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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-06-2018

Nueva indignacin

Antonio Antn
Rebelin


Queda lejos el 15-M-2011. No obstante, con caractersticas distintas y en un contexto diferente, se est conformando un nuevo proceso de indignacin social, con dinmicas proclives a la activacin cvica, con motivos y mbitos especficos, entre los que sobresale un renovado e integrador sujeto sociopoltico. Me refiero, sobre todo, al movimiento feminista y su ejemplar y justa movilizacin por la igualdad y la justicia. Pero tambin hay indicios de nuevas protestas sociales, por ejemplo la de los pensionistas y colectivos de gente trabajadora el nmero de huelgas laborales y participantes en ellas ha vuelto a crecer en 2017-. En otro sentido estn las dinmicas nacionalistas que expresan un fuerte malestar aunque con otras mediaciones y sentido poltico.

Paralelamente, se comprueba la dificultad de las lites gobernantes y los cauces institucionales para satisfacer las demandas populares de justicia social, igualdad y democracia que afectan a la mayora ciudadana, con agotamiento del discurso legitimador de su gestin. Esa marea de fondo, junto con la corrupcin han dado la puntilla al Gobierno del PP, marcando un nuevo campo de juego poltico-institucional.

La interaccin entre indignacin popular y activacin cvica con valores democrticos e igualitarios y el agotamiento de la credibilidad de las lites gobernantes por su gestin impopular ha dado como resultado la conformacin, entre los aos 2008 y 2016, de unos nuevos equilibrios polticos e institucionales, superando el bipartidismo. Pero, sobre todo, se ha reforzado una nueva mentalidad crtica; se ha consolidado una cultura democrtica en amplias mayoras sociales, especialmente juveniles, con la reafirmacin en la justicia social y la dignidad ciudadana que choca con el poder establecido y sus prcticas ms corruptas, regresivas y autoritarias.

Dejo al margen las implicaciones en la esfera estrictamente electoral, donde la competencia entre un continuismo remozado y un cambio sustantivo para desplazar y sustituir la hegemona de la vieja derecha se est agudizando. Tampoco entro en su posible impacto en la configuracin institucional a medio plazo, ms difciles de discernir hoy. Solamente sealar que los resultados electorales de 2019 y el nuevo carcter de los grandes ayuntamientos del cambio (Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Cdiz, A Corua) y algunas comunidades autnomas significativas (Madrid, Comunidad valenciana, Andaluca, Navarra) van a tener una influencia sustancial en las expectativas de cambio gubernamental de progreso a travs de las elecciones generales de 2020, probablemente adelantadas.

En todo caso, mi pronstico es la nueva dimensin, interaccin y articulacin de esos tres factores indignacin cvica, activacin popular progresista y representacin poltica alternativa-, que expresan el comportamiento y las mentalidades de amplios sectores sociales. Ello aun en un contexto econmico y poltico parcialmente diferente al de la ltima dcada en que se instal la fuerte crisis social, econmica y poltica. Sin embargo, su existencia constituye la palanca necesaria para posibilitar y porfiar en un cambio de progreso. Tenemos la experiencia de las distintas respuestas sociopolticas y una limitada y contradictoria evaluacin terica, a menudo deudora de esquemas interpretativos rgidos. Pero hay que poner el nfasis en el anlisis riguroso de los nuevos componentes y tendencias de esta etapa que comienza para definir mejor una posicin normativa o estratgica transformadora.

De entrada, afirmo la necesidad de un enfoque realista, crtico y socio-histrico de esta dinmica sociopoltica democrtico-igualitaria frente a la posicin liberal-conservadora de neutralizarla o distorsionarla. Igualmente, entre miradas progresistas, hay que superar tres tipos de desenfoques, a veces interrelacionados. Primero, los lmites de una interpretacin determinista econmica, basada en el impacto mecnico de las condiciones materiales de existencia, por lo que la crisis econmica conllevara rebelda popular generalizada (o integracin cuando termina). Segundo, la visin determinista poltica, que considera que la crisis del poder creara ventanas de oportunidad para el cambio, cuando hay que valorarlas socio-histricamente por la relacin de ambas fuerzas populares y de los poderosos-. As mismo, tercero, es insuficiente la interpretacin idealista del populismo discursivo, que sobrevalora la influencia del discurso y el liderazgo en la construccin de una dinmica sociopoltica o un sujeto colectivo transformador el pueblo-, infravalorando la experiencia popular y cvica, las relaciones de fuerzas y las estructuras socioeconmicas.

Por tanto, frente al discurso neoliberal del comienzo de una nueva fase de crecimiento econmico, desarrollo social y normalizacin poltica, funcional para su hegemona institucional, todava es pertinente el concepto de crisis socioeconmica y poltica y, ms general, el de crisis sistmica. No en su versin extrema y determinista, como derrumbe o hundimiento del capitalismo y/o del rgimen poltico que abocara necesariamente a una transformacin radical; idea con poca credibilidad. Sino crisis en su acepcin convencional y contingente, con dos rasgos: uno, dificultades de esos sistemas para cumplir su funcin de garantizar el contrato social y poltico de bienestar social, igualdad y democracia, con deslegitimacin de las lites gobernantes; dos, al mismo tiempo, oportunidad para un relevante cambio (de progreso), mediante la participacin cvica y segn los reequilibrios de las fuerzas sociales, econmicas y polticas. El futuro sigue abierto y en disputa.

El impacto en el cambio

El horizonte europeo, segn el plan liberal conservador, es: Estado social de mnimos, democracia dbil, subordinacin de las clases populares al poder econmico-empresarial, neutralizacin del descontento social y la indignacin cvica, as como contencin de la activacin popular y la capacidad representativa y relacional de las fuerzas progresistas. No es un proceso de reversin del estatus social y poltico de las mayoras ciudadanas previo a la crisis y la ofensiva neoliberal, al menos para el sur europeo.

Ese plan normalizador, compartido por el bloque de poder europeo dirigido por Merkel, con la colaboracin del SPD y Macron, tiene un grave problema: la deslegitimacin cvica, especialmente en el sur europeo, derivada de la insatisfaccin de las demandas populares y la persistencia de una amplia cultura democrtica y de justicia social. Y para imponer su modelo poltico y econmico deben contrarrestarla. En ello estn, apoyndose en los condicionamientos y presiones de los populismos de derecha extrema, xenfobos y autoritarios.

En ese sentido, la socialdemocracia, cuyas direcciones mayoritariamente (y salvo excepciones como en el caso portugus o britnico) han colaborado con esa estrategia dominante, est en una gran encrucijada con dos opciones por delante: Abrazar la operacin gran centro y el continuismo econmico y poltico, manteniendo solo una ligera retrica progresista con poca credibilidad; o bien, implementar una poltica de reformas igualitarias y democrticas con alianzas de progreso. Su decisin va a definir su futuro, as como el ritmo y las condiciones del cambio.

El nuevo Gobierno socialista, tras la exitosa mocin de censura contra el Ejecutivo del PP, es una oportunidad nueva, aunque, de momento, existe una indeterminacin entre ambas opciones. Los gestos iniciales priman su ensanchamiento electoral para las prximas elecciones generales, a costa de los competidores y con ausencia de polticas sustantivas de progreso en el mbito socioeconmico y presencia de medidas limitadas y abundante retrica simblica en lo poltico, territorial y sociocultural.

Las fuerzas alternativas tienen un gran reto: definir y consolidar un proyecto de cambio con un fuerte perfil social, vinculado a los problemas y percepciones de la mayora social y estimulando los procesos de indignacin social y activacin cvica. El sujeto sociopoltico no se construye solo o principalmente por el discurso de una lite poltica o ilustrada. Se conforma a travs de la experiencia relacional y la articulacin popular en el conflicto social y frente a las relaciones de poder, desigualdad y subordinacin.

La representacin poltica y la gestin institucional progresistas deben estar interrelacionadas con la actividad de movimientos sociales, grupos populares y tejido asociativo, con una vinculacin y arraigo entre la gente, con una democracia participativa. La pugna por el tipo de modelo social europeo y una construccin equilibrada e integrada est abierta. La soberana popular y la diversidad nacional se deben articular con un horizonte de cambio europeo, basado en una tica universalista de los derechos humanos, unas relaciones econmicas y polticas democrticas y solidarias y un sistema de co-soberanas y gobernanzas multinivel. Existen posibilidades para avanzar en un cambio de progreso. Debe partir de dos ejes centrales de la cultura progresista europea: igualdad (o justicia social) y libertad (o democracia). Es decir, una democracia social y econmica avanzada y participativa, en una Europa ms justa y solidaria.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid. Autor de El populismo a debate (ed. Rebelin)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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