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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-06-2018

La poltica como espectculo

Jaime Richart
Rebelin


En Espaa el espectculo de la poltica, interpretado por actores mediocres y ordinariamente agigantado por prensa, radio y televisin, ha de resultar bochornoso para la ciudadana medianamente formada y atenta. Y ello, no slo porque demasiados polticos han hecho de su oficio un mecanismo de depredacin; no slo porque las acciones personales o pol ticas de otros ponen en evidencia la escasa tica del poltico en general; no slo porque la oratoria que decora el dilogo de todos los parlamentos del mundo carece por lo comn en Espaa de una mnima elocuencia; no slo por las imposturas, los renuncios, la traici n de los lderes a sus postulados personales o ideolgicos, unos ms y otros menos en funcin de su ambicin y expectativas; no slo, en fin, porque el incumplimiento de promesas hechas en sus mtines y el enga o a sus votantes, nada de ello ocasional ni espordico ni especfico de un solo partido, fuerzan a la ciudadana a respirar una cotidiana atmsfera de escndalo que con fruicin los medios de comunicacin atizan y explotan sin descanso...

En otros pases calmos, seguramente habr tambin en la poltica corrupcin y engaos: el ser humano, el poltico y la sociedad de la que proceden son ticamente endebles por definicin. Pero son, aqu s, casos muy aislados y generalmente de poco fuste en comparacin con los incontables casos espaoles. Pero sobre todo son de escaso impacto en la poblacin que no por ellos, que se sepa, sufre penurias significativas . El bochorno all suele ser circunstancial y pasajero, pues todo suele saldarse pronto con una dimisin. En esos pases europeos a los que nos miramos como en un espejo, de pronto un buen da sabemos del plagio de un pol tico desaprensivo , de las andanzas de un gobernante corrupto o de la traicin de un descarriado. La noticia salta a todos los peridicos, radios y televisiones del planeta. Pero transcurrido un tiempo, todo el mundo lo olvida y pasa a la normalidad.

En Espaa, en cambio, llevamos al menos diez aos sin reposo de escndalo en escndalo. La malversacin, el nepotismo, la prevaricacin y los delitos tributarios se enseorean de los juzgados, de las denuncias, de las tertulias, de los mentideros... Y es que es tan inevitable como palpable que la historia de las naciones decide. Y la historia de los ltimos 100 aos en Espaa -guerra civil, dictadura y Transicin maquinada incluidas- aparte los hechos sangrientos de toda la historia anterior, es lo bastante diferente de la historia de esos pases europeos como para sentencia y sin temor a equivocarnos, la gran distancia en tica y en voluntad de convivencia estable y pac fica que media entre esos pases y Espaa. Pues no es lo mismo haber sufrido dos guerras mundiales casi consecutivas con toda suerte de vicisitudes dram ticas y trgicas entre extranjeros, que una guerra intestina en el mismsimo siglo XX librada entre millones de espaoles forzados a convivir bajo una bandera que en la historia slo ha representado a los poderosos y a las clases sociales m s favorecidas por s mismas, sin haberse cicatrizado todava las profundas heridas de aquella guerra.

As es cmo ya sabemos dnde se aloja la verdadera causa antropolgica de nuestro retraso respecto a la Europa Vieja: en la historia, en el destino, en la fatalidad y en una frrea voluntad reaccionaria permanente en la gobernanza, contagiada ahora incluso a quienes hace treinta aos abanderaron entusiasmados la causa de la progresa...

 

Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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