Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-06-2018

Sobre El patriarcado del salario. Crticas feministas al marxismo, de Silvia Federici
El otro marxismo sin Marx

Miguel ngel Llana
Asturbulla


Creo que es necesario realizar algn comentario sobre este libro que, para el propsito de este anlisis, es suficiente con ceirse solamente a su introduccin titulada:

A modo de introduccin Marxismo y feminismo: historia y conceptos.

Es ya tradicional referirse a Marx, no solo para reinterpretar lo que dijo o no dijo en su momento, sino tambin para criticar los temas que l no trat o por no prever acontecimientos futuros, como esperando que ejerciera de vidente. Por si esto no fuera ya suficiente, ahora nos encontramos con un nuevo modo de interpretar a Marx, como es afirmar justamente lo contrario de lo que l ha dicho, mientras el nuevo marxismo-feminismo se apunta el invento y acierto de corregirlo. Podra afirmarse que se trata no de un marxismo-feminista sino de una especie de fobia que podramos denominar antimarximo-feminista. De tal modo est planteado este (anti)marxismo-feminista que no se sabe bien hasta qu punto es aconsejable rebatirlo dada su falta de rigor falseando lo ms esencial del marxismo, mientras, en cambio, lo relevante y las claves de la aportacin marxista quedan anuladas.

Revolucin feminista

Todos coinciden en que estamos ante una crisis sistmica que, por supuesto, afecta profundamente a nuestra vida y a nuestras relaciones a todos los niveles. Inevitablemente esta crisis econmico-social va a marcar nuestra conducta para mal porque, como es de esperar, cuando el sistema es perverso en s mismo y en sus fines, sus resultados tambin lo sern, salvo que pudiramos poner freno a sus desmanes de inmediato aunque, de momento, parece difcil cambiar el modelo. El capitalismo acorralado por sus contradicciones, se vuelve tremendamente agresivo, necesita expandirse y lo hace a sangre y fuego tal como estamos viendo en tantas situaciones y en tantos pases. Sencillamente necesita rentabilizar el capital acumulado y, no solo esto, sino mantener la tasa de ganancia e incluso incrementarla. Tambin necesita recursos, mercados, mano de obra ms y ms barata, eliminar competidores (el mayor enemigo de un capitalista es otro capitalista) y, para ello, importa el fin, no los medios. Pensar y pretender actuar en esta jungla de modo unilateral -sectario se podra decir- desde solo el punto de vista feminista creyendo que la revolucin puede hacerse en los nmeros pares y no en los impares, o viceversa, no es ms que estar del lado del despiste y no del lado de buscar una trasformacin del conjunto de esta sociedad capitalista-neoliberal. Desde luego no estamos hablando de la misma crisis ni tampoco vemos que haya coincidencia en las soluciones.

El Capital y marxismo

Cada cul puede leer e interpretar El Capital como mejor le parezca. El Capital es de los libros ms citados y, sin embargo, es de los que menos se han ledo (La primera edicin en Espaa data de 1931 y su precio era exorbitante). El estudio de la circulacin de mercancas y del dinero, la transformacin de dinero en capital, los conceptos de valor (valor de uso y de cambio), el plusvalor absoluto y el relativo, la tasa de ganancia y su relacin con el capital orgnico (capital constante y variable), la acumulacin de capital y el capital originario, la lucha de clases, etc., se pueden pasar por alto, por supuesto, pero entonces no s bien de qu estamos hablando, pero desde luego no solo no estamos hablando de marxismo sino de algo que es todo lo contrario, de la particular interpretacin que Silvia Federici da al marxismo, de federicismo. Como en las facultades que, en general, si se estudia a Marx es para su desprestigio sin ms anlisis, cuando no con tergiversaciones que contribuyen a crear confusin o a favorecer expresamente al neoliberalismo y a la economa del llamado libre mercado. En este sentido, la aportacin y la interpretacin que Silvia Federici da en esta introduccin es un ejemplo de lo dicho e incluso va ms all, con este marxismo-feminista para nada hacen falta los antimarxistas.

Las etiquetas

Estn de moda las etiquetas y su utilizacin sin especificar su contenido. As no tenemos modo ni de saber qu pasa, por qu pasa y, mucho menos, intentar resolver lo que no sabemos en qu consiste. La lucha, ciertamente, va mucho ms all del feminismo y del patriarcado. La lucha ha de ser contra el sistema que es el que origina y hasta le conviene- las diferencias existentes y estos conflictos internos. Siguiendo con las etiquetas, francamente, no se ve significado alguno a lo de teora marxista-feminista, patriarcado del salario, jerarquas patriarcales, patriarcado capitalista, etc., que no solo no nos conducen a nada positivo, sino que enmascaran la verdadera lucha, la lucha de clases, contra el capitalismo devenido ahora en neoliberalismo y principal causante tanto de la situacin de crisis como de las diferencias sociales, incluidas las de gnero.

Reinterpretando El Capital

Est claro que Silvia Federici est por el cambio y contra la crisis, pero lo que no se ve bien es qu cambio pretende, aunque s parece que la crisis lo es solo para las feministas y que el enemigo a batir no es la crisis sistmica sino el patriarcado capitalista y las jerarquas patriarcales. De El Capital dice que solo es aprovechable una parte mientras que rechaza otra y, en general, lo reinterpreta para que el marxismo se acomode y ajuste adecuadamente a las necesidades predeterminadas de este particular modelo feminista recogido en la teora marxista-feminista e, incluso, pone en boca de Marx justamente lo contrario de lo afirmado por ste y por los marxistas ms relevantes. Desde luego de Marx (no solo) no aprovecha nada sino es para tergiversarlo y sumarse con ello a los interesados detractores.

Tres clases

Apostar por un marxismo feminista o incluso sin marxismo es una opcin, pero al mismo tiempo es ponerse al lado de este sistema. Conviene no olvidar que la crisis sistmica es completamente democrtica y nada sectaria, no hace distinciones, trata a todos por igual, solo le interesa sacar el mximo beneficio con el menor coste posible, le da igual que trabajen blancos o negros, hombres o mujeres, nios o ancianos. Es ms, el capitalismo, si pudiera, prescindira de lo que Marx denomina capital variable, de los salarios. El eslogan de que la revolucin ser feminista o no ser, no hace ms que perjudicar y confundir a los movimientos sociales, porque la revolucin o lo es para todos o para nadie. Y si pudiera serlo para solamente la mitad de la sociedad qu revolucin sera? Tal parece, para Silvia Federici, que la sociedad se divide en tres clases -no en dos como sealaba Marx-, en los poseedores de los medios de produccin, las feministas y el patriarcado capitalista y que la lucha se ha de librar entre feministas y el patriarcado capitalista, todo ello plagado de matices pseudomarxistas pero olvidando al enemigo comn, mejor dicho, al que debiera ser el enemigo comn.

La propiedad garantizada

No se trata de dividir el mundo en buenos y malos sino en los que poseen los medios de produccin y los que no tienen nada ms que su fuerza de trabajo que han de vender como mejor puedan, si pueden, y si no al paro en el que ya hay millones. Parados que son muy necesarios al sistema como amenaza latente al empleo de los que trabajan y, tambin, para mantener su precariedad. No podemos olvidar que las constituciones de los pases neoliberales (incluida la impuesta en el 78) aseguran y garantizan la propiedad pero, para el trabajo, la vivienda, prestaciones sociales, etc., solo aseguran el derecho, mucho derecho, pero nada de garantizarlo.

Pero si la situacin ya est muy complicada, Silvia Federici considera que a nivel mundial se siente la necesidad de un cambio, econmico, social y cultural y, aade, que es importante tener presentes los principales problemas de la relacin entre marxismo y feminismo como si el marxismo distinguiera de gneros. Olvida Silvia Federici que, desde el punto de vista marxista, la idea de clase es ms que esencial para entender de qu va El Capital, el marxismo, y en qu consiste realmente el conflicto poltico-econmico de la sociedad de modo que si olvida que la esencia del conflicto es de clases, entonces no est hablando de marxismo.

Acumulacin / precariedad

La crisis sistmica se traduce en una precarizacin de las condiciones del trabajo asalariado acompaada de crecientes recortes en el conjunto de las prestaciones sociales y de un incremento del paro, todo ello debido a la sobreproduccin, por un lado, y a la acumulacin de plusvalas (ganancias) que, de ser reinvertidas, tendran un bajo rendimiento, es decir, un descenso en la tasa de ganancia, tal como predeca Marx. Con la ruina y el cierre de empresas y los correspondientes despidos, que conduce a una mayor concentracin de las mismas, se resuelve la crisis de modo provisional y hasta la prxima, sin olvidar un incremento del paro y una mayor precarizacin de toda la sociedad sin distincin ni de edades ni de gnero.

Causas y efectos

En la introduccin del libro no queda nada claro qu pretende Silvia Federici cuando intenta aclarar los conceptos del marxismo y del feminismo. Pero menos claro resulta an saber cules son las causas originales del malestar, las causas de fondo de los problemas que cita. Una cosa son los efectos y otra son las causas. Por mucho que apostemos por eliminar los efectos nada conseguiremos, nada que no sea obtener una satisfaccin tan efmera como engaosa porque todo va a seguir igual, o incluso peor, porque estamos empleando nuestras energas y recursos en direccin equivocada cuando apuntamos a seuelos ms que al objetivo real.

Marx como comodn

Silvia Federici utiliza a Marx para bien y para mal, como comodn, pero realmente no da a entender cules son las aportaciones que Marx ha realizado al modelo socio-econmico. Es ms, considera que el capitalismo, la organizacin del trabajo y las formas de acumulacin han cambiado y por tanto la aportacin de Marx ha perdido actualidad, caduc en parte, y considera que el feminismo ha dado herramientas para hacer la crtica a Marx partiendo del invento al que ha denominado teora marxista-feminista. Esto es posible, pero sera necesario que lo argumentara, cosa que no hace en absoluto. Tal parece que la crisis sistmica se cie solo al feminismo olvidando a todos los dems. Se olvida de que cuando un barco va a pique, unos primero y otros despus, todos van al agua, no hay distincin de categoras, pero todos naufragan. Claro que hay que corregir las diferencias pero yendo a las causas y no malgastando el tiempo en enfrentamientos entre los afectados.

Visin marxista-feminista del progreso

Dice Silvia Federici que tanto Marx como Engels piensan que el desarrollo industrial capitalista es un factor de progreso y que promueve una relacin ms igualitaria entre hombres y mujeres y que el desarrollo capitalista es necesario porque es una fuente de progreso y, por s misma, nos lleva a un proceso de emancipacin, al igual que el llamado proceso acelerecionista que favorece el desarrollo capitalista como factor de emancipacin. Despus de atribuir a Marx-Engels tan disparatadas afirmaciones, Silvia Federici concluye diciendo que una visin marxista-feminista puede ayudar a liberarnos de algunas ideologas presentes en Marx.

Evolucin capitalista

Esta es la apreciacin de Silvia Federici sobre la idea que Marx tiene sobre la emancipadora evolucin capitalista, cuando precisamente en el auge de la revolucin industrial en Inglaterra, los nios de 10 a 12 aos han de trabajar de sol a sol en la mina o en alguna industria no menos insalubre, poca en la que limitaban el salario mximo, no el mnimo, y penalizaban tanto al patrn como al trabajador por pagar o cobrar ms que el salario mximo. Por otra parte, se ha de reconocer que en esto el capitalismo no hace distinciones, igual le da cmo o quin trabaje, aunque ahora, con la deslocalizacin, todo se ha trasladado a las maquilas de otros pases en donde hay nios, mujeres y hombres con salarios y condiciones de trabajo similares a las de la Inglaterra de hace dos siglos. La esencia del capitalismo es la que es desde el principio y no parece que haya cambiado en nada ni mucho menos que el marxismo haya caducado

Silvia Federici llega a decir que Marx comparte la idea de que el desarrollo industrial, capitalista, promueve una relacin ms igualitaria entre hombres y mujeres. Y, aade, que Marx no se da cuenta de que esto favorecera un nuevo patriarcado.

El salario

Parece que el quid de la cuestin est en el salario segn entiende Silvia Federici cuando dice que la dependencia del salario masculino convierte a ste en el supervisor del trabajo de la mujer y que divide a la familia en dos partes, una asalariada y otra no asalariada, creando una situacin de violencia latente. Resuelve esta situacin convirtindola en una reivindicacin que el movimiento feminista reclama como contraprestacin por las labores domsticas y las de reproduccin, como si as recuperara la libertad y, con ella, su emancipacin. Pero parece que olvida que el salario es el clavo ardiendo al que se han de agarrar los desposedos de medios de produccin para poder sobrevivir y que el salario masculino que cita, no es producto de ninguna libertad sino el pago por la sumisin del trabajador al poseedor de los medios de produccin.

Vale recordar que el salario no hace libre a nadie, si es bueno vivir mejor y si es precario vivir precariamente, pero en cualquier caso depender de quien se lo pague. Salario pagado por la realizacin de trabajos penosos e insalubres hasta el pagado por trabajos que implican la renuncia a los propios principios, y siempre con la clusula de la sumisin, de la no realizacin de la persona y del despido sin ms. Algunos trabajos pueden ser gratificantes pero, en todo caso, no tienen por qu estar relacionados necesariamente con un buen salario. Puestos a buscar independencia por qu no reclamar la renta bsica universal, algo que solo podra ser fruto de una conquista social y, por supuesto, no a costa de recorte de otras prestaciones. Sera una buena solucin para cubrir las necesidades bsicas y, al tiempo, para liberarnos de la esclavitud de tener que estar sometidos a un trabajo con un salario que depende de un empleo inestable y cada vez ms precario o de ir al paro. Pero Silvia Federici insiste en que la liberacin de las feministas vendr de la mano de tener un salario.

Hablando de salarios, es esencial distinguir la diferencia entre el valor de uso y el valor de cambio, conceptos con los que Marx inicia, precisamente, El Capital. Valor de uso es la capacidad de un bien para satisfacer necesidades de la vida humana y su cualidad no depende del trabajo necesario para obtenerlo. El valor de cambio es el precio que se ha de pagar por una mercanca a la que se le ha incorporado el trabajo necesario para obtenerla. Ambos bienes tienen en comn su utilidad. El valor de uso de un bien ni tiene precio ni es cuantificable, mientras que el valor de cambio s es cuantificable y tiene precio. Precio que lleva incorporado el trabajo necesario para obtenerlo, ms el trabajo no pagado que es el beneficio, es decir, la plusvala del capital.

Marx

Marx contribuy con importantes aportaciones a la redefinicin de las leyes socioeconmicas y su inter relacin (por no hablar del campo de la filosofa y dems). E n el entierro de Marx en 1883 y ante su tumba, Engels, a modo de resumen dijo: Marx ha descubierto las leyes del desarrollo de la historia humana.... As, en el Prlogo a la Contribucin a la Crtica de la Economa Poltica, Marx dice que e l conjunto de las relaciones de produccin forman la estructura econmica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurdica y poltica y, que el modo de produccin de la vida material, condiciona el proceso de la vida social poltica y espiritual. Es decir, no es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.

Contrariamente a la opinin de Silvia Federici y a su teora marxista-feminista nada de todo esto ha cambiado, solo que no se puede olvidar que estamos condicionados, inexorablemente, a este modo de produccin, al sistema del que no podemos salir, sistema neoliberal liderado e impuesto, precisamente, por Margaret Thatcher, de tal modo que poco importa a los negros que Obama haya gobernado en Estados Unidos o quin dirija, de algn modo la UE aqu, Merkel en Alemania y May en el Reino Unido, para que las reivindicaciones feministas hayan progresado, porque no depende de la persona sino del modo de produccin que es el que condiciona el proceso de la vida social y poltica, y no al revs, tal como dice Marx.

Diferencias sociales

Es evidente que hay discriminacin y diferencias sociales y las hay de todo tipo, por diversas causas y con distintos orgenes. Diferencias de gnero, por supuesto, pero tambin y no menos graves e importantes, de raza, color, origen social, tnico, emigracin, etc. De poco o de nada sirve protestar o denunciar las diferencias sin ms, si no se hace una seria apuesta por ver cules son las causas, su origen y por qu. Silvia Federici recurre a las etiquetas como justificacin y sin otro argumento. De este modo considera que a partir de la teora marxista-feminista ya se puede hablar del enemigo a batir, el patriarcado capitalista sin que se sepa muy bien qu significan ambas expresiones y cules son sus contenidos, quedando tan incierta su interpretacin como su utilidad y, en concreto, sin saber exactamente qu hacer. Eso s, las feministas no solo son siempre las vctimas, sino que parecen ser las nicas y las mayores vctimas que ni siquiera lo son del sistema, sino de lo que llama el patriarcado-capitalista.

A modo de conclusin

Este sistema, este modo de produccin capitalista ha nacido con discriminacin y con violencia y solo con violencia y discriminacin puede mantenerse, es su esencia. La primera violencia y discriminacin se establece con el modo de produccin, una clase posee los medio de produccin y otra clase solo puede trabajar para vivir vendiendo su fuerza de trabajo en las condiciones impuestas por el mercado sobre el que tiene bastante difcil ejercer control alguno.

Nuestra sociedad, como parte del sistema, no es ninguna isla en donde la ley sobre la igualdad y la no discriminacin importe realmente al sistema. El enemigo no puede buscarse en la ciudadana ni en el vecino, ni en el color de la piel, ni tampoco en el gnero. Los planteamientos tan indefinidos y sesgados, como los realizados por Silvia Federici con su teora marxista-feminista, patriarcado del salario, jerarquas patriarcales, patriarcado capitalista, etc., no solo no resuelven nada sino que sirven para crear ms divisin y hasta enfrentamiento en los grupos sociales, en las clases sociales de esta sociedad cada vez ms precarizada, ms neoliberal y con ms violencia y discriminacin a todos los niveles y, de paso, para favorecer al sistema, a los intereses del neoliberalismo que es el que nos gobierna de hecho y de derecho.

Articulo relacionado:

Guillem Murcia Lpez, "De la quema de brujas al trabajo productivo", sobre: Calibn y la bruja, de Silvia Federichi

Fuente: http://asturbulla.org/index.php/temas/opinion/35494-sobre-el-patriarcado-del-salario-criticas-feministas-al-marxismo



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter