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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-06-2018

Disquisiciones sobre tica a propsito de una mocin de censura

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


En Espaa no se ha secularizado an la poltica. Aqu no se hace poltica; se hace teologa.
(Iaki Gabilondo en el programa de radio A vivir que son dos das de la Cadena SER, emisin de 2 de junio de 2018)


En 1890 fue publicada por primera vez la novela El retrato de Dorian Gray del singular escritor irlands Oscar Wilde. Antes de leerla conoc la historia que narra a travs de su versin cinematogrfica de 1945 dirigida por Albert Lewin. Yo era muy joven cuando la vi, emitida por televisin. Aunque eso fue hace ya varias dcadas recuerdo que caus en m una honda y desasosegante impresin. Luego he vuelto a verla ya leda la novela y he podido constatar que mi intenso recuerdo estaba justificado, pues se trata de una adaptacin refinada y elegante que recoge lo esencial de su mensaje, as como la profundidad de la cuestin que plantea.

Por si el lector lo ignora o lo ha olvidado, dir escuetamente que la obra de Wilde es su manera de contarnos el archiconocido mito de la venta del alma al diablo. En este caso es un joven muy hermoso, Dorian Gray, quien, seducido por el discurso de un esteta amigo del pintor que le est haciendo un retrato, consiente implcitamente en que el tiempo no pase por l, sino por la plasmacin pictrica de su persona. Lo que descubre el lector conforme avanza en la novela es que la imagen del lienzo no slo es marcada por el natural deterioro que el envejecimiento nos causa a cada uno de nosotros, sino que en ella todo acto ejecutado por el modelo tomado para su ejecucin deja una marca de depravacin, puesto que Dorian Gray escoge una senda vital jalonada de acciones contrarias a los ms elementales principios morales. Es decir, el retrato es la viva imagen de su alma, representada sta como el trasunto moral de la conducta ejecutada por su cuerpo.

En esta historia hay mucho que rascar en trminos filosficos acerca de cuestiones de orden moral y metafsico. Hay bastantes pasajes en los que se atisba un soplo nietzscheano; por ejemplo este: Y la belleza es una manifestacin de genio; est incluso por encima del genio, puesto que no necesita explicacin. Es uno de los grandes dones de la naturaleza, como la luz del sol, o la primavera, o el reflejo en aguas oscuras de esa concha de plata a la que llamamos luna. No admite discusin. Tiene un derecho divino de sabidura. Convierte en prncipes a quienes la poseen. La sombra trgica de la muerte de Dios se vislumbra por momentos en la sugestiva novela. (Tampoco se pierda de vista que Nietzsche y Wilde eran coetneos, falleciendo ambos relativamente jvenes y no en buenas circunstancias en el 1900.)

Con todo, yo veo en el retrato del joven Gray la materializacin esttica de eso que el gran Aristteles seal como un elemento esencial de su concepcin tica, a saber: la forja del carcter (moral). La palabra griega que escogi el estagirita para darle cuerpo a este concepto fue ethos (ἦθος); y como ocurri con tantsimas de sus ocurrencias acab marcando para siempre el devenir de la filosofa. Con la eleccin de ese trmino, en lo que a la reflexin sobre la conducta moral de las personas atae, que ya para siempre se llamar tica. Nos dej dicho el discpulo de Platn, tan crtico como se sabe con su maestro respecto de su visin en exceso intelectualista, que en lo referente a la vida prctica la clave consiste en lo que hacemos, en nuestras acciones. Es mediante stas que nos vamos forjando una forma de ser, un carcter (un ethos). Resumiendo mucho, digamos que es la repeticin de las buenas decisiones lo que genera en el hombre el hbito de comportarse adecuadamente; y en este hbito consiste la virtud para Aristteles. El vicio es lo opuesto: la repeticin de malas decisiones. Como griego, el genial filsofo no pierde de vista en ningn momento que esa formacin tica se da siempre en convivencia con los otros, en la polis. Se trata la educacin del carcter (la Bildung, que diran los alemanes) de algo natural para el individuo, porque es natural su sociabilidad. He aqu un rasgo idiosincrsico del ethos griego que encontramos igualmente en Platn y an antes, como apunta Emilio Lled: Ese sentido y coherencia (refirndose al ethos) no es nunca resultado efectivo del individuo que acta como tal individuo. Una forma suprema de egosmo que, al afirmarse a s mismo, hiciese desaparecer al otro, es absolutamente imposible. (...) De esta lucha entre el individuo y el plasma colectivo en el que est sumido, surge el complejo organismo en el que se engarza la vida humana. De las tensiones que modulan el carcter de esa lucha, se harn lenguaje las primeras "recomendaciones" ticas que descubrimos en Homero y Hesodo. (Vase el tomo I de la Historia de la tica de la que es editora Victoria Camps.)

Habr que asumir entonces que si hay un carcter individual tiene que haber asimismo uno colectivo. Siendo as, bien pudiera aplicarse una metfora como el retrato de Dorian Gray para darle concrecin potica. Algo as creo ver yo en un artculo de Vctor Prez Daz titulado Cambiar el modo de ser. Publicado hace ocho aos creo que su contenido no ha perdido vigencia. Al igual que el artista del fantstico cuadro de la novela de Wilde plasma el alma del joven Gray, este socilogo hace una semblanza del carcter de la ciudadana de este nuestro pas en su texto. Coincide con Aristteles en lo esencial de la visin de la tica al escribir: El modo de ser, o el carcter, de un grupo social es el poso que queda de las costumbres, virtudes o vicios, que tenga. De ello depende segn cree el que los individuos que lo integran puedan optar a una vida buena; y en esto vuelve a coincidir con los filsofos de la antigedad.

Pues bien, el ethos de la sociedad espaola, a decir del profesor Prez Daz, est lejos de facilitar la consecucin de esa clase de vida, fin natural de la existencia humana como ya seal el eudemonismo aristotlico. Porque, segn el retrato que nos aporta el socilogo, este nuestro pas no innova lo suficiente, cuenta con un tejido empresarial frgil, sus polticos se bloquean o se pierden en peleas internas, sus medios de comunicacin producen demasiado ruido y sus gentes confan poco unas en otras. Padecemos, en definitiva, un dficit de disposiciones virtuosas (de cultura moral vivida), leemos en el citado artculo, lo que se traduce en la fragilidad, la rigidez y el menor dinamismo de la economa, en el carcter derivativo de buena parte de la cultura, en la falta de ecuanimidad del debate pblico y en la mezcla de desconcierto y timidez de fondo con aires de ordeno y mando de tantas decisiones polticas. Es un cuadro para no sentirse orgullosos, ciertamente, pero no es el destino espaol, su fatum ineluctable, sino su ethos, y se puede cambiar; pues recordemos la enseanza del maestro Aristteles esa forma de ser conformada por vicios y virtudes es el resultado de nuestras acciones derivadas de las decisiones que tomamos.

El filsofo norteamericano Robert Kane aporta a la reflexin de inspiracin aristotlica que hemos desarrollado un concepto de especial relevancia para entender el proceso de modificacin de la forma de ser (carcter o ethos) de una sociedad. En su anlisis de la decisin y la accin, este pensador contemporneo se fija en esos momentos de indecisin durante los cuales la gente experimenta, por as decir, corrientes de voluntad contradictorias; desagradable situacin en la que todos nos hemos encontrado en ms de una ocasin en nuestras vidas. Entonces, cuando en esos momentos tomamos conscientemente una decisin y la ejecutamos, Kane dice que llevamos a cabo una self-forming action o accin autoformativa, es decir, una de esas acciones que forman nuestro carcter al modo aristotlico, que dar forma a nuestras elecciones, razonamientos y motivaciones futuras generadoras de nuestro comportamiento. Las acciones autoformativas constituyen puntos de inflexin ticamente relevantes, ya que a partir de ellas se establecen hbitos e intenciones sobre cuya base se acta posteriormente de manera ya no tan reflexiva pero an responsable. Si se pretende cambiar la forma de ser, en estas acciones autoformativas se encuentra la clave.

Percibo en lo ocurrido en estos ltimos das en el Congreso de los Diputados un ejemplo de accin autoformativa, con todo lo que ello implica segn lo ya expuesto. La mocin de censura protagonizada por el seor Pedro Snchez es un caso de decisin que supone un punto de inflexin respecto de lo que se supone que es nuestro ethos ciudadano, en el que por cierto confiaba el hasta hace unos das presidente del Gobierno, seor Rajoy; una forma de ser que pareca tener como uno de sus rasgos caractersticos un notable componente de indolencia frente a la corrupcin. El voto favorable de la mayora del Parlamento a la tal mocin marca carcter y da esperanzas a quienes creemos que es compatible el progreso moral con la legtima lucha de intereses en la arena poltica.

Por cierto, que la forma en que ha prometido su cargo el flamante presidente del Gobierno, en ausencia de la parafernalia simblica religiosa, es otro ejemplo de accin autoformativa con la que nos hemos saludado quienes somos favorables al laicismo. Ojal que dentro de no mucho tiempo, cuando nos miremos en el retrato de Dorian Grey de nuestros paisanos, nos reconozcamos en una imagen bien mejorada de nosotros mismos como pas democrtico

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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