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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-06-2018

Pedro Snchez y el gobierno Kasprov

Jonathan Martnez
Ctxt


Sucedi en 1972 en Reikiavik, Islandia. El teln de fondo era un teln de acero y la partida de ajedrez una reproduccin en miniatura de la Guerra Fra. A un lado del tablero, el sovitico Boris Spassky defenda su divisa de campen. Al otro lado, el aspirante estadounidense Bobby Fischer se preparaba para conquistar el ttulo y poner fin a veinticuatro aos de dominio rojo sobre los escaques. Despus de dos meses de contienda y veintin partidas, Spassky telefone al rbitro y arroj la toalla. Lo llamaron "la partida del siglo". Fischer muri en 2008. Pocos aos despus, sentado sobre una silla de ruedas, Spassky confes que todava hablaba con Fischer en sueos.

Pero si hay una rivalidad ajedrecstica longeva y mitolgica, es la que mantuvieron durante diez aos y 144 partidas los rusos Anatoli Krpov y Garri Kasprov. Tanto dur la pelea que por el camino vieron caer el muro de Berln, conocieron a Gorbachov, la Perestroika, cambiaron de bandera despus de que se desmoronara la Unin Sovitica, salieron ilesos del golpe de estado de 1991 y vieron a Yeltsin subido en un tanque. Krpov y Kasprov pasearon su rivalidad por todo el mundo. Incluso llegaron a disputarse el ttulo mundial en Sevilla y las torres del tablero fueron reemplazadas por pequeas rplicas de la Torre del Oro.

Para entender mejor esta rivalidad es necesario regresar a Mosc al campeonato mundial de 1984. Krpov defenda el ttulo desde la renuncia de Fischer en 1975. Era un duelo a treinta y un partidas y Kasprov lleg a tener un cinco a cero en su contra. Pero cuando Krpov estaba a punto de sentenciar el campeonato, cometi un desliz que permiti a Kasprov arrancar un empate agnico. A partir de aquel momento, la suerte cambi de bando y Kasprov logr alargar la contienda durante seis meses y cuarenta y ocho partidas a base de forzar tablas. Krpov se desesperaba. Para entonces, haca tiempo que los periodistas haban sucumbido a la pereza y se haban largado a cubrir las Olimpiadas de Tesalnica. En febrero de 1985, el presidente de la Federacin suspendi el campeonato por agotamiento. Aquel mismo noviembre, Kasprov arrebat por fin el ttulo a Krpov. Lo retuvo durante quince aos.

No es un tablero de ajedrez, pero se parece. En los asientos del Congreso de los Diputados se extienden 350 piezas que en cada votacin conforman alineaciones sorprendentes y juegos de mayora inesperados. Esta semana pasada hemos dicho adis a Mariano Rajoy. Un presidente que ha gobernado desde la barrera, consciente de que en Espaa es ms fcil conservar el poder gracias a los errores ajenos que a los aciertos propios. Hemos visto el cambio de gobierno en una atropellada sucesin de imgenes tan inesperadas como elocuentes. Rajoy atrincherado durante ocho horas en el restaurante Arahy. El bolso de Senz de Santamara calentando la butaca vaca del presidente saliente. El vertiginoso cambio de chaqueta de Aitor Esteban. La proclamacin prrica de Pedro Snchez. Los aplausos entusiastas de la bancada morada. S se puede.

Se retira Rajoy sin ms drama ni estridencia que los aullidos cavernarios de la derechona meditica. La cantinela del gobierno Frankenstein, el espantajo inverosmil de la confabulacin castrochavista con su consorte de secesionistas catalanes y vascos con pasamontaas. Es la vieja murga, en fin, de un sector de la grada que puede parecer testimonial y extravagante pero que todava levanta fervores en las momias embalsamadas del franquismo. Vemos las ltimas manifestaciones de Vox contra "los enemigos de Espaa" y nos despiertan una emocin ambigua entre la perplejidad y el espanto.

En el otro extremo del estadio, damas y caballeros, hay un sector de la grada que descorcha botellas de champn y hace la ola. Como si Pedro Snchez, que hace apenas dos aos negociaba carteras ministeriales con Albert Rivera, hubiera adquirido de pronto galones de mesas redentor para la izquierda. O somos de un optimismo inquebrantable o es que tenemos la memoria efmera de una carpa de acuario. Parece claro que desalojar al PP de la Moncloa era un necesario ejercicio de profilaxis democrtica. Que despus de siete aos de recortes, mordazas y desfiles de imputados, es difcil no deleitarse en la revancha. Pero de ah a las efusiones festivas hay un trecho kilomtrico.

En primer lugar porque hay que entender esta mocin de censura dentro del interminable contexto electoral que padecemos. En un escenario fragmentado de alianzas inestables y cambalaches parlamentarios, el golpe de mano del PSOE tiene mucho de ingeniera meditica y de estrategia de partido. Si hay que reconocerle algn mrito, es la eficacia del regate. De un solo gancho, Pedro Snchez ha mandado los dientes de Rajoy a la lona, ha dejado sonado a Rivera y ha conseguido la adhesin desinteresada de los dirigentes de Podemos. Todos le daban por muerto y sin embargo, ah est el potro de Tetun, salvado por la campana y asaltando la pole position de la carrera hacia las urnas.

La segunda razn para guardar el cava viene con el reparto de ministerios. No es porque Ana Botn haya celebrado la llegada de Nadia Calvio al despacho de Economa. No es que Teresa Ribera, ministra para la Transicin Ecolgica, avalara el fraude del gas natural en el Proyecto Castor. Tampoco se trata de que Mxim Huerta se haya curtido en las vsceras informativas del matinal de Ana Rosa antes de aceptar la cartera de Cultura y Deporte. Olvidemos por un momento que Josep Borrell acompa a Vera y Barrionuevo a la puerta del penal de Guadalajara o que su adhesin militante a Societat Civil Catalana va a distorsionar su periplo por Exteriores en plena pugna de Llarena con la justicia europea. Pasemos por alto, pelillos a la mar, las cinco condenas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra la vista gorda de Fernando Grande-Marlaska ante seis casos de tortura. Perdonemos al ministro de Interior su defensa de los CIE, el archivo del caso Yak-42, la persecucin contra el 15-M o la doctrina del todo es ETA. Hagamos de tripas corazn por un momento.

Porque detrs de estas trayectorias ms bien inquietantes hay un rizado mar de fondo. La irrupcin de Ciudadanos en 2015 tanto en los parlamentos autonmicos como en el Congreso de los Diputados ha servido para desplazar el tablero poltico hacia la derecha ms ultramontana. Los hooligans naranjas del 155 han celebrado la exaltacin de la mano dura con un liberalismo patritico pero tambin joven, desenfadado, chic y sobre todo oportunista, capaz de arrimarse al sol que ms calienta y dispuesto a cambiar de bando con la velocidad y los escrpulos de un batalln de mercenarios. Ciudadanos es un chaleco reversible que lo mismo te viste a una Cristina Cifuentes que te abriga a una Susana Daz. Ciudadanos no naci para ganar sino para inyectarnos el miedo en los sondeos gratinados de Metroscopia. Ciudadanos es la razn por la que un tecncrata liberal como Pedro Snchez nos parece un oasis de progresismo en medio de la devastacin parlamentaria. Vota PSOE, que viene el lobo.

Despus de casi dos aos enterrado en vida, Pedro Snchez ha repetido la proeza de Garri Kasprov. Cuando todo el mundo le daba por muerto, dimitido de la secretara general del PSOE y de su escao de diputado, supo salir a flote a costa de guardar un bajo perfil de oposicin y de acoplarse al reparto de medallas del 155. Igual que un ajedrecista curtido de paciencia, ha esperado el traspis de la Grtel para lanzar su jaque. Ahora, con la partida ya en sus manos, le ha sobrado tiempo para armar una escuadra ministerial que agradar ms a los votantes del PP y de Ciudadanos que a quienes le han investido presidente. El nuevo gobierno Kasprov es la constatacin de que el viejo bipartidismo no solo sigue vivo sino que goza de una salud excelente, ahora con la muleta ambidiestra de Albert Rivera.

Nos esperan gestos epidrmicos, despliegues simblicos de modernidad que harn suspirar a las almas cndidas del progresismo pero que seguirn perforando los bolsillos de la mayora trabajadora. Permanecern intactas las columnas del 78. El mismo modelo productivo. La misma dictadura bancaria. El mismo entramado meditico. La misma legislacin laboral celebrada por las patronales. El mismo desmn inmobiliario. Los mismos beneficios obscenos de las elctricas. Las mismas puertas giratorias en los consejos de administracin. La misma corona. El mismo rey. Y todava tendremos que agradecer que no nos gobierne Ciudadanos. El problema no es quin gana la partida. El problema es el tablero.

Fuente: http://ctxt.es/es/20180606/Firmas/20077/pedro-sanchez-ciudadanos-mocion-de-censura-psoe-jonathan-mart%C3%ADnez.htm



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