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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-06-2018

El materialismo histrico es una filosofa de la historia?

Wilder Prez Varona
La Tizza

Ponencia en el I Congreso Internacional Marx en el siglo XXI. Desafos para la transformacin del mundo actual y la Revolucin bolivariana, Caracas, 5 de mayo de 2018.


Marx ha sido atacado siempre, pero no en todos los casos a raz de su propia teora, sino que se le ha hecho responsable de elaboraciones que pertenecen al marxismo posterior. Una solucin socorrida ha sido distinguir a Marx de todo marxismo.

Creo que no es posible hoy pretender una vuelta a un Marx puro, sin ismos, sin dar cuenta de lo que ha sido el marxismo histrico y las experiencias socialistas de transformacin que han reclamado su inspiracin. Rescatar hoy, lo valioso del legado de Marx supone examinar y tomar posicin sobre este tema. Un legado no es algo que se recibe tal cual, supone nuestra intervencin, nuestra decisin sobre qu considerar valioso y qu no.

Uno de los mecanismos para descalificar las ideas de Marx ha sido tildarlas de utpicas. Hoy las utopas son imprescindibles porque el orden de dominacin desafa la capacidad de imaginar otra forma de vida y sustenta su hegemona en ello.

Es cierto que Marx y sobre todo Engels reivindicaron el carcter cientfico de sus propuestas, como opuesto a lo utpico. En su contexto, consideraban necesario poner el conocimiento al servicio de la emancipacin del trabajo, en lugar de abandonar la ciencia a los representantes del orden establecido. Y por enfrentar adems utopas doctrinarias, mesianismos secularizados que anunciaban el advenimiento del cielo en la tierra, sin hacerse cargo de las condiciones reales que pretendan superar. Como el propio Marx escribi, la ignorancia nunca ayud a nadie.

Paradjicamente, ya al final de su vida Marx tuvo que lidiar con que sus propuestas fueran erigidas en nueva doctrina, que alcanzara ms tarde proporciones inconmensurables.

No se trata de culpar o exculpar a Marx, sino de analizar su propia evolucin y valorar en qu medida logr o no desprenderse de esquemas precedentes y contemporneos, hasta qu punto su crtica y su compromiso con los explotados y oprimidos le permiti formular problemas y crear conceptos que puedan y deban ser hoy dignos de recuperar.

Voy a esbozar entonces un problema que, como enuncia el ttulo, resulta bien espinoso, toda vez que las revoluciones poseen una vocacin finalista, teleologicista, inevitable. Pero al fin y al cabo, vengo de una Revolucin que, como dijo el Che, fue realizada contra las oligarquas dominantes y contra los dogmas revolucionarios.

I

Lo que se ha conocido como materialismo histrico o concepcin materialista de la historia ha sido retrotrado a la redaccin de La Ideologa alemana por Marx y Engels (18456). Comoquiera que esta obra solo fue ntegramente publicada en 1932, fueron el Manifiesto comunista y sobre todo el prlogo a la Contribucin a la crtica de la economa poltica de 1859 los textos que la socialdemocracia de los aos 80 y 90 canonizara para postular y divulgar entre los partidos de masas la nueva concepcin del mundo.

Este ltimo texto en particular devino, pese a las advertencias de Engels, no en hilo conductor de la investigacin histrica sobre las condiciones concretas de existencia de las formaciones sociales, sino en modelo o esquema prefabricado para reducir el conjunto de aquellas a su determinacin econmica. El materialismo histrico recibi de este modo su obra cannica. Los debates tericos en torno al materialismo histrico y al valor prctico de sus conclusiones tomaron cuerpo desde entonces en estrategias y tcticas asumidas por los movimientos revolucionarios adscritos a esta concepcin.

De manera general, el materialismo histrico, de la mano de los idelogos de la II Internacional, fue el modo en que se codific y divulg una teora abstracta del movimiento histrico sustentada en la existencia de leyes de la historia, de un modelo universal de evolucin y transicin. Es decir, se present como el marxismo una concepcin fatalista de la historia que someta el devenir de las sociedades a una necesidad externa, abstracta y casi mstica.

Esta ortodoxia marxista, institucionalizada luego por los partidos y estados comunistas, pretendi garantizar la correspondencia entre dos cosas diferentes: la concepcin del mundo del movimiento socialista que reivindicaba la obra de Marx, sostenida sobre la idea de la misin histrica de la clase obrera; y la doctrina o sistema atribuido a Marx, basada en el determinismo econmico.

Como sabemos, el materialismo histrico ha sido desacreditado como metarrelato moderno, y una de las razones aducidas fue la de haber compartido el mito colectivo del progreso. Las filosofas posmodernas trivializaron el problema al postular un supuesto paradigma del progreso que no distingue al marxismo y al socialismo de una amalgama de tradiciones y movimientos desde los aos de la Ilustracin.

No obstante, hay que reparar en que las diversas corrientes que formaron parte de la tradicin socialista desde el siglo XIX compartieron la idea del carcter positivo e inevitable del progreso social.

Y ciertamente durante el pasado siglo XX el marxismo, como teora y movimiento de masas, asegur la expansin del progresismo entre los movimientos sociales y polticos del mundo, a partir de tres grandes realizaciones:

1) La ideologa de la II Internacional, ya mencionada, que, como impugnara Gramsci, haca de la emancipacin el resultado inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas y de las contradicciones propias del capitalismo.

2) La ideologa del comunismo de corte sovitico y del llamado socialismo real, heredera de la anterior pero con su propia tensin entre un proyecto de resistencia a la modernizacin capitalista y un proyecto ultramoderno, de superacin de esa modernidad mediante un salto adelante hacia el futuro de la humanidad.

3) La ideologa del desarrollo socialista que involucr a las experiencias del Tercer mundo, acompaando los movimientos de descolonizacin. Se trata de un proyecto de desarrollo para la periferia de la economa mundial capitalista, con nfasis en la planificacin del Estado como antdoto al subdesarrollo.

Existe an otro elemento, implcito en lo anterior, que concierne a la representacin marxista de la historia como progreso, y que se refiere al carcter unitario, integrador, de la historia.

Esta unicidad de la historia se ha captado segn una lgica de sucesin que distingue determinadas etapas de la evolucin. Generalmente, la historia ha sido pensada como un proceso, ciertamente accidentado, pero que conduce a un estadio social superior justo porque en l son resueltas las contradicciones y desigualdades anteriores. Y este proceso ha sido fundamentado sobre tres ideas: el carcter lineal e irreversible del tiempo histrico; el desarrollo entendido como un perfeccionamiento tcnico y moral; y la existencia de una capacidad incrementada de transformacin, que compete tanto al dominio y transformacin de la naturaleza, como a la capacidad de autotransformacin del hombre como ente colectivo (sustento para la autonoma de los sujetos).

II

Ahora bien, hay en Marx realmente una filosofa de la historia? De qu filosofa se trata? O bien, en qu medida Marx forma parte de la tradicin evolucionista y progresista del siglo XIX? Antes de ocuparme brevemente de estas interrogantes, unos apuntes sobre lo que puede ser llamado filosofa en Marx.

Marx revolucion la prctica de la filosofa al conferir a su actividad terica crtica otro lugar, problemas y objetivos. Su obra conforma una totalidad abierta, sujeta a diversas y siempre nuevas interpretaciones: desde este punto de vista, resulta arbitraria la distincin entre obras filosficas, histricas y econmicas. Los postulados y conclusiones presentes en su obra sufren cambios, alteraciones, renovaciones, a partir de los grandes acontecimientos que procur comprender y que sometieron a duras pruebas su teora. Su pensamiento no puede ser estudiado como si se tratara de un sistema: hay que volver a trazar su evolucin, con sus crisis y refundaciones.

Marx se nos presenta como un historicista. Por tomar dos ejemplos de alcance indudable, su crtica de la ideologa y del fetichismo mercantil se sustenta en el reconocimiento de la historicidad de las relaciones sociales. Tanto la conciencia terica autonomizada como la representacin espontnea inducida por las relaciones mercantiles asumen la forma de una naturalizacin ficticia que niega el tiempo histrico, su dependencia de condiciones histricas concretas y por ende transitorias. En este sentido, la crtica de Marx remite a una oposicin entre el punto de vista metafsico y una perspectiva radicalmente historicista.

Sin embargo, la historia en Marx posee tambin otro sentido. Las condiciones propias del capitalismo (la contradiccin entre centralizacin de los medios de produccin y la socializacin creciente del trabajo) contienen en s la necesidad del comunismo. Claro que Marx no identifica directamente el progreso a la modernidad, ni al liberalismo o al capitalismo. No hallamos en Marx la idea positivista de un esquema continuo y ascendente (digamos al estilo de Comte, que entenda el progreso como desarrollo del orden).

La dialctica de Marx muestra, al respecto, la siguiente ambivalencia: el capitalismo es progresista en tanto hace inevitable el comunismo, y este ltimo en tanto resuelve las contradicciones del capitalismo. En lugar de un esquema lineal hallamos en Marx una representacin de contradicciones irresolubles, de crisis y del papel de la violencia, que acaban por conferir sentido a un modo de produccin y ponerlo al servicio de aquello que se le opone.

Los tericos del siglo XIX buscaron leyes del cambio histrico, a fin de situar la sociedad moderna entre un pasado separado por las revoluciones y un futuro presentido por los conflictos de entonces. Esta bsqueda desemboc en esquemas evolucionistas, un campo que no era unvoco, pues en l se enfrentaron las tendencias hacia la conservacin del orden establecido con aquellas que se oponan al mismo.

Marx, al abordar la historia de las formaciones sociales como determinadas por su modo de produccin, elabora una lnea de evolucin progresiva de los modos de produccin. Este esquema distingue a las sociedades segn un criterio intrnseco, el de la socializacin; es decir, segn la capacidad de los individuos para controlar colectivamente sus condiciones de existencia. Este criterio permite evaluar los avances y retrocesos, tanto entre sociedades como en el curso de la historia de una sociedad.

Esta idea de evolucin progresiva es en Marx inseparable de la posibilidad de que sean inteligibles las formaciones sociales, con sus tendencias y coyunturas. Es el anlisis de los modos de produccin lo que permite conocer y dar sentido a la sucesin de las formaciones sociales concretas.

De este modo, el clebre prlogo a la Contribucin a la crtica de la economa poltica presenta un esquema de causalidad histrica. Se trata de un programa de investigacin y explicacin, de un proyecto con vistas a una aplicacin concreta. Compuesto por pares categoriales (fuerzas productivas y relaciones de produccin, vida material y conciencia de s) e incluso metafricos (base y superestructura), este esquema, tan influyente y a la vez debatido en los campos de la ciencia y la poltica, se haya preso de una tensin entre una visin totalizadora de la historia (hecha de fases de evolucin y sucesivas revoluciones) y su postulado sobre las contradicciones de la vida material como motor efectivo del cambio.

Ahora bien, para discutir la filosofa de la historia en Marx no podemos quedarnos al nivel de los enunciados generales, sino que hay que pasar a los anlisis concretos en que explicita los conceptos que propone. La puesta en prctica de su esquema general, en El Capital, permite introducir matices en la representacin de Marx sobre el desarrollo de las relaciones sociales.

Distingamos para ello tres niveles de anlisis, que irn en un grado de generalidad decreciente. Para tener una medida de evaluacin, examinaremos esos niveles con relacin al papel que desempea en ellos la lucha de clases.

1) Existe un primer nivel, el ms finalista y determinista, que representa la lnea de sucesin de los modos de produccin (del asitico al comunista). Se trata de un esquema global de la historia sustentado en la productividad del trabajo. Hay que decir que esta secuencia no excluye el estancamiento y ni siquiera el retroceso.

En este nivel, a cada modo de produccin corresponden ciertas formas de propiedad, cierto tipo de desarrollo de las fuerzas productivas y de relacin entre el Estado y la economa y, por lo tanto, cierta forma de la lucha de clases. Solo que esta aparece como resultado del conjunto, no como principio explicativo del desarrollo.

2) Hay un segundo nivel, que es el de la contradiccin entre fuerzas productivas y relaciones de produccin, en la forma que asume bajo el capitalismo. No se trata aqu de la manida oposicin del carcter dinmico de las fuerzas productivas a la fijeza de la forma de propiedad burguesa.

Ms bien, Marx analiza en l la contradiccin entre dos tendencias: entre la socializacin de la produccin (concentracin, racionalizacin, expansin mercantil, universalizacin de la tecnologa) y la fragmentacin de la fuerza de trabajo, la explotacin e incertidumbre para la clase obrera, en su condicin de desposeda de los medios de produccin.

Solo la lucha de clases puede resolver esta contradiccin intrnseca del capitalismo. La expropiacin de los expropiadores y reapropiacin de las fuerzas sociales absorbidas en el movimiento esquizofrnico de valorizacin del capital constituye la solucin necesaria de aquella contradiccin, irresoluble en los marcos del capitalismo.

3) Finalmente, existe un tercer nivel, que es de la transformacin del mismo modo de produccin, del proceso de la acumulacin capitalista. Los anlisis sobre la produccin de plusvalor absoluto y relativo, la lucha por la jornada laboral o las etapas de la revolucin industrial muestran el modo en que evoluciona la relacin entre capitalistas y trabajadores.

De esta manera, la lucha de clases aparece como un proceso que se constituye desde ambos lados: los obreros, al reaccionar ante la explotacin, obligan a los capitalistas a renovar sus mtodos de direccin y produccin de plusvalor, a travs de los cuales presionan sobre el trabajo necesario y el grado de autonoma de los obreros. En este sentido, la lucha de clases misma deviene un factor de la acumulacin: por ejemplo, el logro de la limitacin de la jornada laboral influye sobre los mtodos de organizacin cientfica del trabajo y sobre las innovaciones tecnolgicas.

A este nivel, la lucha de clases aparece adems a travs de la intervencin mediadora del Estado entre capital y trabajo, ante el agravamiento del antagonismo de clases, como muestra la introduccin de regulaciones sociales del trabajo.

III

De este contraste entre el esquema general y los anlisis de El Capital podemos extraer algunas conclusiones.

Para Marx la historia adquiere sentido y puede ser explicada solo si se combinan varios niveles de anlisis, desde la lnea de evolucin de toda la sociedad hasta el antagonismo cotidiano en el proceso de trabajo.

El examen de la evolucin del pensamiento de Marx muestra que su originalidad consiste en recurrir cada vez menos a modelos de explicaciones preexistentes y hacia un tipo de racionalidad sin precedentes. Su referente fundamental es la misma lucha de clases, en el cambio incesante de sus condiciones y formas.

La concepcin de la historia en Marx se desarrolla, precisamente, como sustentada en la intervencin determinante de la lucha de clases en el decurso mismo de la historia. Dicho de otro modo, la impronta de la lucha de clases en la historia no puede ser sujetada a esquemas o momentos dialcticos preexistentes: esta lucha constituye en s misma desarrollos que propician secuencias abiertas, procesos no programados, irreductibles a una lgica externa y anterior.

Desde muy temprano, Marx haba proclamado que la tarea de superar el horizonte capitalista no era puramente terica, sino que perteneca al dominio de la prctica histrica real. Ya la clebre frase con que inicia el Manifiesto (La historia de todas las sociedades anteriores a la nuestra es la historia de luchas de clases), invierte la lgica de la explotacin del hombre por el hombre al rechazar todo principio de evolucin que no sea el de las fuerzas que crean los movimientos de masas al entrar en conflicto con sus condiciones de existencia.

Las revoluciones, como autnticos acontecimientos, surgen siempre a destiempo. Como tal, no hallan nunca una teora ya preparada para interpretarlas y servirles de orientacin. Si transforman los contornos de lo que se crea posible (como deca Fernando Martnez), es porque ponen en entredicho las representaciones sobre la necesidad del cambio, y, en el lmite, la certeza del avance. Por tanto, deben ser juzgadas a partir de las propias transformaciones que realizan sobre sus condiciones de partida, considerando su propia lgica resultante.

Marx fue un pensador de las contradicciones, de los antagonismos. Hacerse cargo del efecto que ello produjo sobre su propia teora es una condicin necesaria para apropiarnos de su legado, de cara a las condiciones actuales. Con las posibilidades impensables que forzaron, los lmites que hallaron en su curso y las deformaciones que padecieron, las revoluciones que su obra inspirara han sido, con todo, su mejor atalaya para valorarlo.

Wilder Prez Varona, Instituto de Filosofa de Cuba

Fuente: http://medium.com/la-tiza/el-materialismo-hist%C3%B3rico-es-una-filosof%C3%ADa-de-la-historia-ad88f9a24e7b



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