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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-06-2018

La Cultura Fake en el supermercado ideolgico
Las mentiras y sus feligresas

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin/Instituto de Cultura y Comunicacin UNLa


Nuestra historia est dominada por lo falso (U. Eco)


Tapizada como est nuestra Historia con mentiras de todo tipo, vivimos una fase del engao que mut tambin mediticamente hacia lo que parece un nuevo callejn -ideolgico- sin salida. Sin dejar de ser un gran negocio. Una nueva-vieja mercanca de la propaganda dominante disfrazada de filosofa para incautos, nos ha convertido en consumidores voraces de falsedades para ensearnos a admirar nuestro despojo y explotacin como obra maestra de un sistema cuyo sentido no se limita a producir pobres sino, tambin, seres engaados y dciles.

Le llaman pos-verdad a la plus-mentira y a la lgica de un sistema de mentiras, actualizado, bajo reglas que el consumidor desconoce -relativamente- pero que acepta bajo las frmulas largamente ensayadas con los parmetros del modo de comunicacin predominante. Se trata de la edad de las mentiras de gran calidad y con no pocas pautas para que cierto pensamiento (y gusto) afiancen simpatas, coincidencias y placeres derivados de las falacias. La esttica de lo falso.

Es el camino que encontr la ideologa de la clase dominante para darse sobrevida. Ya no saben qu inventar. Han manoseado todos los recursos filosficos que prohijaron y hoy no tienen cosa significativa que proponer porque queda en claro que no tienen futuro. Entonces mienten con todo. La ideologa de la clase dominante tiene efectos nocivos, desde sus torres de marfil mass media, aliadas con no pocas mafias acadmicas, para idear falacias que son consumidas por personas que, con no poca frecuencia, lo gozan. Muchas creen que es indispensable sustituir la verdad con mil mentiras.

Durante mucho tiempo la ideologa burguesa ha ensayado modelos de falacias muy diversos, incluso con gran realismo. Han inventado su verdad absoluta -y su fatalidad- para que aceptemos como nica realidad los intereses usureros del capitalismo. Ese realismo burgus ha potenciado el arte de mentir, no slo en agencias periodsticas y medios de comunicacin cmplices, sino incluso en documentales y campaas polticas, de gran realismo. Han sido lderes en el arte de la mentira vestida de realidad. Con ese gran realismo afirmaron la existencia de las armas de destruccin masiva, crearon realidades falaces y nos acostumbraron a aceptar, con mansedumbre, la palabrera de las campaas polticas como una forma necesaria del engao. El realismo de las mentiras y su propagacin impune no es ms que otra modalidad narrativa inventada, exprofeso, para evangelizar audiencias bajo la tesis resignada de que as es el mundo, as son las cosas, es crudo y nada cambiar y hay que hacerse cnicos porque eso queda nice. Est de moda.

En su modalidad ms descarnada dicen que harn lo que jams veremos y juran no hacer todo lo que, despus, hacen para ahogarnos. Juran terminar con la inflacin, juran no endeudar a los pueblos, prometen pobreza cero en el colmo de las falacias de campaa enfatizan su odio a la corrupcin para esconder sus complicidades con los parasos fiscales y con las mafias financiaras. Se yerguen como adalides de la renovacin para articular las ms rancias formas del saqueo y la explotacin, mientras culpan a otros de las canalladas que ellos mismos tienen preparadas para su gestin. As ganan elecciones, feligresas y defensores. Lo falso promovido como real.

Ese realismo con que se desgarran las vestiduras para mentir, presenta al mundo como un casos sobre el cual la nica solucin son ellos con sus mentiras, casi siempre estrambticas, y se las impone, cronomtricamente, como la verdad publicitaria suprema que se financia en su mundo con rating. Esa lgica del engao ideada por los laboratorios de propaganda poltica para resolver la trama del capitalismo, y sus crisis, viene en captulos de falacias. Y eso embelesa a muchos por comodidad individualista. Mentir pas a ser un gran negocio y dejarse engaar un evento que no exige esfuerzo. Algunos creen ver en las falacias oligarcas la escuela sacrosanta del pragmatismo para darle estatus a lo que es un fraude premeditado por los farsantes que juegan al pker con todas las cartas a su favor. Nadie se engae, no es la realidad, es una ficcin, a veces muy forzada, barnizada con realismo narrativo. Y tiene adeptos voluntaristas entre sus vctimas.

Y todo eso sirve, adems, para esconder la realidad de un mundo donde la industria imperialista ms importante es la fabricacin de armas; para esconder las conductas delincuenciales de no pocos negocios ilegales (cuarteles de guerra psicolgica); el trfico de drogas, armas y personas. Una realidad a la que la inmensa mayora de los seres humanos est sometida por una minora pavorosamente armada y experta en engaar. Una realidad en la que, por otra parte, crece el malestar, avanzan las revoluciones y hay hambre de ideas para derrotar al capitalismo. Se moderniza un arsenal con los dispositivos tecnolgicos y psicolgicos ms avanzados en la ruta de reprimirnos ideolgicamente con la historia de que todo es mentira, de que hay que resignarse y de que hay que disfrutarlo.

Un equipo de guionistas disfrazados de periodistas, escribe para que el arte de la mentira parezca una etapa liberadora e inevitable. Mentir a toda hora para que ya no importe lo real, incluso en el crculo de los intelectuales burgueses amaestrados por los monopolios de la opinin pblica; incluso en los terrenos acadmicos. La lgica de las mentiras-mercanca despliega su propio lenguaje, en apariencia serio, y se hace pasar por aceptable, incluso, para sus vctimas. La filosofa de las falacias de mercado recurre a cuanto simbolismo encuentra, incluso hecho exprofeso, para que todos se traguen las mentiras y todos las acepten a-crticamente. Pero, a la hora de cobrar, a la hora de las ganancias, la verdad suprema siempre es el capitalismo. La parte ms dura y dolorosa est en las feligresas de la mentira atrapadas en una emboscada descomunal y donde (contra su voluntad) aportan su cuota de complicidad para completar la tarea mass media responsable de desfigurarlo todo con la fuerza significativa de los intereses burgueses decididos a cambiar el orden existente de la realidad. Y para eso, echan mano de las armas de la guerra ideolgica y de las patologas esquizofrnicas ms democratizadas. Hasta que la mentira estructural sea ms verdad que la realidad objetiva, que el despojo a la clase trabajadora y que la lucha de clases. Contra ese infierno ideolgico, deca Lenin, La verdad es siempre revolucionaria.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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