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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-06-2018

Y ahora quin gobierna el mundo?
Problemas en las alturas

Federico Larsen
L'Ombelico del Mondo


La foto la hizo circular la misma oficina de prensa de Angela Merkel. El retrato ms evidente de la crisis del multilateralismo actual, en unos pocos minutos dio la vuelta al mundo. La canciller alemana aparece de pie, de un lado de la mesa, en un gesto serio, cual maestra frente a una nueva y predecible decepcin. A su derecha el presidente francs Emmanuel Macron, la primer ministro inglesa Theresa May, y el presidente de la comisin europea Jean-Claude Juncker. A su izquierda el primer ministro japons, Shinzo Abe, aparentemente atnito. Del otro lado de la mesa, solo, de brazos cruzados, inmutable, alardeando su irritante seguridad, el presidente norteamericano, Donald Trump.

La postal no podra ser ms exacta. Se trataba del primer da de un muy discutido encuentro entre los jefes de Estado y de gobierno del G7, en Canad. Durante semanas los sherpas, negociadores de cada gobierno que se aseguran de que todos los acuerdos estn ya cocinados para cuando lleguen los mandatarios para la foto, se haban agarrado de los pelos, y haban lanzado a gritos denuncias desesperadas a travs de la prensa en contra del gobierno norteamenricano. Es que aparentemente, y por primera vez desde que existe este tipo de eventos, la delegacin de los EEUU habra dinamitado todo tipo de negociacin previa, al punto de que unos das antes de la cumbre no se haba podido consensuar ni la agenda de debate, ni mucho menos las lneas rectoras del documento final. De hecho, la declaracin conjunta que dio a conocer el sbado a la noche el anfitrin canadiense, fue redactada a horas antes, en un evidente intento de sacar algo para salvar las apariencias.

Pero el joven y supuestamente capaz Justin Troudeau, durante la conferencia de prensa final de la cumbre, no pudo contener su decepcin y meti la pata: La suba de los aranceles al acero son un insulto a los canadienses solt. Desde su avin presidencial, va twitter, y sin pelos en la lengua, Trump dio la orden a sus funcionarios de retirar la firma estadounidense del trabajoso comunicado final del G7, desatando todo tipo de reacciones. Todas las que la foto del da anterior nos permite imaginar.

Y ahora quin gobierna el mundo?

Est claro que el naufragio del G7 de Charlevoix era ms que predecible. El gobierno norteamericano entorpeci las negociaciones previas, anunci que se retirara antes de tiempo slo en las horas previas al encuentro, declar abiertamente que sera necesario el retorno de la Federacin Rusa al grupo -expulsada en 2014 tras la anexin de Crimea y fuertemente resistida por los pases europeos- y ningune todos los reclamos sobre el alza de los aranceles a la importacin de acero y aluminio en su pas. Es decir, hizo todo lo posible para incomodar y enojar al resto, y por lo que se vio en fotos y redes sociales parece haberlo disfrutado.

Pero tambin queda claro el fracaso de este tipo de espacios, nacidos como los encargados de gestionar la llamada gobernanza global. Hace ya varios aos -an antes de que Trump llegara a la presidencia de los EEUU-, que el G7 y el G20 muestran cierta incapacidad en llegar a un consenso para la reformulacin y el gobierno del sistema-mundo actual. Si bien ya han sido reconocidas como las cumbres en las que se discuten los principales problemas que enfrenta la humanidad, no dejan de ser espacios informales, cuya naturaleza es exclusivamente poltica, y por lo tanto quedan expuestas a este tipo de inoperancia ante los desplantes de uno de sus socios. Especialmente si se trata del socio fundador y mayoritario.

Las cumbres de los pases ms industrializados del mundo surgieron en el marco de la post-guerra fra, ante la certeza del triunfo del sistema neoliberal, su necesaria expansin hacia el mundo post-sovitico. Pero tambin fue clave la decadencia por inercia de los espacios formales de discusin internacional, como la ONU y otras organizaciones internacionales, evidentemente incapaces de cumplir con los objetivos de paz y prosperidad que se les haba encomendado al finalizar la Segunda Guerra Mundial. La responsabilidad de dar un rumbo al desarrollo internacional no poda que recaer en aquellos pases considerados ms desarrollados, en base a la idea imperante en aquellos aos -tan cuestionable como peligrosa- segn la cual podero econmico y desarrollo son prcticamente sinnimos.

Sin estatuto, sin reglas, sin mecanismos de participacin, sin estructura, los siete pases -y luego ocho cuando Vladimir Putin logr la inclusin de Rusia en los despachos de la elite mundial para ser nuevamente excluido ms tarde- ms industrializados de la tierra asumieron unilateralmente la comandancia del mundo globalizado estableciendo lineas de accin comunes y marcando al resto del planeta qu es o no deseable en trminos de comercio, finanzas, seguridad y medio ambiente. Directrices que luego se fueron concretando en los mbitos formales de discusin planetaria, como la Organizacin Mundial del Comercio, la OTAN o los organismos especializados de la familia de las Naciones Unidas.

Las crisis econmicas de 1997 primero -en el sudeste asitico- y de 2008 despus -en EEUU y Europa- obligaron a las potencias del G8 a ampliar la participacin a los pases emergentes, en un intento de reforzar la legitimidad del espacio incluyendo voces del mundo perifrico. Lo que haban sido reuniones tcnicas e informales de los ministros de finanzas y economa desde 1998 se convirtieron con la crisis financiera internacional de principio de los 2000 en espacio de discusin ampliado de las -supuestas- 20 economas ms desarrolladas del mundo, el G20. El objetivo segua siendo el mismo. Consensuar lneas de accin comn. Pero esta vez la poltica de los pases centrales poda contar con la anuencia de los presidentes de algunos de los perifricos, extasiados con haber llegado a la cumbre de la poltica mundial.

Sin embargo, lo que haba surgido como la promesa de reforma del desigual sistema financiero internacional, se revel rpidamente en la reafirmacin de las asimetras existentes. Las cumbres de alto nivel del G20 se haban inaugurado con el compromiso de ampliar la participacin de los pases perifricos en la gobernanza de la economa-mundo, la lucha a la especulacin y los parasos fiscales, el trabajo mancomunado para enfrentar las crisis econmicas en cualquier parte del sistema apareciesen, la reforma de los organismos internacionales de crdito para que los pases perifricos pudieran tener mayor peso e intervencin en la economa internacional. Casi nada de eso se cumpli.

Un caso paradigmtico es el de los pases latinoamericanos. En el G20, Amrica Latina est representada por Mxico -alineado abiertamente con los EEUU-, Brasil y Argentina. Estos ltimos dos representaron durante la primer dcada del siglo como dos pases en ascenso con propuestas claras de reforma del sistema econmico global en un sentido ms progresista. En el continente, instancias como Unasur, y especialmente el Banco del Sur se haban erigido como alternativa solidaria y regional al sistema econmico imperante. Sin embargo todas las propuestas latinoamericanas para reformar el sistema financiero mundial y la supuesta combatividad de sus representantes se amansaron rpidamente ante la promesa de aumentar las cuotas de participacin de Brasil y Argentina en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial.

Abajo de la cumbre

La reafirmacin del estatus-quo a pesar de las promesas se puede ver en los datos acerca de la distribucin de la riqueza a nivel mundial. Segn el Informe Sobre la Desigualdad Global 2018 del World Inequality Database, la participacin del 10% ms rico de la poblacin mundial en la produccin de riqueza no ha parado de crecer en los ltimos 20 aos, y especialmente en el mundo perifrico.

Es decir, existen pequeos sectores que concentran la riqueza global, como siempre ha sucedido, pero que desde la consolidacin del actual sistema-mundo y su forma de gobernanza global han aumentado su apropiacin de manera indita. La economa-mundo inaugurada a partir de los aos 90 ha, de hecho, revertido una tendencia que se mantuvo durante casi todo el siglo XX y que vea al 1% ms rico del planeta ir disminuyendo paulatinamente su participacin en la acumulacin de riqueza global.

Esto se ha logrado especialmente a travs de aquellas directrices que los pases centrales han establecido para el resto del mundo: libre comercio, libre circulacin de mercancas y no de personas, achicamiento de la participacin estatal y de las barreras arancelarias y para-arancelarias al comercio, expansin del sistema financiero a regiones cada vez ms perifricas del sistema. Estas acciones permitiran a su vez, como consecuencia natural o efecto secundario, la expansin de servicios e instituciones necesarios para el avance del desarrollo: vas de comunicacin, puertos, infraestructura, derechos, telecomunicaciones etc

Lo curioso de la situacin actual de la gobernanza global es que su declino y crisis no est dado por la constatacin de que este efecto de derrame de la prosperidad jams se ha concretado, sino que su principal riesgo parece circunscribirse al equilibrio en el sistema de intercambio entre pases centrales y su capacidad de hegemonizar el sistema en s. Se ha querido instalar en los ltimos meses una profunda ruptura dada por la dicotoma entre librecambismo neoliberal y conservadurismo proteccionista. Esto quizs pueda reflejar lo que sucede en la cumbre, en los espacios de decisin del G7, pero evidentemente se convierte en una disputa nimia al analizar al sistema-mundo en su conjunto.

Existe sin embargo un efecto que ha tomado un inusitado protagonismo en los ltimos aos, y que est teniendo un efecto cada vez ms determinante en este tipo de espacios de decisin. Se trata de un proceso muy complejo, que tiene explicaciones econmicas, sociales y polticas muy profundas, pero que se puede resumir en el renovado protagonismo de una derecha popular en la oposicin al sistema generado por el librecambio neoliberal. Movimientos soberanistas, nacionalistas, xenfobos, neo-fascistas, malamente apilados dentro de la inmensa categora de populistas se convirtieron en opciones concretas de poder en los pases potencia, poniendo en entredicho la hegemona construida en treinta aos de neoliberalismo. Lo sucedido en los ltimos tres aos en Inglaterra, Hungra, Polonia, EEUU y recientemente en Italia, ha demostrado que ciertos cambios polticos domsticos pueden poner en peligro un determinado equilibrio internacional.

A pesar de las particularidades locales, la raz que acomuna el accionar de este tipo de movimientos en el mbito de las relaciones internacionales es siempre la misma: la determinacin a rechazar las limitaciones a la soberana nacional por parte de cualquier tipo de organizacin, tratado, o acuerdo, y el sobredimensionamiento del inters nacional en las negociaciones con otros actores internacionales. Es decir, que el proceso de institucionalizacin de la sociedad internacional abierto en la segunda mitad del siglo XX, y que entr en crisis con la multiplicacin de cumbres informales en su liderazgo, se enfrenta hoy al intento de retornar a un mundo donde el inters domstico determina la relacin entre los estados, y la ley del ms fuerte dirime las diferencias. Eso es lo que revela la cara de Trump en la foto del pasado fin de semana.

Lo sucedido en Canad, ms que a las excentricidades antipticas de un mandatario poco ortodoxo, responde al crecimiento poltico y a nivel global de los tradicionales detractores del sistema de acumulacin capitalista de los ltimos decenios. Un sector que no se mueve -ni siquiera en su faceta ms retrica- por solidaridad o rechazo a las injusticias, sino por miedo a a que sus intereses sean afectados, o a perder sus privilegios. Incluso cuando esos privilegios sean derechos bsicos de ciudadana supuestamente amenazados por el extranjero.

La contienda est entonces planteada entre un sector que defiende el sistema que en pocas dcadas multiplic la desigualdad a nivel global (claramente hegemnico), y aqul que desea defender nada ms que los intereses propios de casta, nacin, clase, raza, civilizacin Una dicotoma que desde una perspectiva crtica resulta engaosa, por no decir falsa, al no presentar ninguna alternativa al modelo de desigualdad y exclusin por fuera de las economas centrales del sistema. Los llamados que desde Amrica Latina se hicieron en la ltima dcada para retomar el espritu de Bandung -en referencia a la cumbre que dio vida a lo que luego fue el Movimiento de Pases No Alineados representante del mundo perifrico en las grandes organizaciones internacionales- quedaron sin respuesta y cada vez ms dbiles. Ms an ante el avance de los sectores vinculados el librecambismo liberal en el sur del mundo, mientras en el norte se multiplica el conservadurismo soberanista, y en ninguno de los dos parecera fortalecerse una clara alternativa.

 

Fuente: https://ombelico.com.ar/2018/06/11/problemas-en-las-alturas/

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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