con las manos vacas. Me avergenzo tanto! No puedo volver sin nada, todos se reirn. Jallah ha empezado a trabajar de peluquero en el barrio de Gamkale II de Niamey, la capital de Nger, pero los das con suerte solo gana 1.000 cefas 15 euros y para l ahorrar es imposible. Cmo voy a volver? No tengo nada. Estoy atrapado.

Nger se ha convertido en el refugio de mil vidas suspendidas. Jvenes subsaharianos que han fracasado en su intento de llegar a Europa y que han abandonado su ruta por miedo, tras sufrir experiencias traumticas o quedarse sin dinero, permanecen bloqueados en territorio nigerino sin opciones ni voluntad de seguir hacia delante ni de regresar a sus pases. Son los habitantes de un limbo terrenal con sabor a derrota que no salen en las estadsticas pero que ilustran la desesperanza de quienes han abandonado a la fuerza el sueo migratorio hacia el Viejo Continente.

Para el religioso genovs Mauro Armanino, de la orden de Misiones Africanas y que trabaja en Niamey con migrantes desde el 2011, la presin familiar es una losa demasiado pesada para algunos. Las familias de estos chicos son muy humildes y vendieron vacas o tierras para pagar el viaje de su hijo a Europa; cuando no lo consiguen, no se atreven a enfrentarse a la humillacin del fracaso. Segn la Organizacin Internacional de las Migraciones (OIM), desde el ao 2014, unas 500.000 personas han llegado a costas italianas por la ruta central del Mediterrneo, la ms peligrosa y que ha provocado al menos 15.000 muertes en el mar en los ltimos cuatro aos. No hay cifras sobre los que vagan atrapados en mitad del camino, pero slo hace falta pasear por los alrededores de la estacin de autobuses de Agadez o los guetos donde viven los migrantes clandestinos para encontrar a quienes han bajado los brazos.

Para el liberiano Laurent Davis y tambin para Emmanuel, de Benn, la opcin de seguir hacia el norte se esfum hace tiempo. Tras ser asaltados por bandidos en el desierto, pasan los das vagando entre los autobuses, implorando por un plato de comida o cargando sacos a cambio de unas pocas monedas con las que pasar el da.

Como Laurent slo sabe ingls y desconoce el francs o el rabe, las lenguas locales ms habituales, sus posibilidades de encontrar un empleo son escasas. La vida no ha sido fcil para m. Rezo a Dios cada da para encontrar una salida. Si pudiera volver atrs no volvera a intentar este viaje, he sufrido mucho. Ahora slo quiero trabajar.

En ocasiones, el sueo de quienes siguen hacia adelante se funde con el de quienes se han dado por vencidos. El marfileo Arnaud Zokou lleva ocho meses varado en Agadez. Vive en una casa de adobe sin ventanas con una docena de migrantes que esperan la seal del traficante para subirse a un todoterreno y atravesar el Shara, pero l no piensa volverlo a intentar. Cuando sus compaeros de habitacin se jactan de no tener miedo del desierto, l baja la cabeza y golpea con la punta de los dedos un bidn amarillo que le sirve de asiento. Al final, cuando los dems no escuchan, se sincera. Yo no puedo ms. Es demasiado duro y peligroso, yo s cmo es el desierto, sin agua ni comida. No quiero morir ni que me roben otra vez.

El horror libio, donde se producen secuestros o ventas de esclavos, y el mayor control fronterizo promovido por la Unin Europea y varios pases africanos en el Acuerdo de La Valeta (Malta) en 2015 han aumentado los obstculos para los migrantes.

La ltima vez que Zokou intent llegar a Libia, fue detenido por la polica nigerina y encarcelado durante semanas. Sin dinero ni posibilidad de conseguir un trabajo muchos migrantes no se dejan ver por las calles de Agadez por temor a ser apresados por las autoridades, Zokou dice que tampoco piensa regresar a Costa de Marfil. Volver pobre? No es una opcin. Para l, la nica posibilidad es esperar porque, asegura, an conserva, aunque tenue, una pequea pizca de esperanza. Si Dios quiere, algn da quizs tengo un golpe de suerte.

En otros casos, la entrada en el limbo es por obligacin. En la estacin de Wadata, en el este de Niamey, ms de un centenar de jvenes, la mayora de Guinea y Mali, se desparraman en cualquier rincn a la espera de que la IOM les lleve de vuelta a casa. Todos han sido expulsados de Argelia, donde trabajaban o buscaban la manera de llegar al Mediterrneo. Isiaga Bangoura, de 25 aos, asegura que un da las autoridades argelinas hicieron una redada, les quitaron todo lo que tenan y les abandonaron en la frontera de Nger. Los dems, que le escuchan en corro, asienten indignados. Bangoura dice que ha sufrido demasiado y necesita descansar, pero que cuando le lleven a su pas no volver con su familia. No les dir nada. No quiero que sepan que he fallado. Sin dinero no puedo volver. Intentar buscar trabajo y si tengo suerte, lo volver a intentar. Si no, no s qu voy a hacer. Algunos de los que le rodean, vuelven a asentir.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/internacional/20180604/444073421798/vidas-suspendidas-niger.html



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