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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-06-2018

La mayora no sale de la crisis

Antonio Antn
Mientras tanto


Extracto de la Comunicacin presentada al IV Encuentro del Comit de Investigacin de Sociologa del Trabajo de la Federacin Espaola de Sociologa - FES (Universidad Autnoma de Barcelona, junio de 2018).

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La crisis socioeconmica tiene mltiples facetas. Ms si le aadimos la crisis poltica y territorial, as como las percepciones y actitudes sociopolticas de sociedad y en particular de las capas populares. Hay tendencias contradictorias. Por una parte, desde hace varios aos se ha terminado la recesin econmica y hay crecimiento econmico y del empleo. Por otra parte, se consolidan la precariedad laboral y la desigualdad social, mientras persisten un paro masivo, la devaluacin salarial, los efectos de los recortes sociales y laborales, la mayor subordinacin de las clases trabajadores respecto del poder econmico-empresarial impuesto en las reformas laborales, as como el debilitamiento de la capacidad contractual del sindicalismo.

Se produce una pugna sociopoltica y discursiva en torno a qu tipo de salida de la crisis se est produciendo, qu horizonte de relaciones laborales y de empleo se estn generando, qu modelo social se est instaurando, quines salen de la crisis econmica y quines no. Las percepciones de la sociedad y las dinmicas laborales y sociopolticas son contrapuestas. Es preciso el rigor analtico e interpretativo para clarificar una posicin normativa.

Hacia dnde vamos?

Continuamos en el marco de una profunda crisis social y econmica, aun con realidades contradictorias. As lo afirma el 54% de la poblacin ―y el 62% de los votantes del PSOE y el 69% de los de Unidos Podemos―, segn Metroscopia (15-5-2018), que considera que la crisis econmica "No ha sido superada y no se superar hasta dentro de muchos aos"; el 26% opina que "No ha sido superada, pero se superar dentro de poco" y el 18% que "Ha sido superada".

Adems, existe una persistente crisis poltica, con amplia desconfianza cvica hacia las lites gobernantes y una recomposicin de la representacin poltica. Se ha superado el viejo bipartidismo compartido entre Partido Popular y Partido Socialista y se han consolidado nuevas fuerzas emergentes de distinto signo: por un lado, como nueva derecha, Ciudadanos, y por otro lado, en el campo progresista o de izquierda, las llamadas fuerzas del cambio, con Unidos Podemos, las convergencias y las candidaturas municipalistas de unidad popular.

Dejo al margen el anlisis de dos procesos significativos que condicionan fuertemente esta dinmica estatal: el procs independentista en Catalua y la correspondiente reaccin centralizadora, con la crisis de modelo territorial, y el carcter e impacto del poder y las polticas liberal-conservadoras europeas.

Un hecho relevante a destacar, frente a los planes de normalizacin, es el nuevo proceso de indignacin cvica. Lo significativo son las dinmicas ciudadanas y las alternativas sociales y su relacin con el cambio poltico-institucional, as como las posibilidades de acuerdos de progreso, incluyendo las dificultades de la colaboracin entre Partido Socialista y fuerzas del cambio, imprescindible para garantizar la hegemona institucional del campo progresista frente a las derechas.

Tras el largo ciclo electoral y de reajuste representativo e institucional, precedido de una etapa de masiva indignacin cvica y movilizacin popular, estamos en otra fase poltica con dos opciones: la articulacin del cambio poltico de progreso, o la consolidacin reaccionaria de las derechas. Est por ver la conformacin de qu tendencia va a ser dominante. El diagnstico de su interaccin no est claro e independientemente de la voluntad transformadora de distintos actores requiere el mximo de realismo analtico.

Es una etapa transitoria hacia las nuevas convocatorias electorales de 2019 (municipales, autonmicas y europeas) y 2020 (generales), decisivas para consolidar las posibilidades de avance sociopoltico y representativo y las expectativas de cambio de progreso o, bien, el continuismo de la estrategia liberal-conservadora. La pugna sociopoltica y discursiva se establece sobre el sentido de su trayectoria y la legitimacin de los actores principales. Supone la necesaria adecuacin estratgica de las fuerzas progresistas respecto de las alternativas sociales para el cambio socioeconmico e institucional, el empoderamiento cvico y la democratizacin poltica.

Hay dos tipos de interrogantes sometidos a una fuerte pugna cultural-discursiva, derivada de las posiciones contrapuestas respecto al actual continuismo econmico y el bloqueo poltico-institucional. Adems, existen dinmicas ambivalentes, favorables y desfavorables para el cambio, y complejas, cuya relacin no aclara una trayectoria dominante: avanzar o retroceder, ganar o perder. El futuro est abierto y es incierto. O sea, habr que rechazar las visiones deterministas, econmicas y polticas, sobre la inevitabilidad de una salida u otra, progresista o reaccionaria, y poner el acento en los mecanismos de activacin y articulacin popular y su capacidad transformadora.

As, hay que responder, primero, a cuestiones analticas o interpretativas: Cules son las caractersticas y el sentido de esas tendencias sociales y polticas de fondo? Qu dinmicas y perspectivas existen para la activacin cvica o la movilizacin social? Qu impacto tienen para el cambio poltico-institucional? Segundo, hay que explicar la orientacin poltica y la estrategia transformadora: Cmo avanzar hacia un cambio de progreso y qu bases sociales tiene? Cmo se conforma el movimiento popular y qu relacin tiene con la representacin poltica e institucional? Cul es el perfil social de las fuerzas del cambio, las polticas pblicas ms necesarias para la sociedad y el papel y la relacin con la socialdemocracia? Por tanto, hay dos tareas: una de interpretacin, de construccin de un diagnstico realista de las dificultades y condiciones para el cambio social y poltico; y otra, de carcter poltico-estratgico, de definir un horizonte y un camino democrtico de progreso.

Comienzo por la crtica a la posicin dominante en el discurso poltico y acadmico. Obedece a prejuicios ideolgicos y a intereses corporativos de los grupos de poder y a la garanta de estabilidad para su gestin. La podemos designar como liberal-conservadora o socio-liberal, segn los matices. Viene a negar la persistencia y gravedad de las consecuencias de la crisis social y econmica, a reafirmar el continuismo econmico y su supuesta inevitabilidad, como va nica de salida, y defender el poder y el orden establecido. Infravalora el malestar social e intenta manipularlo. Se sita en el supuesto post-malestar como aval para una nueva hegemona poltica partidaria del continuismo (renovado) de la estrategia y el poder liberal-conservador, con una activa campaa meditica que acente la pasividad crtica ciudadana y restrinja la oposicin cvica y su representacin institucional. Est empeada en cerrar la crisis poltica con un amplio proceso de normalizacin ciudadana e institucional, el aislamiento o neutralizacin de la protesta social y la dinmica alternativa de cambio, as como la relegitimacin de las lites gobernantes y sus polticas con ligeros recambios.

Lo ms llamativo es la reconfiguracin de las derechas, con el ascenso de Ciudadanos a costa del descenso del Partido Popular, con alguna retrica regeneracionista, cierto marketing poltico de apariencia renovadora y una reafirmacin neoliberal en lo socioeconmico y recentralizadora en lo territorial.

La tendencia poltico-ideolgica dominante de ese bloque es reaccionaria: va hacia un debilitamiento del Estado de bienestar y los derechos sociales y laborales de las capas populares, un nuevo autoritarismo poltico con democracia dbil, y un consenso de Estado bajo un nacionalismo espaolista conservador y centralizador, ajeno a la diversidad nacional. As mismo, se subordina a la clase gobernante hegemnica liberal-conservadora europea, sin un proyecto modernizador, social y democrtico de pas (de pases), ni la construccin de una Europa ms justa e integrada.

Pero la realidad social de las mayoras ciudadanas no encaja con esos intereses, proyectos y estrategias continuistas y reaccionarios. Hay una pugna sociopoltica y cultural-discursiva por definirla e interpretarla para consolidar la actitud social y las normas poltico-institucionales en torno a dos opciones bsicas: continuidad o cambio de progreso. Por un lado, con privilegio de poder para las derechas (y el mundo econmico-empresarial) y, por otro lado, con una alternativa social y democrtica. Por tanto, existen grietas en ese plan normalizador o, lo que es lo mismo, se mantienen abiertas posibilidades de cambio. El bloqueo institucional y el relativo equilibrio entre las ofensivas reaccionarias y las dinmicas progresistas son inestables. Se trata de valorar los elementos que pueden decantar la tendencia hacia una alternativa social, democrtica y de progreso, y evitar el riesgo de un dominio prolongado de las derechas con rasgos autoritarios y regresivos.

Nueva indignacin cvica

Queda lejos el 15-M-2011. No obstante, con caractersticas distintas y en un contexto diferente, se est conformando un nuevo proceso de indignacin social, con dinmicas proclives a la activacin cvica, con motivos y mbitos especficos, entre los que sobresale un renovado e integrador sujeto sociopoltico. Me refiero, sobre todo, al movimiento feminista y su ejemplar y justa movilizacin por la igualdad y la justicia. Pero tambin hay indicios de nuevas protestas sociales, por ejemplo la de los pensionistas y colectivos de gente trabajadora ―el nmero de huelgas laborales y participantes en ellas ha vuelto a crecer en 2017―. En otro sentido estn las dinmicas nacionalistas que expresan un fuerte malestar, aunque con otras mediaciones y sentido poltico. Paralelamente, se comprueba la dificultad de las lites gobernantes y los cauces institucionales para satisfacer las demandas populares de justicia social, igualdad y democracia que afectan a la mayora ciudadana, con agotamiento del discurso legitimador de su gestin.

La interaccin entre indignacin popular y activacin cvica con valores democrticos e igualitarios y el agotamiento de la credibilidad de las lites gobernantes por su gestin impopular ha dado como resultado la conformacin, entre los aos 2008 y 2016, de unos nuevos equilibrios poltico-institucionales. Pero, sobre todo, se ha reforzado una nueva mentalidad crtica; se ha consolidado una cultura democrtica en amplias mayoras sociales, especialmente juveniles, con la reafirmacin en la justicia social y la dignidad ciudadana que choca con el poder establecido y sus prcticas ms corruptas, regresivas y autoritarias.

Dejo al margen las implicaciones en la esfera estrictamente electoral, donde la competencia entre un continuismo remozado y un cambio sustantivo para desplazar y sustituir la hegemona de la vieja derecha se est agudizando. Tampoco entro en su posible impacto en la configuracin institucional a medio plazo, ms difciles de discernir hoy. Solamente sealar que los resultados electorales de 2019 y el nuevo carcter de los grandes ayuntamientos del cambio (Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Cdiz, A Corua) y algunas comunidades autnomas significativas (Madrid, Comunidad valenciana, Andaluca, Navarra) van a tener una influencia sustancial en las expectativas de cambio gubernamental de progreso a travs de las elecciones generales de 2020.

En todo caso, mi pronstico es la nueva dimensin, interaccin y articulacin de esos tres factores ―indignacin cvica, activacin popular progresista y representacin poltica alternativa―, que expresan el comportamiento y las mentalidades de amplios sectores sociales. Ello aun en un contexto econmico y poltico parcialmente diferente al de la ltima dcada en que se instal la fuerte crisis social, econmica y poltica. Sin embargo, su existencia constituye la palanca necesaria para posibilitar y porfiar en un cambio de progreso. Tenemos la experiencia de las distintas respuestas sociopolticas y una limitada y contradictoria evaluacin terica, a menudo deudora de esquemas interpretativos rgidos. Pero creo que hay que poner el nfasis en el anlisis riguroso de los nuevos componentes y tendencias de esta etapa que comienza para definir mejor una posicin normativa o estratgica transformadora.

De entrada, debo afirmar la necesidad de un enfoque realista, crtico y sociohistrico de esta dinmica sociopoltica democrtico-igualitaria frente a la posicin liberal-conservadora de neutralizarla o distorsionarla. Igualmente, entre miradas progresistas, hay que superar tres tipos de desenfoques, a veces interrelacionados. Primero, los lmites de una interpretacin determinista econmica, basada en el impacto mecnico de las condiciones materiales de existencia, por lo que la crisis econmica conllevara rebelda popular generalizada (o integracin cuando termina). Segundo, la visin determinista poltica, que considera que la crisis del poder o el Rgimen poltico y la recomposicin de la representacin poltica creara ventanas de oportunidad para un cambio de progreso, cuando hay que valorarlas socio-histricamente por la relacin de ambas fuerzas ―populares y de los poderosos― y el sentido sustantivo de los distintos sujetos y su tipo de cambio. As mismo, tercero, es insuficiente la interpretacin idealista del populismo discursivo, que sobrevalora la influencia del discurso y el liderazgo en la construccin de una dinmica sociopoltica o un sujeto colectivo transformador ―el pueblo―, infravalorando la experiencia popular y cvica, el sentido de las relaciones de fuerzas sociales y las estructuras socioeconmicas.

Por tanto, frente al discurso neoliberal del comienzo de una nueva fase de crecimiento econmico, desarrollo social y normalizacin poltica, funcional para su hegemona institucional, todava es pertinente el concepto de crisis socioeconmica y poltica y, ms general, el de crisis sistmica. No en su versin extrema y determinista, como derrumbe o hundimiento del capitalismo y/o del rgimen poltico que abocara necesariamente a una transformacin radical; idea catastrofista e ilusa con poca credibilidad. Sino crisis en su acepcin convencional y contingente, con dos rasgos: uno, dificultades de esos sistemas para cumplir su funcin de garantizar el contrato social y poltico de bienestar social, igualdad y democracia, con deslegitimacin de las lites gobernantes; dos, al mismo tiempo, oportunidad para un relevante cambio (de progreso), mediante la participacin cvica y segn los reequilibrios de las fuerzas sociales, econmicas y polticas. El futuro sigue abierto y en disputa.

Quines salen de la crisis y quines no?

El diseo liberal conservador conlleva la persistencia de gran parte de las desventajas impuestas a la mayora social por su gestin regresiva y autoritaria de la crisis, cuyos rasgos principales pretenden consolidar, no revertir. As, la amplia indignacin cvica es la base sociopoltica, democrtica y tica para mantener la pugna por impedir esa salida ambivalente de ventajas para los de arriba y desventajas para los de abajo; o para transformar ese modelo institucional y de crecimiento con mayor desigualdad de poder y en las condiciones sociales y laborales de las mayoras populares.

En consecuencia, existen algunas mejoras econmicas y de empleo respecto del periodo anterior ms crtico, pero, al mismo tiempo, mayores desventajas relativas de las clases trabajadoras respecto del poder econmico-empresarial. El discurso dominante, primero crecer ―admitiendo la lgica neoliberal― y luego repartir, apenas esconde que el resultado distributivo es ms desigual y los niveles de empleo y desempleo estn lejos de la poca pre-crisis. Es un engao; los beneficios de la supuesta recuperacin econmica se concentran en los de arriba y sigue estando peor compensada la mayora social.

No obstante, entre las capas populares (clases trabajadoras y clases medias estancadas o en retroceso), existe una diferenciacin atendiendo a los dos indicadores bsicos de poder adquisitivo de sus ingresos salariales y su situacin de ocupacin o desempleo.

Por un lado, estn las personas que experimentan una ligera mejora econmica en los ltimos aos respecto del inicio de la crisis y, particularmente, del momento ms profundo de la misma. Hay dos bloques diferenciados por el estatus inicial y final.

Uno, de situacin acomodada, compuesto por un 40% de la poblacin asalariada, o menos del 30% de la poblacin activa (si consideramos a personas autnomas ―con un nivel similar de ingresos― y en desempleo con un nivel inferior). Tienen relativa estabilidad, cualificacin de empleo y estatus de clase media, aunque tengan cierta incertidumbre personal o familiar y en sus trayectorias.

Otro segmento distinto es gente precaria con una mejora relativa, pero sin salir de una situacin crtica. Son, bsicamente, los dos millones y medio de nuevas personas ocupadas (con la reduccin de diez puntos de la tasa de desempleo) que han pasado del paro a un empleo, normalmente precario, con alta intensidad del trabajo y con salarios reducidos. El nmero, sobre todo de jvenes, es algo superior contando con que muchas de ellos estn en rotacin con el desempleo y la inactividad y en peores condiciones laborales y salariales que las personas empleadas anteriormente. O sea, siguen sin consolidar una trayectoria laboral estable o ascendente. Una parte significativa ha salido del pozo ms profundo, pero siguen teniendo un estatus precario de clase trabajadora, aunque menos malo que en sus peores momentos o respecto de otros sectores en descenso.

Por otro lado, est el bloque empobrecido por la devaluacin salarial y ms subordinado por la imposicin del poder empresarial y la precariedad laboral (incluido el temor al desempleo). Es el bloque mayoritario de clases trabajadoras, de ms de dos tercios, al que no le ha llegado todava la recuperacin econmica, ni siquiera en sentido comparativo con el periodo ms crtico. No tienen recortes adicionales, pero continan en un peldao inferior y viven el riesgo de prolongar esa situacin de lento y continuado deterioro vital.

Hay tres segmentos de la poblacin activa diferenciados por el distinto punto de partida y el nivel de sus retrocesos materiales que al persistir incrementan su gravedad: los 3,8 millones de gente parada (16%), un milln jvenes, muchos de ellos de forma prolongada y con escasa proteccin al desempleo; el 30% inferior por ingresos salariales y condiciones laborales, la mayora jvenes, sobre los que recaen los ajustes ms duros; el otro 30% intermedio de clase trabajadora, con deterioro de su capacidad adquisitiva y en una situacin vulnerable.

Adems, entre los aos 2010-2017 la capacidad adquisitiva de las pensiones ha cado cuatro puntos, por la diferencia entre su congelacin inicial, su subida ltima del 0,25% y la superior inflacin. Afecta a nueve millones y medio de pensionistas, tambin perdedores de los recortes sociales. Pero el impacto mayor de las dos reformas aprobadas por el Gobierno del PSOE (2011) y del PP (2013), suponen una prdida media de todas las personas activas anteriores, respecto de sus derechos precedentes, de un 20% cada una de ellas, contando con que su implementacin es gradual en los aos siguientes. Adems, frente a la idea oficial de que las pensiones espaolas son generosas, la realidad es que la gran mayora son bajas. La propaganda de los poderes fcticos para evitar su indignacin, dividirlos y que abracen la resignacin adaptativa no ha sido suficiente para contrarrestar la decidida movilizacin y apoyo social. De momento, el Gobierno ha admitido un retroceso parcial y reconocido la subida segn el IPC (previsto) para los prximos tres aos, sin asegurarla en el futuro ni desactivar el resto de ajustes regresivos de ambas reformas.

Por ltimo, hay que hacer mencin de la amplia brecha de empleo y salarial entre hombres y mujeres que cobran de media una cuarta parte menos. Solamente aadir la constatacin de la existencia todava de persistentes diferencias en distintos mbitos laborales y de empleo, por ejemplo, en la tasa de actividad: 64,3% de los hombres y 52,9% de las mujeres.

Pero las diferencias ms significativas en las relaciones salariales y laborales son por edad, afectan a la gente joven popular y, en ese sentido, sobre todo a las mujeres jvenes. stas, habiendo conseguido bastante igualdad en los mritos acadmicos, un cambio de mentalidades y relaciones interpersonales ms libres, con un proceso de empoderamiento vital y mayores expectativas profesionales, se enfrentan a un mayor choque con las evidencias de la precariedad laboral juvenil. A ello se aade las todava persistentes estructuras machistas y discriminaciones de gnero que amenazan sus trayectorias vitales. No es de extraar que sean las mujeres jvenes, con dificultades en sus procesos de insercin laboral y profesional y problemas adicionales de discriminacin de gnero y acoso sexista, quienes hayan nutrido la respuesta popular ms masiva de los ltimos aos, a travs de la movilizacin feminista. Esa nueva marea por la igualdad y la justicia refleja ese profundo descontento acumulado y esa aspiracin al cambio en las relaciones laborales y personales ms igualitarias, as como una gestin poltica e institucional (y judicial) ms democrtica y feminista, superadora tambin de las insuficiencias de las polticas institucionales de igualdad y contra la violencia machista.

En definitiva, existen dinmicas contradictorias. Aparte de la minora elitista del 1% a la que le ha ido muy bien con la crisis y los ajustes econmicos, hay un amplio sector acomodado de clase media, en torno al 30%, que ha sorteado las peores consecuencias de la crisis econmica, de empleo y devaluacin salarial, con menor impacto de las polticas de recortes sociales y laborales. Ha encajado, aun con temor, los momentos de mayores incertidumbres personales y familiares y va cobrando confianza sobre la posibilidad de estabilizar su mejor posicin comparativa y continuar en esa senda, relativamente ventajosa, en el actual marco socioeconmico. Para ese bloque es funcional el discurso neoliberal de las derechas de continuismo econmico, aunque no todos tienen mentalidad liberal-conservadora. Es la disputa principal entre las derechas del PP y Cs, a los que tambin apoyan otros sectores populares conservadores. Aunque, una parte es, poltica y culturalmente, progresista y persiste en su oposicin a la degradacin democrtica o su solidaridad con su entorno, tiende a la moderacin en los cambios socioeconmicos.

El discurso liberal-conservador, legitimador de las polticas pblicas autoritarias y regresivas, no corresponde a la realidad de las mayoras sociales, las clases trabajadoras y parte de las clases medias descontentas.

Por un lado, no es cierto que las ligeras mejoras econmicas sean derivadas de las reformas estructurales neoliberales y sirvan para legitimar sus polticas y su gestin. Obedecen, sobre todo, a otros factores externos favorables (expansin monetaria del BCE, control financiero de los intereses de la deuda, inestabilidad de pases competidores en turismo, bajo precio de la energa).

Por otro lado, no es verdad que la mayora ciudadana est saliendo de la crisis social y econmica. Cada vez ms experimenta la consolidacin de lo sustancial de la involucin social y democrtica pasada: prolongacin de la mayor desigualdad social, precarizacin del empleo, reduccin de derechos sociales y laborales y proceso gradual de desmantelamiento del actual Estado de bienestar (con un tope al gasto pblico siete puntos inferior a la media europea).

El impacto en el cambio

El horizonte europeo, segn el plan liberal conservador, es: Estado social de mnimos, democracia dbil, subordinacin de las clases populares al poder econmico-empresarial, neutralizacin del descontento social y la indignacin cvica, as como contencin de la activacin popular y la capacidad representativa y relacional de las fuerzas progresistas. No es un proceso de reversin del estatus social y poltico de las mayoras ciudadanas previo a la crisis y la ofensiva neoliberal, al menos para el sur europeo.

Ese plan normalizador, compartido por el bloque de poder europeo dirigido por Merkel, con la colaboracin del SPD y Macron, tiene un grave problema: la deslegitimacin cvica, especialmente en el sur europeo, derivada de la insatisfaccin de las demandas populares y la persistencia de una amplia cultura democrtica y de justicia social. Y para imponer su modelo poltico y econmico deben contrarrestarla. En ello estn, apoyndose en los condicionamientos y presiones de los populismos de derecha extrema, xenfobos y autoritarios.

En ese sentido, la socialdemocracia, cuyas direcciones mayoritariamente (y salvo excepciones como en el caso portugus o britnico) han colaborado con esa estrategia dominante, est en una gran encrucijada con dos opciones por delante: Abrazar la operacin gran centro y el continuismo econmico y poltico, manteniendo solo una ligera retrica progresista con poca credibilidad; o bien, mantener una poltica de reformas igualitarias y democrticas con alianzas de progreso. Su decisin va a definir su futuro, as como influir sobre el ritmo y las condiciones del cambio.

Las fuerzas alternativas tienen un gran reto: definir y consolidar un proyecto de cambio con un fuerte perfil social, vinculado a los problemas y percepciones de la mayora social y estimulando los procesos de indignacin social y activacin cvica. El sujeto sociopoltico no se construye solo o principalmente por el discurso de una lite poltica o ilustrada. Se conforma a travs de la experiencia relacional y la articulacin popular en el conflicto social y frente a las relaciones de poder, desigualdad y subordinacin.

La representacin poltica y la gestin institucional progresistas deben estar interrelacionadas con la actividad de movimientos sociales, grupos populares y tejido asociativo, con una vinculacin y arraigo entre la gente, con una democracia participativa. La pugna por el tipo de modelo social europeo y una construccin equilibrada e integrada est abierta. La soberana popular y la diversidad nacional se deben articular con un horizonte de cambio europeo, basado en una tica universalista de los derechos humanos, unas relaciones econmicas y polticas democrticas y solidarias y un sistema de co-soberanas y gobernanzas multinivel. Existen posibilidades para avanzar en un cambio de progreso. Debe partir de dos ejes centrales de la cultura progresista europea: igualdad (o justicia social) y libertad (o democracia). Es decir, una democracia social y econmica avanzada y participativa, en una Europa ms justa y solidaria.

 

Antonio Antn es profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid y autor de El populismo a debate (ed. Rebelin).

 

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-169/ensayo/la-mayoria-no-sale-de-la-crisis 



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