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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-06-2018

Sobre el constante aumento del malestar depresivo en Espaa

Mara Santana Fernndez
Rebelin


Hace unos aos me sorprenda el xito de una pelcula de animacin por ordenador que planteaba el crecimiento personal como un desarrollo de la inteligencia emocional. La pelcula se estren en Espaa con el ttulo Del revs y presentaba a varios personajes que encarnaban las emociones ms bsicas del ser humano. stos tenan que aprender a convivir en el cerebro de una nia de unos once aos en plena fase de transformacin de sus relaciones sociales. Como siempre sucede con los productos de Pixar, los crticos de cine se deshicieron en alabanzas y los bienintencionados padres atiborraron las salas de cine junto con sus criaturas. En cualquier caso, lo ms desconcertante y aplaudido de dicha historia era precisamente el papel que cumpla la tristeza, tiendo de dulce emotividad los primeros recuerdos de esa nia que abandonaba la infancia. Madurar se converta en un proceso de aceptacin de la melancola. El mensaje que prevaleca al final de la pelcula era que la vida, an en sus momentos ms exaltados, guarda un poso de dolor que debe ser entendido no como algo meramente negativo, sino como una oportunidad para realizar una interiorizacin reflexiva e ntima. Sin ese recogimiento al que obliga la tristeza, seramos incapaces de encontrar un sentido a nuestras existencias (recordar a quienes nos aman o marcarnos metas). La intencin pedaggica de este producto de la industria cultural resultaba sumamente explcita y por ello mismo ms sospechoso que en otras ocasiones. Qu inters poda tener Hollywood en reconciliarnos con una emocin claramente negativa? Cmo se encajaba esto con el ideal de felicidad y goce en el que se ha instalado el capitalismo consumista? Nos imaginamos, por ejemplo, algn anuncio de Coca-cola que haya ahondado en esta idea? En respuesta a esta ltima cuestin, podemos recordar que la publicidad de Coca-cola ms cercana a la melancola fue la del spot de 2009 en el que se mostraba a un hombre de 102 aos dando la bienvenida a la vida a un beb. Pero aqu el mensaje segua siendo claro, pues el abuelo acababa por decirle: Lo nico que no te va a gustar de la vida es que te parecer demasiado corta. Ests aqu para ser feliz. Es decir, lo de siempre: aprovecha, vive, consume, disfruta y s feliz. Es la orden del sistema para garantizar el gasto y acercarnos a una sociedad aparentemente hedonista.

Pero, en realidad, estas dos visiones sobre el estado del alma en nuestra sociedad, que se entendan como contradictorias (depresin vs. Goce), se ven obligadas a convivir hoy de manera cotidiana. Del revs no era una anomala dentro del discurso hegemnico, sino un sntoma del malestar en el que se est estancando la sociedad. De hecho, a partir de su estreno en 2015, podemos identificar ms de un producto de la industria cultural que sigue esta lnea. Para ello no hay ms que sealar el xito entre los jvenes de la serie Por 13 razones, en la que una adolescente suicida nos lega su memoria de acoso y sufrimiento. A esto se suma la corriente de famosos que estn haciendo pblica su depresin como Robert Pattinson, Selena Gomez o Kiko Rivera (por fijarnos en unos pocos).

En este sentido, hay que llamar la atencin sobre varias noticias que han aparecido en los ltimos meses y que deben hacernos reflexionar sobre el concepto de bienestar y salud que maneja la poblacin ms joven. En primer lugar, a finales de marzo se publicaban los resultados de una encuesta realizada a 35.000 jvenes por el Ministerio de Sanidad [1] y entre sus conclusiones mostraba cmo una de cada siete chicas haba consumido hipnosedantes en el ltimo ao. En consecuencia, los tranquilizantes y somnferos se han convertido en la droga ms consumida tras el alcohol, el tabaco y el cannabis para los adolescentes entre 14 y 18 aos. Se ha pasado desde el 7 % de jvenes que haba consumido alguna vez en su vida este tipo desustancias en 2004, al 18 % en la actualidad. De igual forma, en esta encuesta se detectaba un aumento en un 4,6 % en dos aos con respecto al uso compulsivo de internet, establecindose sntomas de adiccin en el 21% de los adolescentes. Claro, hace falta ser muy ingenuo para no ver relacin entre los datos. Franco Berardi Bifo recientemente sealaba la innegable relacin que se da entre suicidio e hiperconectividad en pases como Corea del Sur [2]. La degradacin de las relaciones sociales en el capitalismo tecnolgico no tiene slo una incidencia poltica, sino que se refiere directamente a la descomposicin de los afectos y cuidados que nos damos unos a otros. Con el uso de internet y de las redes sociales se altera nuestra capacidad cognitiva, nuestra comprensin del mundo, pero tambin nuestra empata, la forma en la que comunicamos el amor o sostenemos una relacin sentimental. La certeza experiencial de esta degeneracin est en todos los seres humanos que guardan algo de memoria de lo perdido o tienen la intuicin suficiente para detectar las propias carencias existenciales. En resumen, en la actualidad todo ser humano sensible comprende y experimenta el dolor de sentirse solo, mientras que pocos consiguen herramientas personales y sociales para mitigarlo o sanarlo. Pero, con respecto a la depresin o la ansiedad, no estamos ante una simple negacin del problema por parte del sistema capitalista, sino ante la incapacidad para analizar las causas reales de este malestar y, en consecuencia, romper con las estructuras sociales y econmicas que las provocan. Estamos, pues, ante una depresin que es consecuencia de los modos de explotacin, de vida social, de modelos de ocio, de comprensin de la realidad, de formas afectivas y de salud mental del capitalismo ms devastador.

En cualquier caso, la dinmica de los jvenes comienza a ser muy clara: ante cualquier pequeo revs (el nerviosismo de un examen o una ruptura sentimental) se recurre a sedantes que minimicen el dolor. Con o sin receta mdica, pero con el consentimiento social y familiar. Los umbrales de tolerancia al malestar estn bajando de manera paulatina, los recursos para comprender estas situaciones e insertarlas en un relato vital coherente han desaparecido. Ya sabemos como actan las redes sociales a la hora de construir una autoimagen. El muro de Facebook o la historia de Instagram no son ms que espejos deformantes en los que se exalta el goce de vivir. Parece que en esta lgica exhibicionista no tiene cabida el sufrimiento o, en todo caso, no merecen la misma atencin. De este modo, los mensajes que reclaman ayuda son habitualmente ignorados a no ser que vayan acompaados de autolesiones o amenazas de suicidio [3]. La gente se aburre de escuchar las dolencias de los dems. A esto se aade, la secularizacin de la vida psquica a travs de la banalizacin de la psiquiatra con los manuales de autoayuda y el lenguaje emocional predominante en los medios de comunicacin, que han conseguido que todo el mundo entienda de estos males y los gestione como si se trataran de una enfermedad comn. Igual que si tienes un resfriado te tomas un paracetamol, cuando ests depre te dan un Tranquimazn, y todo arreglado. Evidentemente, con el paso de la edad la situacin no mejora, sino que las cifras sobre la ingesta de este tipo de frmacos aumentan de manera constante. En 2015 ms de un milln de personas presentaban un consumo de hipnosedantes preocupante [4], un estudio del Ministerio de Sanidad indicaba que una de cada cuatro mujeres haba recurrido a ellos para aliviar el sufrimiento cotidiano (vuelvo a destacar el consumo de mujeres porque suele llegar al doble que el de hombres).

A este respecto, el 16 de enero de 2018 la OCU publicaba los resultados de una encuesta en la que indicaba que el 57% de los adultos reconoca haber tenido ansiedad y un 34% depresin. Al menos, en esta ocasin, la encuesta trataba de ir algo ms all del mero diagnstico del dolor. De esta forma, se indicaba que los adultos preguntados establecan como causa del sufrimiento los problemas laborales (46%), de pareja (40%), salud (37%), econmicos (30%) y derivados de situaciones traumticas (22%). Adems, la mitad de las personas que se reconocan como deprimidas, haban pasado por algn tipo de tratamiento qumico. Todo ello llevaba a concluir a la OCU la necesidad de mejorar la atencin teraputica psicolgica, para evitar la dependencia a este tipo de sustancias. Parece que en comparacin con otos pases, Espaa est dentro de la media de nmero de depresivos, pero se recurre de manera excesiva a las soluciones puramente farmacolgicas.

Pero la autoimagen que tienen de s mismos los jvenes de entre 15 y 29 aos no resulta tampoco positiva, pues casi el 30% de ellos sostienen que ha tenido o cree tener algn tipo de problema de salud mental (un 33% de mujeres y un 23% de hombres). Se autodiagnostican depresin un 11,4% de ellos, el trastorno por ansiedad, pnico o fobia aparece en un 11,2 % y el trastorno del sueo en un 7,1 %. De hecho, atendiendo a los sntomas que los propios jvenes describen, la FAD estableci este mes de mayo de 2018 que un 21,6 % de los jvenes podran estar sufriendo depresin (el 15,3 % moderada y el 6,3% grave).

Las chicas y chicos que nos rodean aceptan como habitual sufrir inquietud, problemas de concentracin, sentimiento de fracaso, cansancio y falta de energa, problemas de sueo, tristeza constante o apata. Por todo ello, podemos afirmar que estamos asistiendo a un cambio de paradigma a la hora de entender las caractersticas del malestar en nuestra sociedad. Desde finales de los aos 50, se entenda que los jvenes creaban una identidad propia a travs del ejercicio de sus libertades individuales dentro del sistema. El capitalismo trataba de fortalecer este relato ideolgico con herramientas como la educacin, los medios de comunicacin y el control en el uso del tiempo de ocio. Gracias a estos recursos, todas las energas e ilusiones juveniles se dirigan hacia el consumo de determinados productos, con los que se garantizaba la docilidad de la poblacin. Si simplificamos estas dinmicas y las trasladamos a la forma en la que se manifestaba la conflictividad social hasta ahora, podemos llegar a una conclusin algo maniquea, pero clara: aquellos jvenes, que haban interiorizado mejor la lgica del capitalismo, cuando consideraban necesario algn ejercicio de rebelda, lo focalizaban en mecanismos de reivindicacin o apropiacin de objetos de consumo. Era lo que suceda, por ejemplo, cuando los altercados urbanos se centraban en el saqueo de tiendas de ropa de marca. En oposicin, la parte de la poblacin que alcanzaba una conciencia ms anticapitalista, centraba su lucha en un ensanchamiento de las libertades individuales o, mejor an, criticaban el concepto de felicidad, libertad y ocio con el que se domesticaba al comn de los mortales. Como sucedi en las movilizaciones de mayo del 68 en Francia. En cualquier caso, se entenda que el malestar social tena como base los sentimientos de aburrimiento (si no se tena dinero, no haba nada que hacer) y rabia (por la frustracin de no alcanzar una posicin social que permitiera una buena vida), unos sentimientos que acababan canalizndose en protestas ms o menos violentas. Por todo ello, como consecuencia de este frgil equilibrio social, entre los jvenes era habitual encontrar expresiones que mostraran cierto antagonismo al sistema, a quien se responsabilizaba de no satisfacer las necesidades existenciales.

Hoy, en contraste con esa exaltacin rebelde de la juventud, el malestar tiende a manifestarse de manera creciente en forma de tristeza. Y, lo peor es que la solucin a este estado de nimo es la simple aceptacin de la impotencia, que se va asentando con el tiempo. Los sentimientos que se van fortaleciendo en la poblacin son la soledad y la vulnerabilidad. El ser humano empieza a comprenderse a s mismo como un animal frgil, descarnado, impotente y fragmentado. De ah que, por ejemplo, se considere un logro que el periodista Jordi vole dedique un programa a la depresin y lo titule Uno de cada cinco. Dirn que es una forma de quitar el estigma a la poblacin que sufre esta dolencia y que es una llamada de alerta sobre las necesidades psicoteraputicas que no estn siendo atendidas. Pero lo cierto es que en el programa, vole se regodeaba en el relato narcisista de los enfermos, quienes describan su dolencia en trminos extraamente abstractos: como miedo a la vida o angustia csmica incapacitadora. Entre los testimonios no aparecan ms que causas endgenas, explicaciones qumicas y neurolgicas, que exponan al enfermo como vctima de un mal incomprensible. Mientras tanto, desapareca cualquier motivo, contexto o relato que pudiera dar sentido u origen a ese sufrimiento. El programa conclua con la necesidad de encontrar frmacos ms eficaces y de tener atencin psicolgica ambulatoria. No se buscaba ninguna pauta en la manifestacin de esta enfermedad mental, no se analizaba la mayor incidencia femenina, no se especulaba sobre prcticas de salud preventivas. Sencillamente, cuando te toca la depresin, te toca. Y nadie ms que t es capaz de comprender el sufrimiento irracional y devastador que se siente. Los expertos que aparecan en el programa tan slo eran capaces de llegar a una conclusin (expuesta de manera un tanto morbosa): en 2030 la depresin ser la primera causa de incapacidad en el mundo.

Teniendo en cuenta que la salida personal de muchos de estos enfermos es el suicidio, como nica forma de aliviar el dolor de una vida experimentada como esencialmente traumtica, quizs ha llegado el momento de plantearse por qu la sociedad se est instalando en este estado depresivo. A no ser que estemos dispuestos, tal y como se est experimentando con algunos pacientes, a llevar una pila que adormezca con descargas elctricas el crtex prefrontal, para dejar de sentir esa angustia. En caso contrario, los sntomas de la depresin se convertirn en los del malestar social: estrs, intolerancia al dolor, incapacidad de disfrute, alteracin del ciclo cicardiano, disfuncin cognitiva, ideas mrbidas,

El cinco de junio de 2018, Elsa Punset nos recomendaba, desde las pginas de El Pas y en un contenido patrocinado por el banco BBVA, que furamos los entrenadores emocionales de nuestros hijos [5]. Segn ella, para conseguir que las criaturas desarrollen plenamente sus potencialidades y sean felices, es imprescindible que les permitamos expresar todas las emociones que llevan dentro El mejor favor que podemos hacer a nuestros hijos es ayudarles a vivir con todas las emociones. Loable tarea que entronca de manera directa con el mensaje de la pelcula infantil a la que haca mencin al principio de este artculo. Del revs nos mostraba la lucha entre dos personajes, que encarnaban a la alegra y a la tristeza, por controlar la vida anmica de una nia. El espectador deba comprender cmo los recuerdos del pasado y del presente se volvan ms ricos y complejos al teirse de diferentes tonalidades emocionales. Al fondo quedaba la tragedia existencial y angustiante a la que se vea obligada a enfrentarse la nia protagonista: el cambio de ciudad, la llegada al nuevo colegio, el alejamiento de los padres (absorbidos por el trabajo y las preocupaciones cotidianas), la ausencia de sus amigos Es decir, en realidad, la verdadera historia que cuenta la pelcula es la de Ryley, quien tiene que apechugar a los once aos con la soledad y el abandono. Una chiquilla que, de repente, debe poner en marcha habilidades de adaptacin, de relaciones sociales, de desapego y de control emocional para no venirse abajo. No nos llevemos a engao, como nos indicaba Guillermo Rendueles, en nuestra sociedad (...) la buena madre es la que prepara al nio para un mundo indiferente, hostil. Y el sujeto maduro es aquel que se separa de cualquier objeto - dependencia no, gracias- para afirmarse en el egotismo de su deseo, sin sentirse en deuda con los dems [6]. Por eso, la tragedia que vive Riley en Del Revs queda relegada frente a la batalla de las emociones a la que ella misma se entrega, desdibujndose los motivos concretos de malestar de la nia, que permanecen ah sin solucin. Porque, al fin y al cabo, esas son las circunstancias de la vida que le espera a cualquier nio en nuestra sociedad lquida. Como esos tantos chiquillos que llegan al cole a las 7:30 de la maana y los recogen sus padres a las 19:30, o los que sufren el desprecio y la violencia de sus iguales, o los que pasan el da frente a las pantallas de mviles y ordenadores, o los que aspiran a ser influencer y youtubers.

Cada da hay ms nios que no logran incorporar toda esa angustia a sus vidas, que acaban por sufrir tristeza y sntomas depresivos a partir del acoso escolar y la soledad que sienten. No puede extraarnos que en 2016 murieran en Espaa por suicidio y autolesiones 12 nios que tenan entre 10 y 14 aos, mientras que en 2015 fueron 8. Lo ms sorprendente del artculo donde se refieren estos datos, es que nos indica que la solucin pasa, antes que nada, por estar ms tiempo con los nios, escucharles, protegerles, darles confianza y amor [7]. Cmo es posible que tengamos que prescribir, desde los medios de comunicacin, estas pautas como condicin para el equilibrio emocional y mental de nuestros hijos?


Notas

[1] https://www.huffingtonpost.es/2018/03/26/una-de-cada-siete-adolescentes-toma-tranquilizantes-o-somniferos_a_23395245/

[2] BERARDI, FRANCO BIFO (2016), Hroes. Asesinato masivo y suicidio. Madrid: Akal.

[3] El estudio al que hace referencia el artculo (ver referencia infra) es digno de un anlisis especfico. A grandes rasgos, viene a decir que los jvenes se autolesionan mayoritariamente los domingos por la tarde y la imgenes de las heridas las publicaban inmediatamente en Instagram. Si las heridas son superficiales los amigos de esta red social no suelen prestar atencin, pero, si stas son graves, an se tiene empata suficiente para contactar directamente con el/la joven lesionado o ponerlo en conocimiento de la polica. El equipo de la universidad de Ulm que realizaba el estudio propone como solucin que haya psiclogos disponibles por internet a quienes derivar estos casos de manera urgente. De tal forma que igual que, por ejemplo, hay censores de pezones en Facebook, haya buscadores de autolesionados en Instagram: https://elpais.com/elpais/2017/07/18/mamas_papas/1500366835_708490.html

[4] http://www.europapress.es/comunicados/salud-0910/noticia-comunicado-1150000-personas-presentan-consumo-problematico-sustancias-hipnosedantes-espana-tavad-20180525135232.html

[5] https://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/ensena-a-tus-hijos-a-elegir-entre-el-amor-y-el-miedo-elsa-punset/

[6] RENDUELES OLMEDO, GUILLERMO (2017). Las falsas promesas psiquitricas. Madrid: La linterna sorda, p. 209.

[7] https://elpais.com/elpais/2018/05/03/mamas_papas/1525336914_590377.html


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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