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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-06-2018

La tormenta (II)

William Ospina
El Espectador


Tan grave como decir no he visto el mar o no he visto el sol sera tener que decir no he visto el mundo. Y yo creo que, de verdad, no lo hemos visto.

Tal vez porque nuestras mitologas y sobre todo nuestras teologas nos ensearon que ramos una especie distinta y superior, venida del cielo, que no se pareca a la tierra, que estaba aqu por poco tiempo y que despus volva a su patria eterna, aprendimos a comportarnos como visitantes, llamados a utilizarlo todo, a dominarlo todo, a saquear el mundo y a no agradecer por nada.

Ha sido muy lento el proceso de descubrimiento de que somos hijos de este mundo, diseados por l, condicionados por l; que todo en nosotros depende de las dimensiones del planeta, de su gravedad, de su clima, de sus especies, de su diversidad, de su equilibrio. Que todo dao que hacemos al entorno lo pagaremos con asfixia, con peste y con llagas, porque o somos parte de la salud del planeta o fatalmente seremos parte de su enfermedad y de su agona.

Alguna vez Macedonio Fernndez declar que nunca se haba sentido tan interesado en el tema de la respiracin como una vez en que estuvo a punto de ahogarse. Es duro pensar que slo empezamos a ver realmente el mundo a partir del momento en que sentimos que el mundo nos falta. Cuando estemos a punto de perderlo descubriremos que estbamos en el paraso. Ahora, viendo los bosques arrasados, los ros contaminados, los glaciares derretidos, los polinizadores diezmados, las bandadas extraviadas, los cardmenes sin rumbo, el mar infestado por un continente de basura, las epidemias potenciadas, ahora que no podemos cantar Vamos a la playa, calienta el sol, sin preguntar enseguida con angustia si llevamos el bloqueador solar adecuado, comprendemos que la inmensa morada terrestre puede tratarnos como cosa ajena, que tanto jugamos a no ser de aqu que el mundo podra empezar a tratarnos como extranjeros.

Y tambin es posible que no hayamos visto a la humanidad. Hemos pasado la historia de tal manera divididos en razas, en lenguas, en religiones, en tribus, en naciones, de tal manera trenzados en guerras y conflictos, que nos result siempre difcil vernos como miembros de una misma especie y como partes de un proyecto comn.

Ahora tenemos urgentes tareas compartidas que nos ayudarn a sentirnos parte de un proyecto solidario, gotas del mismo ro, hojas del mismo bosque y caras de un mismo sueo. La tarea urgente de sustitucin de fuentes de energa marca poderosamente la agenda planetaria. Ya Alemania y Dinamarca han emprendido incluso la tarea de cerrar sus centrales nucleares y de depender en un ciento por ciento de energas limpias. Es algo que pueden hacer los Estados, pero qu alivio histrico saber que cada quien puede conseguir un par de paneles solares y empezar por asegurar energa limpia para su propia casa, recortando de paso la factura mensual. Qu bueno conectarse directamente con el sol, como los girasoles, y no alimentar los circuitos del poder o de la corrupcin.

Hace poco Jeremy Rifkin ha dicho que est terminando la edad de los combustibles fsiles, que ya comienza su sustitucin por energa solar y elica, que esa energa ilimitada en el futuro ser gratuita, que est comenzando la tercera revolucin industrial basada en las energas sostenibles y las consecuencias de internet como la economa colaborativa, que el 90 % de los automviles va a desaparecer y que la inmensa mayora de los que queden sern elctricos y sin conductor, que lleg la edad de las reforestaciones masivas y de la energa limpia, que ya Copenhague quiere convertirse en la ciudad ms verde del mundo.

Paradjicamente nada resulta ms favorable para la expansin de los bosques que la sobreabundancia de dixido de carbono en la atmsfera, de modo que lo que hoy se requiere es inteligencia y voluntad. Pero la manera misma del proyecto industrial tendr que ser examinada a fondo, porque aunque logrramos un 100 % de energa limpia, ilimitada y gratuita, igual podra hacer colapsar el mundo un modelo de saqueo irrespetuoso y depredador, que ve en la naturaleza slo una fra bodega de recursos, en la humanidad un mero rebao de operadores y consumidores, y en el mundo apenas un escenario desangelado para los designios de una acumulacin ciega y srdida.

La idea del desarrollo concebido como mera multiplicacin de mercancas y aumento de la rentabilidad parece una variacin ya sin poesa del viejo desvelo de los alquimistas por convertir todas las cosas en oro, y contiene en su almendra una alarmante negacin de la vida como diversidad, como contencin, como profusin y como equilibrio. Porque de todas las cosas que caracterizan al mundo ninguna es ms evidente, y a la vez ms alarmante para los designios del gran capital, que su gratuidad. Originalmente, todo en este mundo es gratuito, y fue Chesterton quien dijo que ni siquiera podemos saber qu tan ricos o pobres somos, porque todo es regalo.

Es la iniciativa mltiple y autnoma de los ciudadanos lo nico que puede detener la degradacin de las democracias en todo el planeta. Son urgentes los planes masivos de reforestacin aliados con el conocimiento necesario para proteger la biodiversidad amenazada. Es urgente salvar las cuencas, proteger los ros y curar los manantiales. Y tambin es urgente un cambio de estilo de vida que libere de la excesiva presin al cuerpo y al mundo: sinceramente, yo creo que empieza a ser urgente al mismo tiempo desconectarse de los mecanismos y encenderse en trminos creativos.

Necesitamos una revolucin del afecto, una relectura de la historia para superar la idea absurda de que hay seres importantes y seres no importantes, seres con historia y seres sin historia. Hay que leer el hermoso libro Vidas minsculas de Pierre Michon, o el libro Europa y la gente sin historia, para comprender cun equivocados hemos estado en la mirada sobre el papel que jugamos en el mundo. No hay ser humano que no sea una sntesis de su poca. La democracia es de verdad una necesidad, pero la democracia no puede ser una oscura tirana de burcratas ni una manipulacin de castas ni algo gobernado por el poder del dinero. Ms que un sistema de derechos y de responsabilidades, la democracia tiene que ser un seguro de equilibrio en el que slo si cada quien tiene lo elemental, tiene valor y dignidad, puede haber paz y convivencia verdadera.

Hay un relato de Ray Bradbury donde alguien grita que viene la tormenta. Cuando los otros, alarmados, le preguntan: Dnde, dnde viene?, l responde: Nosotros, la tormenta somos nosotros.

Los jvenes, que por definicin aman el riesgo y la aventura, tienen que saber que su deber es ser los protectores de los jaguares y los mdicos de los manantiales. Es la voz de la tierra la que viene a decirnos que slo bajo esos signos tal vez salvaremos esta aventura hoy en peligro, porque el mundo es tan grande que ya slo se lo puede salvar en cada sitio, en la raz de cada rbol, en la fuente de cada ro.

Si viene la tormenta, que la tormenta seamos nosotros, o, como acabo de leer en alguna parte, segn la sentencia del pueblo hopi, nosotros somos aquellos a los que estbamos esperando.


Fragmento de Solidaridad y futuro, un ensayo del nuevo libro El taller, el templo y el hogar.

Fuente original: http://www.elespectador.com/opinion/la-tormenta-ii-columna-793384



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