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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-06-2018

Comunismo y razn

Jaime Richart
Rebelin


Los debates acerca de este asunto no tienen punto de confluencia salvo para los razonadores sin prejuicios, que en Occidente prcticamente no existen...

En Espaa los reductos de pensamiento comunista alojados en partidos que con diferentes siglas han ido desfilando desde el inicio de esta democracia de mnimos, no han tenido ms remedio que ceirse hasta ahora en su recorrido a un papel parlamentario casi decorativo y testimonial por el nmero de quienes representan ese pensamiento en la sociedad espaola. Pero eso, en modo alguno prueba la debilidad intelectiva y argumentativa de las tesis comunistas, pese a que en otros puntos del planeta es al revs: la opcin opuesta propia de las democracias burguesas carece institucionalmente de valor. Hay otra ptica. Pero en Espaa y en los pases del mismo sistema, lo que ello pone de manifiesto a cuenta de la paradoja de que a ms razn prctica menos razn pura en la gobernanza de la sociedad, es el gigantesco potencial con el que cuenta una tesis socio econmica que est llevando a la ruina a grandes masas de poblacin en cada nacin y al planeta. Tesis que no brillan por su carga de lgica formal, sino sobre todo por estar respaldadas por el egosmo extremo de otras grandes masas y de representantes suyos que, bien acomodados, cuentan con los instrumentos ms eficaces para imponer su razn y su ley: ejrcitos, policas, dinero, riqueza, medios de informacin y tcnicas de mentalismo; es decir, todo cuanto se precisa para "persuadir" en la paz, del mismo modo que los ejrcitos " persuaden " al enemigo despus de haberle ganado la guerra. Pero no porque el liberalismo sea en s mismo persuasivo, no porque las tesis iusnaturalistas (llevadas a unos extremos aberrantes por el liberalismo econ mico que se ha instalado en Occidente para quedarse) no carezcan del sentido profundo y demoledor que s tienen las tesis marxistas (argumento ste que est en lnea con lo mantenido en otro artculo del que soy autor acerca de la verdadera realidad que en la sombra est detrs de la realidad oficial).

El sistema occidental se vertebra exclusivamente en el nmero, no en el raciocinio de la justicia social. El nmero en la estadstica (a menudo manipulado), el nmero en la economa de los precios, y el nmero de los que, representantes y representados en un parlamento, comparten la idea fabricada por idelogos que disean esa realidad a la que aludo sin contar con cada vez mayores minoras que la sufren. En el fondo, un modo de razonar perverso y fraudulento; una teora y clase de pensamiento de factura similar y con la misma dosis de "verdad" o de razn que sus custodios dicen encierra esa filosofa, ese partido o esa religin, porque tienen ste u otro nmero de seguidores, de adeptos o de fieles... Es el nmero lo que les da toda la razn...

Lo que s ha de reconocerse, desafortunadamente para los lgicos, es la debilidad de la razn pura frente a la razn prctica: lo que hace de la filosofa y de la lgica formal dos espacios mentales que poco a poco van perdiendo fuelle e inters; salvo para dbiles mentales ilustrados y para quienes buscan consuelo en la primera... Y es que, en efecto, la razn pura nada tiene qu hacer enfrentada a la razn prctica de la poltica, econmica o comn. Pues asentada la razn prctica en la retrica , a su vez respaldada por la fuerza material y la maquinacin, por la fuerza del nmero y en la voluntad de poder, la razn pura podra decirse que poco menos que fabula.

Sin embargo y para poner en evidencia que la razn pura tambin es posible aplicada a la organizacin poltica y econmica de la sociedad, ah tenemos el ejemplo vivo de China. Vasto pas donde esa razn, es decir, el ideal que fue, se transform en razn prctica por la revolucin. Un pas donde la libertad se sacrific a la igualdad; un sistema cuya andadura empez sacrificando las libertades individuales y pblicas que tanto se celebran en occidente, y luego, a lo largo de tres cuartos de siglo, fue gradundolas hasta llegar a disponer el individuo de unos niveles de libertad cercanos a los que se supone se disfruta en Occidente donde la sacrificada es la igualdad. Casi mil quinientos millones, casi un cuarto de la humanidad, no sienten, o lo sienten levemente, el aguijn de la injusticia instituida gracias a los planteamientos y soluciones marxistas.

En nuestras naciones en cambio la razn, las cuotas de razn tanto pura como prctica, se reparten proporcionalmente entre el nmero de escaos en los parlamentos. Cuantos ms escaos ms razn, cuantos menos escaos menos razn. De aqu que la nica salida a la inversin del potencial de la razn para que los instrumentos de poder pasen de manos de las capas sociales dominantes a las secularmente dominadas, es slo la revolucin. Pues slo la revolucin transfiere automticamente el dinero, las finanzas los medios y la riqueza a esas partes de sociedad que ahora son minoritarias, marginadas y perdedoras. El hecho de que no se lleve a efecto no significa m s que estas tres cosas. La primera es que en estas sociedades los individuos come n aunque sean migajas; la segunda, es que las tecnolog as aturden las mentes lo bastante como para hacer presas de la molicie a millones de individuos; y la tercera, que la sociedad occidental se ha civilizado hasta un grado decadente . Pero todo eso tampoco significa en absoluto que el marxismo, el comunismo, el socialismo real o el socialismo desnudo, en sus diferentes concepciones y vertientes, adaptados a las circunstancias excepcionales que atraviesa el mundo y el planeta, no sean la solucin deseable y urgente para modificar la relacin de fuerzas que existen inveteradamente en la sociedad occidental desde la caverna. No creo exagerar si digo que si en el siglo XXI las tesis de Marx y de otros comunistas, entre ellos buen nmero de padres de la Iglesia catlica, no se llevan a la pr ctica el neoliberalismo, sus cancerberos y turiferarios, ms los mimetizados en Europa procedentes de las filas de los falsos socialistas acabarn sin remedio con el propio sistema y con las condiciones habitables del planeta...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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