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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-06-2018

Un fantasma recorre Europa: la hipocresa

Gabriel Moreno Gonzlez
El diario


EFE

Matteo Salvini, el fulgurante lder de la Liga Norte y nuevo Ministro italiano del Interior, se considera a s mismo catlico y aparece en los mtines con un rosario en la mano. Una mano que, a su vez, no le tiembla al cerrar los puertos de su pas a barcos repletos de seres humanos y al alegrarse, sin ocultarlo, de quitrselos de en medio como si de un triunfo deportivo se tratara. Sin embargo, su tocayo de hace ms de dos mil aos, el evangelista Mateo, recoga as las palabras de quien es considerado por el catolicismo, la religin que Salvini dice profesar, como el mismsimo hijo de Dios: Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me acogisteis (Mt 25:35).

En general, este patrn de contradicciones insalvables e hipocresa manifiesta se repite a lo largo y ancho de toda la extrema derecha europea. Desde los confines de la Rusia occidental a los grupsculos de franquistas espaoles, pasando por el Frente Nacional de Le Pen o por la AfD alemana, el neofascismo del viejo continente dice defender la comunidad y los valores tradicionales y benficos aparejados a ella, pero no duda en apoyar las polticas neoliberales que fragmentan la sociedad y potencian el individualismo egosta y la competitividad deshumanizadora. Se cree baluarte del cristianismo y su tradicin acumulada durante siglos, cuando en verdad constituye el mximo ejemplo de ideario anti-cristiano y contrario a una mnima concepcin de la dignidad humana.

Algunos de sus representantes, incluso, se erigen en los ms firmes defensores del liberalismo y el Estado de Derecho, cuando en sus acciones demuestran ser sus principales enemigos, pues no hay nada ms alejado del pluralismo de valores liberal y de los derechos fundamentales que las categoras trasnochadas, nacionalistas y xenfobas de la ultraderecha. Desde los altavoces de sus nuevas posiciones de poder, polticos como Salvini intentan dar fundamento a su ideologa mediante una preeminencia de lo colectivo (los italianos primero) que en el fondo, como el resto del andamiaje terico que pretenden crear, es absolutamente falsa. Al apoyar las polticas que atentan contra los derechos sociales y el bienestar de la mayor parte del pueblo que dicen defender, condenan a ste a niveles cada vez mayores de desigualdad e injusticia. Sus concepciones cerradas de la soberana tambin parten, adems, de una contradiccin flagrante, ya que no tienen reparo alguno en vender la riqueza de sus pases y el trabajo de sus ciudadanos a un capital transnacional, parsito, que poco o nada entiende de fronteras.

Las posturas comunitaristas del conservadurismo y las del individualismo neoliberal son en buena medida irreconciliables. A pesar de ello entran constantemente en un proceso de competencia virtuosa mediante el cual la disolucin social que provoca el capitalismo sin frenos es canalizada, a modo de terapia, a travs de un ilusorio regreso a la tradicin, la comunidad y los valores conservadores.

Como ya hemos podido comprobar en Polonia, Hungra, Italia o Estados Unidos, el efecto lisrgico de esta relacin de interdependencia contradictoria y en permanente tensin constituye, quiz, uno de los caldos de cultivo ms peligrosos para la democracia actual. Su retroalimentacin mutua solo puede derivar en el reforzamiento de posiciones autoritarias que estn comenzando, ya, a limar las concepciones pluralistas de nuestras dbiles democracias liberales.

De ah que sea extremadamente urgente atacar de manera frontal a la extrema derecha con las armas de sus propias contradicciones. Sin salirnos de la pretendida lgica interna de sus discursos hemos de denunciar su fragilidad, la insalvable incompatibilidad entre el ideario que enarbolan y la prctica que llevan a diario. Con pedagoga, y a veces desde la prudencia del respeto, habramos de dirigirnos a los votantes de los Salvinis europeos, en su mayora sectores olvidados o muy golpeados por la crisis y las polticas neoliberales, para mostrarles la incoherencia de los relatos salvficos que apoyan y la nula voluntad que sus lderes muestran a la hora de mejorar las condiciones de vida de las mayoras sociales. Si blandimos a Deleuze, Negri o Zizek no slo estos votantes no cambiarn de opinin nunca, sino que posiblemente se vern desconcertados ante unos predicadores extraos y ya de por s desconcertantes.

En paralelo a esta necesidad de denunciar por oposicin y con claridad las contradicciones internas del supuesto conservadurismo, hemos de defender un modelo alternativo a su verdadera cara. Si la extrema derecha no incurriera en contradicciones y completara con sus obras lo que proyecta en sus idlicos idearios, seguiramos encontrndonos ante un problema grave desde el punto de vista democrtico, ms urgente de combatir si cabe debido a su posible materializacin en el corto plazo.

El regreso al grupo en el rechazo al otro, la negacin de determinados efectos positivos de la mundializacin o la recuperacin de concepciones anti-pluralistas aparejadas a ciertas tradiciones de pensamiento ya periclitadas, aun en el supuesto de que consiguieran revitalizar concepciones clsicas de soberana poltica, constituiran factores que entraran, a su vez, en contradiccin flagrante con la realidad de un mundo cada vez ms complejo, interdependiente y amenazado por problemas globales.

En la labor de construir nuevas subjetividades y consolidar viejas solidaridades, en la tarea siempre inacabada de integrar al otro y considerarlo parte indisociable de un yo enriquecido, debemos continuar y perseverar. Como siempre recordaba el profesor Jos Mara Valverde, en la mejor tradicin del cristianismo social espaol, aun el ms lejano es mi prjimoese prximo lejano al que Salvini el hipcrita niega la propia necesidad de existir y vivir.

Fuente: https://www.eldiario.es/contrapoder/fantasma-recorre-Europa-hipocresia_6_782231795.html



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