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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-06-2018

No hay otra economa sin cuestionar el poder

Fernando Luengo y Miguel Urbn
Otra economa


Uno de los supuestos ms queridos por la teora econmica convencional y dominante es que los salarios aumentan cuando la productividad del trabajo mejora. Dada la existencia de ese nexo, al que se otorga la categora de ley econmica, la clave est en llevar a cabo polticas orientadas a propiciar crecimientos en la productividad.

Tiene algo que ver la realidad con ese axioma? Ningn parecido. Entre 2000 y 2007, el peso de los salarios en la renta nacional retrocedi en la Unin Europea (UE) un 1,6%; retroceso que se produjo en 17 de las 28 economas europeas. Entre 2010 y 2018 la cada ha sido del 0,8%, afectando al mismo nmero de pases comunitarios (si bien la composicin de ese grupo fue algo diferente). Advirtase que en la primera de las etapas consideradas (2000-2007), cuando se lanz la moneda nica, el PIB real de la UE aument en trminos agregados un 16,9%; el crecimiento fue tambin positivo entre 2010 y 2018, del 12,6% (slo Grecia obtuvo en este ltimo periodo un registro negativo). Esta evolucin refleja que, en realidad, la trayectoria seguida por los salarios se ha descolgado del curso seguido por la productividad.

Que las teoras econmicas colisionan con la abundante evidencia emprica disponible, peor para esta; retorzamos los datos hasta que digan lo que conviene o, mejor todava, ignormoslos. Las presunciones ideolgicas y los intereses de los privilegiados que los sostienen son para la economa dominante lo primero y, como ya sabemos, terminan por imponerse.

Sin entrar en los factores, diversos y complejos, que determinan el lento e insuficiente avance de la productividad entre otros, la debilidad de la actividad inversora y la expansin de la financiera-, lo cierto es que el problema, para el asunto que ahora nos interesa -su vinculacin con los salarios-, reside sobre todo en cmo se distribuye su mayor o menor crecimiento.

La distribucin entre salarios y beneficios, entre las rentas del trabajo y las del capital. Este es el nudo gordiano del problema que hay que dilucidar, y que debe ocupar tanto la reflexin como la agenda pblica. Introducir la distribucin en el anlisis y dotarla de la centralidad que merece implica apuntar al poder, al conflicto, a la poltica; significa situar la reflexin de los procesos econmicos en el espacio complejo, frtil e imprescindible de los grupos y de las clases sociales; supone, en definitiva, colocar la economa en los espacios socioinstitucionales donde actan actores con desiguales posiciones y estrategias y con diferentes capacidades para hacer valer sus intereses. En ese contexto, no hay ninguna garanta y mucho menos una ley- que asegure que las ganancias cosechadas en la productividad se conviertan en salarios. Del mismo modo que nada asegura que los beneficios de los empresarios se conviertan en inversin productiva, o que, a travs de los impuestos, contribuyan al fortalecimiento de la capacidad financiera de las administraciones pblicas.

Esta mirada nada tiene que ver con los rancios e inverosmiles fundamentos de la economa convencional, donde la poltica, las instituciones, el conflicto constituyen una anomala, una interferencia en el funcionamiento de los mercados. Estos, regulados por las leyes de la oferta y la demanda y por el principio de la competencia, son, por definicin, eficientes. El centro de todo el planteamiento contina descansando en un homo economicus que, utilizando toda la informacin disponible, toma decisiones racionales. Los factores productivos trabajo y capital- son recompensados dependiendo de su contribucin a la productividad. Un relato donde, como se puede apreciar, no hay clase sociales ni pugna distributiva.

Una teora econmica y una economa de ficcin muy conveniente para el poder, pues aleja el foco de la reflexin y de la accin poltica de los problemas distributivos y de la desigual capacidad de los actores en presencia para apropiarse de las ganancias de productividad.

Pero no hay buena economa, ni economa socialmente relevante si el relato permanece anclado en un mercado sin actores, gobernado por una suerte de mano invisible. Dnde estn en ese relato las corporaciones transnacionales agroalimentarias, industriales, comerciales y financieras-, las grandes fortunas y patrimonios, las elites empresariales, los grandes bufetes, consultoras y firmas de marketing y publicidad, los propietarios de las grandes empresas de comunicacin, los lobbies empresariales?

No es fcil disponer de informacin al respecto, ni hay inters por parte del establishment en proporcionarla. Tampoco ayuda la opacidad de los mercados donde se materializan o se ocultan una buena parte de las transacciones en las que intervienen estos actores. Pero, a pesar de las dificultades, es fundamental poner la lupa en este mbito, pues es ah donde se encuentran los principales engranajes y tambin las disfunciones ms importantes de la economa realmente existente; donde encontraremos la respuesta a la desigual distribucin de la renta y la riqueza.

Fernando Luengo es miembro de la Secretara de Europa de Podemos. @fluengoe.

Miguel Urbn es responsable de la Secretara de Europa de Podemos y eurodiputado.

Fuente: https://fernandoluengo.wordpress.com/



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