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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-06-2018

El ABC de la huelga de los camioneros
La crisis tridimensional

Arsino Orihuela Ochoa
La Digna Voz (Mxico)


Brasil est roto. La reciente huelga de los camioneros que tuvo una duracin de diez das y que los analistas calificaron de histrica dej apreciar la gravedad de la fractura. Brasil est roto porque lo rompieron. Y quines rompieron al gigante del sur? sta es la pregunta que a bocajarro todos quieren responder. No obstante, sin menospreciar la relevancia de las posibles respuestas, sostengo que es insuficiente sealar nombres y apellidos. Es necesario rastrear las lgicas e intereses que intervienen en la trama. Si bien es cierto que desconfo de la palabra crisis, acaso porque evoca tantos significados, en esta oportunidad, y por razones prcticas, consider oportuno caracterizar la situacin actual de Brasil en trminos de crisis. En tal sentido, para evitar confusiones o digresiones, cuando decimos crisis, entindase no slo una situacin de peligro o adversidad, sino tambin, y acaso principalmente, una coyuntura de cambios sujeta a evoluciones e inestabilidades de largo alcance.

Una cuestin que nadie puede omitir es que la ruptura del pas trajo consigo la ruptura de la comunicacin, y hoy discutir de poltica en Brasil puede costar una amistad o la excomulgacin familiar. Restablecer el dilogo es una precondicin para salir de este enredo. Y para ello, es necesario reorientar la problematizacin, a fin de ahorrar confrontaciones estriles, y, por consiguiente, evitar los quines y ponderar los por qu. Es decir, recalcular las trayectorias del debate, y dejar que la distribucin de responsabilidades caiga por su propio peso sobre las espaldas de los actores. Esto de ninguna manera significa renunciar a la lucha por la libertad de Luiz Incio Lula da Silva. Pues si en Brasil prevaleciera un orden efectivo de justicia, Lula sera el ltimo de los polticos en ameritar una condena, acaso junto con Dilma Rousseff. Y cabe insistir en esto, porque parece que algunos colegas todava no entienden que el destino de Brasil depende, en gran medida, del desenlace del caso Lula.

Los efectos de estos diez das de huelga de los camioneros, ilustran fielmente las dimensiones de la crisis en Brasil: calles fantasmales, autopistas obstruidas, escuelas desiertas, supermercados desabastecidos, aeropuertos colapsados, gente encolerizada. Si alguien, alguna vez se pregunt cmo paralizar una economa, sin hallar una respuesta plausible, Brasil ofrece una pista fehaciente. Slo basta que los transportistas decreten una huelga en esta ocasin como protesta por el alza al precio del combustible para interrumpir, literalmente por cielo, mar y tierra, el funcionamiento del capitalismo, en un pas que, como Mxico (ntese que se trata de las dos primeras economas de Latinoamrica), autoboicotearon el desarrollo de servicios e infraestructura ferroviarios. Extraordinaria leccin que no sospech nadie, ni los huelguistas!

Pero el tema que nos ocupa es el de las causas de la ruptura del pas. Y ya hemos adelantado que el problema se puede explicar en clave de crisis. De manera tal que la huelga es slo un indicador suma de todos los males. Pero no se trata de una sola crisis, sino de una yuxtaposicin de crisis en plural; como bien seala el ttulo del artculo, bsicamente una crisis tridimensional. Todas las razones y sinrazones esgrimidas por propios y extraos con respecto a la huelga de camioneros remiten, vaga e imprecisamente, a una de estas tres crisis, que a continuacin resumo.

a. La crisis econmica

Desde 2013-14, Brasil atraviesa una crisis econmica que algunos especialistas no necesariamente inocentes polticamente califican como la peor recesin en la historia del pas. Si tal aseveracin es cierta, es discutible. Pero lo que s es innegable es que la desaceleracin fue acusada, que la economa se contrajo casi cuatro puntos porcentuales, que la tasa de desempleo escal a 12%, y que la tasa de inversiones registro una cada de 14%, entre otros indicadores macroeconmicos a menudo invocados por la opinin pblica. Los efectos de la crisis econmica se resintieron fuertemente entre las franjas inferiores de la poblacin, sobre todo tras el aumento al precio de ciertos servicios, como el transporte pblico (recurdese las protestas de 2013). La crisis econmica aglutin malestares diseminados entre los eslabones ms bajos de la poblacin, sectores medios, y ciertamente las oligarquas del pas, que no queran participar de la distribucin de riesgos prescrita por la desaceleracin (y las polticas tributarias del Partido de los Trabajadores) y preferan transferir el costo de la crisis exclusivamente a los estratos ms vulnerables. La simultaneidad de la crisis y la Copa del Mundo de Brasil 2014, imprimi a la disconformidad una proyeccin internacional. Las lites nacionales capitalizaron la coyuntura, y, apoyadas por actores e intereses internacionales, orquestaron un juicio poltico (impeachment) para destituir a la presidenta constitucional Dilma Rousseff, presuntamente por el crimen de responsabilidad en el maquillaje de cuentas fiscales. En junio de 2016, el Senado Federal removi a Dilma del cargo en carcter definitivo. Michel Temer asumi interinamente el mando, y en cuestin de unos das puso en marcha un agresivo paquete de reformas que, contrariamente a lo anunciado, acab por profundizar la crisis. Entre otras decisiones a todas luces draconianas, el gobierno de Temer congel el gasto pblico por un plazo de veinte aos, e impuls una poltica de liberalizacin de los precios del combustible. Apenas un ao despus de las modificaciones, el costo del disel se dispar. En los primeros meses de 2018, los transportistas solicitaron la instalacin de una mesa de negociacin para tratar el asunto con el gobierno. La administracin de Temer ignor la peticin. Y el 21 de mayo estall la huelga.

b. La crisis institucional

Frente a la crisis econmica, las lites brasileas respondieron con voracidad. En realidad, destituyeron a Dilma Rousseff porque su partido, el Partido de los Trabajadores (PT), representaba un modelo de economa incompatible con la concentracin de riqueza en tiempos de crisis. Incluso hasta los ms entusiastas impulsores del impeachment contra Rousseff admitieron que haba sido un acto de venganza (dixit Michel Temer). Y al menos esta parece haber sido la motivacin de algunas fracciones de la clase poltica que conspir. Pero la motivacin de fondo, y que involucra a las oligarquas domsticas, grupos de presin y centros de autoridad internacionales, fue la desactivacin poltica del lulismo-petismo y todo lo que ello entraa. Esto explica que, a la postre, enjuiciaran ilegtimamente a Luiz Incio Lula da Silva, y dispusieran recluir en la prisin a la mxima figura poltica en la historia de Brasil (lo que por s slo es absolutamente vergonzoso). Est ampliamente documentado que la causa por la que juzgan a Lula es falsa, que la condena por la que lo detienen es fraudulenta (por conviccin, dicen los jueces), y que la razn por la que lo encarcelaron no es otra sino la de proscribir al candidato que encabeza las preferencias electorales en las encuestas de opinin. A las lites del pas no les import barrer con la ya de por s dbil credibilidad de las instituciones. Se desmoron la representatividad y la legitimidad de los mandos polticos. No hay un pice de legalidad en las estructuras de gobierno de Brasil.

La consigna que a menudo escolt a la huelga de los camioneros fue la de intervencin militar ya. Pero en realidad lo que subyace a esta peligrosa seal es una torpe reclamacin de restauracin de autoridad. El problema es que los actores e instituciones que pudieran restaurar democrticamente el orden, estn arrinconados, recluidos, desmoralizados o satanizados. Y la nica solucin que la gente comn puede imaginar es la solucin militar. Advirtase que este es uno de los efectos ms txicos de la llamada judicializacin de la poltica, que est en curso en toda la regin: a saber, que, ante el descrdito de los representantes polticos, la cosa pblica la gestionen grupos, poderes e instancias que nadie eligi ni vot, y que, por lo tanto, estn libres de la responsabilidad de rendir cuentas a la poblacin; por ejemplo, las fuerzas armadas, el poder judicial, los medios de comunicacin, o los tres en alianza.

c. La crisis poltica

Conjuntamente las dos crisis antes referidas desembocaron en una fuerte crisis poltica, de la cual no se avizora una salida fcil. No slo estamos ante un montaje judicial, una persecucin poltica, cuyo propsito es alterar las prximas elecciones presidenciales: estamos ante una estrategia de disciplinamiento-ortopedia social con base en la proscripcin de cualquier salida democrtica. Como en Estados Unidos (gobernado por Donald Trump), el personaje que despunta en las encuestas en Brasil, slo detrs de Lula, es un poltico (Jair Bolsonaro) que promete el retorno al aorado orden premoderno de los privilegiados, donde la poltica y el conflicto expiran por decreto unipersonal.

La crisis poltica no es slo una crisis de representatividad: es un cambio en las reglas del juego poltico. La judicializacin de la poltica es la causa y efecto de esta reorientacin. Hemos constatado que la conversin de la poltica en asunto judicial moviliza a la ciudadana en torno a la voluntad de los grupos de poder. Es altamente efectiva porque consigue la aprobacin del pblico para la alteracin de las reglas del juego (apoyados con el estribillo de la corrupcin).

En este viraje, de los procedimientos electorales a los procedimientos judiciales, radica la posibilidad de imponer la tirana por oposicin a cualquier formato de negociacin, que es exactamente lo que han querido instalar como lgica respecto a la huelga de los camioneros: es decir, la primaca de la ley y el orden, tal como intento Temer con el decreto del GLO (Garanta de la Ley y del Orden), y la habilitacin del uso de la fuerza sin restriccin ni contrapeso en la gestin de los asuntos pblicos.

Fuente: http://www.ladignavoz.mx/2018/06/el-abc-de-la-huelga-de-los-camioneros.html


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